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Los conflictos que han estremecido al mundo

En octubre de 1962, mientras un puñado de colombianos fundaba el Diners Club, John Kennedy y Nikita Jruschov casi inician el primer conflicto nuclear de la historia. En este texto, Gabriel Iriarte hace un recuento de algunos de los peores conflictos del mundo.

Foto: Wikimedia Commons / C.C 2.0

En octubre de 1962, mientras un puñado de colombianos fundaba el Diners Club, John Kennedy y Nikita Jruschov casi inician el primer conflicto nuclear de la historia. En este texto, Gabriel Iriarte hace un recuento de algunos de los peores conflictos del mundo.

Publicado originalmente en Revista Diners No. 152 de noviembre de 1982.

Terminada la Segunda Guerra Mundial los Estados Unidos emergieron como la principal potencia bélica y económica del orbe. El monopolio y más tarde la clara supremacía nuclear, el establecimiento de una serie de bases y alianzas militares en todas las latitudes, la preponderancia del dólar y de sus grandes consorcios industriales y financieros, junto con la desaparición de la competencia de Europa, arrasada por la contienda, dieron a Norteamérica un lugar dominante en el concierto internacional.

Al comenzar la década de los años sesentas no había problema en el mundo en el que, con unas pocas excepciones, Washington no interviniera de una forma u otra. Sin embargo, precisamente en medio de este auge sin precedentes en la historia, empezaron a producirse eventos que minarían el poderío estadounidense y que cambiarían la correlación de fuerzas a escala global.

La implantación de un régimen prosoviético en Cuba, a pocas millas de la Florida; la oleada de movimientos anticolonialistas e independentistas en Asia y África, que no pocas veces iban dirigidos contra los norteamericanos; el desastre de Vietnam, con toda la secuela de confusión y desconfianza que generó en Estados Unidos la lenta pero sólida recuperación económica de Europa Occidental y el Japón, que entraron a disputarle los mercados a su poderoso aliado, fueron todos hechos que sentaron las bases de lo que en los años setentas configuraría la más profunda de las crisis sufridas por la potencia del Norte.

Por otro lado, la Unión Soviética emprendió en los sesentas una veloz carrera de armamentos nucleares y convencionales con la mira de poder cuestionar el predominio de Estados Unidos; así mismo, aprovechando las dificultades crecientes de sus rivales, los rusos incursionaron desde entonces y con variada fortuna en África y Asia.

Pero fue a mediados de la década del setenta cuando el Kremlin pasaría a la ofensiva estratégica. El derrumbe definitivo de Indochina, el escándalo de Watergate, los problemas de recesión e inflación incidieron en un cierto retraimiento de Estados Unidos, lo cual en gran medida dejó libre el camino a la URSS.

Habiendo logrado la paridad atómica y disponiendo de un ejército monumental, los soviéticos se lanzaron, hacia 1975, a llenar los vacíos dejados por Norteamérica en los cinco continentes. No es una simple coincidencia que al tiempo que Saigón era evacuada por el personal diplomático estadounidense, las tropas cubanas llegaran a Angola para apuntalar a un movimiento amigo de la Unión Soviética.

Con el advenimiento de la administración Carter, en 1977, la política exterior de la Casa Blanca se hizo más errática e incoherente que nunca. Los Estados Unidos perdieron aliados vitales, abandonaron numerosos proyectos de incremento bélico y cedieron zonas de influencia a los rusos, Estos, inclusive, llegaron a entrometerse a través de La Habana en áreas tan importantes para Washington como Centroamérica y el Caribe. Las invasiones, los golpes de Estado y la expansión militar ahora corrían por cuenta del Kremlin.

En los últimos dos años, sin embargo, la situación empezó a cambiar de nuevo. El triunfo de Reagan, producto de la reacción de los grandes intereses de Estados Unidos frente a los peligros surgidos, endureció la diplomacia de ese país.

Simultáneamente, Rusia encaraba tres graves problemas: la resistencia de Afganistán, la tensión en Polonia y el considerable deterioro de su economía. Es así como en la actualidad el mundo contempla una ardua disputa entre las dos superpotencias, con una marcada tendencia de Norteamérica a recuperar la iniciativa perdida años atrás.

Aunque los conflictos que se reseñan brevemente a continuación poseen sus propias particularidades, deben examinarse dentro del contexto general planteado.

La crisis de los misiles

Durante trece días, entre el 16 y el 28 de octubre de 1962, el mundo estuvo como jamás lo ha estado, al borde de la hecatombe nuclear.

Los aviones de reconocimiento U-2 de los Estados Unidos detectaron y comprobaron el 14 que los rusos estaban construyendo en Cuba varias rampas de lanzamiento para misiles atómicos de alcance medio (1.500 kms.) e intermedio (3.500 kms.), con lo que se ponía en grave peligro todo el Este de Norteamérica.

Era la primera vez que Moscú desplegaba este tipo de armas fuera de la URSS. Los artefactos (alrededor de treinta) podrían estar en condiciones de operar en cuestión de un par de semanas y, en caso de ser disparados, causarían la muerte a por lo menos ochenta millones de estadounidenses.

La reacción de la administración Kennedy fue rápida y enérgica, aunque cautelosa: dispuso un bloqueo naval completo a Cuba, mientras preparaba una enorme fuerza de invasión de 350.000 hombres.

El 22 el mandatario norteamericano advirtió a Jruschov que cualquier misil que fuera lanzado desde Cuba tendría de inmediato una respuesta equivalente contra territorio soviético y que cualquier barco que rompiera el bloqueo sería hundido.

En ese momento Estados Unidos gozaba de una amplia superioridad nuclear sobre la Unión Soviética, lo cual reforzaba la amenaza de la Casa Blanca. El 23 la OEA apoyó la medida de Washington y el 24 más de diez buques rusos que navegaban hacia la isla se detuvieron y dieron marcha atrás.

Por último, el 28 Nikita Jruschov aceptó, sin siquiera haber consultado con Fidel Castro, desmantelar y retirar los cohetes; así mismo se comprometió a no instalar en el futuro armas ofensivas en Cuba, a cambio de que Estados Unidos no atacara a aquella.

Terminaba así uno de los momentos más críticos del periodo de la posguerra. El acto de aventurerismo de Jruschov culminó en medio del bochorno para la URSS: poco menos de dos años más tarde, el fachendoso líder soviético sería despojado de todos sus cargos y sumido en el olvido. Sus sucesores comprendieron, a raíz de la crisis del Caribe, que para poder competir con Estados Unidos era preciso por lo menos igualarlo en armamento nuclear. Diez años después lograrían la paridad estratégica.

Santo Domingo

El desembarco de cerca de 30.000 «marines» en Santo Domingo, el 28 de abril de 1965, revivió la era del «gran garrote» y del intervencionismo de los Estados Unidos en América Latina. La última vez que Washington había enviado tropas a la región fue en 1927, en Nicaragua, y desde ese tiempo venía recurriendo a métodos menos engorrosos y comprometedores para manejar su política. A pesar de que la Casa Blanca sostuvo que se trataba de “proteger las vidas y los bienes de los ciudadanos norteamericanos”, el motivo real de la acción en Santo Domingo fue impedir el surgimiento de otra Cuba en el hemisferio.

En septiembre de 1963 había sido derrocado por un cuartelazo el presidente dominicano Juan Bosch, un demócrata de larga tradición en su país. Año y medio más tarde, en abril del 65, estalló una rebelión encabezada por el coronel Francisco Caamaño, cuyo objetivo fundamental era restituir en el poder al mandatario constitucional depuesto.

Lyndon Johnson afirmó que la invasión norteamericana se había decidido a petición de las autoridades militares dominicanas, pero lo cierto es que cuando éstas formularon la solicitud oficial, ya hacía varias horas que los infantes de marina se encontraban en la isla, atendiendo un llamado urgente del embajador Tapley Bennett.

Con el fin de dar a la operación una fachada más presentable, los Estados Unidos consiguieron el 1º de mayo una apretada mayoría en la OEA para organizar un contingente interamericano que bajo el mando de oficiales brasileños y estadounidenses se movilizaran a Santo Domingo.

Los «marines» no sólo atacaron los enclaves de los insurrectos, a quienes infligieron centenares de bajas, sino que facilitaron las medidas represivas de la policía y el ejército dominicanos contra los sospechosos de apoyar la revuelta.

Al año siguiente, y bajo los auspicios de las fuerzas de la OEA, se celebraron unos comicios en los que salió victorioso Joaquín Balaguer, un antiguo lugarteniente del dictador Rafael Trujillo. La acción de Estados Unidos desató una oleada de protestas a lo largo y ancho del continente y vino a profundizar la crisis del sistema interamericano, una de cuyas bases era, al menos en teoría, el principio de la no intervención.

Vietnam

La guerra de Vietnam constituyó la primera derrota militar política y diplomática importante de la historia de Estados Unidos. Más de 120,000 millones de dólares gastados 55,000 muertos y 300.000 heridos en combate, pérdida total de influencia en Indochina, crisis de desmoralización interna y desprestigio internacional fueron algunas de las consecuencias que afrontó Norteamérica debido a su intervención en un país situado a miles de kilómetros de distancia.

El “síndrome de Vietnam” habría de afectar a la sociedad estadounidense por casi una década. Aunque Washington empezó a involucrarse en la problemática situación indochina desde la retirada francesa en 1954 y provocó la separación de Viet Nam, en 1955, respaldando al régimen del Sur, sólo a partir de 1964 puede decirse que la guerra fue llevada a cabo directamente por Estados Unidos.

A finales de ese año se iniciaron los bombardeos sistemáticos al Norte y, en marzo de 1965, Johnson envió tropas regulares a luchar contra los guerrilleros del Viet Cong, los cuales contaban con la simpatía de la mayor parte de la población. Los «marines» y otros cuerpos llegaron a sumar 560.000 efectivos, equipados con el armamento más sofisticado del momento, sin contar un millón de soldados de Vietnam del Sur.

La fuerza aérea arrojó sobre Hanoi y otras ciudades más bombas que todas las que se lanzaron durante la Segunda Guerra Mundial y empleó a fondo napalm, defoliantes y explosivos de fósforo. Todas y cada una de las tácticas elaboradas por el Pentágono fracasaron al no conseguir la destrucción ni de las guerrillas ni del ejército del Norte, los cuales recibían apoyo logístico de China y la URSS.

En vista de la imposibilidad de ganar una guerra cada vez más costosa a todo nivel y de las presiones crecientes de la ciudadanía norteamericana, la administración Nixon planeó una retirada paulatina combinada con las conversaciones de paz en París, El 27 de enero de 1973 se firmó un tratado de paz entre Washington y Hanoi y en marzo salieron del Sur los últimos contingentes de tropas americanas.

Dos años después, las tropas del Norte entraban victoriosas a Saigón, a tiempo que en Laos y Camboya se instalaban gobiernos de izquierda. En su conjunto, el pueblo vietnamita perdió alrededor de 1.500.000 habitantes en esta lucha que con razón ha sido considerada como la más sangrienta de la posguerra.

Biafra

Al igual que en el Congo Belga y otras jóvenes repúblicas africanas durante los años sesentas, en Nigeria los antagonismos tribales desembocaron en una contienda civil que costó la vida a varios miles de personas en un lapso de tres años.

El 30 de mayo de 1967 los catorce millones de habitantes de la provincia sur- oriental de Biafra, integrantes en su mayoría del grupo étnico lbo, proclamaron su independencia del gobierno federal.

El descubrimiento de yacimientos petrolíferos en la región, sumado a las viejas rencillas existentes entre los lbo y otros pueblos de Nigeria, estimularon las tendencias separatistas. A partir de julio, fuerzas nigerianas y biafranas se trenzaron en una lucha en la que intervendrían indirectamente varias potencias, movidas por razones políticas y económicas.

Aunque en el curso de las primeras semanas las tropas secesionistas lograron ciertos éxitos militares, en septiembre una contraofensiva gubernamental provocó la caída de Enugu, la capital de Biafra, y para mayo de 1968, los rebeldes habían sido completamente aislados del mar, de los pozos petrolíferos y de la frontera con Camerún.

Empezó entonces el calvario de los biafranos, quienes fueron sometidos a un implacable cerco por parte de las autoridades de Lagos. La aguda escasez de alimentos causó la muerte por inanición a millares de gentes de todas las edades.

En enero de 1970, el ejército nigeriano pudo finalmente imponer su dominio en la provincia insurgente.

La intromisión de las potencias europeas contribuyó a hacer de este conflicto interno una espantosa carnicería. Francia deseosa de sacar partido de la inestabilidad en la excolonia británica, se apresuró a brindar apoyo a Biafra.

En caso de que ésta alcanzara la independencia, quizás podría ser atraída a la zona de influencia francesa en África ecuatorial.

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De su lado, el gobierno laborista de Gran Bretaña pensó más de dos veces su ayuda al régimen nigeriano por temor a verse envuelto en una guerra costosa tanto en lo político como en lo económico.

Las vacilaciones inglesas y la neutralidad de Estados Unidos fueron aprovechadas por la URSS, la cual envió gran cantidad de equipo bélico a Lagos. Fue esta una de las primeras incursiones de Moscú en la turbulenta política del continente africano y a la vez una muestra del relativo desinterés de Washington y de Londres por la situación de estas naciones.

La guerra de los seis días

El 5 de junio de 1967 los aviones israelíes atacaron por sorpresa las principales bases de Egipto. Siria y Jordania y prácticamente aniquilaron en tierra la fuerza aérea de esos tres países: de 600 aparatos con que contaban los árabes, alrededor de 400 fueron destruidos en esa fecha.

Comenzaba así una nueva versión de la «blitzkrieg» que le permitiría a Israel conquistar territorios equivalentes a más del doble de su superficie, y cuyas consecuencias todavía no se han borrado. La ofensiva judía se planteó al mundo como una medida de prevención ante las amenazas militares de los vecinos musulmanes de Israel, encabezados por el Egipto de Nasser.

Este despachó el 17 de mayo varias divisiones a ocupar el Sinaí (donde se hallaba la Fuerza de Emergencia de la ONU desde la crisis de 1956) y clausuró el Estrecho de Tirán a la navegación israelí. En las fronteras siria y jordana se observaban así mismo actividades bélicas.

Temeroso de un ataque coordinado, el gabinete judío optó por golpear primero y en la forma más contundente posible, teniendo en cuenta su inferioridad en hombres y equipo.

Luego de las incursiones aéreas del 5 de junio, los árabes, desprovistos de una adecuada protección aérea, tuvieron que afrontar el ataque combinado de la artillería, los tanques y la aviación israelíes.

Para el 8, la península del Sinaí y la franja de Gaza estaban bajo dominio de Israel: entre el 5 y el 7 fueron ocupadas la margen occidental del río Jordán y la zona oriental de Jerusalén, y entre el 9 y el 10 las tropas sirias tuvieron que ceder las estratégicas alturas de Golán.

En total, entre muertos y heridos. Israel sufrió 3.200 bajas y los árabes cerca de 40.000. Más las conquistas judías, lejos de garantizar la seguridad del Estado de Israel, exacerbaron las contradicciones con Egipto y Siria y dieron nuevos bríos a la lucha del pueblo palestino construir una patria en Gaza y Cisjordania.

La invasión a Checoslovaquia

En la noche del 20 de agosto de 1968 numerosas divisiones blindadas y aerotransportadas de la Unión Soviética, Polonia Hungría, Bulgaria y Alemania Oriental invadieron Checoslovaquia; en la mañana del 21 las principales ciudades estaban ya ocupadas y la dirigencia del Estado y del partido comunista se encontraban bajo arresto, Moscú habla resuelto poner fin con un golpe de fuerza a la llamada «primavera de Praga».

Graves trastornos económicos y un creciente malestar entre el pueblo precipitaron la renuncia, el 6 de enero de 1968, del Primer Secretario del Partido. Antonin Novotny, quien fue reemplazado por Alexander Dubcek.

El nuevo dirigente promulgó en abril un programa de reformas económicas y políticas que buscaban corregir ciertas fallas de la administración precedente. De otro lado, Dubcek inició contactos a variado nivel con las potencias de Occidente, en especial con Alemania Federal y los Estados Unidos.

Alarmados ante la posibilidad de que Checoslovaquia se saliera de su órbita, los soviéticos sostuvieron con Dubcek una ronda de conversaciones entre el 29 de julio y el 3 de agosto.
Como quiera que de estas charlas no resultara nada concreto, Brezhnev optó por la intervención, supuestamente para “defender los logros del socialismo y la comunidad socialista».

Los lideres checos instaron repetidas veces al ejército y a la población a abstenerse de cualquier acto de resistencia armada contra los invasores y, salvo unos pocos hechos violentos aislados, la ciudadanía, sin cabecillas y sin armas, se vio obligada a mirar impotente cómo los tanques soviéticos rodaban por su suelo.

Una semana más tarde, en Moscú, Dubcek y sus compañeros se comprometieron ante los jerarcas del Kremlin a renunciar a sus proyectos heterodoxos y a estrechar los lazos con el CAME y el Pacto de Varsovia.

Desde entonces Checoslovaquia es un país ocupado permanentemente por cinco divisiones rusas y sometido a la doctrina Brezhnev sobre la «soberanía limitada» de los satélites de Europa Oriental.

Bangladesh

Después de la Segunda Guerra Mundial, en 1947 habían surgido a la vida independiente dos naciones, la India y Paquistán, otrora colonias inglesas. Mientras que la India conservó una continuidad territorial, Paquistán quedó dividido en dos partes la Occidental y la Oriental distantes la una de la otra cerca de 2.000 kilómetros.

La preponderancia de Paquistán Occidental en todos los aspectos de la vida económica y política en detrimento de la sección Oriental, más poblada y más rica en recursos, estimuló, a partir de 1966, las aspiraciones separatistas de esta última.

En 1971, las tensiones llegaron al clímax y el gobierno respondió con una brutal campaña represiva en el Este la cual generó resistencia armada entre la población. Hacia noviembre, unos diez millones de habitantes de Pakistán Oriental habían huido a la India.

Alegando motivos de seguridad nacional, debido a los continuos choques con fuerzas de paquistaníes en la frontera, además del grave problema de los refugiados. Nueva Delhi, que en agosto había suscrito un pacto militar con la URSS, decidió atacar a Pakistán Oriental el 16 de ese mismo mes, día en que fue proclamada la República de Bangladesh, bajo la protección de los tanques soviéticos T-54 del ejército hindú.

Cálculos aproximados estiman que a lo largo del conflicto murieron más de un millón de personas, en su mayoría civiles.

Paquistán perdió alrededor de 150.000 kilómetros cuadrados, el 60 % de su población y las fértiles tierras formadas por el delta de los ríos Ganges, Brahmaputra y Meghna: la India emergió como una potencia militar indiscutible en la zona, y la Unión Soviética obtuvo un triunfo político al consolidar su injerencia en uno de los países más importantes del continente asiático.

Yom Kippur

Si en 1967 los sorprendidos fueron los árabes, en la guerra de 1973 les correspondió el turno a los israelitas.

EI Cairo y Damasco habían aprendido la lección y esta vez tratarían de recuperar los territorios usurpados por Tel Aviv seis años atrás por medio de un ataque relámpago.

El 6 de octubre el ejército egipcio, comandado por Anwar El Sadat, el sucesor de Nasser, cruzó el Canal de Suez y logró abrirse camino en las arenas del Sinaí venciendo la desesperada resistencia judía.

Al mismo tiempo, Siria lanzaba a la batalla en Golán sus formaciones de tanques de fabricación rusa, los cuales sostuvieron con los blindados israelíes feroces duelos; al finalizar la contienda, el 22 de octubre, los sirios habían perdido 1.400 tanques y sus enemigos cerca de 300.

En el frente de Golán, Israel no sólo conservó sus ganancias de 1967, sino que adquirió más territorios y fortaleció sus posiciones en la frontera nororiental. En el Sinaí los egipcios decidieron continuar avanzando a partir de las zonas tomadas a Israel en los primeros días y se enfrentaron a campo abierto con el grueso de las fuerzas armadas judías. Estas contra atacaron con dureza, desbarataron las líneas defensivas de Egipto e incluso atravesaron el Canal de Suez en su parte meridional.

El 20 de octubre El Cairo anunció su disposición de aceptar un cese al fuego, a tiempo que Arabia Saudita resolvía suspender las ventas de petróleo a Estados Unidos por su apoyo a Israel.
Ante las presiones de la Casa Blanca, el gobierno judío se vio en la obligación de detener su ofensiva en suelo egipcio y las hostilidades cesaron definitivamente el 22 Israel pudo mantener las regiones anexadas en la guerra de los seis días, pero pagando un precio muy alto en vidas y equipo bélico.

A pesar de la derrota militar sufrida, Egipto destruyó el mito de la invencibilidad del ejército israelí y mostró a Tel Aviv que ahora tendría que vérselas con un enemigo de cuidado, mucho mejor armado y más diestro que el que enfrentara en 1967.

La guerra del Yom Kippur se convertiría a la postre en el preludio de las negociaciones de paz de Camp David que culminaron con la devolución pacífica de la península del Sinaí a Egipto.

Irlanda del Norte

La imposición del dominio británico, acompañada de la importación del protestantismo y de colonos protestantes, así como la discriminación política y económica contra la población católica, han sido los principales factores de la violencia crónica que sacude desde hace 16 años los seis condados que componen Irlanda del Norte.

Las criminales agresiones de los grupos paramilitares protestantes contra los núcleos católicos y los movimientos por los derechos civiles en ciudades como Belfast y Londonderry a mediados de los sesentas, estimularon la organización de una de las guerrillas urbanas más famosas del mundo, el Ejército Republicano irlandés, IRA, fundado en 1969. A partir de entonces se propagó por toda la provincia una auténtica guerra civil entre las dos comunidades con visos de conflicto religioso y clasista a la vez.

La intervención de fuerzas regulares británicas en 1969 (cerca de 12.000 efectivos), no hizo más que ampliar las dimensiones del problema, dándole a la causa del IRA un carácter nacionalista. Los soldados ingleses recurrieron a la violencia en varias ocasiones, como fue el caso del “domingo sangriento” (30 de enero de 1972), cuando abrieron fuego sobre una manifestación católica pacífica en Londonderry.

Entre 1969 y 1981 han muerto unas 3.000 personas, incluidos 300 uniformados, y 15.000 más han resultado heridas en los enfrentamientos callejeros: alrededor de 7,000 atentados con bombas se han producido en automóviles, teatros, bares bancos, parques y edificios públicos: poco más de veinte militantes del IRA encarcelados han muerto en huelgas de hambre desde que se inició la crisis. Todos los intentos por solucionar la cuestión irlandesa a través de negociaciones han fracasado, puesto que Inglaterra y la comunidad protestante se empecinan en mantener el status que a como dé lugar, y los católicos en su mayoría trabajadores desean emanciparse de Gran Bretaña y unirse a la República de Irlanda apelando a la lucha armada.

China-Vietnam-Kampuchea

La península de Indochina no ha conocido la paz en las últimas cuatro décadas: primero fue la lucha contra los japoneses, luego contra los franceses y más tarde contra Estados Unidos. Ahora el nuevo agresor es, paradójicamente Viet Nam. Con el abierto propósito de edificar una «federación indochina» bajo su mando y con el respaldo de la URSS sometió primero a Laos, donde mantiene 50.000 soldados, y después invadió a Kampuchea democrática, el 25 de diciembre de 1978. (Un mes antes se había firmado un pacto militar soviético-vietnamita). Hanoi desplegó un formidable ejército de 200.000 efectivos para conquistar un país que no tenía ni cinco millones de habitantes, derrocó su gobierno, impuso un régimen de confianza y, desde entonces combate a las guerrillas nacionalistas con toda clase de armas, incluso las químicas.

Lo que pretendía ser una guerra fácil se convirtió en el «Viet Nam de Vietnam», en un atolladero sin salida para los vietnamitas, quienes tienen que pagar un altísimo precio a fin de sostener más del 30 % de sus fuerzas armadas peleando en la jungla de Kampuchea. La maltrecha economía de Viet Nam no se derrumba por completo gracias a las inyecciones de dinero que le suministra a diario el Kremlin.

Mientras se desarrollaba la guerra en Kampuchea, Hanoi tuvo que batirse en su frontera septentrional, esta vez con un enemigo poderoso, la China Popular. Entre el 17 de febrero y el 5 de marzo de 1979, el ejército chino penetró a territorio vietnamita, librando duras batallas en su avance.

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Luego de una larga cadena de incidentes fronterizos y de persecuciones de las autoridades de Vietnam contra la población de origen chino en ese país, el choque se tornó inevitable, mas si se tiene en cuenta que Pekín era aliado de Kampuchea. Aunque las tropas chinas se retiraron en marzo y poco después las dos partes comenzaron negociaciones tendientes a un arreglo pacífico de la disputa, la tensión en la frontera chino-vietnamita no ha desaparecido.

Afganistán

El 27 de diciembre de 1979, contingentes fuertemente armados del ejército ruso cruzaron la frontera de Afganistán, dando comienzo a una invasión que aún no termina y que ha redundado en un acrecentamiento de las tensiones internacionales. Con el pretexto de que el Estado afgano estaba siendo víctima de las maquinaciones subversivas de Occidente, el Kremlin envió a más de 100.000 soldados a reprimir a los grupos rebeldes que desde 1978 combatían al régimen prosoviético de Mohamed Taraki.

Este último fue asesinado tres meses antes de la ocupación y su sucesor Amín, corrió la misma suerte horas antes de la entrada de los primeros tanques rusos a Kabul. Las fuerzas invasoras instalaron en la presidencia a Babrak Karmal, un hombre de confianza de Moscú. Era la primera vez, desde la creación del sistema soviético, que Rusia agredía con fuerzas propias a un país del Tercer Mundo.

Con sus acciones en Afganistán, la URSS acortó su distancia geográfica de la zona del Golfo Pérsico, fuente vital de abastecimientos petroleros de Europa, Japón y los Estados Unidos. Es por ello que a comienzos de 1980, el presidente, Carter promulgó la doctrina de su nombre, según la cual Washington protegerá sus intereses y los de sus aliados en la mencionada región por todos los medios, incluidos los militares.

Además, la Casa Blanca impuso una serie de sanciones económicas a los soviéticos. Desde entonces las relaciones entre las dos superpotencias pasaron de la «detente» a la confrontación política directa y las amenazas bélicas.

No obstante la enorme superioridad militar y el empleo de métodos genocidas contra la población civil, los rusos no han logrado doblegar a los guerrilleros afganos, los «mudjahidines», y en la actualidad se encuentran empantanados en una guerra de desgaste cuyo final no se vislumbra a corto plazo.

El Cuerno de África y Angola

El Movimiento separatista de Eritrea y el conflicto entre la Somalia y la Etiopía por la región del Ogadén han creado una situación de guerra permanente en el Cuerno de África. Los soviéticos y los cubanos, que desde la década de los sesenta apoyaban a los rebeldes eritreos y al régimen somalí, cambiaron de bando y, hacia 1977, optaron por jugar una carta que consideraba más gananciosa, la dictadura militar etíope que tres años antes derrocara al emperador Haile Selassie. Desde entonces, Etiopía se ha convertido en un firme aliado del bloque soviético y su ejército recibe todo el armamento del mismo.

Tanto en la guerra del Ogadén (1977-1978) como las sucesivas campañas de aniquilación de los patriotas eritreos, las fuerzas de Addis-Abeba han contado con la asesoría de oficiales rusos, mientras que La Habana mantiene alrededor de 12.000 soldados combatiendo al lado de las tropas de Etiopía.

A pesar de la fiereza de la lucha, la situación no ha cambiado sustancialmente con respecto a 1977: la guerrilla eritrea continúa resistiendo los embates de sus enemigos y los somalíes libran esporádicos combates fronterizos con el ejército etíope y los legionarios cubanos. Con su intervención en el Cuerno de África, Moscú ha ganado acceso a una posición de gran valor estratégico, ya que desde allí está en capacidad de controlar una de las vías que conducen al Canal de Suez.

Un caso similar de injerencia soviético-cubana en los asuntos internos de países africanos es Angola, en donde 18.000 soldados enviados por La Habana y equipados por la Unión Soviética lucharon en la guerra civil de 1975-1976, respaldando a una de las facciones enfrentadas, el MPLA.

Luego de que este movimiento conquistara el poder, las tropas cubanas se quedaron cumpliendo misiones de orden público contra los grupos que se oponen al régimen de Luanda, el cual no duraría mucho tiempo sin el apoyo de sus patrocinadores.

En total, Cuba ha colocado cerca de 50.000 hombres en África (Etiopía, Angola, Mozambique, Libia, Argelia, Guinea, etc.) que sirven de punta de lanza de la penetración de los intereses rusos en dicho continente.

Centroamérica

Más de 15.000 vidas e incalculables pérdidas materiales costó a la nación nicaragüense derrocar a la dinastía Somoza, atrincherada en el poder desde 1937. La guerra civil, que enfrentó a amplios sectores de la población y al Frente Sandinista de Liberación con la Guardia Nacional somocista, se inició en firme en enero de 1978 a raíz del asesinato del periodista Pedro J. Chamorro.

A lo largo de 18 meses se libraron encarnizados combates en toda Nicaragua hasta que el 17 de julio de 1979 el dictador huyó a Miami y una Junta de Reconstrucción Nacional entró victoriosa a Managua dos días más tarde. Pero mientras el conflicto nicaragüense llegaba a su final, en El Salvador se encendían las llamas de otra guerra, mucho más sangrienta y prolongada. Desde finales de 1979 varias organizaciones guerrilleras emprendieron la lucha contra el gobierno cívico-militar que no obstante sus promesas reformistas resultó incapaz de controlar la turbulenta situación.

A tiempo que el ejército regular y las guerrillas combaten a lo largo y ancho del país, los grupos de extrema derecha hacen de las suyas en medio de la más absoluta impunidad. ¿El resultado hasta ahora? Casi 30,000 muertos, principalmente campesinos.

Ante una serie de indicios acerca de la ayuda prestada por Cuba y los sandinistas de Nicaragua a los insurgentes salvadoreños, la administración Reagan determinó multiplicar los suministros bélicos al ejército de EI Salvador y destacó un puñado de consejeros militares en este país. De acuerdo con la Casa Blanca, los Estados Unidos no permitirán por ningún motivo la expansión del eje Moscú-La Habana-Managua en Centroamérica.

En efecto, el auge rebelde en El Salvador, la marcada inclinación de Nicaragua hacia la órbita soviética, junto con otros factores como el recrudecimiento de la violencia política en Guatemala y Honduras, llevaron a Washington a declarar esta región como prioridad máxima en la diplomacia norteamericana. Con frecuencia se escuchan rumores de una escalada en la intervención estadounidense que podría implicar medidas severas contra Cuba.

Hasta ahora todo parece indicar que debido a la confrontación de intereses entre las dos grandes potencias, el problema centroamericano aún ocupará por mucho tiempo la atención de la opinión pública mundial.

La guerra del Golfo

El 22 de septiembre de 1980 el ejército iraquí atacó a Irán en un frente de 800 kilómetros. Era la culminación de varios años de roces motivados por diferencias político-religiosas y de disputas de límites entre las dos naciones.

El régimen de Bagdad, que se había visto obligado en 1975 a aceptar un tratado con el sha de Irán por medio del cual el primero hacia ciertas concesiones territoriales en la frontera y el segundo renunciaba a apoyar la rebelión kurda en Irak, decidió aprovechar el caos reinante en Teherán para lanzar una ofensiva relámpago.

El presidente Saddam Hussein confiaba que una rápida victoria provocaría la caída del gobierno de Khomeini. Irán aceptaría revisar los acuerdos de 1975 e Irak asumiría el liderato del mundo árabe. Sin embargo, las cosas no resultaron de acuerdo con estos cálculos. El ejército iraní, a pesar de las numerosas purgas que sufrió desde febrero de 1979 y de la escasez de repuestos a raíz del bloqueo implantado por Occidente, ofreció una férrea resistencia al avance de las tropas iraquíes.

Por otra parte, el régimen islámico del ayatollah resultó considerablemente fortalecido con el conflicto y la esperada rebelión de las fuerzas armadas en su contra nunca sucedió. No obstante que en las batallas se emplearon a fondo todos los recursos de los dos bandos, el frente pronto se estabilizó sin que nadie lograra avances de importancia. Además de los miles de muertos y heridos, los dos países sufrieron gigantescas pérdidas por la destrucción de sus principales centros de producción, refinación y distribución de petróleo que fueron destruidos en los ataques aéreos. Durante el primer semestre de 1982 los iraníes llevaron a cabo un contraataque que les permitió recuperar parte de las áreas ocupadas por el avance iraquí del año 80.

Empero la guerra sigue sin definirse, con la consecuente sangría para los dos pueblos y sin que ninguna de las dos partes se muestre dispuesta a renunciar a sus pretensiones. Los países importadores, de petróleo miran con creciente preocupación la posibilidad de que la contienda se amplíe a otros países del Golfo Pérsico, debido a que en esa región se produce más de una tercera parte del crudo mundial.

Las Malvinas

Cuando el 2 de abril de 1982 desembarcaron 4.000 soldados argentinos en el archipiélago de las Malvinas, la junta militar de Buenos Aires no imaginaba cuán costosa resultaría su iniciativa de recuperar por la fuerza las islas largamente reclamadas a Inglaterra desde que ésta las invadiera 149 años atrás. El general Galtieri deseaba y por lo menos al principio lo logró distraer la atención del pueblo argentino de la profunda crisis económica del país y al mismo tiempo refaccionar la imagen de la dictadura, apelando a los sentimientos nacionales de las masas.

Sin embargo, la respuesta británica no se hizo esperar. Londres despachó una poderosa escuadra, compuesta por dos portaaviones, diez fragatas misileras, tres cruceros, dos submarinos y numerosos navíos de desembarco y de apoyo logístico, además de varias decenas de aviones y helicópteros de combate. Mientras la flota avanzaba hacia el Atlántico Sur, las naciones de la OTAN anunciaron su irrestricto apoyo a la Gran Bretaña y decretaron un bloqueo económico total a la Argentina El 25 de abril, las tropas británicas ocuparon las islas Georgias, las cuales se convirtieron en base aeronaval para atacar las Malvinas.

El golpe de gracia contra Buenos Aires se dio el 30 de abril, con la determinación de Washington de alinderarse con Inglaterra, su aliado más firme en Europa Occidental. Así, en el frente diplomático, Argentina quedaba sumida en el aislamiento, si se agrega el hecho de que la OEA se negó a invocar el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca para socorrer a dicho país.
A comienzos de mayo se llevaron a cabo feroces combates navales y aéreos en los que las dos partes sufrieron pérdidas considerables en barcos y aeroplanos, y el 21 de ese mes los ingleses establecieron una cabeza de playa en las Malvinas.

Allí se luchó por cada centímetro de terreno hasta que el 15 de junio, los destacamentos argentinos, agotados y desmoralizados, depusieron las armas.

Las consecuencias de la guerra fueron especialmente graves para Argentina: el régimen militar entró en bancarrota y la economía nacional quedó aún más postrada de lo que estaba antes del conflicto. No obstante, la cuestión de las Malvinas no fue resuelta y subsistirá como otro foco de tensión en el mundo.

La destrucción del Líbano

La guerra civil que azotó al Líbano entre 1975 y 1976 y cuyas secuelas todavía causan estragos, fue el resultado de las contradicciones entre los cristianos maronitas y los musulmanes. El establecimiento en territorio libanés de más de medio millón de refugiados palestinos, desplazados principalmente por las conquistas de Israel de 1967, contribuyó a atizar el conflicto.

La izquierda musulmana apoyó la causa de la OLP, que desde su base del Líbano organizaba su acción contra Israel, mientras éste armó y financió a los grupos falangistas cristianos En 1976 se sumó otro elemento a la ya caótica situación: 30.000 soldados sirios de una fuerza árabe de disuasión, pero que a la postre se convertiría en un ejército de ocupación en la zona oriental del país. En noviembre de 1976, luego de 19 meses de contienda en que perecieron decenas de miles de personas y hubo destrucción sin cuento, se alcanzó un alto al fuego que duraría quince meses. En marzo de 1978 entró en acción Israel bombardeando intensamente los campamentos palestinos del Líbano durante varios meses.

A mediados de 1981 las renovadas incursiones israelíes provocaron un enfrentamiento con Siria en torno al Valle de Bekaa.

Por último, en junio de 1982, Menahem Begin ordenó una invasión a gran escala al Líbano con el fin de liquidar a la OLP y a la izquierda musulmana, expulsar a los sirios y facilitar el ascenso de un régimen derechista que aceptara un tratado de amistad con Israel.

Después de tres meses de dura lucha, los guerrilleros de la OLP se vieron forzados a evacuar el Líbano y a dispersarse por varias naciones árabes; en esos días era elegido como presidente libanés Bashir Gemayel, líder de la falange cristiana. La campaña judía costó la vida a unos 30.000 libaneses y palestinos y redujo Beirut a un montón de escombros.

Sin embargo, cuando todo parecía estar saliendo muy bien para los planes de Tel Aviv, el mundo fue conmocionado por el acto genocida más espantoso de los últimos tiempos: los falangistas asesinaron a sangre fría a dos mil hombres, mujeres y niños en dos campos de refugiados palestinos en Beirut, bajo la mirada impasible de los soldados israelitas que custodiaban la ciudad. Este hecho hizo que la comunidad internacional condenara con mayor vehemencia la invasión al Líbano y aisló aún más al régimen de Begin.

Lo que en un principio se consideró como una resonante victoria militar de Israel se convirtió en la página más vergonzosa de la historia del Estado judío.

Otros conflictos (1962-1982)
Revolución argelina (1956-1962).
Guerra civil en el Congo Belga (1960-1967).
Conflicto fronterizo chino-hindú (1962).
Crisis de Adén (1963-1967).
Guerra civil en Indonesia (1965-1966).
Guerra de la Indica contra Pakistán (1965).
Choques fronterizos de la URSS y China (1969)
Guerra de independencia de Rhodesia (1957- 1980)
Crisis de Chipre (1974)
Guerra de independencia de Namibia (1976…)
Yemen del Sur vs. Yemen del Norte (1978)
Sahara Occidental (1978…?)
Invasión de Tanzania a Uganda (1979)
Revolución iraní (1979)
Polonia 1980..?).

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Agosto
31 / 2018

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