El ilustrador español Pablo Auladell habló con Diners en el Congreso de Ilustración

El ilustrador español Pablo Auladell publicó la adaptación gráfica de “El paraíso perdido” de John Milton, y habló con Diners sobre el trabajo de adaptar un clásico de la literatura a la imagen.
 
El ilustrador español Pablo Auladell habló con Diners en el Congreso de Ilustración
Foto: Cortesía editorial Sexto Piso
POR: 
Jhonny R. Quintero

Los clásicos de la literatura lo son porque se niegan a envejecer, y porque sirven de fuente extensa de inspiración. Este es el caso de “El paraíso perdido”, del poeta inglés John Milton, que fue adaptado como novela gráfica por el ilustrador español Pablo Auladell, y que fue lanzada este año por la editorial Sexto Piso.

El trabajo no era fácil, adaptar un poema épico sobre la caída de Satanás y la expulsión de Adán y Eva del paraíso, “a primera vista puede parecerte uno de esos clásicos que ha envejecido mal, que para un lector contemporáneo quizá es un texto que se te atragante en su lectura, porque sus parlamentos son muy grandilocuentes, y por el tratamiento que se da a ciertas cosas, como al mismo Dios”, comenta Auladell.

Pero el resultado es una novela gráfica de 261 páginas que, sin muchas palabras, revive una obra maestra de la poesía. “Es curioso, porque luego que lo lees y trabajas mucho, ocurre como con todos los clásicos, que son fuente inagotable de debates y reflexiones”, explica el ilustrador.

Esta adaptación —como todas— implicaba un reto: convertir a imágenes un texto denso y de fama universal. “Una adaptación tiene que tener un sentido, yo la concibo como una lectura. Esta novela gráfica es mi lectura del libro de Milton, mis subrayados. Una adaptación es jugar a subrayar y a acentuar. Yo he puesto el acento en unas cosas y, por ejemplo, una de las cosas con las que jugué fue en presentar a este Dios haciéndolo ver como déspota, como un monarca absoluto”, explica.

Este acento que le da a sus dibujos, viene de la interpretación que le da Auladell al Dios de El paraíso perdido, que piensa que Milton hace una metáfora de Dios, como un rey absolutista, “tengamos en cuenta que él dicta este libro a sus sobrinas, al final de sus días, ciego, derrotado en todas sus causas políticas, entonces uno se pregunta ¿realmente no será esto una venganza poética ante un Dios que le ha abandonado? Diciéndole a Dios «yo, que me he puesto del lado de la luz, tú me dejas ciego»”.

Aunque tiene estudios en filología inglesa, Auladell tuvo que releer el texto de Milton, para encontrar lo que debía adaptar, lo que los dibujos que haría para la novela gráfica debían expresar. “El ilustrador de libros tiene que ser ante todo un buen lector. Tiene que leer más allá o de una manera distinta de como lo hace un lector normal, que solo se queda con la peripecia. El ilustrador debe leer los silencios entre las palabras, el tempo del texto, eso es lo primero en lo que me fijo al leer, qué tempo, qué música, qué ritmo tiene ese texto, porque eso me da la pista para dibujar”.

Descubrir el misterio del texto, traducir esa poesía en imágenes, es el trabajo que este ilustrador e historietista debió hacer con el texto de John Milton, nada puesto a la deriva en sus dibujos, hechos en lápiz y carboncillo. “El color nunca lo uso de manera ornamental, el color debe tener un sentido. En esta obra en concreto lo usé para que le quedara al lector bien perfilado los distintos escenarios en los que se desenvuelve la trama”, revela.

Y así es, para el infierno usó color salmón o rosado, el cielo lleva azules renacentistas, “esa claridad como de muro de Piero Della Francesca”, comenta, y el jardín del edén lleva amarillo, que él describe como “de jardín de convento”, porque le interesaba darle “un tono irreal, porque quería que fuera nuestro mundo, pero claro, antes de ser nuestro mundo”.

         

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abril
24 / 2015