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Panamá, la gran despensa

Hoy hace 115 años Panamá se separó definitivamente de Colombia y nace como estado independiente. En Diners, rescatamos este análisis sobre una de las naciones más estratégicas de Latinoamérica.

Foto: instagram.com/desarrollo.bahia/

Hoy hace 115 años Panamá se separó definitivamente de Colombia y nace como estado independiente. En Diners, rescatamos este análisis sobre una de las naciones más estratégicas de Latinoamérica.

Colombia es el mayor comprador de mercancías en el vecino país. A una hora de vuelo encuentra productos de todo el mundo, un canal interoceánico y un Centro Bancario Internacional. Zona libre de Colón, el distribuidor a granel más barato de Occidente. Publicado originalmente en Revista Diners Ed. 290 de mayo de 1994.

Las palabras lisonjeras que nos lanzó un taxista de Panamá surgió como un epigrama que ya venía buscando su lugar en el presente artículo: «Aquí nos encanta que vengan los colombianos; ustedes son nuestros mejores vecinos».

Es un halago que puede escucharse también en el aeropuerto, los hoteles y restaurantes, los almacenes y entidades bancarias, la Zona Libre de Colón y hasta en las impersonales oficinas públicas.

Un aire de familiaridad se respira en todas partes, tal como si el separatorio año de 1903, jamás hubiera existido, mientras que los aviones y los barcos van y vienen con sus bodegas jadeantes por el peso de las mercancías.

No hay asomo de resquemores históricos entre los dos países, y los conflictos fronterizos no los deja nacer el Darién-quizás lleguen a aflorar cuando la carretera intercontinental termine de abrirse paso por la selva y una la tierra del hielo con la Tierra del Fuego -.

Los panameños son como nuestros viejos hermanos. Por eso no nos exigen visa. Ir a Panamá es, por múltiples afinidades, como viajar a Bogotá a Cali o Medellín o Bucaramanga.
Se vive el mismo ímpetu de progreso junto al lastre de la antigua pobreza, se habla de los problemas del café y el banano, se come el nacional sancocho de gallina, se tropieza con almacenes de zapatos y carteras made in Colombia, se encuentra cada momento un banco colombiano, y abundan los paisas en una fonda antioqueña que matiza los fríjoles con tiples y aguardiente.

BUENOS COMPRADORES

Se aborda un avión en Bogotá o Medellín, y después de una hora de vuelo puede uno estar caminando por entre la más folclórica y barata feria de mercaderías de habla hispana, la de la Avenida Central de Ciudad de Panamá.

A lo largo de más de un kilómetro exclusivo para peatones, un enjambre de pregoneros trata de seducir a la multitud de transeúntes para que entre a conocer las gangas del respectivo baratillo de cámaras fotográficas, equipos de sonido y televisores, relojes suizos o japoneses, tapices tejidos en la India y manteles bordados en la China, kimonos de auténtica seda japonesa, millones de pares de zapatos europeos y americanos, y oro, mucho oro transformado por manos panameñas en cadenas, pendientes y pulseras.

Lo que suele llamarse «color local» está concentrado en altas dosis en esta avenida donde, según se dice, las gentes de poco dinero pueden vestirse de pies a cabeza con cinco o diez balboas (el balboa, como se sabe, designa un papel moneda inexistente y que traduce dólar).

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Si uno se para en medio de la calle o entra en un almacén, por el acento o por su carga heroica de paquetes Identifica de inmediato las voces y los rostros procedentes del Tolima, el Valle, Antioquia, Cundinamarca o la Costa, en aptitud de provisión como si realizaran las últimas compras de su vida.

La Avenida Central hace un giro hacia la Vía España, lo que equivale a pasar en Bogotá de Chapinero a la Carrera quince.

Los mismos almacenes populares del centro, bañados en el agua de rosas de la elegancia se reproducen en la vía España con la opulencia necesaria para alternar con finas tiendas de departamentos.

En vez de los pregoneros y los llamativos avisos de ofertas, aquí reinan la sobriedad y la imaginación del diseño de interiores. También ahí están presentes los infatigables compradores colombianos, como lo están igualmente en los grandes centros comerciales de estilo norteamericano que salpican el sector moderno de Ciudad de Panamá. (En todos los sitios mencionados, la mercancía se grava con una tasa de impuesto en las ventas de solo el cinco por ciento).

En las estadísticas de los visitantes que ingresan por el aeropuerto de Tocumen y que señalan como motivo del viaje el de Negocios, les corresponde la primacía a los colombianos, por encima de los norteamericanos, los ecuatorianos, los venezolanos y los costarricenses.

Pero es en la zona libre de Colón donde nuestros compatriotas «mandan la parada». Siempre han figurado entre sus mayores compradores, y así fue en 1992, cuando invirtieron allá 750 millones de dólares (sin incluir a San Andrés Isla, que se contabiliza aparte y sobrepaso los 54 millones de dólares).

La cifra más reciente, la del primer semestre del año pasado, de casi 550 millones de dólares, confirma esa preeminencia, triplica en promedio la de otros países como Aruba, Ecuador, Venezuela, Brasil y la propia república de Panamá, y significa cerca de la cuarta parte del valor total de las re-exportaciones aforadas en la zona.

En esa área segregada, con sesenta hectáreas construidas, con trece mil empleados, establecida como Zona Libre en 1948 y tributadora hoy de unos 200 millones de dólares anuales al fisco panameño por la mercancía que se nacionaliza en el país, funcionan más de 1.550 firmas locales y extranjeras, que a su vez representan a 656 casas comerciales e industriales de todo el mundo. No hay en el hemisferio Occidental otro lugar donde los productos mercantiles son más baratos.

Situada a menos de una hora en taxi de Ciudad de Panamá, la zona libre fue concebida para realizar negocios de gran escala.

Dentro de su perímetro, todos los géneros, comprendidas las materias primas y la maquinaria, se puede importar, almacenar, modificar, distribuir, procesar, ensamblar, re-empacar y re-exportar sin sujeción a normas aduaneras. Las re-exportaciones no excluyen el que es simultáneamente uno de sus mayores proveedores, Estados Unidos.

De manera que son los negocios a granel los que le interesan a la Zona Libre. Sin embargo, la exhibición de artículos en vitrinas, y una palpable competencia por hacerlas tan llamativas como las de importantes centros comerciales, sugieren un afán de cautivar a negociantes de mediana y pequeña capacidad.

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Inclusive los turistas han aprendido a efectuar allí sus compras de menor cuantía: buscan los almacenes que aceptan pedidos no inferiores a cincuenta o doscientos dólares si se cubre el precio del flete-ocho a diez dólares- hasta el aeropuerto de Tocumen, donde, previo el pago del bodegaje, se reclama la mercancía el día que el viajero sale de Panamá.

Para facilitar estas pequeñas transacciones, ciertos establecimientos de la Zona admiten recibir la mercancía vendida por los otros, a fin de hacer un solo envío y que el cliente no tenga que cancelar varios fletes a la vez. Pero aún si hay que pagarlos, la adquisición se justifica.

El secretario general de Zona Libre de Colón, Rogelio García, nos dijo: «Históricamente, Colombia ha sido uno de nuestros más grandes clientes.

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Goza de las ventajas que le ofrecen la proximidad geográfica con Panamá, la facilidad de adquirir las mercancías sin trabas burocráticas de controles de divisas, la hermandad entre las dos naciones y el encontrar en un solo sitio toda clase de mercancía y diferentes distribuidores para poder llenar un contenedor y recibirlo en muy corto tiempo en San Andrés Isla, Bogotá, Barranquilla, Bucaramanga, Cartagena, Cali, Cúcuta, Ibagué o Medellín”.

Fazal Abbas, gerente general de Waked Internacional, distribuidor de equipos de sonido, perfumería, cosméticos y muchos otros artículos, declaró: «Los colombianos son súper importantes para nosotros, representan más del cincuenta por ciento de nuestros negocios. Colombia es un mercado muy potente, y eso lo sentimos aquí en nuestra empresa, y para la mayoría de las firmas de Zona Libre es el número uno”.

BUENOS VECINOS

El intercambio comercial de Colombia y Panamá-sin contar la Zona Libre de Colón-, que tradicionalmente ha sido anémico, está en camino de robustecerse. En julio del año pasado se firmó un Acuerdo de Alcance Parcial entre los dos gobiernos, que está a la espera de aprobación de la Asamblea Legislativa Panameña y que tiene como vanguardia la parte comercial y además contempla iniciativas en turismo, aeronáutica, transportes, carreteras, puertos, salud y educación.

La Comisión de Vecindad que surgió del convenio ha negociado una lista de diez productos originarios de cada país para iniciar el intercambio: de Colombia, trajes de baño, licuadoras, pilas secas, planchas eléctricas, entre otros, y de Panamá, harina de pescado, paraguas, carrocerías para automóviles, una bebida de ron y cola denominada Cuba libre…

Un ferry turístico y carguero que viajará desde un puerto colombiano hasta san Cristóbal, y la terminación de la carretera del Darién, son puntos que también figuran en la agenda y que serán examinados por la Comisión el 19 y 20 del presente mes en la Isla de Contadora.

El director de Relaciones Comerciales Internacionales del Instituto Panameño de Comercio Exterior, Carlos Castañedas, desborda optimismo al hablar del Acuerdo a Revista Diners: «Los tratados son un verdadero motor de las relaciones comerciales.

Antes de nuestros convenios con Centroamérica teníamos un intercambio que no llegaba ni siquiera a cincuenta mil dólares, y hoy es superior a cien millones. Si esto es así con una población que no llega ni a la mitad de la colombiana, entonces con su país el potencial es enorme”.

BUENOS TURISTAS

Durante 1992, más de 18.000 colombianos declararon que su visita a Panamá tenía motivos de Turismo.

Como no parece un número muy grande, conviene aclarar que el total de visitantes se cifró en ese año en 135.860 y que los nuestros sólo fueron aventajados por los norteamericanos (45.760), entre quienes aparecen parientes y amigos de los gringos que viven y trabajan en La Zona del Canal.

En todo caso, los colombianos, son los preferidos por las aerolíneas, los hoteles, los restaurantes, las arrendadoras de vehículos y todos los que ofrecen servicios turísticos.

Nos decía Alfonso Jaén Conte, presidente de la Cámara de Turismo de Panamá y propietario de un restaurante que presenta un espectáculo folclórico único en la capital: «¿Qué hacemos para que vengan más colombianos?

Tenemos suficientes atractivos que brindarles para que no pasen directamente de Tocumen a Colón y viceversa sino que disfruten de nuestras playas y nuestras islas, practiquen el ecoturismo en nuestros bellos parques de reserva biológica y santuarios de avifauna, se diviertan en los casinos, practiquen la pesca mayor en el Pacífico, atraviesen el canal en barco, o simplemente se prodiguen un reposo en medio de la más completa tranquilidad”.

Este pequeño inventario de posibilidades turísticas es apenas un esbozo de múltiples actividades que permiten alternar el placer de las compras con el placer puro y simple del descanso, la buena mesa (encabezada las variaciones culinarias de la corvina), la admiración hacia las molas y otras artesanías de los indios kunas, y la compenetración con la cultura panameña, de rasgos similares a la nuestra.

Pero también hay otra causa de viaje: las convenciones internacionales. Los grandes hoteles, el Centro de Convenciones Atlapa-con la fama de ser uno de los más modernos de Sudamérica; su solvente capacidad para tres mil convencionistas y su auditorio para tres mil quinientas personas-, y ahora proyectos como el World Trade Center, que pronto se empezará a construir bajo la dirección de colombianos, y el mini-centro de convenciones Los Bodegones, situado en el sector histórico, esperan iniciar una nueva era de turismo especializado y confían en atraer sectores importantes de empresarios y ejecutivos de nuestro país.

Por todo esto, las palabras finales de Alfonso Jaén encuentran perfecta consonancia con las del taxista citadas al principio, y nos sirve de colofón: «Queremos que vengan más colombianos a Panamá, para atenderlos como lo que son: excelentes turistas”.

CRECE EL CENTRO BANCARIO

Todos los panameños que se gradúan en la universidad quieren trabajar en un banco. Es un sector que proporciona buena experiencia y otorga estado social. Da empleo a más de 8.000 personas y aporta el 3,5 por ciento de la tributación nacional.

Está integrado por 106 bancos de 25 países y tres clases: de licencia general (64 en total), que puede hacer todo tipo de negocios; de licencia internacional (24), que no captan recursos públicos; y de licencia de representación (18), que solo hacen contactos con clientes para efectuar transacciones con sus matrices del exterior.

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Hay 22 bancos panameños, ocho colombianos, diez norteamericanos, y españoles, franceses, suizos, japoneses, asiáticos y latinoamericanos. Integran el Centro Bancario Internacional de Panamá, uno de los más importantes del continente.

Están regulados y controlados por la Comisión Bancaria Nacional, dirigida desde noviembre pasado por una joven, bonita e inteligente economista, Olga Arosemena de Guizado, vinculada a la banca hace quince años. Su balance es alentador:

Después de la crisis de 1988 debida a los problemas políticos y de narcotráfico, en que los activos descendieron a 13,900 millones de dólares, la banca se ha recuperado y subió el año pasado sus activos a casi el doble, 26.000 millones. Los depósitos a plazo fijo aumentaron en 21.000 millones de dólares-21 por ciento-, y la cartera crediticia actual es de 15.700 millones.

En virtud de las normas dictadas en 1990 y de la vigilancia que hoy se ejerce, ya no son posibles ciertos hechos del pasado, como la llegada de un camión cargado de dólares para depositarlos en una cuenta. Ahora se exige llenar un formulario para todo depósito superior a 10.000 dólares, y algunos bancos redujeron la cifra a 5.000 dólares.

«Nos estamos ayudando mutuamente para evitar que se repitan los problemas de la mala imagen del Centro Bancario de Panamá, y lo estamos logrando», afirmó la funcionaria, que depende del Ministerio de Comercio e Industria.

«Cada vez la banca está extremando más sus propios controles para no verse comprometida en el lavado de dinero, y espero que le confié a la Comisión los casos de cuentas sospechosas -nos dijo Olga Arosemena-. Los banqueros panameños son muy profesionales, aprendieron mucho de la crisis, y han contribuido a esta recuperación vertiginosa que nos demuestra que nuestro sector bancario es fuerte».

Y concluyó: «La perspectiva es que el Centro Bancario seguirá creciendo. Ya tenemos solicitudes para abrir otros bancos ecuatorianos y colombianos». (La Ley exige un millón de dólares para la apertura de un nuevo banco).

CANAL DE PANAMÁ 31 DE DICIEMBRE DE 1999:
BYE-BYE, MR…

Carlos Linares, director de la Oficina de Planeación Ejecutiva del Canal de Panamá, concedió para Revista Diners la siguiente entrevista:

-¿Cuándo será devuelto el Canal a Panamá?

-El 31 de diciembre de 1999 al medio día.

-¿Y después qué pasará?

-Con base en los programas de entrenamiento de personal norteamericano y panameño, en los que se invierten más de diez millones de dólares al año; y de mantenimiento y mejoras del Canal por valor de cien millones de dólares anuales-actualmente estamos ampliando el Corte Culebra-,esperamos que ya está entrado el siglo veintiuno el Canal tenga suficiente capacidad para manejar el volumen de barcos que anticipamos que va a venir para esa época, de forma tal que mantengamos una calidad de servicio como la actual.

Esta calidad la medimos por el tiempo «en aguas» del Canal, que debe ser de 24 horas o menos para que no se formen embotellamientos o largas filas. Consideremos que el Gobierno de Panamá toma las decisiones correctas, el 31 de diciembre de 1999, solo será un día más en el calendario, y para el usuario no deberá haber ningún cambio.

-Se rumora que al cambiar de manos, el Canal se deterioraría…

-La junta directiva de la Comisión del Canal está compuesta por cinco norteamericanos y cuatro panameños. El 88 por ciento de los empleados del Canal son ya panameños. Nueve de cada diez artesanos en áreas críticas: electricistas, torneros, mecánicos, son panameños.

El 75 por ciento de los que manejan el equipo flotante son panameños. Más de la mitad de los profesionales y gerentes y administradores, así como de los pilotos que conducen el barco en su tránsito, son panameños.

La pregunta sería más bien si las mismas condiciones administrativas, los sueldos, las relaciones de laboratorio y el sistema de méritos que garantizan los derechos de los empleados hoy, se van a conservar después del año 2000.

Tenemos la esperanza de que sea así, para que se mantenga la eficiencia del servicio a la comunidad internacional.

-¿Hasta cuándo habrá asesoría norteamericana?

-Existe un Tratado a perpetuidad, por el cual los Estados Unidos podrán intervenir si el tránsito de naves por el Canal se viese amenazado por un peligro externo, o si los estándares de eficiencia no se mantuvieren.

Es un Tratado suscrito por la gran mayoría de países de América Latina y muchos de Europa, principales usuarios del Canal, que le otorga a Estados Unidos el derecho unilateral de intervenir.

-¿El Canal sigue siendo de interés estratégico para Estados Unidos?

-Política y militarmente ya no es tan estratégico. En cambio, comercialmente sí. Más del sesenta por ciento de la carga que pasa por el canal va para estados unidos o viene de allá.

-¿Es un negocio muy rentable?

-¡Como no! Para el Gobierno panameño representa unos noventa millones de dólares al año sobre los ingresos brutos, que son como de 538 millones de dólares, aparte de los salarios que se pagan a los panameños, de casi 300 millones de dólares, las compras a proveedores locales, los contratistas. El canal es el activo más importante que tiene el país. Es el corazón de esa economía, y creemos que la política respetará esa posición.

-¿Cuántas personas trabajan aquí?

-Ocho mil en total. Siete mil quinientos son empleados permanentes, y el resto temporales en trabajos de corto plazo. Son como seis mil quinientos panameños.

-¿No convendría una ampliación del Canal?

-Hay algo de carga que quizás podría pasar por aquí si hiciésemos un canal más ancho, por ejemplo, para buques carboneros de 250,000 toneladas que tienen que ir desde Estados Unidos hasta el Asia pasando por el Cabo de Buena Esperanza.

Pero los análisis dicen que esa carga no justifica la inversión multibillonaria que se requeriría. El canal sigue siendo asombrosamente eficiente a pesar de haber sido construido a principios del siglo.

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Noviembre
03 / 2018

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