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Santiago Gamboa y su casa en Bogotá

El escritor Santiago Gamboa presentó su novela más reciente, “Una casa en Bogotá”, una carta de amor a la capital.

El escritor Santiago Gamboa presentó su novela más reciente, “Una casa en Bogotá”, una carta de amor a la capital.

Quién no ha pasado mil veces por una casa, soñando con comprarla? El protagonista del libro “Una casa en Bogotá”, de Santiago Gamboa, cumple su sueño al recibir un premio importante de filología. A través de ella, el narrador (anónimo), contará su historia, la del barrio, y la de su familia, en un relato que es, al mismo tiempo, muy bogotano y muy universal.

Revista Diners se sentó con el escritor en un parque bogotano para conversar sobre la novela, Bogotá, las ciudades y la nostalgia, siempre tan presente en la obra de Gamboa.

El libro tiene un feeling muy proustiano, muy de evocación…

No me lo habían dicho, pero me encanta porque todo este año he estado leyendo a Proust. Yo lo leí hace muchos años pero lo leí en español. Yo viví diez años en Francia, el francés el idioma que probablemente hablo mejor, y nunca lo había leído en francés. Entonces en diciembre del año pasado fui a París, y en una librería compré los siete tomos (uno por uno) de En busca del tiempo perdido. Los voy leyendo con calma, y es una maravilla. Proust es para leer despacio. A lo mejor algo de eso se me ha quedado.

Bogotá como personaje es muy recurrente en su obra

Sí, Bogotá es la ciudad en la que yo nací, pero sobre todo, es la ciudad en la que yo pasé mi infancia y casi toda mi adolescencia. Yo creo que uno es de la ciudad donde pasa la infancia y la adolescencia, no tanto la ciudad en la que nació. Cortázar, por ejemplo, nació en Bruselas, pero es argentino. Italo Calvino nació en La Habana. Es más bien donde uno pasó la infancia y la adolescencia y yo las pasé aquí en Bogotá. Eso me une muy fuertemente a esta ciudad, a ciertos itinerarios, a cierto tipo de estados de ánimo que son muy de la propia ciudad y que uno reconoce en cualquier parte del mundo. Yo llego a veces y veo esa lluvia, esa especie de desamparo que uno siente por las tardes, cuando está por anochecer y llovizna… es un sentimiento triste pero es bonito. Cuando lo siento en otras partes digo “Ah, eso es Bogotá”.

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Uno siente una cierta idea de protección con la lluvia. A mí me gusta la lluvia. Para mi esposa, que es de Cali, la lluvia es una mala noticia. Para mí no hay sensación más agradable que acostarse con el ruido de la lluvia en el techo, apagar la luz e iniciarse con la lluvia en el sueño. Y levantarse cuando está lloviendo. Hay un dinamismo en el frío bogotano por las mañanas que lo despierta a uno.

Y la mística de las casas de Chapinero

Yo me crié en Chapinero. Cuando nací, a los 30 días me llevaron a vivir a Medellín. Mi ciudad hasta los 5 años fue Medellín, mi abuela decía “los niños se van a volver paisas”. Pero volví lo suficientemente niño a Bogotá como para alcanzar a ser bogotano. Pasé mi infancia más consciente acá y fue en esas casas, en ese mundo de Chapinero. Y para mí esas casas grandes de familias grandes son una cosa extraordinaria. Uno entraba y era como entrar a un universo, salían hermanos y primos de todas las puertas, las cocinas eran inmensas… esa dinámica que ya no existe porque las familias (y las casas) son más pequeñas. Pero esa dinámica de las escaleras, el perchero en la entrada, los patios internos… es un mundo que yo relaciono con la Bogotá mía de los años setenta.

Hablemos de la nostalgia como parte fundamental de su obra.

La nostalgia es una de las partes fundamentales de la literatura. Casi tan importante como el teclado del computador. Con la nostalgia uno visita su propia memoria, su pasado. En mi caso está lleno de momentos, de rincones de la ciudad que tienen que ver con esa parte. Ayer con Humberto Dorado, que también es de esa parte, me decía “yo soy de Pan Fino para arriba”. Esas son las referencias del barrio: El ballet de Sonia Osorio que quedaba del otro lado del parque Portugal, la tienda KonTiki, la tienda de Segundo, que sigue existiendo pero se llama de otro modo… la nostalgia es volver a pasearse por esos mismos lugares con la mirada de esa época. Bogotá hoy es muy diferente, la ciudad sobre la que yo escribo no existe. Existe en mi memoria, existe en mis libros, y en la lectura que la gente hace de mis libros. De vez en cuando yo reconozco cosas, y la casa que yo tengo en mi memoria para Una casa en Bogotá, todavía existe; ahí está.

¿Cuál es?

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Está en el parque Portugal, tiene que ir a buscarla. A lo mejor es otra para usted. Y eso estaría muy bien, porque este es un libro que invita a reproducir eso en la vida de cada lector. El lector está leyendo la historia de una casa y seguramente está visitando las casas que cada uno de nosotros tiene en su vida. Uno también puede medir el tiempo en casas. Yo soy amigo de Sergio Cabrera hace siete casas de él, y él dice que seis casas mías. Pero todo el mundo tiene una casa que recuerda, en la que quiso vivir y nunca vivió. Y yo he notado que los lectores me comentan que repiten esa operación y eso me parece muy bonito.

Y por otro lado la literatura de ciudad también es algo muy universal. Un lector en Nueva York también entiende lo que es tener una casa que lo persigue…

Sí, la ciudad el gran espacio de la novela. No quiero decir con esto que no haya novelas buenas en el campo, en el mar, o en interiores; en una habitación. Pero la literatura, la novela urbana, es probablemente la que mejor define el siglo XX: yo nací en ese siglo. Y en el siglo XXI se sigue con esas mismas coordenadas, porque la ciudad es la experiencia social mayoritaria en casi todos los países. Hay una gran concentración en las ciudades y la vida urbana se está convirtiendo en una de las experiencias más importantes para un país. La ciudad es el espacio donde se encuentran los desconocidos, donde ocurren las historias, donde hay una cierta magia y una cierta mística entre ciertas zonas de la ciudad y esa locura de las personas. A mí me encantan las ciudades. Yo he viajado muchísimo, pero sobre todo porque me gusta conocer ciudades. Donde yo encuentro más elementos potentes para la literatura, para toda la complejidad artística y estética, son las ciudades.

UNA CASA EN BOGOTÁ
Santiago Gamboa
Random House
246 páginas
www.rhm.com.co 

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Octubre
23 / 2014


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