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La historia del argentino que le dio la vuelta al mundo en bicicleta

Pablo García empezó su viaje en Brasil, y 135.000 kilómetros y 90 países después, aún sigue dándole la vuelta al mundo. Ya pasó por Colombia y pronto estará de regreso. Diners conversó con él en Medellín.

Foto: Pablo García

Pablo García empezó su viaje en Brasil, y 135.000 kilómetros y 90 países después, aún sigue dándole la vuelta al mundo. Ya pasó por Colombia y pronto estará de regreso. Diners conversó con él en Medellín.


Publicado originalmente en Revista Diners de enero 2015

En unos 25.000 kilómetros y dos años más, Pablo García espera arribar a su meta. Si bien no está en una competencia con nadie, podría decirse que compite contra sí mismo. Este argentino de 41 años, que lleva 13 rodando por el mundo en su bicicleta, espera cerrar su peregrinaje en su Buenos Aires natal, luego de haber estado en  más de 100 países.

Con Colombia son ya 91 países visitados, ha entrado y salido del país un par de veces y espera regresar para conocer el Eje Cafetero. Estuvo en Bogotá, Cartagena, Barranquilla, La Guajira y Santa Marta, y a final de año viajó a Medellín a pasar Navidad y recibir 2015. De allí esperaba salir hacia el Caribe, comenzando por Curazao, con la intención de recorrer la mayor cantidad de islas posible. Su proyecto es pedalear estos territorios, y desplazarse entre uno y otro, en velero, barco y demás medios de transporte marítimos con los que se encuentre.

El recorrido por estos cálidos lugares llega en un buen momento, pues tras más de 135.000 kilómetros pedaleados y casi tres lustros de haberse embarcado en esta aventura en Maceió, Brasil, el impulso se va menguando y las ganas de continuar vienen, en muchas ocasiones, del deseo de cerrar el ciclo, de terminar su aventura. Pero para que esto sea posible faltan el Caribe y Suramérica; al final, sumará entre 10 y 20 países más, sin prisa y con algunas pausas.

El impulso inicial


Siendo guía turístico, no es tan extraño que Pablo estuviera ávido de buscar aventuras, por eso tan pronto se graduó de la universidad en Buenos Aires, estuvo listo para embarcarse hacia Brasil, primero para viajar por un año a lo largo del litoral. Luego estuvo cuatro años viviendo y trabajando en su profesión en Maceió. Pero su idea de regresar a la aventura y viajar, de salir de la rutina, se hacía más y más fuerte, entonces se dijo a sí mismo que si no lo hacía en ese momento, no lo haría nunca.

En su cabeza siempre tuvo claro que quería darle la vuelta al mundo, así que se dio seis meses de “prueba”, en los que viajó desde Maceió hasta Buenos Aires (1999), donde permaneció durante dos años, en los que planeó su aventura con mayor detenimiento, contactó posibles patrocinadores y medios de comunicación, hasta que estuvo listo para arrancar hacia Sudáfrica en septiembre de 2001.

Pedaleando el globo

Desde entonces, Pablo se ha enfocado en avanzar, sabiendo que su viaje no es recorrer una línea recta, sino ir desplazándose en la medida en que las circunstancias se presentan, con un plan, sí, pero teniendo claro que “cuando estás jugando, dejas que la Providencia provea y siempre hay alguien que aparece para ayudar”. Quizás es su misma actitud la que ha impedido que en esta larga aventura se hayan presentado momentos de quiebre, pues este trotamundos asegura que la única vez que se detuvo a preguntarse qué estaba haciendo, fue justo al comenzar a pedalear en Sudáfrica. De eso ya hace más de una década, con días buenos, menos buenos y mejores, en los que va solucionando cada cosa.

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Finalmente ha sido un viaje hacia el desapego, pues en su bicicleta viaja con lo estrictamente necesario: comida según el número de días de cada etapa –en países como Australia y Canadá tuvo trayectos de hasta siete días en los que debía cargar 10 kilos de comida–, enseres de cocina y hornilla, ropa para los distintos climas, carpa, repuestos y herramientas y equipo electrónico para ir reportando su aventura en su página www.pedaleandoelglobo.com. Para acampar en el camino necesita 5 litros de agua por día –y cuando son varias jornadas, la consigue en el camino–, que le sirven para bañarse, cocinar, lavar la loza y desayunar; es un asunto de conciencia: qué se tiene, qué se necesita, qué se carga.

De los bomberos a los 5 estrellas


Cuando se han pasado más de 4.700 días en estas andanzas, no resulta fácil elegir “lo mejor”, pues son demasiadas vivencias para encasillar, pero Pablo cree que las relaciones, la amistad, las personas que se han cruzado en su camino, constituyen una de las ganancias más grandes. Y las hay de todo tipo, desde una novia italiana que lo tuvo saliendo y regresando a Italia por 10 meses, hasta los bomberos que lo han recibido en varias ciudades, especialmente en Latinoamérica.

En esta lista hay que contar también al hombre de la etnia afar que lo rescató tras varias horas de estar perdido en el desierto de Danakil, uno de los lugares más calientes de la Tierra, situado en África oriental, en donde Pablo iba rodando sin rumbo por un supuesto camino y a más de 45 °C. Y es que “a veces uno cree que en la vida se va solo, pero la realidad nos muestra que no es así”, reflexiona este hombre que a lo largo de su vuelta al mundo, agradece cada mañana y cada noche por las cosas “simples” con las que se topa, y que su travesía le ha enseñado a valorar.

Contando la historia

Recuerda también cómo al llegar a Yibuti, capital del país del mismo nombre, y en el cual se asienta parte del desierto de Danakil, se fue directamente a algún hospedaje sencillo, pero ávido de unos días de mejor descanso, se bañó y se puso su mejor pinta, para acercarse al hotel Sheraton, donde contactó al gerente, que tras escuchar acerca de su aventura, lo hospedó 12 días con todas las comidas. Como esta son muchas las historias en distintos destinos.

Normalmente Pablo trata de contactar a personas de cada lugar antes de llegar, así encuentra hospedaje gratis o a bajo costo, pues por un tiempo contó con patrocinios, pero ahora debe ir sorteando cada día. La producción de su documental Pedaleando el globo, que vende en sus distintas paradas, lo ha ayudado bastante.

Aprendizaje


En su corazón y su mente han quedado muchos lugares y personas, pero recuerda con gran alegría países como Siria –por el gran calor humano de sus habitantes–, Kuwait, Arabia Saudita, India y Turquía. De Colombia sigue sin entender cómo un país que firma un TLC con Estados Unidos e invierte miles de millones de pesos en la construcción de infraestructura vial, no tiene un acueducto en buenas condiciones para una capital como Riohacha –donde al llegar presenció protestas de la población por este asunto–, “pero eso es Latinoamérica”, concluye desilusionado.

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Él, por su parte, se queda con los aprendizajes que le ha dado este viaje, básicamente el desapego: “Vivir con lo básico, con lo que uno necesita, y yo, en particular, necesito muy pocas cosas, en esa medida es mucho más fácil disfrutar lo que me hace feliz, algo tan ‘simple’ como la comodidad de un sofá, que en el día a día no apreciamos, que damos por hecho”.

Datos:

-Hasta su paso por Colombia Pablo había necesitado tres bicicletas para sus cientos de miles de kilómetros recorridos.

-En un mástil en la parte trasera de su bicicleta, Pablo lleva las banderas de todos los países que ha visitado, algunas ya están muy deterioradas por el recorrido, pero igual le sirven de recordatorio.

-Hasta su paso por Colombia el ciclista no había sufrido ningún accidente y había soportado apenas algunas dolencias, como fiebre o daño de estómago. En su equipaje no lo acompaña más medicamento que acetaminofén: “No podés estar siempre con el paraguas abierto”, anota.

-Justo Alaska, en días muy fríos, fue uno de los sitios en los que soportó altas temperaturas en su cuerpo, allí estuvo dos días encerrado en la cabaña abandonada que encontró.

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Noviembre
19 / 2019


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