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Mauricio Morales, el colombiano que fotografía el conflicto en Siria

El fotógrafo bogotano nos cuenta su experiencia en la guerra de Siria, uno de los conflictos más sanguinarios de los últimos tiempos.

Foto: Mauricio Morales

El fotógrafo bogotano nos cuenta su experiencia en la guerra de Siria, uno de los conflictos más sanguinarios de los últimos tiempos.

El artículo Mauricio Morales, el colombiano que fotografía el conflicto en Siria fue publicado originalmente en Revista Diners de marzo de 2015

La distancia que separa el mundo occidental del árabe es menor de lo que muchos creen. Su aparente lejanía se debe a diferencias culturales y filosóficas, nacidas en el vientre de quienes llevaron al extremo una religión estranguladora.

Solo con hojear un mapa reconoceremos que son las mismas brisas, las del templado mar Mediterráneo, las que bañan las costas de Europa occidental y de gran parte de Arabia.

A pesar de su inferior latitud (su menor distancia con el ecuador), que los convierte en territorios horrorosamente calientes, en los países árabes – aglutinados en su mayoría entre el norte de África y el Medio Oriente – pueden diferenciarse las cuatro estaciones innegablemente mejor que en Colombia o que en cualquier otra nación del trópico. Así, en aquellas tierras de Alá, se suceden el verano, el otoño, el invierno y la primavera.

No todas las primaveras son iguales

Algunas quedan en los libros. ¿Recuerdan la de 2010? Sí, esa que pasará a la historia como la “primavera árabe”. Esa en la que los ciudadanos del mundo musulmán se hartaron de los despotismos de sus líderes, y que concluyó con retraídas reformas apagafuegos (Marruecos), permitiendo transiciones con un lejano aroma a democracia (Túnez y Egipto) y – en la mayoría de casos – dando lugar a dilatados conflictos locales entre el poder establecido y una población asqueada.

Para conocer más sobre el trabajo de Mauricio Morales visite: www.mauriciomoralesduarte.com

Desgraciadamente, en ninguno de los países donde surgieron las revueltas hace casi cinco primaveras reina la normalidad. Particular – por atroz – es el caso de uno de estos países, que después de casi cinco años aún sirve de tablero para una guerra civil de trágicas consecuencias, una de esas guerras que ya no interesan ni a los medios de comunicación.

Es Siria, antaño una cuna de la civilización, cuyo territorio actual fue definido por el estado francés después de la Primera Guerra Mundial. Apostado entre Turquía, Iraq, Líbano, Jordania, Israel y el mar Mediterráneo, el país árabe mantiene desde tiempos olvidados una constante pelea con su vecino judío.

En sus fronteras se concentran abundantes etnias y sociedades religiosas, aunque la guerra haga que la supervivencia de estas en terreno sirio sea una incógnita.

El mundo árabe no es menos mundo

Por eso no sorprende que Siria y Colombia compartan más elementos que los que a primer golpe de vista pudiera parecer. Ambos estados concentran un gran número de tribus y culturas antiguas. Ambos dependen en el aspecto económico del petróleo, y del labrado del campo. Y ambos son hogar de una guerra de guerrillas, aunque se encuentren en estados de maduración casi opuestos.

Seguro que estos elementos tuvieron que ver con la llegada de un colombiano a la frontera que separa Siria de Turquía, allá por diciembre de 2012. Aunque probablemente no lo imaginaba entonces, Mauricio Morales (Bogotá, 1982) llenaría con sus fotografías páginas del New York Times, el Washington Post y Le Monde, entre otros medios internacionales. Los mismos medios que cada vez se interesan menos por lo que está pasando allá.

La corrupción todo lo acaba

El cubrimiento del conflicto sirio está, al igual que sus orígenes (populares) y objetivo original – el derrocamiento del tirano heredero Bashar al-Asad –en peligro de extinción. Lo que permanece intacto son sus terribles consecuencias, los estragos que se producen a diario. Ya son más de 200.000 los muertos que ha dejado a su paso una guerra que auspicia no tener final.

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Aprovechando una serie de conferencias que dicta en estas semanas en la bogotana universidad de Lasalle, Mauricio Morales accedió a contarme, antes de regresar al trabajo en la fronteriza ciudad de Aleppo, sus vivencias e impresiones.

“Los últimos conflictos han sido cubiertos por periodistas freelance, como yo”, empieza diciendo Mauricio. Enérgico y afable – cualidades que no esperaba encontrar en un hombre que trabaja documentando la guerra – el reportero reconoce pasarlo mal a la hora de encontrar financiación para los viajes que hasta ahora ha realizado a Siria, Kosovo y Gaza, entre otros. Mauricio es muy bogotano en sus hablares, aunque desde en los últimos años su casa ha sido otra: una ciudad sumida en el caos absoluto.

 

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A young Arab SDF fighter prepares to go to the west frontline in the last days of the battle of #raqqa #Syria #photojournalism

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Le pregunto sobre la objetividad del periodismo y la validez del reporterismo en tiempos de guerra. “El tema es complejo. La visión del conflicto que uno tiene depende de con quién esté en el momento de dar el cubrimiento. Si entras a Siria con los rebeldes, no vas a poder entender ni contar qué pasa en el lado del gobierno, y sucede al contrario si cubres la guerra desde la perspectiva gubernamental”.

La respuesta de Mauricio encaja a la perfección con la figura del reportero de guerra que se comenzó a definir en la primera Guerra del Golfo, entre EEUU e Iraq, a principios de los noventa: La del “Embedded journalist”, periodista adherido a un bando del conflicto, quien recompensa su protección con un cubrimiento sensiblemente favorable del lado que lo protege. “Yo no creo en la objetividad, es antinatural”. El periodista es rotundo en sus palabras. “Lo que sí se puede hacer, lo que se debe hacer, es apegarse a los hechos”.

Le pido un ejemplo. “Una vez, estaba con unos rebeldes cerca del aeropuerto internacional de Aleppo, ciudad que mantienen bajo su dominio. Capturaron en mi presencia a un paramilitar, y lo ejecutaron. A mí no me dejaron fotografiar ese instante, pero se lo conté a la AFP (la francesa Agence France-Presse), a quienes envié unas fotos del paramilitar capturado antes de morir”. Mauricio reconoce que lo que él hizo no es habitual en periodistas de guerra, quienes a menudo prefieren limitarse a contar lo permitido para no poner sus vidas en peligro.

 

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Peshmerga fighters and Asayish deploy in central kirkurk city at the end of the referendum vote for independence in #iraq #kurdistan

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Dotado de una sensatez particular, Morales se ha visto en ocasiones conducido a cubrir hechos de importancia menor sólo porque el bando rebelde quería darse cierta publicidad. “Por eso suelo moverme por libre, con amigos y fixers locales”. (Los fixers, figura que ha funcionado desde que el periodismo dejó de ser un oficio local, son aquellas personas encargadas de coordinar el trabajo de un periodista extranjero en su terreno, y son por su naturaleza sustancialmente importantes en el reporterismo de guerra).

“Se dice que varios de los periodistas que fueron recientemente secuestrados y ejecutados habían sido vendidos por sus fixers”, cuenta Mauricio con el aplomo de quien ha normalizado en su día a día el terror y el miedo.

ISIS se adueña de  Iraq y Siria

El fotógrafo se refiere a las ejecuciones de ISIS, grupo extremista cuyas siglas responden a “Estado Islámico de Iraq y Siria” y que tiene fuerte representación en la facción rebelde a la que acompaña Mauricio en sus batallas. La conversación gira irremediablemente:

Ha salido a la palestra ISIS, el grupo terrorista que se adueña de casi todos los titulares relacionados con Siria. Las brutales e inhumanas actuaciones del comando religioso, “erróneamente vinculado con Al Qaeda” según Mauricio, han sido cubiertas por medios de todo el mundo, dejando de lado otros elementos del conflicto.

“La facción rebelde se ha ido distorsionando con el tiempo; cada vez tiene menos representación popular y está más dominada por grupos como este. Muchos de los que se sublevaron hace cuatro años ya no están en el país”. Mauricio se referiría después, en su conferencia, a Javier Manzano, fotógrafo mexicano ganador del Pulitzer, cuyo trabajo muestra la progresiva entrada de ISIS en Siria (Les recomiendo ver su trabajo y visión de este y otros conflictos).

“Mauricio, ¿Ha temido usted por su vida en algún momento?”

 

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#iraq #kurdistan #kurdistanreferendum

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La respuesta puede ser obvia, pero tenía que preguntar. “He sido testigo de combates despiadados. Combates en los que mi vida corría peligro”. En su respuesta, carente de melodrama, se intuye que la vida siempre pende de un hilo en Siria, y distanciarse de las balas y las bombas no implica estar a salvo.

“Al principio participaba de ese teatro que es la guerra”, reconoce Mauricio sin mostrar remordimiento. “Andaba buscando hacer fotos de disparos y explosiones, fotos que pudieran ayudarme a figurar. Pero me di cuenta de que era más importante cubrir el drama de la gente. Los civiles son quienes realmente padecen los efectos de las guerras”.

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Morales narra como comenzó a buscar historias humanas entre los escombros de Aleppo. “Mi trabajo sobre las escuelas clandestinas que brotaron en la ciudad es quizás lo que más orgullo me produce. Representa como la gente intenta que la vida siga incluso en medio de la guerra”.

 

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A Sheppard in #iraq #iran border #Kurdistan

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Los grandes medios siguen buscando, sin embargo, imágenes del conflicto entre los rebeldes y el ejército de Bashar al-Asad, o los deplorables asesinatos de ISIS en nombre de Alá. Mauricio se cansó de aquello y apunta a otros lugares con el foco de su cámara. “El drama humano es terrible. Esas historias son las que merece la pena contar, lo demás es espectáculo mediático”.

Después de veinte minutos de charla no queda en mí vergüenza alguna, por lo que pido a Mauricio, en confianza, que me explique qué está pasando en Siria. “Toda guerra es muy complicada. Entenderlo todo es imposible, nada es blanco ni negro”.

El pueblo civil es el que paga

Indudablemente, el fotógrafo no quiere participar de lo que ninguno de los bandos, oficial y rebelde, defiende. “Lo único que yo tengo claro a estas alturas, después de años cubriendo el conflicto, es que el pueblo civil está pagando injustamente las consecuencias de una lucha de poderes con la que cada vez tiene menos relación”.

Es tal la complejidad del problema sirio que Mauricio no duda en compararlo con el caso colombiano. “Un conflicto es la vía extrema que los hombres tienen de resolver sus diferencias o imponer sus opiniones. Es muy difícil hacer juicios de valor sobre quienes son buenos y malos, y lo es en Siria como lo es en Colombia. Me gustaría que la gente se tomara el tiempo para entender, estudiar y analizar las causas y realidades que llevan a cada bando a enfrentarse, antes de opinar”.

 

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#irak iraqi soldier inside a house used by isis daesh militants in the village of Mahana. Apr. 28, 2016

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El abandono informativo sobre el desenlace de la guerra civil siria se palpa en el número de periodistas en el terreno, como Mauricio confirma sin pudor. “Los periodistas ahora hacen entrevistas a través de Skype”, asegura. “Desde 2012, apenas habrán entrado al país 4 ó 5 reporteros nuevos”.

De sus palabras se deduce un estado plagado de violencia y desinformación, una nación sumida en la tragedia en la que después de cuatro años las cosas siguen empeorando.

Mis preguntas se desviaron hacia lo personal. No puede ser fácil salir en sus cabales de un lugar así. “En mis primeros meses en Siria, me enfoqué en mi trabajo”, confiesa Mauricio. “Intuyo que fue un mecanismo de defensa”, añade con una mueca que evidencia su estoicismo. “Lo llevé bien, hasta que volví a Colombia. En ese momento supe lo que era el estrés postraumático”.

Mauricio Arboleda
Foto: Mauricio Arboleda.


La guerra de Siria puede no tener un horizonte claro, pero, ¿lo tiene la vida de Mauricio Morales? “Estoy tratando de averiguar cómo salgo de esto”, dice en tono campechano el reportero. “He trabajado en entender que esto es sólo un trabajo, y que mi vida no está allí, sino acá”.

Ojalá la guerra lo deje volver, aunque allá se le necesita como a pocos. A fin de cuentas, Mauricio forma parte de un grupo restringido: el de quienes aún quieren contar lo que sucede en Siria.

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Marzo
18 / 2020


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