“Para mí hacer música tiene siempre el mismo nivel”: Andrés Orozco Estrada

Recién designado como director de la Orquesta Sinfónica de Viena a partir de 2021, el antioqueño compartió la celebración de los 35 años de la Orquesta Filarmónica de Medellín, una de las que le vio dar los primeros pasos de su carrera.
 
“Para mí hacer música tiene siempre el mismo nivel”: Andrés Orozco Estrada
Foto: Lukas Beck/Archivo Diners
POR: 
Claudia Arias

“Cuando creemos en lo que decimos empezamos a cantar distinto, tenemos que ponerle ese pedacito de alma”.

Es viernes 27 de abril, son las 4 de la tarde y faltan 48 horas para el concierto de los 35 años de la Orquesta Filarmónica de Medellín. Andrés Orozco Estrada, el director colombiano con mayor proyección en la escena mundial de la música sinfónica, ensaya con los coros que acompañarán a la orquesta en la interpretación del Réquiem Alemán de Johannes Brahms.

Quizás alguno de los contantes entienda alemán, como obviamente lo hace Orozco desde hace más de 20 años que vive en Viena, pero, aunque no lo entiendan, les dice, hay que preocuparse por conocer la letra para cantar en consecuencia. Es una obra para honrar a los difuntos: “Bienaventurados los que padecen, pues ellos serán consolados”, dice en sus inicios el réquiem, “y todavía nosotros no tenemos la bienaventuranza de llegar a la nota final afinados, pero ahí vamos”, bromea el director.

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Bienaventuranza es una palabra poco usada, pero hay que buscar sinónimos y darle sentido, apropiarse del concepto y cantar en consecuencia, ese es el mensaje que Andrés Orozco quiere dejarles a los integrantes de los coros, para que logren poner el sentimiento que él espera en el concierto. “Si ustedes han sufrido una pérdida, aunque no se los deseo, conéctense con el sentimiento de ese momento; cuando se murió mi perrito fue terrible, las personas cercanas me consolaban, no sé cuál es el sinónimo de consuelo, pero esa es la sensación que buscamos; el momento de consuelo es muy bello y profundo”.

La conexión del maestro con los coros es evidente, y en la rueda de prensa que acaba de terminar dijo que en el ensayo con la orquesta en la mañana sintió lo mismo. Aprovechamos la media hora que compartió con la prensa en su ciudad natal para conversar con él.

Usted es Director Titular de la Orquesta Sinfónica de la Radio de Fráncfort y Director Musical de la Sinfónica de Houston; además de director principal Invitado de la Filarmónica de Londres, eso sin contar las veces que hace de director invitado de otras orquestas del mundo, como ahora con la Filarmed, ¿cómo es llegar a dirigir un concierto apenas horas antes? ¿qué implica esto?

Es un proceso muy bonito, no deja de ser nunca una magia, sea una obra que conozco, o no, una obra que has tocado mucho o poco, ese tiene que ser siempre el objetivo: que sea mágico el encuentro entre músicos.

En este caso hay dos cosas concretas, el hecho de volver a la Filarmónica después de cuatro años, es mucho tiempo y pasan muchas cosas, tanto en mi vida personal como director, como en la orquesta, que sigue creciendo, cambiando, tiene muchos músicos jóvenes que le dan un aire renovado. Es maravilloso ver a una orquesta que sigue manteniendo el alma de la música sinfónica en la ciudad, algo fundamental, por eso estoy aquí, no solo por la generosa invitación y por celebrar juntos con una de las orquestas en las que empecé mi camino como director, sino precisamente para demostrarle a ésta, en primera instancia, pero también al público, lo importante que es tener una orquesta.

Ya para la obra concretamente, en efecto la orquesta no la ha tocado antes, pero obviamente conscientes de que el tiempo que yo tenía para ensayar con ellos era reducido, hizo un trabajo previo de preparación muy consciente, con Gonzalo Ospina el concertino y director asistente, y eso lo noté desde el primer ensayo, que los músicos estaban ya técnicamente listos para entrar a sacarles todos los colores, todo el detalle.

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Y, como digo siempre en broma, a mí me toca la parte fácil, no tengo que preocuparme por organizar las notas, sino que llego a hacer lo que llamamos la interpretación, dar los matices, que, por supuesto no es lo más fácil, pero se entiende lo que quiero decir. Es algo muy bello, luego nos encontramos con los coros, otro elemento, para ya poder juntarnos todos y hacer de la obra una experiencia trascendental.

¿Cuáles son los retos de haber sido designado como director de la Sinfónica de Viena para la temporada 2021-2022, para suceder al suizo Philippe Jordan?

Hay muchos, unos que ni siquiera conozco porque faltan muchos años, esto funciona así en muchas partes del mundo, seguro aquí también se va a conseguir, pues las planeaciones manejan años de antelación.

Los retos son, entonces, irme preparando para ese momento, y en esa preparación está el asunto de cómo llegar allí, y eso lo digo justo porque el estar hoy aquí, por ejemplo, no es menos importante que en tres años yo esté dirigiendo la Sinfónica de Viena; algo que puede sonar romántico, y lo es hasta cierto punto, pero es verdad, porque, en mi manera de entender, eso es lo que lo hace a uno como director y como persona, eso para enfatizar la importancia que tiene para mí estar en Medellín.

Lo explico así: llevo muchas horas estudiando la obra, otra persona podría decir, bueno, yo tuve concierto hace dos días con la Filarmónica de Viena, y alguien podría incluso, atrevidamente decir, va a ir a dirigir la Filarmónica de Medellín, ¿de qué se preocupa?, pero yo no funciono así, para mí el hacer música tiene siempre el mismo nivel, es la misma entrega, la misma responsabilidad, por eso estoy feliz, aunque sin duda requiere mucho trabajo, y ese es el reto siempre, lo que quiero transmitir en todo lo que hago.

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Cuando llegue a Viena pues eso, conseguir que la orquesta suene mejor, ponerle un poco de mi estilo, al mismo tiempo mantener y cuidar las tradiciones que existen allí que son riquísimas, seguir creciendo, en fin, mil cosas; pero por ahora, repito, estoy caminando por la vida y disfrutando al máximo lo que hago.

Siguiendo con ese tema, ¿cree que su posición en esa orquesta, cuando llegue el momento, podrá ayudar a músicos colombianos a impulsar su carrera por fuera del país?

No lo sé con certeza, pero sí tengo la intención, inclusive, dentro del contrato que firmé hay una pequeña cláusula, que ojalá llegue a ser muy grande, donde está claro que tenemos que hacer trabajo, por lo menos con la gente joven, con orquestas juveniles, y específicamente con éstas en Colombia.

Eso está en el contrato que firmé con la Sinfónica de Viena, es algo que nadie debería saber quizás, pero ya lo dije, y lo comento porque se relaciona con esta pregunta y es lo que siento que quiero hacer y por consiguiente lo que tengo que hacer: seguir buscando esos espacios, no solo para mí, sino también para ir creando legados, no sé si es pretensioso, pero hay que abrir esos caminos.

He tenido la suerte, inclusive con la Filarmónica Joven de Colombia, de haber estado ya en Europa haciendo una gira y vamos a volver, y la idea es seguir trabajando así.

Todavía hay mucho por hacer, claro, pero al mismo tiempo cada orquesta del país se esmera, hace lo que puede con los recursos que tiene, y ahí vamos, tenemos que seguir uniendo esfuerzos y confiar que, aunque sea por repetir y repetir, algún día nos juntemos todos, empezando por los políticos, para que pongan la plata que deberían poner, y que este país siga, realmente, apoyando a los músicos, porque hay mucho talento, eso lo veo, y lo quiero resaltar.

Quizás estoy cansado y me pongo trascendental, pero yo llegue anoche y esta mañana que empezamos a ensayar me sentía feliz de escuchar la orquesta, el coro, es una sensación de mucha alegría, porque es estar en tu casa y ver que las cosas mejoran, a veces más rápido, a veces más lento, pero en eso vamos.

Usted se fue hace muchos años de su ciudad, pero siempre ha estado en contacto con ella, ¿cómo la ve hoy? ¿cómo va el movimiento de la música en ella?

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Todas las personas somos un universo de muchas cosas. Nací en Medellín y viví allí hasta los 17 años, luego estuve en Bogotá dos años, entonces también tuve algo de esa experiencia de vivir en la capital, que es muy diferente y siempre he estado en contacto.

En Europa me preguntan mucho, y creo que toca con este asunto, qué tanto de colombiano tengo al dirigir, y mi reflexión es: yo soy una combinación de muchas cosas, aprendí de los valores y de la vida en Medellín, con mi familia, y he llevado esto siempre conmigo, algo fundamental; de la música, estudié en el Instituto Musical Diego Echavarría, donde adquirí las bases, más allá de técnicas, de aprender a querer la música y disfrutarla, como si fuese un juego, siempre lo he dicho, yo jugaba a ser director, y no tenía la presión de una escuela de niños genios en la que tuvieras que estar estudiando, sacrificado, no, yo jugaba fútbol, era portero, en fin, era un niño normal, y hacía música con esa misma naturalidad, con ese mismo deseo… tocaba el violín muy mal, era perezoso para practicar, para la dirección menos, y cada vez menos; de hecho cada vez estudio más.

Nunca había estudiado tanto en mi vida como ahora, y quiero decirlo por dos razones, primero porque puede servir como mensaje para la gente joven, pues alguien pensará quizás que como ya dirijo aquí y allá, y como voy a ser titular de la Sinfónica de Viena, que ya me podría relajar, pero para mí es todo lo contrario.

Yo, entre más grandes son las oportunidades y los retos, más trabajo y menos duermo, ya algún día dormiré, pero mientras tanto no paro de trabajar, mientras me den las fuerzas y la inspiración. Estar aquí es eso, es mucho esfuerzo, pero lo hago con muchas ganas, y eso es lo que soy, esa combinación, vivo en Viena hace más de 20 años, entonces tengo cosas de la cultura y la mentalidad germánica, que además me gusta; y lo que entiendo a la hora de hacer música es que la combinación de una cosa con la otra es lo que me permite expresarme de la manera más cercana a lo que soy, y cuando consigo eso soy feliz, quizás no plenamente, pero me acerco mucho a la felicidad.

Para los músicos de la Filarmed debe ser un honor ser dirigidos por usted, una oportunidad para aprender, pero imagino que usted también tiene su aprendizaje…

Uno siempre puede aprender, pero creo que es una decisión personal, como todo en la vida. Tu siempre puedes aprender de otra persona, es tu decisión, si uno quiere aprende, sino, no, y yo quiero, a mí me interesa aprender siempre, es lo único que me mantiene con ganas de vivir…

Compartir es eso, yo doy un poco y recibo otro poco, recibo inclusive más de lo que doy, y ahí aprendo muchas cosas, aprendo a valorar lo que somos, a valorar lo que tenemos, desde el punto de vista de un ser humano, a valorar el esfuerzo que hace la orquesta, que es enorme en todos los aspectos, no solo por traerme a mí, sino por hacerme caso en mis caprichos, digámoslo así, pero yo hago lo que creo que hay que hacer, todo para entender que el propósito es hacer lo mejor de la obra, y eso es un proceso.

Yo soy el único en el escenario que no produce ningún sonido, por lo menos no ninguno bello, si mucho respiro o hago algún ruido, pero no estoy ni cantando, ni tocando un instrumento, o sea, yo como tal no sueno, lo que es lo más interesante del universo de la dirección de orquestas, claro, si le ponemos metáforas y belleza, pues yo formo el sonido a través de mis manos y demás y es ahí precisamente donde entra el asunto de la interacción: si la orquesta no me da a mí algo, yo no tengo con qué trabajar, y viceversa, si yo no empiezo a trabajar con lo que la orquesta me da, no seguimos, y así se va yendo, y llega un momento en el cual no nos damos cuenta y después de trabajar, repetir, hacer cosas, empieza a sonar de una manera diferente, siendo las mismas notas, se transmite otra cosa.

Eso es algo que viví en Medellín y eso no lo puedo repetir en otra parte, lo cual hace esta profesión tan única, tan bella; ahí aprendo, sigo creciendo, vamos a ver hasta donde me alcanza la inspiración, no de la cabeza, de ser o no ser más inteligente, sino la inspiración de querer aprender, ese es el punto clave, cuando no quieres aprender ya ahí sí se te acaban las pilas y cuando se te acaban las pilas, mejor te dedicas a hacer otra cosa.

Volvamos al tema de ser titular de dos orquestas e invitado de varias, ¿cómo se maneja esto?

Hay dos asuntos, uno eminentemente logístico y pragmático, muy sencillo, desde el punto de vista de cuándo se puede, cuándo no se puede, dónde hay un espacio, dónde no, cuántas semanas tienes que dirigir en una orquesta, en la otra –lo cual establecen los contratos–, y cómo armas eso, así como armando un rompecabezas diciendo esta semana aquí, esta semana allá, empiezas a repartir calendario en mano; es pues una cuestión logística, pero es fundamental, a lo que se suman los desplazamientos y demás.

Otra logística, pero que tiene que ver más con el quehacer de la dirección, es qué programas dónde: qué obras vas a tocar, cuáles dónde y, lo más interesante de todo, son dos cosas más. Primero, entender que cada orquesta es un organismo individual muy propio, y debes comunicarte con ellos de manera diferente, empezando por el idioma, no es lo mismo dirigir en español, que en inglés o en alemán, y todo esto hace que las culturas estén involucradas en la manera de tocar.

Tengo una mirada, y no sé si estoy en lo correcto, pero mi sensación muy marcada es la relación de la autoridad frente al director y la sociedad, las orquestas americanas tienen una relación hacia su director titular diferente, en mi experiencia por lo menos, a las orquestas alemanas, y eso está ligado a la sociedad.

Esto es histórico, no me lo inventé yo, ni se lo inventan las orquestas, y el ejemplo que doy en muy sencillo, en Alemania la autoridad se cuestiona, en Estados Unidos, en general, se acata, y eso es social, repito, la maravilla de la orquesta es, justamente, que en el mejor de los casos es un espejo de la sociedad en la que está, lastimosamente a veces, y afortunadamente para otros, y en Estados Unidos es así, las orquestas por lo general cuando tienen su directo titular, tú dices y se hace, no hay mucho qué cuestionar, es así; en Alemania es diferente, allí se hace lo que el director quiere, pero primero ellos piden que se les explique por qué, cuando les convences puedes lograr lo que quieras, al final puedes conseguir maravillosos conciertos en ambas partes, pero los procesos son bien distintos. Es una interacción, un intercambio, un aprendizaje, y estas en eso todo el tiempo.

Como usted sabe la Filarmónica de Medellín ha tenido que pasar muchas dificultades, ¿es así en otras partes del mundo? ¿Qué opina al respecto?

Voy a empezar por el final porque es la parte más importante. Definitivamente una ciudad, en este caso Medellín, no solo merece su Orquesta Filarmónica, sino que la necesita; pero yo creo que la gente no entiende que la necesita, y la necesidad es una cosa que tiene varios contextos, uno es el de la necesidad pura, por ejemplo, el hambre, porque de alguna manera uno podría decir, bueno, si yo no escucho un concierto de la Filarmónica no voy a tener el estómago más lleno o más vacío, así que no me refiero a esa necesidad de sobrevivir básica.

Pero la necesidad que le sigue al tener que comer es el arte, y el mejor ejemplo es Europa donde existen la mayoría de las mejores orquestas del mundo, donde han vivido las guerras más violentas y donde, básicamente gracias a la cultura, al arte, a las orquestas, vuelven a ser lo que son hoy en día. En muchas ciudades Europeas hay, no solo una, sino cinco orquestas, en fin, que una ciudad necesita del arte para ser mejor ciudad y, por ende, para tener mejores personas.

¿Y eso cómo se consigue?

Como ya lo mencioné, cada orquesta tiene que hacer los esfuerzos que tenga que hacer para sobrevivir, creo que la Filarmed los hace, los ha hecho siempre y los tendrá que seguir haciendo, aunque son muchos, y nunca van a dejar de serlo, pero deberían ser un poco más sensatos, es decir, tendría que haber más apoyo del gobierno, de las empresas, pero también de la gente, que no consiste solo en comprar las boletas, aunque también, pero tiene que ver más con acompañar a la orquesta de verdad, que les duela de verdad, que se sienta cercano a esta y se identifique con ella.

Cuando se consigue esto, la orquesta es mejor, no solo toca mejor, sino que tiene más retos, el público exige más artísticamente hablando, entonces es lo mejor que le puede pasar a una orquesta y lo mejor que le puede pasar a una ciudad. Si me puedo permitir hacer ese comentario, la gente en Medellín tiene que entender, y tiene que regalarse en su riqueza mental y espiritual el espacio para las dimensiones artísticas, entre ellas por supuesto la Filarmónica; la distancia me permite decir esto, por eso soy un poco fuerte al respecto, pero el desarrollo que se ve generalizado, no solo en Medellín, sino en muchas partes del mundo, no es el más sensible, la gente es cada vez menos sensible para la vida, y eso tiene que ver con el arte; sino nos relacionamos artísticamente unos con otros, cada vez nos vamos a destruir más.

Así que esta ciudad merece esta orquesta, y la gente tiene que estar aquí; ojalá la gente viniese más… en fin, yo creo que el que quiera trascender tiene que poner de su parte, el que no quiera, pues no trasciende y se queda en la ignorancia, de eso hay mucho, lastimosamente.

         

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mayo
3 / 2018