SUSCRIBIRME
INICIO//Cultura//Archivo Diners//44 preguntas a Fabio Rubiano

44 preguntas a Fabio Rubiano

Fabio Rubiano, el director, actor y dramaturgo, deja de lado la modestia y se pone un espejo al frente para intentar develar sus cositas, una de ellas, su dificultad para hablar del amor.

Foto: https://www.instagram.com/fabiorubianoo/

Fabio Rubiano, el director, actor y dramaturgo, deja de lado la modestia y se pone un espejo al frente para intentar develar sus cositas, una de ellas, su dificultad para hablar del amor.

El artículo 44 preguntas a Fabio Rubiano fue publicado originalmente en Revista Diners de septiembre de 2014

El maestro Santiago García sostenía que nadie es tan débil para hablar de uno mismo como uno mismo. Nadie se conoce tan poco; de hecho, “si usted se viera por la espalda no se reconocería”…, cualquiera conoce mejor su espalda que usted mismo.

Antes de hacerme preguntas que me convengan para responderlas como me convengan, debo dar unos ejemplos de por qué me parece antipático y débil hablar de uno mismo, pero también razones y posibilidades de que ese gesto vanidoso no lo sea tanto, y que se vea como una práctica normal, y como ciertas prácticas, aparentemente privadas, que pueden hacerse públicas.

Dentro de los peores que hablan de sí mismos no están los niños solipsistas que creen que lo único real son ellos mismos y el mundo una extensión de su mente, no. Los peores son los políticos mesiánicos que no paran de decir lo bien que han hecho su trabajo, lo buenos padres que son y lo bien que dejaron el país; el otro ejemplo es el (o la) que no se calla en una reunión, que únicamente habla de sus experiencias y por lo general (dice que) le ha pasado lo mismo que a los demás, en mayor medida y con más emociones que al resto. Ni hablar de Twitter y demás redes donde el 80 % de las menciones son para sí mismos.

Según Harvard, hablar de uno mismo produce el mismo placer que el sexo y la comida. Y como no soy ni asceta ni vegano, puedo hablar de mí. Ahí agarro moral.

Power Paola, la gran narradora gráfica, me da fuerza cuando dice que La primera vez que leí las historietas de Julie Doucet y me di cuenta de que estaba contando algo íntimo, algo de su vida privada con lo que yo me sentía identificada, pensé “¿No le da vergüenza contar esto? Yo también tengo ganas de no tener vergüenza”.

Y yo.

Hablar bien de uno es aburrido, mal es una pose. Ojalá logre ser honesto. No sé.

Después de todas estás disculpas. Es decir, culpas, procedo al ejercicio.

Con culpa. Obvio.

¿Qué está haciendo?

Hace unas semanas estrené una obra llamada Venus en piel. Ya estoy montando otra.

¿Cómo le fue?

Bien, parece que bien.

¿Piensa en el éxito?

Más en el fracaso. Para Venus en piel tenía una gran presión.

¿Quién lo presionaba?

Nadie, yo. Había una gran inversión económica, y el riesgo era grande.

¿Pasa eso con todos los estrenos?

Sí. Pero aquí estaban en juego más cosas: ser capaz de trabajar sin mi grupo, lograr que un espacio enorme sirviera para una pieza íntima. Por eso respiro al ver la manera en que está funcionando.

¿Le preocupa la plata?

La mía no, pero sí me gusta cuidar la de los demás, sobre todo si producen teatro, y si viene de una gran amiga y compañera como Marcela Mar.

¿Qué otra cosa le da miedo?

El dolor de la gente que quiero. Tal vez por eso no tengo hijos.

¿Es una decisión honesta?

Alguna vez fantaseé con la imagen de familia de vacaciones, feliz en la mesa desayunando en las mañanas, jugando los domingos; pero después aparecen hospitales, drogas, accidentes. No. No los tendría. Es una decisión honesta.

Fabio Rubiano

Foto: Instagram @fabiorubianoo.

Vea tambien: Fish & Chips y cinco recetas para preparar en Semana Santa


Miedo puro…

Y egoísmo.

¿Será falta de esposa?

He tenido parejas que han querido. Yo no.

¿Está enamorado?

Hoy que contesto la entrevista, no. Espero que cuando se publique, sí.

¿Extraña a alguien?

Todos los días.

¿A quién?

Si lo digo se me pasan las ganas.

¿Ganas de qué?

(Silencio)

Vea también: «Colombia es sinónimo de lo mejor y lo peor», Fabio Rubiano

¿Qué es lo que más le gusta hacer?

Todos tenemos muchas cosas en el primer lugar de lo que más nos gusta hacer.

Nombre una…

Poder no hacer nada, pero después de haber hecho mucho.

No entiendo…

Cuando uno descansa después de jornadas duras de trabajo lo hace sin sentir culpa por perder el tiempo. Uno descansa feliz.

¿Tiene culpas con frecuencia?

Obvio. Vengo de una familia muy religiosa. Y por esos lados la espiritualidad está muy sostenida en la culpa.

¿Es creyente?

Intelectualmente no, pero hay una influencia “genética” y educativa que me obliga a no ser ateo absoluto.

Decídase, ¿cree o no cree en Dios?

Prefiero creer en dioses: dios de los actores, dios de las pintoras, dios del fuego.

¿Cuántos años tiene?

Cincuenta y uno.

¿Eso es estar joven o viejo?

Todavía no me he asumido como viejo, pero no cometo la imprudencia de querer parecer joven.

¿Entre sus miedos está la muerte?

La muerte me da profunda tristeza. Marcela Valencia dice que morirse es perderse de lo que va a pasar, y que eso es muy triste.

Siempre nombra a Marcela…

Sí, ella ha estado siempre. Y es la única persona que conozco que dice lo que piensa.

¿Es la persona más importante en su vida?

Hay varias personas en ese puesto: ella, mi hermana Mariela, mi esposa (cuando he estado casado), mis maestros, mi familia, mis compañeros de teatro. No quiero que nada malo les pase.

¿Les dice “te quiero”?

Muy poco.

¿Le dan miedo las muestras de amor?

Protejo las muestras de amor. Hay quienes dicen “te quiero” en todas las llamadas telefónicas a todas las personas con las que hablan, para todas las situaciones.

Vea tambien: Gloria Polo, la mujer que asegura que vio a Dios

¿Y es malo decir “te quiero”?

Obvio que no, pero no creo que uno quiera a todos. Uno quiere a algunos y se lo dice en momentos específicos, no “cojamos este taxi, te amo; toma estas naranjas, te amo; bésame más fuerte, te amo”. No. Hay categorías.

¿Su familia es unida?

A veces con mis hermanos (yo soy el menor y tengo 51, calcule) nos burlamos de los otros, incluida mi mamá, de 94; de las edades, de las enfermedades, de la muerte. Sí, somos unidos.

Si se ríen tanto no parece que tuvieran mucho miedo.

El dios de la risa. Una forma de diversión, de crueldad y de miedo. Nos caemos bien en la casa cuando nos reímos de nuestras desgracias.

Ahí está el teatro…

Gran parte del teatro que hago se lo debo a mi familia.

¿Su vida es el teatro?

No, mi vida es mi vida, el teatro es parte de mi vida.

¿Se considera especial?

No tengo ningún rasgo extraordinario.

Pero hace teatro…

Pero de manera muy tranquila, no tengo unos gestos especiales de director, ni una argumentación teórica inamovible, ni produzco miedo, ni tengo una pinta alternativa. Nada.

¿Le gustaría?

Lo intenté, pero uno no puede ser diferente de como es. Se ve falso. Mal actuado.

¿Qué no le gusta?

Estar de afán.

¿Pide perdón?

Sí. Aunque cueste.

¿Cree en la paz?

Estoy convencido.

Hay quienes no creen.

Muchos de los que se oponen a una reconciliación o a los diálogos lo hacen porque la guerra les produce dinero, prestigio, poder, votos.

¿Entonces tenemos que perdonar?

No se puede perdonar por decreto, el perdón es una decisión personal. Alguien puede no perdonar, pero eso no significa buscar la destrucción del otro.

Una frase bonita para terminar.

Las frases bonitas son las que menos sirven.

Entonces una fea…

Si le duele pero le gusta, si no le aburre, si le genera preguntas: ahí hay teatro.

Y amor.

Y amor.

Se fue, lo miré por la espalda. Ojalá yo no ande así de agachado.

INSCRÍBASE AL NEWSLETTER

TODA LA EXPERIENCIA DINERS EN SU EMAIL

Ver términos y condiciones.
Marzo
26 / 2020


Send this to a friend