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Este es el Revólver Plateado

Una de las bandas más esperadas para esta edición de Rock al Parque es la banda bogotana Revólver Plateado, ganadora en 2013 del premio Shock como mejor nueva banda.

Una de las bandas más esperadas para esta edición de Rock al Parque es la banda bogotana Revólver Plateado, ganadora en 2013 del premio Shock como mejor nueva banda.

Revólver Plateado es una de las nuevas bandas en ascenso del rock independiente de Bogotá. Su primer disco, “Dile Al Rey”, ha tenido más de 4 canciones en el top diez de Radiónica y el año pasado se ganaron un premio Shock, votado por el público, como mejor nueva banda.

Es también la última creación de Mauricio Colmenares, un músico reconocido como guitarrista y productor. Tocó con Naty Botero, tuvo una banda llamada Poper, tocó con Juanes, tuvo otra banda llamada La Beltek y ahora lo que iba a ser su proyecto como solista se convirtió en el Revólver Plateado.

ANTES DEL CONCIERTO

Estoy con él en un viernes, en su siguiente concierto tras el lanzamiento del disco. Tocarán en Bogotá, según el flyer a las 9 de la noche en un bar del centro de la ciudad llamado “Smoking Molly”. Yo me encuentro con él a las 4 de la tarde en su estudio cerca del parque del Virrey, una zona plagada de estudios de todos los colores y tamaños. El de Colmenares es pequeño, una pequeña cabina de grabación y una pequeña sala de control. Sobre la mesa tiene un Premio Shock sobre los monitores 3 calaveras. Antes tenía el estudio en casa y fui allí donde grabó “Dile Al Rey” aquí ha grabado “Hoy que Tengo el Espíritu de Barro”, un segundo e inusual disco, que será lanzado en Agosto.

Además de Mauricio en el estudio está John Fredy Carlos, el teclista de la banda. Como la prueba de sonido es a las 6 de la tarde tenemos tiempo para hablar y escuchar música. Ellos toman cerveza. El resto de la banda David Carrascal (guitarra), Yigo Díaz (Batería) y Tato Angulo llegarán directamente al bar.

En el estudio Mauricio me regala un disco de “Dile Al Rey”, en los créditos de voz y guitarra, en lugar de su nombre me encuentro con: “Dos Passos”. “Es un personaje” me dice Mauricio. Desde que empezó a escribir las canciones que harían parte del primer disco decidió que no era su propia voz la que hablaba si no un alter-ego. “Un cantinero, un borracho, un personaje….”. En su segundo disco esa voz suena bastante llena de dolor. “Exacto, grabando el segundo disco era difícil porque tenía que entrar en esa alma y terminaba llorando luego de cada toma”. Aunque el estudio de Colmenares no es una cantina, y el parque del Virrey no es el desierto, él está en una metamorfosis que lo está convirtiendo lentamente en algo parecido a su personaje.

Durante una hora, mientras escuchamos las nuevas canciones, Mauricio y Johny se toman unas tres cervezas cada uno. Deciden guardar el resto para la prueba de sonido. Sacamos las guitarras, las montamos al carro y nos preparamos para partir. Antes de arrancar, recuerdan que tienen que llevar las guitarras de David, el otro guitarrista. Mauricio regresa a la puerta. Dejó la llaves del estudio en la casa así que golpea por unos cinco minutos hasta que una vecina del estudio contiguo le abre la puerta. Durante cinco minutos golpea con constancia y paciencia, no duda que le van a abrir. Luego saca la guitarra y nos vamos.

Afuera del bar, frente al restaurante Donostia, el resto de la banda está esperando. Toman un cerveza cortesía de Tomás Rueda, chef del restaurante. Rueda fue bajista de “Catedral” una de las bandas emblemáticas de los noventas en Bogotá. Ama el rock, conoce a Colmenares hace años y es fanático absoluto de Revólver Plateado. No podrá estar en la noche en el concierto, pero quiere ver la prueba de sonido.

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A diferencia de muchas bandas, Revólver Plateado prueba, tocando simultáneamente, en bloque. Tocan “El Camino de la Serpiente” una canción que empieza con un ambiente bastante espacial a la pink Floyd y paulatinamente se convierte en un rock desértico de carretera. También tocan “Cristal” una canción de Poper, en la que se hace evidente que la voz de Mauricio ha cambiado en los últimos años. Es parte de la transformación, del personaje. Ya no puedo cantar como antes”, me dirá más adelante. Tras una canción más, y luego de acabar con todas las cervezas disponibles, terminan la prueba de sonido satisfechos. Discuten por un par de minutos y deciden ir a casa de Yigo el baterista, en Chapinero.

UNA TRANSFORMACIÓN

En el camino compran trago y viandas. En casa de Yigo hay una pequeña fiesta. Además de los 5 músicos debe haber unas 6 o 7 personas escuchando música, y conversando. Algunos toman cerveza, Mauricio, Johny, Tomás y yo tomamos whisky. La banda luce tranquila y relajada, se ríen constantemente. Mauricio y Tomás comentan sobre el poeta mexicano Jaime Sabines. El resto habla de anécdotas de conciertos pasados. Son dos espíritus diferentes.

En “Dile Al Rey” está por un lado la onda cantinera, desértica y visceral. El elemento “Dos Passos” que se aleja del rock de los ochentas y noventas que tanto ha pesado entre las bandas nacionales y más bien se acerca a los grandes cantautores del rock (Waits, Dylan, Petty), por el otro lado hay un sonido más rockero a veces con una pesada influencia del grunge. “Es el resultado de escuchar a la banda y darle libertad”, me dice Mauricio, ¡de dejar que el sonido crezca de una manera orgánica. Que cada músico tenga su propia voz,” Eso puede ser cierto, pero él es el motor creativo detrás de la banda y su personaje le añade algo único a la banda.

Más adelante la conversación se mueve a la paternidad, la relación con el padre. Mauricio tuvo su primer hijo a finales del año pasado y marcó un momento especial de su vida. No sólo tener un hijo si no reflexionar acerca de la relación con el padre. Su canción “Casa” es probablemente el resultado de ese proceso que empezó mucho antes del nacimiento de su hijo.

Empezó 6 años antes cuando tocó, fugazmente, con Juanes. Hasta entonces Mauricio había sido un rockero de ciudad, luchando por sobrevivir, por comer, por tener donde dormir. Tenía que pedirle plata a sus papás, dormir en sofás de amigos y en la casa de su hermana. Cuando tocó con Juanes tuvo, por primera vez, cierta comodidad económica. E hizo lo que cualquier rockero habría hecho, se lo gastó todo en trago, en fiesta.

Aunque no duró mucho con Juanes la plata le dio para seguir de fiesta unos cuantos meses más. Un día, tras una festejo particularmente fuerte se levantó sintiéndose mal, enfermo y decidió parar por un par de días. Terminó en el hospital. “El doctor me dijo que si hubiera seguido de fiesta como siempre, no me habría pasado nada, pero como paré, el cuerpo se descompensó”. A los dos días estaba perfecto y dispuesto a salir del hospital, pero no pudo. “Se queda aquí” me dijo mi papá, “Y me dejaron encerrado dos meses. Fue horrible”. En esos dos meses Mauricio pasó por todo. Cayó en una profunda depresión y contempló el suicidio. “De ahí viene el Revólver Plateado, el revólver en la sien”.

Afuera Mauricio empezó a escribir nuevas canciones. Se casó, tuvo un hijo, se reconcilió con su padre. En Bogotá, la mayoría de los músicos que hacen rock, tienen otro trabajo: son también profesores, o hacen música publicitaria, o trabajan como roadies, meseros, chefs. Colmenares decidió, desde hace muchos años que el rock era un trabajo de tiempo completo. Un trabajo no muy rentable, pero para él, de tiempo completo. “Yo llego todas las mañanas al estudio y me pongo a trabajar. Leo, toco, escribo canciones, muevo las redes sociales, hago contactos. Para mí hacer rock es un trabajo de tiempo completo y dedicarle menos que eso me parece un irrespeto”.

En Bogotá, la mayoría de los músicos que hacen rock, tienen otro trabajo: son también profesores, o hacen música publicitaria, o trabajan como roadies, meseros, chefs. Colmenares decidió, desde hace muchos años que el rock era un trabajo de tiempo completo. Un trabajo no muy rentable, pero para él, de tiempo completo. “Yo llego todas las mañanas al estudio y me pongo a trabajar. Leo, toco, escribo canciones, muevo las redes sociales, hago contactos. Para mí hacer rock es un trabajo de tiempo completo y dedicarle menos que eso me parece un irrespeto”.

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En casa del baterista el tiempo pasa rápido. El concierto estaba anunciado para las 9 de la noche, pero empiezan a pensar en salir a las 10. “O venga, mejor quedémonos aquí”, dicen y estallan en carcajadas. A las 10 y 30 ya están en camino. Cuando entramos al bar todas las mesas están llenas y hay un grupo de gente afuera esperando la llegada de la banda. A las once la banda empieza a tocar.

EL REVÓLVER PLATEADO

En el escenario los integrantes de la banda se ven bien diferentes. Mauricio tiene una chaqueta larga y una bufanda. Toca sentado, mantiene los ojos cerrados casi todo el tiempo, es como si contuviera toda su energía para lanzarla por la voz que en vivo suena con mucha fuerza. David, el guitarrista tiene un jean, una camiseta y un par de tenis, podría estar en la universidad. John está vestido como un motociclista, Tato tiene una larga barba y un sombrero de lana que podrían hacerlo ver como un hipster o como un extraño terrorista árabe. Yigo el baterista tiene un saco de lana con un enorme gato en la mitad.

Abren con “El Camino de la Serpiente” y el público entra inmediatamente en trance. Un grupo de personas se sienta en la escalera para ver mejor. La tercera canción “Dile Al Rey” una de las mejores del disco es bastante pop y recuerda más el sonido de Poper. En la quinta canción “Casa”, reciben enormes aplausos del público.

En total tocan diez canciones. Progresivamente empiezan a moverse del pop a un sonido más pesado, más de Riff. La banda es sólida, aunque la batería suena demasiado duro para el lugar, antes Yigo ha comentado que es demasiado grande. Terminan el concierto con Arcángel una canción con un sonido evidentemente inspirado en los 90s, que dice “El cielo está cambiando, ahora es un hotel”.

El concierto termina siendo un éxito. Reciben enormes aplausos, varios fans quieren hablar con Mauricio. Le pregunto a Johny que hacen ahora, el responde “Ahora usualmente cada uno se queda con una falda”. Con esa críptica respuesta creo que es mi hora de partir.

Pero allí no termina la historia. Al día siguiente Mauricio me escribe, me dice que la pasaron muy bien, que la borrachera estuvo fuerte, pero que fue una buena noche. Le digo que el concierto fue muy bueno, que luego yo terminé en una fiesta muy mala. “Yo mejor ni le cuento como terminó la noche”. ¿Qué pasó? Le pregunto. “Que todo termino mal, en trifulca, pelea de bar, como si tuviéramos 15 años”. Luego un archivo con “Algo Sobre la Muerte del Mayor Sabines” de Jaime Sabines.

Mauricio Colmenares ha creado un personaje para existir como rockero en Bogotá. Es un personaje hecho de excelente música y poesía. También está hecho de clichés: peleas de bar, borracheras, el artista que tiene la cabeza en otro lado y por eso deja las llaves de su estudio en casa. Un personaje que no se deshace del todo de su pasado en el pop, pero que es halado irremediablemente por el rock. Quien sabe cuanto durará Revólver Plateado. Lo bueno es que Mauricio siempre va a estar golpeando. Lleva años golpeando. Lo único que sabe hacer es canciones, y nunca va a dejar de golpear.

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Agosto
15 / 2014

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