George Saunders: el miedo que nos une

George Saunders se encarga de presentarnos diez historias que si se conectaran lo harían a través de la fragilidad, el patetismo y la inocuidad de la vida humana frente a la certeza de la mortalidad.
 
George Saunders: el miedo que nos une
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Ángela Cruz

George Saunders, el tejano nacido en 1958 que se dio a conocer con su columna en The Guardian “American Psyche”, es sin duda alguna uno de los nombres más sonados de la narrativa norteamericana contemporánea. Ganador de múltiples premios y finalista en 2013 del National Book Award, es considerado un “escritor de escritores” por figuras de la talla de David Foster Wallace y Jonathan Franzen, y se convierte en una de las sorpresas más agradables de la presente edición de la Feria Internacional del Libro de Bogotá, 2014.

A través de los relatos de Diez de diciembre, la colección de cuentos publicada por Rey Naranjo Editores en la traducción de Ben Clark, George Saunders se encarga de presentarnos diez historias que si se conectaran de algún modo lo harían a través de la fragilidad, el patetismo y la inocuidad de la vida humana frente a la certeza de la mortalidad. Si bien los relatos varían de extensión, y algunos pueden percibirse como inacabados, Saunders logra mostrarnos las diferentes perspectivas de los personajes sobre las mismas acciones y cómo sus puntos de vista se ven alterados por su relación con el entorno y la visión que los otros se han formado de ellos.

Personajes corrientes que buscan justificación para sus vidas, que intentan ver en sus irrelevantes actos una manifestación de autonomía, bondad o coraje, pero no son más que productos de sus circunstancias, de su soledad. De cierto modo, los personajes de todos los relatos están en una búsqueda profunda y honesta de un rayo de luz que ilumine su vida entre las sombras y es su ciego optimismo, su fe en que de algún modo hacen el bien o en que las cosas mejorarán, lo que convierte a estos cuentos en una experiencia hilarante y conmovedora a la vez.

Uno de los aciertos más grandes es la contraposición de las perspectivas sobre las acciones y la plena consciencia de cómo estás son moldeadas por la familia, las condiciones económicas y el pasado de cada uno de los involucrados. Clara muestra de ello se presenta en el primer cuento del libro “Vuelta de honor” y en el último “Diez de diciembre” que han sido los más celebrados por la crítica y los lectores desde la primera publicación del volumen, en 2012.

En cierto modo, resulta difícil no encontrar un momento de los cuentos en los que el lector no se vea dibujado de alguna manera, retratado en la pequeñez pero a la vez el heroísmo de la vida cotidiana y, no creo estar exagerando, también llevado a las lágrimas. Al terminar de leer los relatos, considero que este libro constituye en última instancia una reflexión sobre la bondad, al menos la fe en la bondad, como una necesidad para seguir adelante en medio de lo grotesco de la vida real, de lo injusto, lo opresor y lo repugnante que puede llegar a ser el comportamiento humano.

Quisiera centrarme en dos relatos que podrían ser los más sencillos de todo el volumen, pero que a la vez recogen todas las apreciaciones anteriores. El primero de ellos es “Exhortación”, un memorando de un supervisor a sus subalternos sobre la importancia de mantener una actitud positiva frente al trabajo así las tareas sean asquerosas o extremadamente complejas, como librarse del cadáver de una ballena: “ (…) y lo tengo que confesar, había algo divertido en aquello, era divertido, fue divertido cuando la ballena empezó a elevarse, ayudada por nosotros y también por unas correas muy fuertes que el marine tenía en su furgoneta, y debo decir que colocar esa ballena muerta y putrefacta sobre el remolque junto a este grupo de desconocidos fue el punto álgido de nuestro viaje” (pág. 85); sin embargo, sabemos que el positivismo no emerge de los cánticos esperanzados, de la buena disposición del ánimo, sino del miedo a lo que pueda pasar, que en últimas es el miedo a ser despedido, a estar solo y en últimas, el verdadero miedo universal, el que nos une: el miedo a la muerte.

Por otra parte, “Cachorro”, un relato que enfrenta los puntos de vista de dos mujeres sobre el verdadero sentido del casi incuestionado amor materno, las segundas oportunidades y cómo incluso aquello que parece cruel puede ser un acto de amor. Las dos mujeres buscan simplemente darle un sentido a su matrimonio y su rol como madres a pesar de su pasado, de sus prejuicios, con una buena voluntad que resulta insuficiente para ser feliz del todo, pero también con el poder suficiente para hacerlas perseverar a toda costa: “Quizá eso era el amor: querer a alguien tal y como era y hacer cosas para ayudarle a ser aún mejor. Como ahora mismo que estaba ayudando a Jimmy al hacerle la vida más fácil para que él no —no—. Ella solo estaba caminando, alejándose de…” (pág. 49). La melancolía de “Palos” y la profundidad del dilema planteado en “Diez de diciembre” son sin duda alguna, otros momentos memorables del libro.

Cabe destacar, por otro lado, la traducción al español que Ben Clark introduce con una nota al inicio del volumen para indicarnos que las múltiples variaciones de registro y las incorrecciones gramaticales en los diálogos de los personajes obedecen al uso del lenguaje que el autor hace en la versión original. Las numerosas notas al pie presentes en la edición nos permiten apreciar con claridad estos aspectos técnicos y son una evidencia de lo difícil que debió haber sido la tarea de trasladar la obra a nuestra lengua.

Quedan pocos días para que finalice la Feria y sin vacilación alguna me atrevo a decir que este es uno de los mejores títulos que los visitantes podrán conseguir en la presente edición gracias a la labor de Rey Naranjo Editores.

VENTANA DEL LECTOR

         

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mayo
11 / 2014