¡PUNK! Un fenómeno naciente

"De la cloaca al éxito comercial y a la fama. El quién es quién de la nueva generación de los 80." Así retrató Diners hace 30 años el mundo del punk, que hoy muchos declaran muerto.
 
¡PUNK! Un fenómeno naciente
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POR: 
Eduardo Arias

Publicado originalmente en Revista Diners Edición 186, septiembre de 1985.

Guillermo Cabrera Infante dijo alguno vez que “literatura es todo lo que se entienda como tal”. Lo mismo puede decirse del punk, ocho años después de su explosiva aparición durante el jubileo de la reina Isabel II. Hoy día cualquier cosa es punk: unas gafas oscuras, un peinado, no saludar, hacer mala cara. Hoy día ser punk consiste en un gesto vanguardista tan válido como lo músico minimalista de Philip Glass o la arquitectura post modernista. Hoy día ser punk equivale o estar a la moda, una moda agresiva pero casual, una forma muy bien vista de ser underground.

En Tokio, Toronto, Madrid, Buenos Aires, en cualquier ciudad se los encuentra. La mayoría tiene muy poco que ver con los “originales” que se hicieron grandes en los callejones más oscuros de Londres y Nueva York. A muchos les bastó cambiar los colorines hindúes por chaquetas negras de cuero o plástico, cortarse el pelo, leer los mismos libros y asistir a los mismos cafés. Hoy día cualquiera es punk como hace algunos años cualquiera era hippie.

El sistema (otra vez el sistema) se encargó de atomizar lo agresividad natural de los punks en miles de detallitos o gusto de pandilleros, intelectuales, disc-jockeys y ejecutivos. Los verdaderos punks, los que a diario peleaban el dominio de calles y cafetines con los teddy boys y los rockers mucho más viejos que ellos, se contentan con las limosnas de los turistas o se pasaron a otro tipo de pandillas, como los neonazis. Inglaterra sigue siendo la misma, los Estados Unidos no han cambiado. Lo que ocurre es que en las grandes tiendas de ropa y en las boutiques exclusivas él púnk look se ha apoderado de las vitrinas. Las del mundo están a merced del punk look.

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Pero ellos lo inventaron
Contar la historia del punk no resulta fácil. Las pandillas de los años 50 o el advenimiento del grupo musical Sex Pistols podrían ser el punto de origen. El punk cómo movimiento se hace notar en el verano europeo de 1977. Pero en aquel tiempo ya arrastraba una pesada cadena de antecedentes directos e indirectos que le habían dado su forma definitiva. Fuera de eso existen tantas pandillas distintas y tantos movimientos relacionados con la “punkitud” que resulta muy aventurado fijar fronteras. La historia no es muy apasionante. No hay guerras de Vietnam para cuestionar, no hay ecología ni tampoco cuatro muchachitos de Liverpool listos a conquistar el universo de los adolescentes. Todo comienza, si existe un comienzo posible, en los cafés de mala muerte de Nueva York, donde se refugian aquellos que no creen en la década que se avecina; los años 70 y su constelación de cansadas superestrellas del rock.

Después del famoso festival de Woodstock quedó bien claro que el movimiento hippie había fracasado. Los hijos de las flores, la sicodelia, el verano londinense de 1967, Sgt. Pepper de Los Beatles y Mayo del 68 formaban parte de una enorme historia sin presente. Todos volvieron a casa sin saber qué hacer después de tres días de música, paz y amor. Quedaba Lennon cantándole a la revolución, comenzaron a morir los grandes ídolos (Jimi Hendrix, Janis Joplin, Jim Morrison) y las drogas pesadas fueron el último remanente de la gran revolución que no paró en nada.

En la era de los grandes espectáculos de Pink Floyd, Elton Jhon y Eric Clapton, comienza a tomar fuerza la historia paralela y no oficial de los pequeños grupos que tocan en las pequeñas tabernas. Tarde o temprano las compañías de discos los rescatan de su clandestinidad y dejan de ser parte del underground.

¿Nombres? Lou Reed de Velvet Underground, David Bowie, Alice Cooper… Nueva York, Detroit y Londres se turnan como epicentros del nuevo rock de las alcantarillas. De la primera surge el grupo que anuncia la tercera generación del rock: New York Dolls. Estos chicos travestis logran la fama antes de grabar su primer álbum.

Pero no consiguen un productor capaz de lograr un sonido convincente y su música sólo servirá como marco de referencia años más tarde, cuando nuevos grupos como The Ramones o The Clash difunden una música con reminiscencias y técnicas de los New York Dolls. Detroit, por su parte, es el epicentro de algunos protopunks que ya inscribieron su nombre en la historia. Patti Smith, periodista underground y poetisa, mezcla lo poesía de” Rimbaud con la de los Rolling Stones y la suya propia para profetizar el renacimiento intelectual que está a punto de ocurrir. También en Detroit nace, desaparece y renace Iggy Pop, influencia obligada para los grupos punks que comienzan a formarse a ambos lados del Atlántico.

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Pero es el punk londinense el que le da un rostro definitivo al movimiento. La decadencia del viejo imperio, el desempleo siempre creciente y la innegable capacidad de los ingleses para darle “estilo” a todo lo que hacen, se confunden por una vez y el resultado es más que impactante. Aunque cada día nace un nuevo grupo, la clave del momento la aportan cuatro muchachos que se hacen conocer con el nombre de Sex Pistols. John Lyndon cambio su apellido elegante y paso a ser Johnny Rotten, “Juanito el Podrido”. A su lado están Glen Matlock, Steve Jones y Paul Cook. Matlock, bajista del grupo, es remplazado por Sid Vicious. Desde el primer momento Sex Pistols se convierte en sinónimo de escándalo.

Organizan giras pero en ningún lugar les permiten actuar. Firman contratos con casas disqueras que luego se sienten obligadas a despedirlos en nombre de lo moral. Mientras la reina Isabel viajo en carroza durante las ceremonias del Jubileo de Plata, un planchón la sigue por el Támesis. En él viajan los integrantes de Sex Pistols interpretando su versión del himno “Dios salve a la Reina”. La policía les ordeno silencio y todo termino como siempre: los Sex Pistols golpeados y la celebración real resulto un éxito a pesar de todo. En aquel verano de 1977 sale a la venta el disco de “God Save the Queen”, en el que la reina Isabel aparece sonriente con un gancho de nodriza atravesando su boca. Se dice que muchos turistas norteamericanos lo compraron, creyendo que se trataba de un souvenir del Jubileo Real. Sex Pistols se convierten en algo así como los nuevos Beatles, con la única y gran diferencia que no conquistan los Estados Unidos en su gira.

Sex Pistols abrió el camino. Esto significa que los punks comenzaron a adquirir notoriedad, pero también que los empresarios de las casas disqueras también principiaron a interesarse en el nuevo fenómeno, que en el lenguaje de las finanzas significa que cayeron como buitres sobre esta nueva mina de oro. A partir de ese momento comienza el despelote. Nace en forma el New Wave tanto en Europa como en Norteamérica. Llueven los contratos. En 1978 se disuelve el grupo Sex Pistols y poco después se suicidaría Sid Vicious. Pero eso ya no importa. Johnny Rotten vuelve a ser John Lyndon y creo un nuevo grupo que aún hoy día sobrevive: Public Image Ltd. Al lado de grupos muy serios como The Clash (algo así como los “Rolling Stones del Punk”), aparecen otros mucho más comerciales y muy poco punks. The Police es tal vez el más importante de estos y la punta de lanza de la nueva invasión inglesa a los Estados Unidos. La moda punk invade al mundo occidental y comienza a llegar retrasada, como siempre, al Tercer Mundo.

Una historia completa de los grupos punks, new wave, etc., que aparecen a finales de los 70 y comienzos de los 80,- podría llenar un enorme volumen. Cada ciudad, cada barrio, cada cuadra ve nacer y desaparecer grupos punk. ¿Cuáles son auténticos? ¿Cuáles fueron originales y se vendieron? ¿Cuáles oportunistas? Muy difícil decirlo. Citemos, sin mayor comentario, los más importantes. Sex Pistols, The Clash, The Buzzcocks, Stranglers, The Damned, The Jam, por Inglaterra. Richard Hell, The Doktors. Talking Heads, Patti Smith, Dead Kennedys, Oingo Boingo por los Estados Unidos, Australia, Canadá, Alemania, Francia, cada país ve nacer sus grupos.

Ellos inventaron el punk, ellos lo convirtieron en música y se lo pusieron, tal vez sin quererlo, en bandeja de plata al sistema. Música y moda forman parte del gran negocio y el nuevo invento, nacido en los oscuros callejones de los barrios pobres, se trasteó a las grandes avenidas, a los almacenes de cadena y o los almacenes de discos y emisoras que, en un principio, se negaron a divulgar la música punk.

Odian el fútbol y la TV
Resulta injusto considerar al movimiento punk como una simple moda. Por un lado, el inconformismo de los punks es más que válido. Para ellos no hay futuro. Su vida se reduce a recoger cada semana un cheque de desempleo o, en el mejor de los casos, a trabajar en cualquier cosa. Odian la TV, el fútbol y no soportan a los viejos ídolos del rock. Los punks son conscientes de que sobran, que son un estorbo y que la historia oficial sigue adelante con o sin ellos.

Si los hippies fueron válidos por sus propuestas ecologistas, espiritualistas, pacifistas y sicodélicas, los punks son un fiel reflejo de una sociedad que se derrumba. No se trata de crisis de valores de los opulentos años 60; guerra del Vietnam, sociedad de consumo, alienación, Mayo del 68. Esta vez se desarrolla una crisis mucho más simple y contundente: la económica. Desempleo, falta de oportunidades, no-futuro. A diferencia de los hippies, que una vez cansados o decepcionados podían volver a sus pueblos y conseguir un trabajo, los punks -sigan siéndolo o no- permanecen condenados a lo mismo.

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Desde un punto de vista “cultural”, el fenómeno punk ha dejado obras de gran calidad. Las letras políticas de The Clash, el cinismo anarquista de Sex Pistols… Guste o no guste, los punks le abrieron una nueva senda a la cultura contemporánea. Hoy día hay pintores punks, poetas punks, periodistas punks y todos ellos tienen su origen en este movimiento, así se codeen con otros artistas en los cafés cucos del East Village de Nueva York o del Barrio Latino de París.

Y al final, la moda…
Esos raros peinados nuevos. Crestas teñidas, gomina en abundancia sosteniéndolas, chaquetas de cuero y objetos de metal como cadenas, ganchos y cuchillas de afeitar, botones con nombres de grupos musicales, esvásticas, camisetas rotas pintadas de aerosol, pandillas que recorren las calles céntricas de las 91 des ciudades, enormes colas a la entrada de peluquerías especializadas en cortes new wave. Esta parece ser la imagen de los 80. Punks y no punks han aceptado el cambio. Los new romantics, los teddy boys, los viejos rockers, los mods; ya nadie sabe a ciencia cierta quién es quién. Violencia, decadencia, racismo, ganas de bailar. En medio de la gran confusión sobresalen los raros peinados nuevos. ¿Qué moda, qué nueva nostalgia remplaza la era de los punks? Las ciudades son las mismas: Londres, Nueva York, París, Los Ángeles, las ciudades alemanas… hoy día la confusión es enorme.

La gente “nice”, ha heredado el invento nacido en las cloacas. Cantantes muy a la moda, como Cyndi Lauper, se hacen pasar por punks. Otros, como Billy ldol, abandonaron la “vanguardia marginal” y compiten en las listas con John Lennon y Kenny Rogers. ¿Quién recuerda a los Sex Pistols? ¿Quién se asusta al ver un punk? La violencia la meten los hooligans ingleses -oficinistas, neonazis, gente aburrida de ser tan clase media- o los habitantes de los ghettos de toda la vida. Los punks se han convertido en un atractivo turístico más de la vieja Londres, como seguramente lo fueron los hippies de San Francisco en los años 70.

El desempleo sigue, la violencia y el racismo crecen cada día. La moda punk va evolucionando, se ramifica y se pierde en mano de diseñadores que toman de ella algún accesorio. Tal como los mismos punks lo profetizaban, el mundo sigue igual con o sin ellos. “Estas camisas son grotescas, pero en el futuro gustarán”, decía hace 21 años Paul McCartney en la película “A Hard Day’s Night”. Lo mismo ocurrió con el escándalo punk.

Lo que viene resulta muy difícil de predecir. A mitad de camino, la década de los 80 ya ha ofrecido a los jóvenes del mundo todo tipo de emociones. De los punks se dirán muchas cosas pero, en 1985, es imposible sacar conclusiones claras.

El punk renovó el panorama de la música rock y la encauzó por nuevos caminos. La sacó de los callejones sin salida del rock sinfónico y de los espectáculos multitudinarios. El punk logró canalizar, al menos por un rato, el descontento de una nueva generación de jóvenes sin perspectivas claras. Tal vez los sociólogos dictaminen que se trata de una alienación o de una moda pasajera. En un mundo condenado al desastre ecológico y a la autodestrucción nuclear, los punks han sido los profetas más eficaces y su influencia ha marcado con un sello indeleble la década de los 80. Y eso no lo puede negar nadie.

         

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septiembre
8 / 2015