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Las cartas de amor de 10 personajes históricos: de Napoleón a Freud

Como podemos verlo en esta pequeña antología de cartas de amor, nadie que se haya enamorado de verdad se ha librado de sus sentimientos más profundos.

Como podemos verlo en esta pequeña antología de cartas de amor, nadie que se haya enamorado de verdad se ha librado de sus sentimientos más profundos.

Esta nota titulada Las cartas de amor de 10 personajes históricos: de Napoleón a Freud, fue publicada originalmente en la Revista Diners de septiembre de 1986 Edición número 198

De Napoleón Bonaparte a Josefina

La relación del emperador francés y su esposa Josefina es una de las más tormentosas de la historia. La emperatriz llevó una disipada pero siempre supo conservar el afecto del general y sostuvo con él una copiosa correspondencia.

“Verona, 13 de noviembre de 1796

Ya no te amo: al contrario, te detesto. Eres una fea, una ingrata, una estúpida, una desgreñada. Ya no me escribes; ya no amas a tu marido. ¡Sabes el placer que tus cartas le producen y no le escribes más que seis líneas trazadas al azar!

¿Qué hacéis señora durante todo el día? ¿Quién puede ser ese maravilloso, ese nuevo amante que absorbe todos vuestros instantes, tiraniza vuestros días y os impide acortaros de vuestro marido? La verdad es, mi buena amiga, que me tiene inquieto el no recibir cartas tuyas. Escríbeme pronto cuatro páginas y llénalas de esas amables frases que inundan mi corazón de sentimiento y de placer. Muy pronto te estrecharé entre mis brazos y te cubriré de besos ardientes como el clima del Ecuador.
Bonaparte”.

De Bolívar a Manuela Sáenz

En su período de mayor gloria, días antes de la batalla de Ayacucho, el Libertador le escribe a Manuela Sáenz exhortándola a quedarse en Lima para evitar escándalos y enojos de su esposo el doctor Thorne:

“Ica, 20 de abril de 1825
Mi bella y buena Manuela:
Cada momento estoy pensando en ti y en el destino que te ha tocado. Yo veo que nada en el mundo puede unirnos bajo los auspicios de la inocencia y del honor. Lo veo bien, gimo de tan horrible situación, por ti, porque te debes reconciliar con quien no amas, y yo porque debo separarme de quien idolatro. Sí, te idolatro hoy más que nunca jamás. Al arrancarme de tu amor y de tu posesión se me ha multiplicado el sentimiento de todos los encantos de tu alm y de tu corazón divino, de ese corazón sin modelo.

Cuando tú eras mía yo te amaba más por tu genio encantador que por tus atractivos deliciosos. Pero ahora ya me parece que una eternidad nos separa porque mi propia determinación me ha puesto en el tormento de arrancarme de tu amor, y tu corazón justo nos separa de nosotros mismos, puesto que nos arrancamos el alma que nos daba existencia, dándonos el placer de vivir. En lo futuro tú estarás sola aunque al lado de tu marido. Yo estaré solo en medio del mundo. Sólo la gloria de habernos vencido será nuestro consuelo. ¡El deber nos dice que ya no somos más culpables! No, no lo seremos más.
S.B.”

De Henry Miller

Hace unos meses se publicaron por primera vez las cartas de amor de uno de los octagenarios más famosos, el escritor Henry Miller, quien a partir de los 70 años de edad sostuvo un tórrido romance epistolar con la modelo y actriz de 25, Brenda Venus.

Fue ella quien buscó su dirección y comenzó a escribirle como una admiradora más, hasta que pasados unos meses se conocieron y, como era de esperarse, el viejo Miller se volvió a enamorar. Para entonces, el escritor estaba casi ciego y enfermo, incluso había perdido la memoria y tenía dificultades físicas para escribir.

Sin embargo, la correspondencia superó las 1.500 cartas, de las cuales se han convertido en el éxito de librería del momento, bajo el título Dear, dear branda: The love letters of Henry Miller to Brenda Venus,por su estilo, un tanto picaresco, publicamos aquí solo el comienzo de dos de ellas. La primera corresponde al período de apogeo del romance; la segunda fue enviada poco antes de su muerte.

“12/79
Acabas de irte. Es como si la ciudad hubiera perdido todo su poder eléctrico. Te has ido. No veré a Brenda por unos días. Debo aprender a vivir sin Brenda. Puedo pensar, puedo esperar. Te has metido en mi espíritu, en todo mi ser. Eres como los Navajos, de los que leí en mi juventud, que aparecen silenciosamente y se van sin hacer ruido.
Solo con mis sueños… No hablo más de mis deseos, ni de mis apetitos. Eres una pantera vestida de seda y armiño… un ángel eterno de bondad, gracia y luz. H.M.

1/80

No he sido capaz de irme a dormir después de que hablamos esta tarde. Me siento demasiado feliz, demasiado elevado. No solamente tienes magia en tus manos, sino en tu voz, en tu mente y en todo tu cuerpo.
Eres algo como para celebrar, como la vida misma. Me acabo de tomar un Valium y dos aspirinas que usualmente me disponen a dormir (imaginativamente) a tu lado, preferiblemente en tus brazos, pero no como un fornicador sino como un amante. Mientras más te conozco, más profundamente crece mi respeto por ti y mi certidumbre de que todos tus deseos se cumplirán. Y quiero decir, antes que tengas ochenta o noventa.

Vea tambien: ¿Quién fue Maquiavelo y por qué lo asocian con la maldad?

A mí me ha tomado todos estos años, cualquiera sea el éxito que he tenido en mi vida.”
Henry Miller demuestra con sus cartas el principio de Deleuze: “Sólo se escribe por amor. Toda escritura es una carta de amor”. También viene a reafirmar que el amor no pasa, es el mismo sentir de otro tiempo, solo cambia su estilo,

De Freud

El padre de los complejos también alfuna evz escribió cartas de amor. Esta fue dirigida a su esposa Martha Bernays

Mi preciosa amada:
Sólo cuatro letras, que quizás lleguen al mismo tiempo que yo. Me alegro que hayas renunciado a poner resistencia a mi viaje. ¿Recuerdas aún mi primer cumplido hace tres años y medio, cuando no sospechabas nada? Te dije que de tus labios caían rosas y perlas, igual que le sucedía a la princesa del cuento que la única duda posible era si lo que predominaba en ti es bondad o la inteligencia. Así adquiriste el nombre de princesita. Y ahora que te conozco bien, no puedo sino corroborar el cumplido, aptitud tan sólo adivinaba por entonces.

Que las cosas sigan siendo siempre entre nosotros como lo son hoy. Debo dejarte, querida mía, pues es medianoche. Que el amor y la ciencia jamás abandonen a tu Sigmund.

De Eloísa a Abelardo

Una de las historias de amor más dolorosas es la de Abelardo y Eloísa, quien a los 18 años fue seducida por él, su maestro, el gran filósofo del siglo XII. Aunque hubo promesa de matrimonio, un tío de ella, mal informado, lo mandó a mutilar cruelmente. Abelardo tomó los hábitos y obligó a Eloísa a hacer lo mismo antes que él. Esta carta de la joven mujer al famoso filósofo es una de las más hermosas declaraciones de amor.

La carta que has enviado últimamente a uno de tus amigos para consolarlo, mi bien amado, ha llegado por casualidad hasta mí. Un vistazo sobre los primeros caracteres me bastó para reconocer de inmediato que era tuya, y puse tanto fervor en leerla como amor por la mano que la escribió. Quería, al menos, encontrar en sus palabras alguna imagen del que la ha escrito. ¡Ay! Casi todos los detalles de esta carta estaban llenos de hiel y amargura, pues sólo contenían el relato doloroso de nuestra conversión, y de tus cruces continuas, oh, mi único bien.
… Si los retratos de los amigos ausentes engañan dulcemente nuestras miradas, y suavizan las nostalgias de la ausencia con un vano fantasma de consuelo, cuánta mayor alegría debemos sentir recibiendo las cartas que nos traen la verdadera marca del amigo ausente.

Gracias al cielo aún te queda ese medio de devolvernos tu presencia. Querido, querido, tú lo sabes y nadie lo ignora, perdiéndote lo he perdido todo. El crimen infame que te ha arrebatado de mi ternura también me ha desprendido de mí misma. Pero pensando en ti, la enormidad de mi pérdida se borra.

Por ese mismo Dios al que te has consagrado, te suplico que me restituyas tu presencia dentro de lo posible, es decir por medio de La virtud consoladora de alguna carta. Reanimada de esta manera, me dedicaré con más fervor al servicio divino. Adiós: Lo eres todo para mí,
Eloísa.”

De Luis XIV

Luisa de Valliiére tenía apenas 16 años cuando el buen mozo rey Luis XIV se enamoró de ella. Sin embargo, la adolescente sólo sentía sentimientos de culpa porque el rey se había fijado en ella, y por eso ingresó al convento. Para hacerle la corte, el rey mandó la mandó sacar de allí dos veces hasta que llegó su nueva favorita, la Montespan, y Luisa volvió a donde las hermanas Carmelitas.

“A la señorita de la Valliere:
¿Desea usted mi muerte? Dígamelo muy sinceramente, Señorita. Será necesario satisfacerla. Todo el mundo busca con afán aquello que puede inquietarme. Se dice que la Señorita no es cruel, que la suerte me ha tratado bastante bien, pero no se dice que yo la amo y que usted me desespera. Usted posee una ternura que me hace rabiar. ¡En nombre de Dios, cambie su manera de tratar a un príncipe que se muere por usted, o bien sea toda dulce o sea usted toda cruel.
El rey. (1664)”

De Neruda

El poeta Pablo Neruda se enamoró por primera vez de Albertina Azócar, a quien le escribió 111 cartas de amor. Esta es de 1922
“¿Qué cosas contarte, mi Pequeña, para que te diviertas? Es de noche, y estoy alegre, alegre. Solo en mi casa, que es como una torre llena de ventanas por donde miro la noche llena de estrellas. No siento el cansancio del viaje, a pesar de lo accidentado que fue. Pero llegué al fin. Vagué toda la tarde po estas calles que tanto he visto. Por las afueras, anduve y traje grandes atados de violetas que por lo hermosas debieran ser para ti. Qué alegría ver este pasto verde, estos cerros oscuros de las nieblas del atardecer y sentirme yo, yo mismo, libre de tanta tontería. ¡Ah! Si tú estuvieras, Albertina. Si estuvieras junto a ese brasero que me entibia, si estuvieras con tus hermosos ojos tristes, con tu silencio que tanto me gusta, con tu boca que necesita mis besos. ¡Ven Pequeña! O por lo menos piensa en mí.
Uno, dos, tres, cien besos de tu Pablo.”

De Petrarca

El viernes 4 de abril de 1327 en la iglesia Santa Clara, Petrarca vio por primera vez a Laura de Noves, y desde ese día se enamoró de ella. Se le declaró, según dice la leyenda, a pesar de que era casada. Ella murió de peste al poco tiempo, en el mismo día, en el mismo lugar y a la misma hora que Petrarca la contempló por primera vez.

“Laura:
Para llamarla, suspiro la palabra Amor, que está escrita en mi corazón. Es como comenzar por una alabanza para pronunciar su dulce primera sílaba.
Así su nombre, pronunciado incluso por otros, me enseña a alabarla y a soñar con usted, digna de todas las adoraciones, de todas las alabanzas. Pero es necesario callar porque Apolo puede ponerse celoso de una lengua murtal tan presuntuosa, por hablar sin cesar de este árbol de ramas verdes que se le ha consagrado.
Petrarca”

Vea tambien: ¿Cuándo fue la verdadera fundación de Bogotá?

De Wagner

La correspondencia de Wagner comprende varios volúmenes, y abarca toda su vida artística, desde las cartas a Minna, su primera esposa, hasta aquellos de sus días de Bayreuth. Tal vez su gran amor fue Mathilde Wesendouk, casada con uno de sus discípulos, y fue ella quien al parecer le inspiró Tristán e Isolda”. La siguiente es una de las cartas que él envió a Mathilde:

Zurich, verano de 1858, martes por la mañana. Sin duda no esperes que deje tu maravillosa, tu espléndida carta sin respuesta. ¿O es que deberé renunciar, ante la suprema nobleza de tus palabras, al derecho de contestarle? ¿Y cómo podré responderte si no es de una manera digna de ti?

Las luchas formidables que hemos sostenido, ¿cómo podrían terminar sino por la victoria alcanzada sobre todas nuestras aspiraciones, sobre todos nuestros deseos?
Si no me ves en mucho tiempo, entonces… ruega por mí en secreto, ¡porque es que estoy sufriendo! Pero si voy a verte, puedes estar segura de que llevaré a vuestra casa lo mejor de mi ser…

Había llegado a ser hasta doloroso mi trabajo de artista porque no existía en mí el deseo intenso, el implacable deseo de encontrar algo, en vez de esta negociación, de esta hostilidad, la afirmación de mí mismo…

Una mujer tímida, titubeante, se arrojó con sublime valor en el océano de mi sufrimiento para ofrecerme ese momento espléndido, para decirme “te amo”.
He seguido siendo el mismo y mi amor por tu no pudo nunca perder ese perfume, no pudo perder ni siquiera un átomo de ese perfume. Tu amor será mi bien supremo, sin él mi existencia estaría en contradicción con ella misma. Gracias, bello ángel mío, lleno de amor.
Richard.”

Del Marqués de Sade

A pesar de la negra fama que le precede al Marqués de Sade, pudo escribir la más triste de las cartas de amor a su esposa desde la cárcel, condenado allí por “sádico” por su propia suegra:

“Hoy jueves 14 de diciembre de 1780, hace 1400 días, 200 semanas y casi 46 meses que estamos separados. He recibido sesenta y ocho provisiones por quincenas y cien cartas tuyas y ésta es la que 114 de las mías. Me gusta con locura ver copias de tu puño y letra; no puedes imaginar el placer que me da. Nunca olvidaré que, mientras yo estaba en Italia empezaste a copiar el Celibataire, porque había algunos pasajes que tú creías que me gustarían. Esta atención tuya la he recordado cien veces lo menos.

He recibido todos tus envíos. Esta vez, corazón mío, son encantadores y te los agradezco con toda mi alma: una vela soberbia, un faisán digno de ser presentado a un comandante de torre, una flor de azahar exquisita y unas confituras selectas…

Sácame de aquí mi buena amiga, te lo suplico con toda mi alma. Por lo menos envíame mis sábanas cuanto antes, te lo ruego. Adiós mi querida amiga, ámame tanto como sufro, es todo lo que pido.
Sade”

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Mayo
03 / 2020


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