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Cuando me enamoré del fútbol colombiano: Gabriel García Márquez

A propósito de la final del fútbol colombiano 2021, recordamos las palabras de Gabriel García Márquez sobre el deporte rey.

Foto: Unsplash/ C.C. BY 0.0/ Colita, 1969

A propósito de la final del fútbol colombiano 2021, recordamos las palabras de Gabriel García Márquez sobre el deporte rey.

Es el capitán, el número diez, la estrella viviente más grande de todos los escritores del mundo, y desde joven vio y sintió el fútbol colombiano. En Barranquilla y en Bogotá, García Márquez descubrió esa pasión colectiva.

A continuación viva las reflexiones del Nobel

Me enamoré del fútbol en el estadio

El Nobel colombiano cuenta en qué partido de fútbol perdió el sentido del ridículo y se convirtió en hincha:

Y entonces resolví asistir al estadio. Como era más sonado que todos los anteriores, tuve que irme temprano. […] Alfonso y Germán no tomaron nunca la iniciativa de convertirme a esa religión dominical del fútbol.

Con todo y que ellos debieron sospechar que alguna vez me iba a convertir en ese energúmeno, limpio de cualquier barniz que fui ayer en las graderías del Municipal.

El primer instante de lucidez en que caí en la cuenta de que estaba convertido en un hincha intempestivo, fue cuando advertí que durante toda mi vida había tenido algo de lo que muchas veces me había ufanado y que ayer me estorbaba de una manera inaceptable: el sentido del ridículo.

Ahora me explico por qué esos caballeros habitualmente tan almidonados, se sienten como un calamar en su tinta cuando se colocan, con todas las de la ley, su gorrita de varios colores.

Hincha del Junior

[…] si los jugadores del Junior no hubieran sido ciertamente jugadores sino escritores, me parece que el maestro Heleno [De Freitas] habría sido un extraordinario autor de novelas policíacas.

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Su sentido del cálculo, sus reposados movimientos de investigador y finalmente sus desenlaces rápidos y sorpresivos le otorgan suficientes méritos para ser el creador de un nuevo detective para la novelística de policía.

Haroldo, por su parte, habría sido una especie de Marcelino Menéndez y Pelayo, con esa facilidad que tiene el brasileño para estar en todas partes a la vez y en todas ellas trabajando, atendiendo simultáneamente a once señores, como si de lo que se tratara no fuera de colocar un gol sino de escribir todos los mamotretos que don Marcelino escribiera. […]

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La ignorancia deportiva del fútbol colombiano

Con esta santa ignorancia de que me vanaglorio -entre muchas otras- en materia de fútbol, no puedo menos que confesar mis sentimientos de respeto por quienes se instalan en una gradería desde las primeras horas y bajo un sol, que ciertamente no debe tener nada de deportivo, a esperar que once caballeros vestidos de niños se empeñen en demostrarles a otros once igualmente vestidos, que con las extremidades inferiores puede hacerse, en determinadas circunstancias, mucho más de lo que habitualmente se hace con la cabeza.

Tanto más profundo es mi respeto hacia los profesionales de ese fanatismo deportivo cuanto más incapaz me siento de llegar alguna vez a descubrir el misterioso secreto de su entusiasmo.

Más aun si no fuera porque tengo noticias autorizadas de que el maestro León de Greiff es uno muy notable de los numerosos «hinchas» que tiene el país -un «hincha» con toda la barba y chambergo, además-.

Y porque casi a diario tengo la satisfacción de leer a Ulises mencionado en su admirable sección los jerarcas del fútbol con todos sus títulos nobiliarios, además de otro que el mismo Ulises se ha encargado de inventar.

Si no fuera, finalmente, porque todos los domingos en la tarde tengo que quedarme deambulando por estas calles del Señor, solo porque mis más admirados amigos. Cuya compostura mental respeto por encima de todo. Ellos se han ido a gritar de sincero entusiasmo en unas graderías.

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Con tanta sinceridad como lo hicieron ante un poema de Rilke o una novela de William Faulkner; si no fuera por todos estos factores, digo, creería que los insípidos, los tontos, son los fanáticos deportivos.

Los que amamos al fútbol colombiano

Sin embargo, después de lo dicho, no me queda un recurso más sensato que el de reconocer que los insípidos y los tontos somos los de este lado.

Los que nos estremecemos ante un programa de fútbol casi tanto como frente al proceso de una ecuación de segundo grado.

Tantos matices tiene ese deporte que en nuestro país ha empezado a convertirse en una suculenta industria, que a un partido asistieron siete mil personas al estadio de la Ciudad Universitaria en Bogotá. Ese día vieron el debut del árbitro inglés Mr. Brenent Sydney, que -según entiendo- para los fanáticos capitalinos significa casi tanto como si Virginia Woolf en persona fuera a desempeñarse de centro medio. […]

Algún fanático me decía en una ocasión, gráficamente:

«Si Dante en lugar de sentarse a escribir versos hubiera entrado a formar parte del personal los Millonarios, habría jugado como Pedernera«.

El artículo Cuando me enamoré del fútbol colombiano: Gabriel García Márquez fue publicado originalmente en Revista Diners de marzo de 2006

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Diciembre
22 / 2021

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