El péndulo de Foucault: ¿Una novela contra Dios?

En 1989, un año después de la publicación de 'El péndulo de Foucault', Juan Pérez López hizo esta reseña sobre una de las novelas más importantes de Umberto Eco.
 
El péndulo de Foucault: ¿Una novela contra Dios?
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Juan Pérez López

Publicado originalmente en Revista Diners No. 226, de enero de 1989.

A finales del 88 se lanzó la última novela de Umberto Eco, El péndulo de Foucault. Parecía el show para presentar un carro último modelo, se criticó en París. En la primera semana se vendieron 100.000 ejemplares. Hubo elogios y críticas. Tampoco faltó la condena del Vaticano.

En septiembre del año pasado fue presentada en la Feria de Frankfurt la última novela de Umberto Eco, El péndulo de Foucault. De manera inmediata Bompiani Editori, la agencia literaria de Milán que representa a Eco, negoció los derechos para traducir la obra a otros idiomas. Los editores esperaban superar las cifras de la primera novela del célebre profesor universitario de Bolonia, El nombre de la rosa, que desde su aparición en 1980 ha sido traducida a 22 idiomas y ha vendido ocho millones de ejemplares

El péndulo de Foucault circuló por primera vez en italiano y en su primera semana en librerías vendió 100.000 de los 400000 ejemplares de la primera edición para Italia.

Los derechos para la edición en castellano fueron adquiridos por la editorial Lumen, de Barcelona. Esta ya inició la traducción y se estima que ros primeros libros de la novela comenzarán a circular en España entre agosto y septiembre, según declaró a esta revista Gloria Velarderi, de esa casa editorial. La tarea de verter el texto italiano al español resulta ardua no sólo por la extensión de la novela, de un poco más de 500 páginas, sino por sus referencias y citas, algunas

de ellas en hebreo Sólo Lumen posee los derechos de El péndulo en castellano, y ni la casa española ni la agencia de Milán han autorizado la reproducción de ningún fragmento de la última novela de Eco.

ECO UN GRAN BUFÓN

Después de su lanzamiento con bombos y platillos, la novela dividió a la crítica italiana. Se escenificó de nuevo la batalla de ocho años atrás con El nombre de la rosa: el numeroso ejército de amigos y seguidores de Eco se trabó en una polémica escrita con el ejército de los enemigos e impugnadores del profesor de 57 años.

En un sagaz análisis de la novela, Pietro Citati calificó a Eco de ser “un gran bufón”. “Lo que siempre me ha gustado de Umberto Eco es su ‘bufonería’. Lo digo sin el ánimo de ofenderlo. Aristófanes, Rabelais y, tal vez, Dostoievski, fueron grandes bufones (…) Eco tiene todas las características del gran bufón. La vitalidad, la vulgaridad, la picardía; la absoluta ausencia de ideas; las ganas de reírse, delante del espejo, de su propia imagen grotesca; la ausencia de cualquier tipo de fe; el horror del vacío (…); el loco deseo de poseer todas las cosas cultas -libros, anécdotas, cuadros, citas- y de meterlas en un computador”.

Claro que, anota Citati, en Eco coexisten virtudes menos graciosas las chácharas de casa editorial, las bromas de profesor durante las pausas de un seminario de filosofía y literatura.

“Ahora Eco se ha convertido en un bufón de lo sacro (…) en una figura hermética, seguidor del dios tramposo (…) Los tres bufones de El péndulo alcanzan a llegar muy lejos en el camino de la picardía religiosa. Descubren (en el péndulo) a Dios; no al Dios de los católicos y tomistas, sino la ‘bruma luminosa’ de los místicos.

Perciben el abismo, el secreto, el arte exquisito de la mentira (…) Nuestro mundo, aparentemente creado por la razón analítica. obedece en realidad a la tradición gnóstica, o a la opuesta (pero a veces convergente) tradición neoplatónica. No son ideas nuevas. Quisiera recordar, entre otras, la extraordinaria novela de William Gaddis, The Recognitions, gran epopeya farsesca de la falsificación, y en Italia, a otra desconocida, A che punto e’la notte, de Fruttero y Lucentini (…) El arte de pensar y de escribir no es otra cosa que tener siempre ágil y fresco en lo profundo de la mente el don de las conexiones”, escribe Citati.

Finalmente Citati dice cómo en la novela “una simple lista de mercado se transforma en el plan secreto del universo, ese plan completamente falso se realiza, adquiere carne y volumen y genera homicidios, como es habitual en la realidad elemental (…)

Me pregunto si valía la pena escribir este libro Borges o Cioran o el Calvino de Las ciudades invisibles habrían pulido cien exquisitos aforismos propuestos por Eco sobre el ser y su negación, sobre lo oculto, la superficie, la mentira, las conexiones, la historia; y esas cien brevísimas frases, entrelazándose y contradiciéndose entre sí, habrían construido una leve iglesia aérea, una nube colorada y vagarosa, capaz de impregnar para siempre nuestros pensamientos. Pero Eco no era Calvino ni Cioran ni mucho menos Borges Era solamente Umberto Eco”

 ¿NOVELA POLICIACA O NOVELA PARA ERUDITOS?

Un lector italiano de El péndulo anotó, sin mucho entusiasmo, luego de leer más de la mitad de la novela. que había encontrado en ella más erudición que literatura.

El crítico Enzo Forcella la calificó de “un inmenso archivo caótico, una irónica enciclopedia de las ciencias ocultas”, y escribió una pequeña guía de claves para leer El péndulo, con observaciones sobre el gnosticismo, el Torah, el Talmud, la Cábala y las Sefirot (especie de atributos de Dios).

“La impresión global que deja la novela -observó Forcella- es de desplazamiento, de malestar, y tal vez también de irritación por no lograr encontrar el sentido de esta gran mermelada cultural”.

Un amigo de Eco, Alberto Asor Rosa, afirmó que si El nombre de Rosa era una novela de acción, de género detectivesco, con frecuentes fugas a la esfera del pensamiento, El péndulo es una novela en donde la acción se reduce al mínimo y predomina el diálogo y la exposición de un sistema del mundo, concebido y escrito en computador “La novela no sólo fue escrita sino concebida en computador. El computador, que por otra parte, también tiene un nombre (Abulafia), es el personaje más importante, o para decirlo mejor, es el personaje, el proto-personaje del libro”.

PERO, ¿CUÁL ES LA HISTORIA?

 En pocas palabras, El péndulo narra las peripecias de tres amigos que trabajan en una casa editorial y un día descubren los indicios que los llevan a reconstruir un posible complot que se originó en el momento de la supresión de la Orden de los Templarios, en 1312. El complot habría atravesado, subterráneamente, la historia del mundo hasta nuestros días. Su objetivo dominar el mundo mediante la identificación de un sitio en la superficie del planeta en el que es posible controlar las corrientes subterráneas y determinar el clima de toda la Tierra. Un argumento digno de un plan de “Spectro”, la organización criminal contra la cual luchó James 007 Bond en tantos libros y películas.

Los tres protagonistas son un estudiante que vivió la experiencia de Mayo del 68, un intelectual de la generación de la post-resistencia y un aficionado a la doctrina hebraica y cabalística.

En apariencia, tal como en El nombre de la rosa, la segunda obra de ficción de Eco se presenta como una compleja novela de exclusiva lectura para eruditos. Sin embargo, a pesar de sus referencias y de sus citas en idiomas exóticos, sin duda hallará numerosos lectores y su trama encontrará un guionista que sabrá reducirla a una película de éxito en la taquilla.

¿POR QUE ESCRIBIÓ ECO EL PÉNDULO?

 Eco trabajó durante ocho años en El péndulo de Foucault, leyó 1.500 libros y visitó en numerosas ocasiones durante largos días el Conservatorio de Artes y Oficios de París, donde precisamente se conserva el péndulo con el cual el físico Jean-Bernard Leon Foucault comprobó la rotación de la Tierra.

 ¿Por qué ese péndulo? Eco mismo explica que “el péndulo correspondía a la perfección, a algunas Invenciones literarias mías. Invenciones que verifiqué, en el plano científico, primero con un joven físico que encontré por azar en un restaurante de Bolonia, en 1982, y después con Mario Salvadori, un científico genial que colaboró con Fermi en el proyecto Manhattan. Y además existen también algunas migajas, herencias de la adolescencia.

Entre los 18 y los 20 años escribí un cuento largo titulado ‘El concierto’ El protagonista era un fulano que, invadido por el ansia de devolver la gloria a la música, contra los estragos de la vanguardia, reunía a 40 médiums y les encargaba a cada uno la tarea de materializar un espíritu Beethoven, director; Listz, piano; Paganlni, violín, es decir, quería hacer el concierto más grande de todos los tiempos. Había un solo ser viviente, un intérprete de trompeta negro. Al final los ectoplasmas se licuefacían y quedaba el negro solo tocando como un loco. Tenía en mente esta escena al escribir el capítulo final dentro del Conservatorio”.

 Pero no fueron estos los verdaderos motivos por los cuales Eco escribió El péndulo Cuando el periodista Ferdinando Adornatto lo acosó para que se explicara, Eco le dijo “Existe una enfermedad que ha invadido la cultura y la política de nuestra época.

 Por este motivo escribí El péndulo, para denunciarla. Es la ‘enfermedad de la interpretación’ la que influencia todo, la teología, la política, la vida sicológica. Su nombre es el de ‘Síndrome de la sospecha’. Su instrumento es la ‘Dietrología’: detrás de un hecho se esconde otro más complejo y otro más, y así sucesivamente hasta el infinito. la vida es interpretada como un eterno complot. Es más, como una cadena de complots (…)

Ni Dios basta para explicar el origen del universo. También de El se sospecha. ¿Estará realmente solo? ¿Y por qué nos ha creado? (…) Es la idea de ‘complot en cadena’ la que es equivocada. le repito: los complots se quedan en secreto por poco tiempo, después llega la Historia (…)

He llegado a la conclusión de que las revoluciones, las verdaderas, en realidad son hechas por las clases dirigentes. El resto son incidentes de plaza”.

En una calle de París, después de recorrer varios de los lugares en los que transcurre la novela, Adornatto volvió a la carga y le formuló una última pregunta a Eco: ¿Qué es realmente para usted el péndulo?

“¿No lo ha entendido? Es una metáfora de Dios”, respondió el profesor de semiología de Bolonia.

(Este informe fue posible gracias a la traductora Clara Inés Acosta y a la gentileza del Instituto Colombo Italiano).

Una serie de T.V. que se pasó hace 22 años tiene una historia parecida a El péndulo.

 ¿UN PLAGIO?

Apenas comenzaba a venderse en Italia El péndulo de Foucault cuando Umberto Eco fue acusado de plagio. Según el dibujante de comics Danilo Maramotti, el argumento de la novela de Eco guardaba una estrecha similitud con una serie de televisión que se había difundido en 1966 con el título de “Belfagor o el fantasma del Louvre”, con la actuación de Juliette Greco, la famosa cantante del París existencialista de los años 50.

Maramotti mostró la coincidencia de las dos historias en su tira de paquitos que se publica en la revista Linus. Como en El péndulo, en la serie de televisión un joven curioso se oculta en un museo para presenciar los ritos de una secta satánica También en la serie se habla de la secta de los templarios.

Al igual que en Italia, también en España se hallaron otras semejanzas con el argumento de El péndulo. Esta vez con un libro titulado Gabinete de ciencias asturales que apareció en 1981. Uno de los autores de esta obra, Jorge Ordaz, declaró que estaba seguro de que Eco no había conocido este libro. “Se trata de una curiosa coincidencia”, dijo.

El VATICANO MONTÓ EN COLERA

Eco se salió con la suya. Una vez más sacó de casillas a la jerarquía católica. El periódico oficial del Vaticano, L’Osservatore Romano, condenó su última novela como “Un flagelo fabulatorio que deforma, profana y ofende” Como ha sido tradicional, el baculazo de la iglesia incitó a miles de católicos a comprar el libro.

Ya El nombre de la rosa había caído mal en el Vaticano. En esta ocasión, el diario católico estigmatiza a Eco como un típico producto industrial. “El gesto fabulatorio deviene en un espejo deformante. de circo, hacia el cual Eco se complace en orientar la historia humana para darse la libertad de no narrarla, sino de deformarla, parodiarla. desacralizarla, ofenderla”.

         

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febrero
23 / 2016