Esperando a los bárbaros, de J. M. Coetzee

J. M. Coetzee, el hombre que ha sabido narrar el drama contemporáneo: lo que le ocurre a un pueblo que entra en la lógica del odio, la persecución y el miedo.
 
POR: 
Diego Sheinbaum

Supongamos que usted es escritor, que ha publicado un par de novelas que han sido bien recibidas. Aún más. Supongamos que usted vive bajo un régimen político injusto, tiránico, probablemente una excolonia que ha reproducido y exacerbado las jerarquías entre grupos y personas por varios siglos. Supongamos, por último, que en esta situación usted se descubre escribiendo febrilmente, utilizando su pluma como una navaja para rasgar poco a poco los gruesos muros del mundo en el que ha nacido, vislumbrando una especie de luz a la distancia. Y sin embargo, no importan los lugares donde cada uno de sus protagonistas inicia su escape, las luces que los guían se convierten en oscuridades, sus travesías terminan en nuevos muros que sus manos tientan como si fueran las últimas paredes, las más externas, solo para reconocer que son las viejas murallas del régimen en que usted ha nacido. Esto lo deja perplejo, incluso le hace cerrar los ojos. Pero hay algo más. A pesar de que las situaciones que enfrentan sus personajes son similares, cada vez usted encuentra algo nuevo que decir, como si la pluma transformara la piedra en un océano de letras y cada ejercicio ensanchara sus pulmones, su aliento, permitiéndolo ir más abajo y, allí, en el límite de sus posibilidades, usted descubre que al abrir los ojos las mismas palabras regresan a sus labios. ¿Cómo he llegado hasta aquí?

Una pregunta similar se hace el lector al enfrentar por primera vez una novela de J. M. Coetzee y detenerse en los pequeños y apretados renglones de la solapa, que describen cómo el autor trascendió en una relampagueante carrera literaria las fronteras de Sudáfrica: en 1980, Esperando a los Bárbaros ganó premios en Escocia y en el Reino Unido. En 1983, Vida y época de Michael Kobtuvo el más importante premio en Inglaterra (el Booker Prize) y el premio a la mejor novela extranjera en Francia (Prix Étranger Femina). Para 1987, a sus cuarenta y siete años, su obra completa fue reconocida con el Premio Jerusalem, mención bianual cuyo anterior galardonado había sido Milán Kundera. En los siguientes años cada una de sus novelas siguió sumando premios hasta que en el 2003 fue reconocido con el premio Nobel. ¿Cómo llegó hasta allí? ¿Qué combinaciones le dieron tal resonancia a su obra? ¿Qué venas sensibles tocó para que el mundo literario volteara desde tan distintos lugares?

Las respuestas a estas preguntas, posiblemente, se encuentran en las novelas que Coetzeeescribió durante los años ochenta, y de manera especial en la novela Esperando a los Bárbaros. Esta década no solo es importante hacia dentro de la obra de Coetzee, en relación con los años en que su obra maduró y cobró resonancia internacional, sino también en relación con el mundo, pues, sin demasiada polémica, esta década puede ser vista como el final del siglo XX y el final de un tipo de régimen. Si bien la caída del muro de Berlín en 1989 arrojó a Occidente a una nueva época, también hizo más claros los contornos de lo que se quedaba atrás: la era de la Guerra Fría, del totalitarismo, de dos guerras totales, un tiempo cuyo sino fue la concentración del poder, la imposición de disciplinas, la regularización de todos los aspectos de la vida, el apogeo de las peores tiranías modernas.

Uno de los que primero vislumbró la oscuridad y violencia de este mundo, incluso antes de que tomara forma, fue Piranesi en esos grabados de largas mazmorras subterráneas. El grabador italiano del siglo XVIII intuyó las formas carcelarias en que derivaba esa voluntad de planear y administrar la felicidad para todos los hombres. Mucho tiempo después, Kafka recorrería sus recovecos, se detendría en sus puertas, se perdería en sus pasillos, sintiendo la opresiva sinrazón de estas nuevas arquitecturas del poder, dejando en su obra testimonio de los perturbadores efectos sobre la identidad de sus súbditos. A este mundo hará referencia Coetzee en sus novelas de la década de 1980. Un mundo en el cual él, en cuanto sudafricano, seguía viviendo y que, para quienes habían nacido, crecido o recordaban los terribles eventos del siglo XX, seguía marcando su manera de entender sus experiencias compartidas. La primera y más contundente exploración literaria de este universo la realiza precisamente en Esperando a los Bárbaros.

La novela trata de un Imperio que busca expandirse y se alimenta del miedo que sienten sus habitantes hacia los Bárbaros. Lo único que sabemos del pueblo en el que vive su protagonista, el Magistrado, es que está en la última frontera de la civilización; más allá viven las tribus nómadas y los pescadores aborígenes. Pero hay un dato más que hace que la trama de la novela inicie: el control del Imperio ha sido tomado por los poderes de emergencia ante el rumor de que losBárbaros están preparando una ofensiva. No sabemos más de la ubicación temporal o espacial, y es justamente esta indeterminación lo que eleva la novela al rango de una alegoría de los regímenes políticos modernos más nefastos, de esas formas de gobierno policiales. Si bien la novela transcurre a lo largo de un año y en ella sentimos los cambios que provocan el invierno, la primavera, el verano y el otoño, son los tiempos del Imperio los que propiamente inician la trama; son las expediciones para capturar a los Bárbaros y sus consecuencias las que marcan su desarrollo y, también, el desenlace un año después cuando el pueblo es abandonado por las autoridades policiales ante la supuesta presencia de los Bárbaros en las cercanías de las murallas.

Pero la novela va más allá. Además de un apunte político es una precisa descripción sociológica de lo que le ocurre a un pueblo que entra en la lógica del odio, la persecución del otro y el miedo. Como en ninguna de las novelas anteriores y posteriores aparece la primera persona del plural. Se trata de un “nosotros” que, instigado por los poderes de emergencia, se embarca en una escalada de violencia contra otros pronombres, contra otras formas de reconocimiento. Su fuerza y definición crece en la medida que construye un “ellos” que amenaza su existencia. De la misma manera tratará de eliminar a través del encierro y la tortura la resistencia de ese yo, crítico, del protagonista. Esta lógica de expansión y de no reconocimiento tiene un eco que recuerda esas formas tiránicas que alcanzaron su extremo en el totalitarismo. En el momento de su aparición, la novela de Coetzee fue un espejo de estas políticas de exclusión aún vivas, y, es hoy, más allá de sus méritos literarios, un recordatorio de que estas formas colectivas no respetan geografías ni tiempos y parecen estar grabadas como temibles posibilidades en lo profundo del corazón humano.

Esperando a los Bárbaros, más allá de sus méritos literarios, es un recordatorio de que las formas colectivas de exclusión no respetan geografías ni tiempos y parecen estar grabadas como temibles posibilidades en lo profundo del corazón humano.

 

Tres días con J. M. Coetzee

8, 9 y 10 de abril en la Universidad Central, en Bogotá. Inaugurará y clausurará, con una conferencia sobre la censura y la lectura de un texto inédito, el Seminario Internacional de Autor de la Especialización en Creación Narrativa, el pregrado de Creación Literaria y el Taller de Escritores de la Universidad Central.
Valor de la inscripción: $100.000 para estudiantes y profesores y $200.000 para público general. Informes: mbaqueror@ucentral.edu.co tel. 323 9868, ext.4302.

         

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abril
2 / 2013