SUSCRIBIRME
INICIO//Cultura//Una década sin Fanny Mikey

Una década sin Fanny Mikey

Sus actuaciones en las tablas, las apariciones en la radio y en la televisión sacudieron a un país que antes de ella parecía sumergido en el siglo diecinueve en esos asuntos.

Foto: Carlos Duque/ Archivo Diners

Sus actuaciones en las tablas, las apariciones en la radio y en la televisión sacudieron a un país que antes de ella parecía sumergido en el siglo diecinueve en esos asuntos.

Uno de los colombianos de origen extranjero que más han amado a Colombia es Fanny Mikey. Nacida en Argentina, de su país sólo tenía el acento. En lo demás era colombiana. Su pasión, su vitalidad, su imaginación y sus carcajadas tenían nuestra impronta.

Sus actuaciones en las tablas y los desnudos en las revistas y las apariciones en la radio y en la televisión sacudieron a un país que antes de ella parecía sumergido en el siglo diecinueve en esos asuntos. Después creó el Festival Iberoamericano de Teatro de Bogotá, uno de los más importantes del mundo. Varias veces salió en la Revista Diners. Su más controvertida aparición ocurrió en la edición de julio de 2003 en un reportaje (que podrá leer a continuación) en el que demostró por qué nunca muere la pasión, menos en las mujeres de edad madura.

Aún se escucha la voz de Fanny Mikey en la radio. Cuando llega el momento de las propagandas aparecen sus palabras roncas, fuertes y llenas de vida anunciando las funciones del Teatro Nacional. Fanny se fue pero su corazón palpita entre nosotros. Adiós, Fanny.

-Óscar Castaño-

LA PASIÓN DE FANNY MIKEY
EDICIÓN 400 DE REVISTA DINERS JULIO 2003

Fanny Mikey a los 72 años y ocho días antes de estrenar Un tranvía llamado deseo: “Aún hago el amor, aún tengo sexo y eso no es pecado. Lo hago y lo siento con la misma intensidad que lo puede sentir una mujer de 16, 25 ó 40 años”. Habla la mujer que se desnudó más joven en Colombia y que ahora de nuevo devela su cuerpo, su inteligencia y su erotismo creador.

Fanny Mikey: esa fantástica mujer de 72 años que no consigue envejecer, que aún después de recorrer millones de kilómetros sobre la tierra, sobre su cama y sobre su vida, conserva la naturaleza salvaje de la mujer apasionada: “Salvaje y natural, pues hasta mis tetas son naturales. Nunca he tenido que hacerme ninguna cirugía para conservar su belleza, pues las he cuidado desde chiquita. Y mis amigos saben perfectamente que son naturales”.

Fanny es la primera intelectual del erotismo en Colombia, la Madonna de los delirios de medianoche y la pasión insomne. Desde esas lejanas e iconográficas fotos de Hernán Díaz que la convirtieron en la primera mujer en desnudarse en Colombia, hasta las de hoy, a sus bellos 72 años, con las que demuestra que aún respira e inspira deseo y sensualidad.

Desde sus primeros meses en el país cuando, por curiosidad teatral, se atrevía a departir, hasta la madrugada, con las prostitutas de los burdeles de Cali. Desde las maratónicas jornadas de teatro y poesía que la llenaron de vitalidad y le impidieron perder la cordura.

Es la adolescente eterna que ignora lo que es “perder las ganas de…”: Perder las ganas de gritar, de vivir, de desnudarse, de besar, de luchar… “Tal vez ese es el significado de la pasión. Vivir con ganas. Para mí cada segundo de la vida es un orgasmo, un orgasmo físico, intelectual y emocional, y lo experimento como si fuera el último que fuera a tener”, confiesa una mujer que de tanto vivir no tiene tiempo para darse cuenta de la edad que tiene.

Tranvía erótico

“Mi primera vez fue a los 18 años. Y creo que faltan más de 18 años para que llegue la última”. Fanny Mikey piensa vivir, durante todos los años de juventud que le quedan, bajo la misma conducta que ha llenado de placer su existencia. “No se trata sólo de sexo. Es el placer de vivir. De oír un poema de los jóvenes labios de un muchachito de 22 años que se muere por mí, o de tomarme un vino bajo la luna, junto a un robusto director de teatro de 83 años. Yo necesito más que sexo y por eso a muchos hombres les ha costado seguirme el ritmo. Yo busco épica. Soy exigente. Y exijo conversaciones inteligentes, sensibilidad, humor, dinamismo, sabiduría… Tal vez por eso cada vez más hombres le temen acercarse a Fanny Mikey, la poderosa Fanny, la comehombres Fanny, la intimidante Fanny”.

En un país en el que las mujeres están condenadas a ignorar su erotismo y renunciar a su sexualidad después de los 50 años, Fanny Mikey es la redentora del placer maduro, la mujer que reivindica el derecho de ser bella a cualquier edad: “Debería ser al revés. Son los hombres los que después de los cincuenta años se vuelven unos perezosos sexuales y dejan de funcionar. En cambio nosotras venimos con una garantía sexual de por vida, nunca nos secamos.

Mi pelirroja… inspiración, ejemplo, mi maestra, luz. Cuanta falta nos haces. Te extraño. Te recordaré siempre. @mariatejera20001 escribió que nadie es indispensable en esta vida … y me uno a su duda pelirroja contigo siempre he tenido la misma inquietud. «Dios, No te voy a pedir lo que todos y todas te piden, porque, seguramente, de eso no te queda nada. No te voy a pedir la tranquilidad del alma, ni la del cuerpo, ni siquiera la fortuna y tampoco la salud. Eso te lo piden tantos y tantas que seguramente no te queda nada. A mí dame lo que te sobra, lo que se te rechaza, yo quiero la intranquilidad y la tormenta. La insatisfacción y la pelea, y dámela para siempre, que yo esté seguro para siempre, porque no siempre tendré el coraje de pedírtelo de nuevo » #fannymikey #teatro #fitb #love #amordeotravida

Una publicación compartida de Mafe Palacio (@mafepalaciotalentmanager) el

Aquí me ves, con el deseo intacto y estos senos naturales jamás moldeados por el bisturí… y eso que tengo muchos amigos cirujanos, pero ellos mismos pueden jurar que nunca me han tocado”, se burla la mujer que ha sido Celestina, Margarita Gautier, señora Carrar, Shirley, Bernarda Alba, María Callas y que ahora es Blanche Dubois, la histérica y desequilibrada protagonista de Un tranvía llamado deseo, una obra de Tennessee Williams que inmortalizaron para el cine Marlon Brando y Vivian Leigh. Fanny siempre había perseguido a este personaje, una antítesis de su propia personalidad y por lo mismo un apasionado reto.

Vea tambien: La publicidad efectiva contra el cáncer de seno

Fanny es fuerte y corajuda como un roble. La Blanche de Un tranvía… es frágil y asustadiza como un conejo de campo. Fanny es dominante y racional. Blanche es una neurótica mujer cansada que perdió sus cabales. Fanny es la encarnación de la verdad y Blanche tiene una fábrica permanente de mentiras para inventarse su mundo: “Un papel muy difícil por las contradicciones que encierra frente a mi personalidad.

Estoy agotada. Esta pobre mujer se me ha metido hasta los huesos e interpretarla es casi una neurosis, me tengo que convertir en una auténtica loca de mierda todos los días y eso no resulta fácil cuando has llevado una vida en la que eres segura de ti misma y totalmente racional”.

Cinco noches en Moscú

“Nunca he andado con un jovencito para que me haga el amor, sino por su inteligencia, su dinamismo y su capacidad de hacerme sentir mujer, desde la forma en que besa hasta la manera en que saluda”. Por eso se enamoró, cuando tenía 52 años, de Carlos Eduardo, de sólo 22. Desde los 14 años Carlos Eduardo, un caleño que soñaba en clave de teatro y poesía, estaba enamorado en secreto de Fanny y asistía a todas las funciones en las que ella estuviera presente.

Una noche él alargó la mano para tocar a Fanny mientras ella saludaba a los asistentes a su café concierto: “Yo sentía cómo temblaba esa mano, un temblor de pasión, de temor, casi un delirio con cinco dedos. Tuvimos un romance de tres años. Ese cuasiadolescente era cultísimo y sabía cuándo quedarse callado y cuándo hablar. La edad de un hombre no me interesa, me interesa su cerebro. ¿Porque después del sexo qué vas a hacer? Te puedes llenar los ojos con un bonito, ¿pero luego qué? ¿Qué vas a hacer con ese silencio, con el después, con el momento de mayor sinceridad y desnudez para cualquier persona, que es después de haber hecho el amor?”.

Por eso otro jovencito por el que perdió la cabeza y con el que ni siquiera compartía el idioma, fue Yuri Lyubimov, el gran director ruso de teatro que le demostró que la vitalidad no respeta a la edad. Cuando ella tenía 65 años y él 83, se encontraron en Moscú durante el montaje soviético de Los hermanos Karamazov: “Quedé impresionada.

Fanny, nueve años sin ella… . . . . . #FannyMikey #Teatro #Theatre

Una publicación compartida de Gabriel García – Gabo! (@nosoyesegabo) el

Esa fuerza y ese dinamismo después de más de ocho décadas de vida me aterraron, era como un adolescente dispuesto a comerse el mundo. Y de nuevo me enamoré. Cinco días en Moscú, acompañados de vodka y de un intérprete. No es que me enamore muy fácil, es que siempre vivo enamorada: sexual, erótica o sentimentalmente, no he dejado de estar enamorada ni un día de todos estos años de mi vida.

Aún hoy, cuando me interesa algún hombre, siento latir mi corazón como cuando tenía quince años, y me sudan las manos y me tiemblan las piernas. Me derrito con la misma facilidad de una virgen que espera a su príncipe”.

Fanny Mikey defiende el amor por encima de todo. Y para ella no hay ningún amor tan fuerte como el que siente por el teatro. Hasta ahí llega el placer del sexo y del romance. Porque al actuar le da rienda suelta a un verdadero ritual erótico sobre las tablas. Es en el escenario donde Fanny Mikey construye el más original cuadro de pasión, donde deja que Dios y el diablo se peleen por su cuerpo y la ultrajen y la usen.

“Es en escena donde vivo de verdad. Donde me transformo en una bella monstruosidad, en una artista que podría dejar su vida sobre esas tablas a cambio de una actuación perfecta. Cuando actúo se me olvidan los hombres, se me olvidan las enfermedades y se me olvida hasta la muerte”.

De hecho, dos obras coincidieron con la muerte de sus padres. Veinte minutos antes de la función de ocho de la noche de Los fusiles de la Señora Carrar, Fanny recibió un telegrama que le anunciaba la muerte de su padre en la lejana Argentina.

Ella no suspendió la obra y decidió interpretar a su personaje que, afortunadamente, tenía la obligación de llorar. Pero no fue tan fácil cuando llegó la noche de la muerte de la madre de Fanny, pues esa noche era el turno de una comedia, Los japoneses no esperan: “Hacer reír a la gente mientras una está destrozada por dentro… Yo también he sido ese payaso que llora cuando está solo”, admite.

Fanny, el sexo, la soledad…

“¿Sabes que animal soy?”, se confiesa Fanny. “Soy un caballo. Soy briosa, soy sensual y soy estéticamente hermosa. Y voy a decirte algo que debería saber toda mujer sobre este planeta: para mí el erotismo es mejor después de los 70 años. Aún hago el amor, aún tengo sexo desenfrenado y eso no es pecado. Lo hago y lo siento con la misma intensidad que lo puede sentir una mujer de 16, 25 ó 40 años. Y aún tengo sexo porque todavía me queda ese fantástico asombro adolescente ante el hombre, ante el arte y ante el erotismo”.

Vea tambien: La historia de 4 mujeres detrás de 4 marcas del BCapital 2019

Y Fanny también confiesa que ha visto morir a mucha gente: “Los he visto morir de sida, de cáncer, de tristeza, pero ninguna muerte me duele tanto como la de aquellos que se mueren de amor. Por eso no dejo de amar apasionadamente. No pienso morir de amor”. Lo dice con cierto aire de filósofa, con el aire de quien se gasta las lentas horas de la madrugada en reflexiones. Mientras los demás duermen, Fanny piensa y aprovecha uno de sus tesoros: la soledad.

Más allá de la mujer de las fiestas sin horario, de la sociable mujer de teatro que posa para fotografías con presidentes, de la risueña actriz obligada a servir de anfitriona perpetua, está la Fanny de la soledad. La Fanny Mikey que observa el silencioso teatro del universo desde su paraíso perdido en las Islas del Rosario y que prefiere una hora de soledad a una eternidad rodeada de multitudes que nunca quieren oírla.

Creo que cuando sea grande, seré como ella. Grande #FannyMikey #cuandoseagrande #sueños

Una publicación compartida de Juanita Mar (@juanitaramirezps) el

A veces, como artista, sabe que le ha faltado tiempo para estar sola, para meterse de lleno en el teatro. Pero si no hubiese sido la mujer de los cocteles y los agasajos, la de las actividades sociales, Colombia simplemente no tendría teatro como lo conocemos hoy: “Llevo casi sesenta años mendigando por pasión”, dice con algo de tristeza. Pero también con la ilusión de que su alegre mendigar ha logrado crear en el teatro un verdadero fenómeno de masas sobre las ruinas de un arte que estaba reservado a los aburridos intelectuales de izquierda y a la marginalidad pseudocomunista y pseudorrebelde de una época menos feliz.

Y esa Fanny de la soledad fue la misma jovencita nacida en Argentina que dejó su hogar para perseguir un amor cristiano hasta un país desconocido al norte del sur. Hoy, profundamente colombiana —tanto que cuando presenta un show en su país de nacimiento la presentan como una actriz de Colombia—, y judía laica, Fanny es quizá la devota más grande de María Auxiliadora.

Y esta judía de nacimiento, acompañada apenas de una estampita de María Auxiliadora que nunca abandona, va recogiendo, de peso en peso, y todo para su festival, y sus actores, y su pasión, más plata que la que hayan logrado recolectar los diez últimos ministros de Hacienda.

María Auxiliadora efectivamente le presta todo su auxilio, pues pocas personas, después de mucho sudor y de mucho apretar entre sus manos inquietas la estampita, le han negado su colaboración a Fanny.

“Ella me ha salvado la vida y estoy segura de que me cuida todo el tiempo. Cuando actúo, cuando pido plata, cuando dirijo, cuando sueño y hasta cuando hago el amor”, dice Fanny, orgullosa de su medalla.

La droga perfecta

Toda una Diosa! #fannymikey #teatro #libre #parasiempre

Una publicación compartida de Fabian Peñaranda (@fabian_penaranda_) el

“En cierto sentido la actuación es una experiencia que encierra más intensidad que el sexo”, afirma Fanny. “He tenido espasmos cardíacos sobre las tablas y he actuado mientras dos médicos me esperan con las puertas de la ambulancia listas para mi entrada triunfal al reino del olvido.

He interpretado a una mujer que corre durante una hora sobre el escenario mientras tengo una rodilla fracturada, y a otra que debe estar sentada durante toda la función mientras tengo un verdadero carnaval de forúnculos en el trasero. Pero salir a escena es como doparse. Se te olvidan los males físicos y emocionales. Vives para actuar y lo demás te importa un pito”.

Y ya son más de cincuenta años de usar la droga perfecta, la que le permite respirar como una adolescente cada vez que se levanta en la mañana, la que le permite hacer el amor con la misma pasión de la primera vez, la que le ha permitido enseñarle teatro a toda una nación, la que le permite desnudarse y admirar su cuerpo después de los setenta años. Por eso, al mirarla, con ese cuerpo pequeñito y esos ojos que nunca dejarán de reír, es imposible dejar de pensar que Fanny jamás tendrá vejez.

Estos son apenas pedazos de su historia. La historia de una mujer que perdió la virginidad a los 18 años y que ahora, a los 72, vive el teatro, el sexo, el vino, la palabra, en fin, todo lo que constituye la vida, con la pasión de un tranvía llamado deseo y la pasión vital de la mujer madura. Su vida y sus ganas reivindican la existencia de los seres humanos.

INSCRÍBASE AL NEWSLETTER

TODA LA EXPERIENCIA DINERS EN SU EMAIL

Ver términos y condiciones.
Agosto
16 / 2018


Send this to a friend