Foo Fighters encontró en Bogotá el mejor público del mundo

La banda de Dave Grohl debutó en Colombia después de veinte años de carrera con un inmemorial homenaje al rock&roll.
 
Foo Fighters encontró en Bogotá el mejor público del mundo
Foto: Giancarlo Barco
POR: 
Jaime Pérez-Seoane

La del sábado fue una noche mágica para muchos. Lo fue para los cuarenta y tantos mil melómanos que acompañaron a los Foo Fighters en el estadio El Campín, y lo fue para una banda que, después de veinte años llenando estadios, disfrutó de su debut en Colombia como si fuera un grupo novel que sale de gira por primera vez. También fue una noche mágica para Bogotá. Una noche grande, de gran ciudad.

La capital demostró que debe estar en la agenda de toda agrupación que pase por América Latina. No por sus escenarios, ni por la calidad de sus eventos, aún propios de un país adolescente. Por su público.

– El rock ya no está de moda – me decía un colega que aguardaba junto a mí la salida de Dave Grohl y sus secuaces. Faltaban minutos para que los de Seattle se dejaran ver, después del abrebocas ofrecido con éxito por el trío Diamante Eléctrico.

Mi colega tiene razón. El rock&roll dejó de ser la corriente dominante que fuera en décadas pasadas, y ha sido relegado a un distinguido rincón donde sólo lo mejor emerge. Y lo mejor de entre lo mejor estaba a punto de saltar al escenario de El Campín.

Sin excesivo retraso, el estadio se apagó para recibir a los Foo Fighters con un atronador rugido. La salida de Grohl al escenario a ritmo de “Foo, Foo” daba inicio a un frenesí que subsistiría más allá de las dos horas de concierto, un estado de ánimo que aún perdura entre quienes asistimos al concierto. Bogotá se encontraba frente a frente con uno de los mejores profesionales del universo rock, una figura mitológica dentro de la industria.

El antiguo baterista de Nirvana y de Queens of the Stone Age emergió, armado con una de sus guitarras Gibson y su potente voz, y acompañado por una de las mejores bandas del planeta. La suya.

Dave Grohl es lo más parecido al rockero perfecto. En él se conjugan graciosamente la indisciplina, el talento, la dedicación y el carisma, una personalidad que se agranda gracias al portentoso grupo de músicos que lo acompaña. Nate Mendel (bajista), Rami Jaffee (tecladista que acompaña al grupo en las giras) Pat Smear y Chris Shiflett (guitarras) y Taylor Hawkins (baterista, segunda voz e inseparable mano derecha de Grohl) conforman los Foo Fighters, y todos ellos estuvieron al nivel que la velada del sábado requería.

El público esperaba escuchar mucha música de los FF, que cerraban en Bogotá la gira de presentación de su octavo álbum de estudio, Sonic Highways. Sin duda, debía haber tiempo también para los clásicos de la banda, que después de veinte años no son pocos. “Va a ser una noche jodidamente larga, ¿lo saben?”.

Grohl animaba al público con sus palabras, y, como acostumbra, cumplió con creces lo prometido. En casi ciento cincuenta minutos dio tiempo a todo: Sonaron más de veinte temas – incluyendo acústicos –, se ofreció una selección de covers de grandes éxitos del rock… y hubo silencio.

Sí… silencio. Un apagón acústico en medio de la embriaguez de “My Hero”, que sonaba después de un arrollador comienzo de concierto con el nuevo “Something From Nothing” y los éxitos ‘The Pretender’ y ‘Learn to Fly’. Un momento inesperado de incredulidad. Un tremendo susto que Grohl resolvió organizando un imponente coro con el público. “Nunca me había pasado esto”, reconocía el rockero una vez recuperado el audio, emocionado por la reacción de la audiencia. “Si nos quitan el sonido no nos importa. Tenéis una voz maravillosa”.

Tras este instante de espontaneidad floreció en los Foo Fighters una devoción por el público de Bogotá, que se convirtió en el séptimo integrante de la banda.

Los del estado de Washington siguieron con el set que tenían preparado: se sucedieron las potentes melodías punk-rock que permitieron emerger a la banda en sus primeros discos, y las elaboradas armonías guitarreras de los últimos. Sonaron “Walk”, “Congregation” y “Monkey Wrench”, entre otros alabados cortes.

Entre canción y canción, Grohl no se cortó en hablar con su entregado público, al que definió como “la mejor audiencia de la gira”. Las gargantas coreaban cada una de las melodías mientras las linternas de sus celulares hacían del estadio un campo de estrellas.

El bueno de Grohl brindó al público de Bogotá veinte minutos de concierto acústico que terminó con “Wheels” y una promesa: Los Foo Fighters volverán a Bogotá.

Acto seguido, el resto del grupo irrumpió en un pequeño escenario giratorio desde el que interpretó una sucesión de versiones. Foo Fighters nos deleitó con potentes covers de Kiss, Rush, AC/DC y, finalmente, Queen.

‘Under Pressure’ fue cantado por Taylor Hawkins, quien demostró que la batería no es su único don. “Estas canciones nos han convertido en lo que somos”, reconocía un Grohl excitado. “Por eso queremos compartirlas con ustedes”.

De regreso al escenario principal, Foo Fighters regaló tres últimas canciones intachablemente seleccionadas para su despedida. El eléctrico “All my life” sirvió de aperitivo para “Best of you”, con la que estalló la locura.
El adiós final se produjo con los acordes de “Everlong”, que cerraba uno de los directos más vibrantes que se recuerden en la historia de Bogotá. “Le diré a todos mis amigos músicos que vengan a tocar a Colombia”. Díselo, Dave. Díselo.

Cuando los Foo Fighters abandonaron el escenario, el reloj rondaba las once, aunque, para quienes tuvieron la suerte de asistir, aquella será una velada eterna.

Puede que el rock&roll pasara de moda hace tiempo, pero mientras existan bandas como los Foo Fighters, su vida está garantizada. Le guste o no le guste el rock&roll, le recomiendo algo encarecidamente: Cuando los Foo Fighters vuelvan a Bogotá para cumplir con su promesa, no se le ocurra perdérselo.

         

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febrero
2 / 2015