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“Nunca encajé en este mundillo de la música clásica”, Ara Malikian

Ya están a la venta las boletas para ver a Ara Malikian en Bogotá y Medellín, con su gira internacional Le Petit Garage. Aquí un abrebocas a su recorrido por la música y por la vida.

Foto: Christian Hors

Ya están a la venta las boletas para ver a Ara Malikian en Bogotá y Medellín, con su gira internacional Le Petit Garage. Aquí un abrebocas a su recorrido por la música y por la vida.

Si alguien se atrevió a decir, alguna vez, que las estrellas de rock no tocan violín, fue porque no conoció a Ara Malikian.

Este libanés, amante de la música clásica, va por la vida con sus pantalones de cuero, su pelo voluminoso y en desorden y las manos repletas de anillos brillantes. Sus conciertos son un espectáculo a gran escala.

No aparece en ellos, como es tradición, un violinista bien parado, la espalda recta, el mentón alto y las piernas firmes, sino su figura de rebelde, que salta, que se mueve, como si no fueran sus manos las que tocaran el instrumento, sino todo su cuerpo.

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De niño no se movía ni un milímetro. Su cuerpo no supo lo que era jugar. Se quedaba horas con su violín, firme, bajo la mirada rigurosa de su padre que lo obligaba a ensayar durante horas cada día.

Firme, con su violín , se quedó durante la guerra del Líbano, para divertir en medio del dolor, y luego salió de ahí, hacia Alemania, donde tuvo que aprender a moverse para sobrevivir. No volvió a quedarse quieto nunca más. De Alemania pasó a Londres y de Londres llegó a Madrid.

En Madrid dejó sus maletas pero sale cada tanto a hacer conciertos alrededor del mundo.

Le Petit Garage, la nueva gira de Ara Malikian

Su próxima gira va a ser por Latinoamérica. A Medellín viene el 4 de diciembre para presentarse en el Teatro Universidad de Medellín y en Bogotá el 5 de diciembre, en el Movistar Arena. Desde el 30 de septiembre se abre la boletería para ambas ciudades a través de tuboleta.com.

Aquí un abrebocas a su recorrido por la música y por la vida.

Fue su padre quien te enseñó a tocar el violín. ¿Cómo eran esas lecciones?

Mi padre era un violinista que me enseñaba de un modo severo. Cuando tenía siete u ocho años, me hacía practicar muchas horas. Aquella época fue dura, pero hoy le estoy eternamente agradecido por haberme hecho practicar.

¿Cómo lograba esa concentración siendo tan niño?

Mi padre era muy estricto. Además, él no era profesor, no era su oficio el de ser profesor. Vio que a mí me gustaba el violín y se empeñó a enseñarme. Creo que lo hizo muy bien. A pesar de que no era profesor, lo hizo muy bien.

Tuvo que tocar durante la guerra civil en el Líbano ¿Cómo fue tocar violín en tiempos de guerra y mantener esa disciplina cuando lo último que importaba era el arte?

Pues eso es lo que uno piensa, ¿no? Que el arte es lo que menos importa. Pero en el fondo es lo que más importa. En aquella época yo tocaba un violín, otros hacían otras cosas.

En medio de un momento trágico, muy dramático, la vida sigue. En aquel momento yo tocaba para divertirme y para que los demás se divirtieran, dentro de una situación muy compleja. Yo creo que eso es lo que tienen el arte, la música, la cultura; en el fondo son siempre la salida de cualquier conflicto.

Su padre le inculcó la música clásica y sus hermanas, por otro lado, le presentaron a Led Zeppellin

Pues sí. Tengo dos hermanas. Una hermana que tocaba el piano, más clásica. Y luego tenía otra a la que el piano no le gustaba nada. Con ella aprendí ese otro mundo de la música.

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¿Es cierto que a su padre no le gusta ese otro mundo de la música?

No, no le gustaba nada. No quería ni oírlo, ni de lejos.

¿Y eso a usted lo llevó, de pronto, a algún conflicto interno?

No, no. La verdad es que conflicto, no. Incluso él se dio cuenta que yo poco a poco me he desviado, he hecho otras cosas, con el humor, con el teatro y , al contrario, le ha gustado, lo he convencido.

Hablando de hoy, ¿prefiere lo clásico o lo menos clásico?

Los dos. A mí me gusta todo lo que sea bueno. Yo no creo que Bach sea bueno porque es clásico. Bach es bueno porque es bueno. Igual que los Rolling Stones. Son buenos porque son buenos. Y luego hay otros que son malos y da igual de qué estilo son.

Su estilo para tocar el violín es muy particular. ¿Ha tenido choques con músicos u orquestas muy tradicionales?

Sí, obviamente he tenido choques con el mundo de la música clásica. Creo que todavía los sigo teniendo, pero a mí no me molesta. Por desgracia, el mundo de la música clásica es muy cuadrado, es muy cerrado. Existen protocolos que hoy día no tienen sentido, pero llevan muchos años así y tienen que seguir así.

En el mundo de la música clásica, lo diferente no está bien visto; se ve con mucho miedo y recelo. Es verdad que yo siempre he sufrido. Había una época en la que quería ser clásico, en la que no tenía intención de ser diferente. Pero no encajaba, no sé. Intenté, pero nunca encajé en este mundillo de la música clásica.

Muchas veces se cree que la música clásica es para la élite, para los cultos, ‘para los que la entienden’. ¿Qué opina usted de eso?

No estoy de acuerdo. Además se suele decir que la música clásica es la música culta. Esta manera de pensar me enfada. Yo creo que todas las músicas son cultas. Todos los artes son cultos. No hay ninguno mejor que otro: el arte es igual de grande.

Volviendo a la disciplina, ¿fue ella que le permitió aprender canciones judías cuando trabajó amenizando bodas judías en Alemania? ¿Cómo hizo para aprenderlas? ¿Oído?

La figura de un violinista es muy importante en una boda judía. Cuando me enteré que tenía que tocar, busqué. En las bodas judías, hay un tema que se toca siempre en un momento determinado. Se llama Mazal Tov. Solo tenía que aprenderme eso. Me lo aprendí de oído. Es muy fácil.

Se fue a vivir a Alemania porque se había ganado una beca para estudiar pero no pudo porque para entrar debía tener 18 años y hasta el momento tenía 15. ¿Finalmente estudió en Hannover? ¿Qué le queda de ese primer viaje?

Sí, más adelante, cuando llegué a tener 18 años me otorgaron la beca. La cosa es que ya casi no la necesitaba. Ara Malikian ya trabajaba, había buscado cómo ganarme la vida durante casi tres años sin la beca. Cuando vino la beca, fue un extra que me dio mucha alegría. Pero me daban gana de decirles: no, gracias. Obviamente no lo hice.

Luego llegó a Londres, ¿tuvo algún impacto particular esa ciudad gigantesca?

Pues esa ciudad impone. Era la primera vez que iba a una ciudad tan grande, donde pasaban tantas cosas. Y, obviamente, en una ciudad tan grande, la vida es más dura también. Hay que saber buscarse la vida. Los viajes dentro de la ciudad son más largos, la gente va más a lo suyo. En Londres aguanté casi 7 años.

¿Y por qué Ara Malikian salió de ahí?

Por varias razones. Me fui primero por razones personales, porque tenía una novia con la que terminé. Me fui a Alemania. Y en Alemania tenía un piso que se me quemó. Había muchas señales de que necesitaba un cambio y entonces llegué a España y probé suerte en Madrid.

¿Por qué se quedó en Madrid? ¿El jamón ibérico?

No, no. (Risas.) Esa es una broma que me gusta hacer en los conciertos. En esta época, lo había perdido todo por el incendio, por haber terminado con una novia, y me gustó España, por su clima, por su luz, por su gente. Probé suerte ahí y me gustó. España es muy distinto al norte de Europa.

A veces se dice que el violín es un instrumento desagradecido porque es uno de los más difíciles de aprender y, además, casi nunca suena muy bien sin acompañamiento. ¿Cómo ha hecho Ara Malikian para explotarlo, para ‘sacarle el jugo’?

Bueno, es verdad que es muy difícil. Pero bueno, yo antes quería ser un violinista muy clásico, tradicional. Entonces, más o menos, hasta los 25 años practicaba como un loco. Practicaba de 10 a 12 horas al día. Estos primeros años me ayudaron a adquirir un bagaje técnico muy sólido.

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Hoy día, técnicamente, puedo hacer lo que quiera. He podido aprender mucho repertorio. Ha significado, obviamente, mucho sacrificio. Porque no es muy normal que un joven de 20 años estudie 12 horas al día. He perdido muchas cosas de esa época de mi vida, que luego fui recuperando poco a poco.

Pero bueno, hay que ir por partes. Antes estaba mucho más obsesionado con la perfección. En el mundo de la música, lo que más importa es la perfección; lo emocional es secundario. Por eso todas las interpretaciones se parecen. Hoy día me doy cuenta de que el público que viene a escucharte no se interesa porque sea algo perfecto. Quiere que la música le llegue al alma, al corazón y, pues, eso es lo que he aprendido.

¿Todavía practica tantas horas?

Tantas horas como antes, no. Pero Ara Malikian sí practica todos los días un mínimo de 2 o 3 horas.

En otra entrevista dijo que “la rutina es el peor enemigo para la música”. Sin embargo, nadie como un músico debe seguir una rutina de estudio. ¿Cómo hace para que esa rutina no se convierta en su enemigo?

Pues yo creo que el estudio, inclusive, no tiene que ser rutinario. La única rutina es la costumbre de trabajar todos los días. No todos los días tienes que estudiar la misma cosa, siempre hay que saber qué estudiar. Ahora, con la edad, me voy dando cuenta de lo que necesito : más velocidad, más afinación. El enemigo número uno es la rutina; no solo en la música, en general, en el ser humano. Empezar a hacer tu profesión de un modo rutinario, es ponerle fecha de caducidad.

¿Esas prácticas las planea?

Ara Malikian no es muy de planear. Vivo el día a día. De repente tengo ganas de hacer algo y lo hago. No calculo ni mi carrera ni las cosas que quiero tocar ni que quiero hacer.

¿Cuándo empezó a componer? ¿Sigue algún método a la hora de hacerlo?

Ara Malikian nunca ha sido compositor. He compuesto muy poco, a veces por necesidad. Pero los últimos dos años le he cogido la gracia. Lo que compongo es, especialmente, para mi propia necesidad, para mis conciertos. No me tenía mucha fe como compositor, pero hoy me lo estoy disfrutando y veo que el público también. De hecho, en el siguiente disco que voy a grabar, que ya lo empezamos a grabar, hay solo temas míos.

¿Ha tenido alguna crisis musical? ¿Consideró, alguna vez, dejar de tocar?

No. La verdad que no. Nunca me ha pasado y me da miedo que me pase. Tocar el violín me hace tan feliz que el fin del mundo sería cuando ya no me haga feliz.

¿La guerra cambia la música?, ¿cambia el arte? o ¿es el arte el que tiene la capacidad de cambiar la guerra?

Es verdad que la guerra puede cambiar el arte, por supuesto. Ara Malikian cree que el arte y la cultura armenia son en general muy tristes porque, a través de su historia, los armenios han sufrido mucho. Esa tristeza se ha inspirado en su historia. Pero la música también tiene el poder de cambiar el ánimo de la gente. Es cierto que hay algo muy triste en la música, pero también hay algo muy alegre que, justamente, está hecho para alegrar a quienes están en problemas.

¿Cuál es su relación actual con su cultura? ¿Tiene contacto con su familia?

Con mi familia, por supuesto. Estoy muy cerca de mis culturas. Soy un poco armenio, un poco libanés, un poco de donde he viajado. Soy muy poco apegado a la tierra. Para Ara Malikian, Armenia no es mi tierra, pero la cultura armenia sí es mi cultura. Lo mismo me pasa con el Líbano. La tierra del Líbano no la siento como propia, pero sí su cultura. No siento que pertenezco a un país, pero sí que pertenezco a muchas culturas.

En tanto peregrinar, ¿alguna vez tuvo miedo a no tener cómo vivir?

No, miedo con qué comer, no. Obviamente he tenido épocas donde necesitaba trabajo para sobrevivir, pero nunca he tenido miedo. Mientras pueda hacer lo que sé hacer, que es tocar el violín, puedo vivir un poco mejor o un poco peor, pero sé que siempre viviré bien.

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Septiembre
27 / 2021

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