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Músicos sobreestimados y subestimados: hablan los expertos

Beethoven, Vivaldi, Schubert, Brahns, Tchaikovski, entre otros, están devaluados. En cambio, compositores como Foster, Hindemith Rameau, Meyerbeer, se hallan revaluados.

Beethoven, Vivaldi, Schubert, Brahns, Tchaikovski, entre otros, están devaluados. En cambio, compositores como Foster, Hindemith Rameau, Meyerbeer, se hallan revaluados.

Este es el resultado de una encuesta entre personalidades de la música como Plácido Domingo y Yehudi Menuhin

Publicado originalmente en Revista Diners de junio de 1987. Edición Número 207

The New York Times publicó hace poco una encuesta original e interesante. Preguntó a veinte personalidades en el mundo de la música, compositores, críticos e intérpretes, a quiénes entre los grandes músicos de todos los tiempos consideraban «Overrated» (sobreestimados) o «Underrated» (subestimados). Es decir, quiénes son objeto de culto o moda pasajeros, o quiénes merecen la veneración permanente de melómanos, bien sea por la frecuente aparición de esos nombres en las salas de concierto o en el hogar, todos los días más enriquecido por la infinidad de los discos y la excelencia del sonido grabado. Hemos adaptado la encuesta seleccionando algunos de los nombres más familiares entre nosotros y añadiendo comentarios de nuestra cosecha cuando sea del caso. El resultado es sorprendente. Bach y Stravinsky no aparecen, por ejemplo, en el balance total y dan por ello la idea de ser intocables. Es decir, no se discuten.

Otros como Fauré, Ravel, Wagner o Monteverdi tampoco son motivo de discusión, lo que nos hace imaginar que no han bajado ni bajarán de la preferencia exaltada de que gozan en todo el mundo. No serán nunca «overrated». Ives es la gran sorpresa, como podrá descubrirse en el texto. La encuesta puede ser motivo de amena charla entre amigos que se reúnen a oír música ¿Y por qué no intentar un sondeo similar en Colombia?

Betty Allen, mezzosoprano conocida en Colombia, piensa que Scott Joplin (autor de la canción que hizo conocida en todo el mundo la cinta “El Golpe”), no había alcanzado la estatura que hoy tiene. Y que Stephen Foster, tan familiar a los amantes del cine que recrea el sur de los Estados Unidos, necesita hoy surgir de las aguas del olvido. Chaikovsky es para la cantante, bueno en sus canciones pero en el resto de su música sentimental y ampuloso.

El concepto de Yehudi Menuhin, a los 71 años uno de los intérpretes más queridos en todo el mundo, refleja el humanismo y comprensión que siempre han sido tan suyos. Según Menuhin, si alguien quiere a alguien es por algo, y esto es mucho mejor que no querer a nadie. De ahí que no piense en compositores sobreestimados. En cuanto a los otros, los olvidados, menciona a Rameau, Leclair, Lekeu y Nielsen. Están relegados a un olvido injusto. Todos ellos escribieron cosas bellas para el violín.

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Charles Rosen, pianista sobresaliente, autor de un ensayo ya clásico sobre el estilo clásico, cree que John Browne es uno de los genios de la música, aunque nadie ha oído hablar de él. Lo único que se conoce es un manuscrito suyo. Nació en el siglo XV y vivió en Eton. Vivaldi, Míster Barroco, anota Rosen, «Me cansa al exceso. Stravinsky comentaba que Vivaldi había escrito el mismo concierto 500 veces. No estoy de acuerdo. Creo que intentó 500 conciertos y no logró nada en ellos”.

Milton Babbit, compositor y abanderado de la nueva música, cree que Schubert, sobre todo en sus canciones, no merece la gloria que le han dispensado y que Brahms, por su parte, es uno de los pensadores más profundos de la música.

Para Plácido Domingo, las óperas de Chaikovsky son maravillosas y nunca se tocan pero, de nuevo, su nombre aparece con mucha frecuencia en programas orquestales, negando su puesto a otros compositores rusos de inspiración original, como Glinka, Scriabin y Prokofiev.

Philip Glass, el campeón del minimalismo, de gran boga entre la juventud, cree que Rossini no merece el semilimbo por el que atraviesa hoy. Su música nunca ha sido tomada en serio como se debe, mientras que Liszt, quizá muy importante en su tiempo, está desueto y es «audible con dificultad».

Samuel Ramey es una de las grandes sensaciones de la ópera hoy, con su espléndida voz de bajo. Meyerbeer es para él uno de los más importantes creadores de ópera en el siglo pasado. «A pesar de bellos pasajes y melodías, la música de Liszt es retórica y nada memorable», dice el bajo.

Virgil Thompson hace poco cumplió noventa años. Sus libros de memorias y crítica son además muy buena literatura. Para Thompson, Robert Schumann escribió algunas de las melodías que más llegan al corazón, mientras que Brahms, al menos en sus sinfonías, ensaya un estilo «obra maestra» que nunca puede compararse con sus piezas breves de piano, estas sí obras maestras, según Thompson.
Frederica Von Stade, se atreve a tocar a Beethoven. Para ella, Vincenzo Billini escribió algunas de las melodías más nobles y olvidadas en el «bel canto». La Von Stade está segura de que «me van a matar por mi irreverencia anti-beethoveniana pero adoro a Beethoven aunque no me convence el hecho de que otros como Debussy y Hindemith o Berg son genios relegados por la presencia de Beethoven». Aclara la impetuosa y bella cantante.

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Para WilIiam Schuman, expresidente del Lincoln Center y autor de sinfonías de enorme impulso, Roy Harris «tiene en su mejor música, una elocuencia y majestad que se impondrán algún día». Charles Ives, mencionado a propósito por tres de los entrevistados como sobrevalorado, a pesar de su prestigio «es una de las mentes más originales y gloriosas, pero su música no ofrece material memorable y su tratamiento es torpe», añade Schuman. Recordemos de paso que Ives, muy iconoclasta, dijo hace cosa de ochenta años, que la música de Mozart y Chopin le parecía afeminada. Esta nota, para recordar además que estos juicios de estima no son nada nuevos.

A Ravel le parecía Brahms soporífico, mientras Schoenberg elogiaba su «magistral organización interior».

Una de las voces más admirables de hoy es la de Beverly Silis. Según ella, Gounod y Massenet están olvidados a pesar de la belleza de sus melodías, escritas para la voz humana como pocas. Sobre Bruckner, dice Miss Sills, «aburre la repetidera y una vez que arranca, nunca para».

Lukas Foss, compositor, pianista y director, quien vino a Colombia hace varios años, es uno de los grandes talentos en la música de Estados Unidos. Foss piensa que el gran olvidado en este siglo es Paul Hindemith. Escribió para todos los instrumentos música de gran vitalidad y fuerza. Foss, quien venera a Bartok, apunta sin embargo, que él se lleva mucha de la alabanza que podría compartir con Hindemith. El más sobreestimado de todos los músicos es Vivaldi, que Foss califica de una vez por todas como: Mister Barroco.

Barry Tuckwell, el trompista australiano que se vio por acá en la Sala Arango, trae de nuevo a Hindemith, cuya música ofrece piezas que de seguro «hay que tocar para disfrutar. Pero a su lado, hay obras maestras para el goce de todos como Matías el Pintor, Nobilísima Visión y la Metamorfósis Sinfónica, que son de veras obras maestras. Sé que soy egoísta”, termina Tickwell con su estupendo sentido del humor, “también compuso un concierto de trompa excelente”. Chopin es el músico que ofrece para él la nota de la devaluación.

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Mayo
19 / 2016


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