Jaime Bayly habla del fracaso

Revista Diners conversó con el polémico periodista y novelista peruano Jaime Bayly, quien lanza su novela La lluvia del tiempo.
 
Jaime Bayly habla del fracaso
Foto: /
POR: 
Dominique Lemoine Ulloa

Jaime Bayly es sinónimo de irreverencia y controversia. Con más de 10 programas de televisión y más de 15 libros publicados a lo largo de una trayectoria de 30 años, el periodista y escritor peruano se ha dado a conocer por sus preguntas espinosas, sus posiciones políticas y sus denuncias. Este año, a unos meses de cumplir 50 años, Bayly causa revuelo una vez más con La lluvia del tiempo (Alfaguara), la historia novelada de las elecciones peruanas de 2001 durante las cuales Bayly (como Juan Balaguer, el personaje principal) intentó convencer al entonces candidato a la presidencia Alejandro Toledo de que reconociera una hija extramatrimonial que siempre había negado.

Un día antes del lanzamiento de La lluvia del tiempo en Bogotá, Bayly habló con Revista Diners en su hotel sobre la novela, su trayectoria y el balance íntimo que ha hecho de su vida en años recientes.

¿Qué tanto de ficción y qué tanto de realidad hay en la novela?
Yo creo que tiene un alto porcentaje de realidad, ¿no? O sea, la novela la he podido escribir gracias a que viví en la realidad esta historia. En ese punto la novela le permite a uno cobrarse una revancha tantos años después. Es un poco así, porque en el momento en que pasan las cosas es todo muy intenso y tal vez uno se queda con la sensación de un fracaso; te despiden, tienes que irte del canal, tienes que irte de tu país. Sientes que has perdido. Pero curiosamente, y esto es impredecible, la historia se queda ahí y se va escribiendo con los años, se va tramando, y doce años después uno convierte ese fracaso en una pequeña novela.

¿Cuál fue el proceso, literario o interior, de esos doce años que le tomó escribir la novela? ¿Por qué te tomó más de una década llegar a contar esta historia?
No hay una respuesta segura, no hay una respuesta precisa. Mis respuestas con especulaciones, conjeturas. Pero creo que quería escribir una novela grande, ambiciosa, que describiera el mundo de poder, que se atreviera a asomarse con crudeza al mundo de la política pero también del periodismo, de la televisión, dos mundos que confluyen a menudo como en la novela. Entonces yo quería escribir una gran novela ambiciosa sobre el poder, sobre cómo el poder deforma, lastra, envilece a la gente. No sé si me ha salido, pero al menos esa era la expectativa. Y quería que la novela no fuese tanto sobre mí sino sobre la lluvia ácida que es el poder.

Me imagino que una de las razones por las cuales decidió ficcionalizar es la historia es para que la novela no fuese tanto sobre usted, pero ¿hay alguna otra razón por la cual escogió la ficción?
Yo quería poner el énfasis en que es una novela y en la medida en que es una novela no es una crónica periodística, no es un testimonio real. No estoy contando los hechos por apego a la realidad sino que estoy recordando unos hechos pero contándolos de una manera caprichosa, tramposa, antojadiza. Es una historia absurda, pero es que en las campañas electorales que yo he vivido siempre sale un señor que tiene un video o un pirata cibernético, un intruso, y siempre la gente tiene esqueletos en el clóset. Y es cuestión de asomarse al armario y salen los cuervos volando.

En sus 30 años de carrera, ¿Cómo ha vivido el mundo del periodismo?
Queda la impresión después de tantas derrotas, después de defender tantas causas perdidas, de que es como una guerra de guerrillas y que toca estar en una trinchera. Pero generalmente me ha tocado a mí perder, como en la novela. Fíjate que Balaguer pierde no sólo su trabajo sino su país, sus amantes, su prestigio, su reputación. Balaguer acaba siendo derrotado miserablemente y ya no tiene fuerzas para seguir librando la batalla. Es un poco lo que me ha pasado a mí, sin exagerar, pero treinta años después yo no vivo en mi país, yo vivo en Miami, y en Miami uno la pasa bien pero sabe que ha sido derrotado, ya no tienes la misma influencia, eres relativamente irrelevante y por mucho que tengas un programa de televisión, te han sacado del juego.

¿Cómo ha lidiado con ese elemento de reconocimiento público y de fama?
Eso es algo que atormenta mucho a Balaguer en la novela y a mí también me perturbó muchísimo porque nadie está preparado a los 18 años para ser tan famoso. Nadie. Yo creo que es una cosa que es un poco traumática y lo fue en mi caso, en la vida real. Porque repentinamente yo salté de un periódico a un canal de televisión y de un canal de televisión a la fama, al prestigio, todas cosas para las que yo no estaba preparado. Entonces cuando yo tenía veinte años era más o menos conocido, influyente, pero no sabía bien quién era yo, no había descubierto mi identidad, mis preferencias o mis debilidades humanas. No había tenido tiempo de investigarlo. Entonces me pasó un poco como lo que le pasa a Balaguer, que de pronto descubres que no eres la persona que el público cree que eres; eres alguien más humano, más lisiado, rebajado a su condición humana.

¿Qué tanto hay de Jaime Bayly en Balaguer y qué tanto de Balaguer en Jaime Bayly?
Mucho, mucho. Yo estoy ahí escondido detrás de él. No he tenido un amante como Mamanchura, me hubiera encantado. En ese punto es ficción aunque nadie me cree. Yo en realidad no he tenido un amante Afroperuano que me complaciera en un hotel así a escondidas, clandestinamente. A mí me parece que en la novela queda gracioso. Por lo pronto, a mi madre eso la escandalizó mucho.

¿Por qué?
Eso me afecta, me toca el corazón… La mirada de tu madre siempre es la mirada de tu madre, ¿no? Y uno es escritor o novelista o periodista pero también eres hijo de tu mamá y yo sé que mi madre me mira con tristeza, con aflicción, con una cierta congoja. Me ve como un fracaso, como un proyecto fallido. Entonces a ella no le parece tan chistoso que yo cuente estas historias y sugiriera que he tenido un amante negro. A ella eso le parece que me rebaja, que me frivoliza y me aleja del mundo virtuoso. Pero yo no puedo ser virtuoso, me aburre. Y porque creo que mi verdadera textura es la del pecado, yo soy pecaminoso o lo he sido mientras podía, ya a esta edad la verdad es que uno se vuelve más conservador.

Aparte de su madre, ¿cómo fue recibida la novela en Perú?
Yo esperaba que la novela hiciera más escándalo. Yo tenía esa expectativa de que la novela fuera una bomba de tiempo que estalla, provoca un gran revuelo y la gente está cabreada y alguien me quiere dar una trompada… Y se habla de ella en televisión y en los medios, y salen críticas a favor y en contra. Pero nada de eso ocurrió. La novela pasó relativamente inadvertida. Tuvo buena crítica, tuvo buenas ventas pero no provocó, no tuvo el efecto escandaloso que yo deseaba secretamente.

Se ha hecho conocer por su irreverencia. ¿Alguna vez sintió miedo de estar tan expuesto?
Sí. He sentido miedo físico, miedo real a que acaben conmigo. Me pasó aquí en Bogotá y en Lima. En aquella campaña que yo he novelado ahora me agredieron tres veces de manera bastante brutal. En una ocasión me tiraron huevos en la cara, eran sicarios de Toledo… Uno nunca está preparado para estar caminando y que salgan tres o cuatro apandillados y te empiecen a arrojar huevos cuando estás yendo a votar. ¿Cómo responde uno a un ataque de huevos? Ellos creían que me iban a intimidar pero al contrario.

Yo vine a vivir aquí a Bogotá en el año 2009, 2010, Uribe era todavía presidente. Un día vino a verme al hotel el entonces jefe de la policía secreta en nombre del presidente a protegerme y me dijo que yo tenía que bajar un poco el tono de mi irreverencia hacia los matones de Caracas. Yo me burlaba mucho en mi programa de Chávez y el jefe de policía me dijo que habían contratado sicarios y que debía andar con guardaespaldas. De pronto había gente con ametralladores alrededor mío todo el tiempo. Por suerte pasó.

¿Y por esa misma irreverencia hay algo de lo que se arrepienta?
Yo me arrepiento de casi todos mis libros, mis programas de televisión. Yo no puedo verme, me quedo espantado, me parece que es un personaje impresentable, un bufón. En general no me gusta tampoco releerme porque encuentro muchos ripios y muchas cosas que tendrían que estar contadas de una mejor manera. No soy como esas cantantes folclóricas que te dicen “yo no me arrepiento de nada”. No, yo me arrepiento de casi todo. Además en el camino van quedando muertos y heridos, y a veces son gente de tu propia familia que no entiende que la literatura es mentira, que uno está jugando un poco con la verdad, que no hay que tomarse las cosas tan a pecho. No es tan fácil porque eres escritor o periodista pero también eres el hijo de tu mamá, el esposo de tu esposa, el amante de tu amante, el papá de tus hijas, y también tienes esas presiones que marean y te pueden llenar de culpa. Yo quizás soy un poco animal como escritor, sigo mi instinto y no pienso en cómo le va a afectar a mi mamá, simplemente no pienso en eso. Pero ella me lo dice y me pide que rece y yo le digo “Mamá, pero ¿cómo voy a rezar?”

Decía que se ve a si mismo como un personaje. ¿Cómo describiría a ese Jaime Bayly?
Yo creo que me veo como un pájaro tropical, como una cotorra o un papagayo. Esos pájaros que siempre hay a las afueras de los restaurantes en los hoteles de la costa del Caribe. Yo me veo como ese pájaro tropical que no se calla la boca, que está siempre parloteando, encontrando la manera de imponer su cháchara, y que lo van llevando así en una jaula, lo van exhibiendo. Y la gente lo mira con ternura, se hace fotos con él, quiere tocarle las plumas. Como los lectores me tocan a veces a mí, pero uno no tiene que dejarse tocar las plumas. Y yo tengo mis plumas.

¿Cómo defender esas plumas?
Con humildad, con resignación. Tienes que entender que estás en esa jaula y que tu papel es ése, el de traer un poco de alegría, de música tropical. Y seguir con tu cantaleta.

Hace algunos meses escribió en una de sus columnas que sentía que estaba de nuevo en el clóset. ¿Qué quiso decir con eso?Quise decir esto: que en un tiempo de mi vida, cuando era joven, viví en el clóset, como Balaguer en la novela. Él no se atreve a decir que es gay. A mí ahora no me cuesta ningún trabajo decir que soy bisexual, no siento que eso me mejora ni me empobrece. Simplemente siento que me describe, es como decir soy vegetariano. Es un dato de la realidad. Una curiosidad, decir que quiero probar el helado de vainilla y el de chocolate, decir que me quiero comer los dos helados, que por un tiempo me puede gustar más uno y después el otro. Cuando dije lo del clóset lo dije porque yo tuve unos años un novio argentino, entonces yo había salido del clóset. Yo estaba muy instalado ya en ese lugar y de pronto conozco a esta lolita, Silvia, y me arrastra el vértigo del deseo, de la lujuria, de ciertas cosas que uno creía que ya se habían ido para siempre. Y te dices tal vez he vuelto al clóset. Soy un señor que tiene una esposa, una hija menor y tal vez en el clóset estoy cómodo, tal vez es un buen lugar para estar porque al menos ahí estoy con mi familia.

¿Qué atormenta a Jaime Bayly hoy en día?
Siempre hay algo que te atormenta, de otro modo no eres escritor. Yo creo que uno siempre tiene algún desajuste, alguna aspereza con la realidad, algo te fastidia. A mí me atormentan muchas cosas. En este último tiempo me atormenta mucho la mirada triste de mi madre. Ayer o antes de ayer me ha escrito un mail pidiéndome que rece. ¿Cómo puedo ser un buen escritor y al mismo tiempo un buen hijo sin mentir? ´No es fácil para mí reconciliar mis trabajos, mi oficio, con la vida íntima. Eso me atormenta.

¿Por qué habla tanto del fracaso?
Es auténtico, es una confesión sincera, así me veo. Voy a cumplir 50 años y he hecho mi trabajo, mi tarea, pero es inevitable sentir que uno ha fracasado cuando te han despedido tantas veces de la televisión, te has tenido que ir de nuevo de tu país. Es inevitable porque cuando pierdes y pierdes de nuevo sientes que has fracasado. Pero además el paso del tiempo trae una decadencia, un deterioro progresivo de tus facultades, esos son pequeños fracasos íntimos que también van configurando la sensación general de fracaso que trae la vejez.

         

INSCRÍBASE AL NEWSLETTER

TODA LA EXPERIENCIA DINERS EN SU EMAIL
noviembre
27 / 2014