Rulo y la Contrabanda demuestran que el Rock n Roll no muere

Celebramos la eternidad del Rock & Roll conversando con los Rulo y la Contrabanda, que visitan Bogotá por segunda vez.
 
Rulo y la Contrabanda demuestran que el Rock n Roll no muere
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Jaime Pérez-Seoane

Es algo cíclico, como el estado de la economía mundial y el precio del dólar: Cada cierto tiempo (cada dos años, según dijo Shirley Manson, vocalista de Garbage, en la última edición del festival Vive Latino) alguien salta a la palestra con la primicia: “¡El rock ha muerto!”. No son pocos los periodistas que se han apropiado de ese verso, ni los melómanos que han terminado por creérselo. Aunque no deberían.

El rock & roll no puede estar muerto. ¿Qué hacen entonces los Foo Fighters para llenar estadios desde Bogotá hasta Glastonbury? ¿Por qué se empeñan Interpol, The War on Drugs, Band of Skulls, o Jack White (entre una larga lista de músicos y bandas) en superarse disco tras disco? ¿Quién habrá tenido la ocurrencia de sugerir a los promotores de Coachella y Primavera Sound que contraten a viejas glorias – The Who y ACDC – como cabezas de cartel? Si así de dulce es la muerte, hemos perdido demasiado tiempo temiéndola.

El rock & roll no morirá nunca porque pertenece al pueblo, como el fútbol. Es un género amplio, una corriente que se define más por el corazón de quien la toca que por la técnica que se emplea. “El rock tiene algo de religión”, dice Raúl Gutiérrez (Rulo), rockero de corazón que sabe – lo acaba de vivir en España – lo que es mirar desde el número uno de las listas de éxitos a los ídolos del pop moderno; los mismos que celebran la supuesta muerte del rock.

Rulo (nacido en Cantabria, al norte de la península ibérica) es uno de esos hombres que, mientras habite en la tierra, no permitirá que el rock muera. Tras quince años al frente de una banda – “La Fuga”, con la que dió vida a ocho álbumes (seis de estudio y dos directos) y compuso varias de las letras que sirvieron de banda sonora para una generación -, comenzó un proyecto en solitario, un acto tan valiente como peligroso. “Algunos me llamaron suicida por empezar de cero. Estaba agotado por las tensiones que existían entre los miembros de La Fuga, y encontré la ilusión en este nuevo proyecto. Todo ha sido positivo: Si no hubiera cambiado de aires, no estaría viniendo a Colombia por segunda vez”.

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Con su nueva andadura (que decidió emprender allá por 2009) Rulo recuperó la ilusión por conquistar territorios plagados de amor por el rock & roll. Su debut en solitario (“Señales de humo”, 2010) lo encumbró hasta un punto insospechado. El álbum se mantuvo en el número uno en España, lo que invitó a La Contrabanda a mirar hacia esta parte del mundo. El cántabro recorrió entonces el continente, con la humildad de quien vuelve a empezar, y ofreció su nueva cara en Argentina – País que había visitado cinco veces, varias de la mano de los uruguayos “No te va gustar” -, Chile, México y Colombia.

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Después de aquella experiencia, Rulo y su “Contrabanda” volvieron a casa, donde grabaron un segundo trabajo. Ya son once los países que han escuchado “Especies en extinción” (Colombia será el número doce), un álbum donde el rock & roll coquetea con otros géneros y que niega la muerte del espíritu rockero.

“Especies en extinción” es un disco de rock & roll desde el primer hasta el último acorde, aunque incluye canciones con aroma a blues. “El rock & roll permite y agradece mezclarse con otros géneros, esa es su grandeza. Por ejemplo, el cierre (“El vals del adiós”, cantado a dúo con Enrique Bunbury) suena a ranchera, pero sigue siendo rock”.

Componer con Bunbury fue un sueño cumplido para Rulo, quien ansía incluir en su lista de colaboradores a Joaquín Sabina y Andrés Calamaro. “Una de las cosas más bonitas que me ha dado el rock es la posibilidad de conocer y entablar amistad con mis ídolos”. En su lista de héroes musicales no se olvida de incluir a Gustavo Ceratti, y menciona a Aterciopelados como el gran referente colombiano. “Soda Stereo es de lo mejor que ha parido el rock latinoamericano, una banda que todo amante de la música debe escuchar”.

Como a los lectores de Diners, a Rulo le incomoda mantenerse en su zona de confort. Por eso, al caminar de mano de La Contrabanda, dejó salir al cantautor que lleva dentro. “Tenemos un show teatral muy depurado. En España llenamos treinta y un teatros el año pasado, y quiero que el próximo espectáculo teatral sea en Colombia”.

Rulo conserva el éxito del pasado – el de su tiempo en La Fuga – en un privilegiado rincón de su memoria, pero se entusiasma mirando hacia delante. “Vengo a Colombia como la primera vez que lo hice: Con sencillez, dispuesto a dar a conocer mi música”. Se muestra agradecido a Internet, porque gracias a la red descubrió el cariño que le tenían en Colombia. “Los músicos criticamos constantemente el daño que Internet ha hecho a la música, pero debemos de estar agradecidos por muchas cosas. Nuestro contacto aquí llegó a través de un mensaje en Facebook, donde además descubrimos que teníamos un club de fans. Internet no es tan malo como dicen, ¿no cree?”

Antes de su toque del sábado en el céntrico Downtown 727, tiempo atrás visitado por Charly García, Fito Páez y otras eminencias del rock en español, Rulo y su contrabanda visitarán Quito por primera vez. “Llevo veinte años cantando y sólo ahora comienzo a conocer esta región del mundo, su cultura y su amor por el rock & roll. ¿Por qué no habré venido antes?”, se pregunta mientras apura el enésimo café de la mañana. “Quien no pueda conocernos este fin de semana, que no se preocupe: Podrá hacerlo el próximo año, vamos a volver”.

La esencia de las bandas de rock está en los conciertos de bar, piensa el español. “Me gusta todo, claro. Disfruto tanto el acústico para teatro como el rock de estadio, pero en las salas pequeñas se vive mejor el rock & roll. Hace un par de años, abrimos un concierto a Bon Jovi en San Sebastián, ante cuarenta y cinco mil personas. Este hombre debe de estar harto de tocar en estadios, pensé”.

No importa cuál sea el escenario, si es un bar, un estadio o el césped de un festival. En todos ellos aún se respira rock & roll, un género que no morirá nunca, a pesar de lo que algunos creen. Desde una banda local hasta Los Rolling Stones – pasando, evidentemente, por Rulo y la Contrabanda – cada vez que un rockero sube a una tarima, se reafirma una realidad irrefutable: El rock & roll sigue vivo.

         

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junio
5 / 2015