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Gustavo Gómez, el coleccionista de las 41 mil palabras

El periodista Gustavo Gómez convirtió su hábito de coleccionista de palabras en un libro. Son frases de diversos personajes que han llamado su atención en los últimos 20 años.

Foto: https://www.instagram.com/gusgomez1701/

El periodista Gustavo Gómez convirtió su hábito de coleccionista de palabras en un libro. Son frases de diversos personajes que han llamado su atención en los últimos 20 años.

Qué es un coleccionista de palabras? Podría ser quizás un bibliotecario encargado de custodiar letras y letras enmarcadas en los libros; un editor que las guarda en la cabeza para desaparecer, como un Dios del lápiz, las que no le agradan o hacer llegar a la gloria las que le complacen. Hasta los trabajadores de las viejas imprentas en las que había que aplicar con paciencia y buen pulso la tinta sobre piezas metálicas y presionarlas contra el papel para hacer aparecer las palabras.

Gustavo Gómez, el periodista, es una especie de colega de todos ellos. A lo largo de 20 años, con calma y precisión, ha seleccionado frases dichas en radio, en televisión, escritas en periódicos, revistas o ahora en Twitter, sobre temas tan variados y disímiles que quiso comprimir en el título:41 mil palabras sobre Colombia, el dinero, el sexo, la masturbación, el infierno, los bebés, el periodismo, la pereza, el fútbol y Twitter. 

Revistadiners.com.co habló con él sobre esta nueva publicación. Y a la entrevista le agregamos una ñapa: algunas de las frases consignadas en el libro.

¿Qué tienen de interesantes estas frases para que cualquier lector pueda encontrarles el gusto?
Estas frases nacen de la pluma, y más que de la pluma, de la lengua de los colombianos. Todos en este país hemos ido desarrollando una adaptación natural a la tragedia, que consiste en que la lengua, generación tras generación, se nos va afilando como instrumento de defensa. La lengua del colombiano lo arma para enfrentar la fatalidad y se convierte en estoque de primera para sobrevivir en esta jungla disfrazada de país. Por eso estas frases, estas definiciones, son atractivas para todo el mundo: porque tienen buen veneno, son generosas en toxinas y son de un repentismo que sólo se da en estas latitudes.

¿En qué momento sintió que su colección de frases estaba completa como para convertirla en libro?
Quisiera saber qué es lo que me hizo frenar en seco y convertir esta colección de definiciones poco ortodoxas en libro, pero no tengo la más remota idea. ¿El comienzo de una década, tal vez? ¿Una satisfacción personal? ¿El pago de la pensión del colegio de los niños? ¡Vaya usted a saber!

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¿Cómo ha sido esa juiciosa recolección a través de estos años?
Nada diferente a leer, guardar y seleccionar. Una tarea de juicioso coleccionista del talento y la agudeza del prójimo.

¿Y cómo fue el trabajo de seleccionarlas y saber cuáles se quedaban por fuera?
No fue tan difícil, porque yo las guardo ordenadas, alfabéticamente, y lo único que tuve que hacer fue aplicar una pequeña motilada al producto final. Las mías se quedaron por fuera: este es un libro dedicado al ego ajeno, no al mío.

¿Corrió el riesgo de que en su casa quisieran botarle su recopilación de frases? (Por aquello de que las esposas se empeñan en botar lo que no se usa)
Mi esposa, Ligeia, que al casarse conmigo se convirtió en gran coleccionista de defectos, es paciente y amable. Admite mis colecciones y trata de vivir lo más cómoda que puede en el espacio que le dejan en casa los libros, los CDs, los vinilos y los objetos relativos a los Beatles y a Star Trek.

¿No le cobrarán derechos de autor los dueños de las frases en su libro?
Todos están plenamente citados, con respeto de la fuente, y mención del medio y la fecha. Es el sagrado derecho de la cita, que, más que alentar al cobro es un homenaje que la gente recibe bien.

Usted recopila los tuits que más le ha gustado leer, ¿pero recuerda las peores frases o los TL (Time Line, algo así como los perfiles) más aburridos?
No me quedó tiempo para recopilar los trinos aburridos, pero prometo que el próximo libro los incluirá. No es sino que comience a seguir a Abdón, Obdulio, Marlon y otros príncipes de la densidad. Y listo.

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Sobre el autor

Gustavo Gómez Córdoba (Medellín, 1967) Comunicador Social y Periodista de la Universidad Javerina. Ha trabajado en medios de comunicación como Javeriana Estéreo, Radionet, La FM, Caracol Radio. También se ha desempeñado en medios impresos como Cromos y Soho, colaborador de El Espectador y en televisión hizo parte del equipo de periodistas de El Radar. En 2010 recibió el Premio Simón Bolívar a Periodista del Año.

Algunas de las 41 mil palabras
Abogado. “Una vez le oí decir a un abogado que lo malo de defender inocentes es que no tienen coartada” (Vladdo, @VLADDO)
Aborto. “El aborto debería ser legal hasta que el feto cumpla la mayoría de edad. De ahí en adelante se encargaría la eutanasia” (Andrés Buros, @pelucavieja)
Abstencionismo. “El alcohólico toma para olvidar. El abstencionista se abstiene para recordar” (Camilo Durán Casas, @cduranca)
Abuelo. “Ser abuelo es como ser miembro de la Junta del Banco de la República: uno tiene todos los privilegios pero ninguna responsabilidad” (Ernesto Samper Pizano, Primera Línea, Canal RCN)
Aburrimiento. “El aburrimiento consiste en echar por la boca lo que entró por los oídos” (Micro-Lingotes, El Espectador)
Accidiente. “Suceso inesperado en el cual está involucrado un diente” (Eduardo Arias, Soho).
Chinbo. “Producto de marca japonesa pero manufacturado en China”. (Eduardo Arias, Soho)
Emofilia. “Amor enfermizo por los emos” (Eduardo Arias, Soho)
Infidelidad “Es la mentira y los cuernos que se te notan cuando tienes que agacharte al pasar por una puerta” (Amparo Grisales, El Tiempo)

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Febrero
09 / 2012

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