Angosta, la nueva editorial de Héctor Abad Faciolince

Angosta, conformada por un equipo pequeño, estará enfocada en publicar a escritores nóveles, a esos que las grandes editoriales no prestan atención o que han rechazado.
 
Angosta, la nueva editorial de Héctor Abad Faciolince
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Jhonny R. Quintero

Hace poco más de un año, el escritor Héctor Abad Faciolince le propuso a José Ardila fundar una editorial en la que publicaran textos de autores jóvenes, inéditos. El resultado es la recién inaugurada Angosta Editores, que lanzará su primer libro, La Corriente, un libro de cuentos de Juliana Restrepo. Según el editor, “los cuentos de Juliana Restrepo tienen algo de corriente alterna, de lente de aumento, algo que hace regresar en la lectura porque el chispazo de un detalle electriza”.

Angosta, conformada por un equipo pequeño, estará enfocada en publicar a escritores nóveles, a esos que las grandes editoriales no prestan atención o que han rechazado, y atravesar un camino difícil en el país como lo es el de la edición independiente. Hablamos con su fundador, Héctor Abad Faciolince.

¿Cómo ha sido hasta ahora esa senda del mundo editorial?
Ha sido muy bonito. Era un sueño que tenía. Yo dirigía un taller de escritura en la Universidad Eafit desde hace tres años. De alguna manera en esos tres años me di cuenta de que en ese taller había grandes talentos desconocidos, de que en Medellín, si uno abría un taller gratuito, como es el de la Universidad Eafit, uno se daba cuenta de que podían llegar personas que estaban escribiendo de un modo distinto, que estaban contando historias muy interesantes, desde puntos de vista diferentes, de zonas del país diferentes, o con nuevas temáticas.

Sin darme cuenta, hace un año pensé en mi vieja idea de tener una editorial, y entonces invité a dos alumnos de ese taller: José Andrés Ardila y Ana Katalina Carmona. A él por su gran talento como escritor y también como editor porque en el taller me di cuenta de que era un gran comentarista de textos. Dos personas hemos puesto el dinero, Juan José Quintana y yo, pero yo no tengo tiempo de ser el editor, de leer todo lo que llega, entonces necesitaba identificar esas personas.

La otra persona es Ana Katalina, por su capacidad de manejo de las comunicaciones, de las redes sociales, de todo lo que se mueve en el mundo virtual. Ella, aunque era del taller, dijo que renunciaba a escribir para dedicarse de lleno a la editorial. Y fuera de eso necesitaba también a una persona en la que pudiera descargar ciegamente todo el aspecto contable, y es mi esposa, Alejandra Pareja. Hicimos ese pequeño equipo que me inspira toda la confianza, y ellos lo están haciendo con un ánimo increíble, con entusiasmo. Queríamos lanzar la editorial (esto es como una paradoja) con la firma de la paz, como una apuesta optimista por el futuro literario, pacífico del país. Después de que ganara el NO, el lanzamiento queda un poco agridulce, un poquito más amargo, pero vamos a seguir apostando por lo mismo, por una sociedad reconciliada.

De todos los oficios relacionados con el libro que ha desempeñado (escribir, traducir, cuidar, vender, editar), ha tenido que aprender algo para sumarle a la editorial, ¿qué fue eso que aprendió?
Aprendí, tal vez, que no tiene mucho sentido pensar en que editar libros puede ser un negocio, porque lo más probable es que no lo sea, y que entonces no importa perder plata si uno lo hace. Es decir, lo que he tenido que aprender es a despojarme de todo cálculo económico. Cuando se funda una empresa, generalmente se hacen estudios de mercadeo, se trata de ver si eso puede funcionar económicamente. Si hiciéramos algo así, naturalmente en un mundo donde se lee menos, donde se está más tiempo en Internet, en las redes sociales, apostarle al negocio del libro impreso (e incluso al del libro digital, porque vamos a tener ambos) yo diría que cualquier estudio de mercadeo lo desaconsejaría, pero entonces es aprender a que no importa, a que hay que estar dispuestos a aprender para poder hacerlo.

Es un poco parecido a como cuando uno empieza a escribir, que si uno se espera el éxito está empezando muy mal. Yo me convencí de describir cuando pensé que lo más probable es que estaba condenado al fracaso. Cuando acepté eso, escribí con mucha libertad. A mí me parece que si uno funda una editorial pensando en que está condenada a la quiebra, pero que va a aguantar unos años (porque tenemos forma de aguantar unos años) puede hacerlo con tranquilidad, con libertad, y sin pensar en el puro mercado, sin pensar comercialmente, sino pensando solo en la calidad.

Todo el mundo dice (incluyendo las encuestas y estudios de lectura) que en Colombia casi no se lee, ¿por qué entonces fundar una editorial?
Porque nosotros confiamos en que si les ofrecemos unos libros a los lectores, que de algún modo les hablen de lo que ellos quieren leer, les hablen en un lenguaje que les interese, les cuenten unas historias que les enseñen a vivir mejor, o que les enseñen a pensar mejor, esos lectores van a aparecer, esa es la confianza. Y si fracasamos, pues bueno, fracasamos y nos equivocamos, pero queremos equivocarnos con entusiasmo, con libros que nos encanten, y si al cabo de dos o tres años (que es lo que podemos aguantar) nos damos cuenta de que se nos acabó la plata, de que tenemos que cerrar, al menos habremos dejado una colección de libros bien hechos, hechos con cariño, editados con cuidado, y con buenas historias.

Van a comenzar con la publicación de un libro de Juliana Restrepo, una escritora desconocida, ¿por qué?

Porque los autores ya reconocidos están en grandes editoriales. Nosotros somos una pequeña editorial que no puede pagar anticipos considerables, y pues a nosotros es difícil que nos busque un escritor muy reconocido, entonces lo que queremos hacer, por lo menos al principio, es descubrir nuevos talentos. Nos gusta apostarle a historias distintas, en los primeros dos casos escritas por personas muy jóvenes con un lenguaje, al menos para empezar, que creemos que le puede llegar mucho a la juventud y al público colombiano.

Inicialmente nosotros no aspiramos a exportar los libros. Aspiramos a que lectores colombianos lleguen a ellos. No vamos a tener un distribuidor internacional. Si alguien de otra parte nos pide un libro, se lo mandamos, hacemos nosotros mismos la distribución.

Dice que Angosta va a ser una editorial de los “rechazados por las editoriales grandes”, eso es un riesgo tratándose de ventas ¿no?
Bueno, no necesariamente rechazados, lo que pasa es que si uno es un escritor muy desconocido y muy nuevo, es difícil que le presten atención, entre otras cosas porque las editoriales muy grandes casi que necesitan asegurar un cierto volumen mínimo de ventas que un escritor muy nuevo difícilmente le puede dar. Entonces no necesariamente porque hayan sido rechazados sino porque no los han visto, no han tenido el tiempo de leerlos, de darse cuenta de que hay algo nuevo que realmente vale la pena publicar. Nosotros creemos que Angosta puede hacer ese trabajo, ese ejercicio, como nuestro mismo logo (que es un embudo), de estar muy abiertos arriba a ver qué hay por ahí nuevo, e irlo estrechando, una puerta estrecha, una puerta angosta, como dice el evangelio, a los que nos gustan mucho.

Angosta también es el título de una de sus novelas, ¿por qué también bautizó así la editorial?
Al nombre le dimos muchas vueltas. Yo tengo una piedra que me gusta mucho y al principio la editorial se llamó Ámbar, pero ya había una editorial Ámbar en México. Después buscamos otros nombres, y como queríamos tener muy buen ojo le pusimos Editorial Lince, y encontramos que en España había unos Libros del Lince. En general las buenas ideas se le ocurren a la gente muy rápido. Angosta es algo vago, no lo propuse yo, y aunque al principio me rehusé a ponerle el nombre de un libro mío, nos fue sonando bien y nos dimos cuenta de que nadie lo tenía. Es un nombre nuevo y sonoro. Nuestros diseñadores entendieron muy bien el concepto y con esa idea del embudo que se va angostando, que va decantando lo mejor, le da un sentido nuevo que puede ser interesante.

¿A qué autor le gustaría publicar?
Yo aspiro, más adelante, si nos va bien, a que la editorial pueda convertirse en una pequeña biblioteca de autores básicos, de autores que deberían estar en la biblioteca de un nuevo lector colombiano. Yo creo que en Colombia hay una clase media que está creciendo lentamente, que hay unos jóvenes que están entrando en ella, que quieren leer y tener una biblioteca. Yo aspiraría a que Angosta les diera esa biblioteca básica que, en mi opinión, debería tener una persona culta, una persona ilustrada. Pero añadido a esa biblioteca básica, me gustaría también que ese mismo lector nuevo encontrara nuevas narrativas, nuevas novelas, cuentos, poemas crónicas, absolutamente contemporáneos, en principio colombianos, luego hispanoamericanos, y ojalá después de traducción. Lo más clásico, lo fundamental para una buena biblioteca, y lo más contemporáneo. Tener olfato para lo nuevo, y buena memoria y buen gusto para lo que siempre ha sido bueno.

         

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octubre
10 / 2016