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La pluma promiscua de Juan Villoro

El mexicano Juan Villoro habló sobre su romance con el periodismo, la literatura, el fútbol, y de su pluma dispersa y un tanto promiscua. Viene a Colombia a hablar de la actividad que más lo revitaliza: el periodismo.

El mexicano Juan Villoro habló sobre su romance con el periodismo, la literatura, el fútbol, y de su pluma dispersa y un tanto promiscua. Viene a Colombia a hablar de la actividad que más lo revitaliza: el periodismo.

Hay cosas que ya no desvelan a Juan Villoro.
Por ejemplo, si la crítica es despiadada con su obra o con sus artículos de prensa, él sigue caminando por la vida sin el peso de las lamentaciones.
Sabe que no puede luchar contra los calificativos de ser “bueno” o “malo” en el indescifrable oficio de la escritura.

“Si soy un mal autor –cosa que no es-, es así, y ya”, cuenta con su mexicanísima voz al hablar de las cosas que realmente le angustian el alma. Convencido de que es más difícil ser una buena persona que un escritor de talento, confiesa que a lo que más le teme es a ser un mal padre de sus dos hijos, de 19 y 11 años.

“Eso sí sería una tragedia monumental”, dispara Villoro, vestido con un pantalón negro y un polo vinotinto en Cartagena; con su barba cerrada y geométricamente delineada –entrecana en la barbilla- y con la calidez en las palabras de un tío bonachón de 55 años. Sin pretensiones ni egos alborotados.

Sin embargo, reconoce que la vanidad es un toro difícil de lidiar para los intelectuales, aunque asegura que para él se trate de un tema superado. Dice que ahora escribe bajo el precepto de la humildad.
El joven Villoro quiso ser futbolista, pero los pases y gambetas de sus largas piernas no fueron lo suficientemente certeros como para ganarse un cupo en la reserva especial de Los Pumas, el equipo donde jugaba en las ligas inferiores y al que aspiraba ingresar de lleno mientras se entrenaba, además, para ser sociólogo. “Me faltaron aptitudes”, admite.

Desde entonces, se ha dedicado a hacer goles fuera de la cancha, en terrenos exóticamente compatibles con el balompié: el periodismo y la literatura.Porque si para escritores como Jorge Luis Borges el fútbol era un adefesio (dijo que despertaba las peores pasiones y que era popular porque la estupidez es popular), para Villoro ha sido inspiración, fascinación y dicha. Y es inherente a su vida y obra.

Sus libros, Dios es redondo y Los 11 de la tribu son una clara referencia del fútbol como fenómeno social, y dos de sus grandes anotaciones como autor.
“Soy cronista de la afición a los partidos”, suelta Villoro. “Escribo sobre las pasiones que genera el fútbol, nada más, porque no tengo la sabiduría técnica”, sigue él, ferviente hincha del Necaxa (México) y del Barcelona FC.
En entrevista, habla del fútbol y de su pluma diversa, dispersa y “promiscua”, que le permite navegar –sin naufragar- entre el periodismo y la literatura.

¿Qué es el fútbol para usted?
Una de mis pasiones es ver fútbol y escribir sobre él. Es interesante ver por qué la gente se interesa en un equipo. Escoger un equipo es una manera de decidir tu vida: si apoyas a un equipo muy poderoso, te irá de una manera; si apoyas a uno que siempre pierde, más te vale ser masoquista. Yo creo que en el fútbol podemos ver formas de cómo somos como sociedad: podemos ver elementos políticos, religiosos, comerciales, raciales, de identidad.

¿Cómo distribuye su tiempo y su trabajo?
Soy un autor bastante disperso. Vivo fundamentalmente del periodismo: tengo colaboraciones semanales de crónicas y reportajes, o columnas de opinión en varios periódicos y revistas; pero también escribo novelas para niños, libros de cuentos y obras de teatro. En eso se me va la vida.

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¿Cómo es eso de ser un autor disperso?
Así como hay niños que juegan a una cosa y después a otra, y luego juegan a dos cosas al mismo tiempo, así soy yo. No puedo quedarme quieto y por eso termino un libro de ensayos y empiezo a escribir uno para niños; luego, uno de cuentos, pero para adultos. Esa es una manera de evitar la repetición.

¿Le teme a repetirse como autor? 
Sí, cuando termino un libro, me da mucho miedo repetirme. Tengo la sensación de que si empiezo otro, por la misma línea, voy a estar siempre parado en la misma cuerda. Por eso vivo cambiando.

¿Y cambiar tanto es bueno o malo?
Tiene sus desventajas. Cuando alguien se concentra en escribir novelas, sabe a lo que se va a atener en cuanto a los desafíos. A veces cambiar de un género a otro desconcierta a los demás y te desconcierta a ti mismo. Pero yo no puedo ser de otra manera, es una cuestión de temperamento.

¿Cómo ve el periodismo latinoamericano?
Hay muy buenos periodistas y muy buenos temas, pero nos falta tener periódicos más abiertos e incluyentes que le den cabida a todo el talento y la energía que se está produciendo. Es un momento difícil por la crisis económica y la crisis del papel, por el surgimiento de otro tipo de medios como Internet y las redes sociales; es un momento de contracción para las oportunidades, pero el talento está ahí.

¿Cree que los medios impresos van a desaparecer?
Creo que no. Yo confío que la gente siempre va a querer leer historias bien contadas que mezclen la vida íntima de las personas con los sucesos públicos. Creo que sólo a través de las crónicas nos identificamos plenamente con las noticias; las noticias muchas veces son datos duros, fríos; y lo que hace una crónica es que un hecho, un suceso social o un momento particular de la historia se convierte para nosotros en la vida de una persona, en un protagonista.

¿Periódicos o revistas?
Está sucediendo ahora que muchos lectores están migrando a las revistas, porque en las revistas hay más cabida para las historias. Cuando los periódicos entiendan que en su formato el destino tiene que ver con contar historias, se volverán a abrir espacios y revistas, y reaparecerán los suplementos.

¿Cómo es ser un autor free lance?
Es muy difícil, hay poca gente que vive de escribir y considero que es un privilegio poder hacerlo. No siempre escribo lo que deseo escribir: a veces me levanto y quisiera escribir el capítulo de una obra de teatro, pero tengo que hacer una entrevista o un reportaje; creo, que he podido vivir así. A veces me quejo también de que tengo que escribir demasiado, porque los pagos no son equivalentes a lo que se gana; por ejemplo, un columnista norteamericano semanal vive de su columna semanal. En el mundo del free lance, el que no tiene ocho encargos, califica como desempleado. Pero esa multiplicidad de faenas también me parece muy interesante.

Hay quienes piensan que el periodismo es un paso inferior para llegar la literatura….
Yo no lo creo. Muchas veces se piensa que es el trabajo sucio para llegar al trabajo limpio que es, supuestamente, la literatura. Es un trabajo extraordinariamente noble, difícil y demandante. Ha habido grandes como Gabriel García Márquez o Hemingway que han cultivado ambos géneros y los veo tan buenos en unos como en otros. Hay quienes sí han ejercido el periodismo sólo por razones de supervivencia para luego dedicarse a otras cosas, pero yo creo que he practicado ambas cosas con el rigor que se requiere; y eso es una forma del arte.

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¿En qué momentos prefiere escribir solo ficción?
Hay magníficas historias, pero la ficción también es necesaria. El mundo de la ficción permanece a la realidad, pero de otra manera. Las historias imaginarias que tienen que ver con personajes que nunca existieron también nos cambian la realidad. Hay magníficas historias de la realidad, pero no podemos renunciar a otras que también cambian la realidad. Por ejemplo, hoy se habla de parejas que son como Romeo y Julieta, o decimos que alguien es como un Quijote. El mundo no está completo, le falta algo, es imperfecto; tiene muchas cosas, pero necesitamos inventar cosas, imaginar cosas.

¿Cómo interpreta las vanidades de los intelectuales?
Es más difícil ser una buena persona que un autor de talento. Estás en tu despacho de escritor y ahí eres un rey que dominas el mundo y decides lo que pasa; al salir de ese espacio, pasas de la soledad donde eres un Dios y un tirano de tus personajes, al público donde deseas la aceptación. Y esto distorsiona el carácter, porque la vida normal no es así: tiene que ver con el contacto con la gente, con los caprichos de los demás, con las presiones ajenas; de saber que eres uno entre muchos.

¿Qué hace para evitar caer en eso?
Por eso me gusta mucho el periodismo, porque demuestra que la razón no está en ti sino en los demás. Son los testigos, los que vivieron los hechos y tienes que ir hacia ellos; tienes que tener empatía con sus sufrimientos. El periodismo ha sido una lección ética para entender que los demás tienen razón. El periodismo es una buena manera de conservar la humildad. Esa es una de las razones por las que he decidido vivir de él.
Usted se ganó el Rey de España. ¿Qué piensa de los premios?
Desde luego que es un reconocimiento que da mucho gusto. Yo creo que miente el que diga que no le gusta cierto tipo de reconocimiento; si no lo quisiéramos, no publicaríamos. Creo que es muy peligroso escribir en función de los premios. Yo no participo en concursos, son premios que caen del cielo. En el caso del Rey de España (2010), creo que hay un interés más en el tema, que fue sobre el narcotráfico en México, que en mi texto. Se puede vivir sin ellos, y puedo soportar vivir con ellos.
¿Cómo hombre y padre de familia, qué le preocupa?
Me preocuparía mucho, sobre todo, ser un mal padre. Ser un mal autor, probablemente es algo que, bueno, si sucede, así es y ya; pero ser un mal padre me parece una tragedia monumental y me gustaría pensar que mi prioridad es esa: ser un buen padre.

¿Su prioridad, entonces, es la familia?
Para mí sí, no para todos los autores. Es bastante insólito que los escritores y los intelectuales se ocupen de su familia; crecí en un entorno así –mi padre era profesor de filosofía, mis padres se separaron– conozco a muchos hijos de intelectuales y no es un entorno fácil porque les dan prioridad a su propio mundo interior. Me gustaría pensar que en mi caso no es del todo así, nadie es perfecto y yo siempre estoy preocupado de ese tema.
Juan Villoro, en Bogotá
“Estudien muchachos o van a acabar de periodistas”. Reflexiones sobre una profesión satisfactoriamente en crisis, será el tema de la conferencia del escritor y periodista mexicano Juan Villoro, quien participará en la tercera lección inaugural de la Maestría de Periodismo de la Escuela de Ciencias Humanas de la Universidad del Rosario y Publicaciones Semana.
El encuentro se realizará el jueves 9 de febrero, Día del periodista, de 9 a 11 de la mañana en el Centro Cultural Gabriel García Márquez (Calle 11 5-60). La entrada es libre previa inscripción en la línea InfoRosario: Teléfonos 4225321 – 018000 511888.
Más información sobre el evento

Imágenes: banner, cortesía Juan Villoro para http://www.planetaellas.com. Noticia interior: www.culturarecreacionydeporte.gov.co

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Febrero
07 / 2012

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