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Paso a paso en Rock al Parque con Hora Local

La legendaria banda bogotana Hora Local hizo una aparición especial en el festival Rock al Parque 2013. Un repaso por la historia de uno de los grupos más emblemáticos de nuestro rock.

Foto: Adelaida Callejas

La legendaria banda bogotana Hora Local hizo una aparición especial en el festival Rock al Parque 2013. Un repaso por la historia de uno de los grupos más emblemáticos de nuestro rock.

12:30 PM HORA LOCAL

Esta historia empieza a las 12:30 pm del último día de la décimo novena edición de Rock al Parque, cuando 6 de los 7 miembros de “Hora Local” se reúnen en el estudio “Laguna Records” para prepararse para el concierto más grande de la historia de la banda. También puede empezar nueve meses antes, cuando 6 miembros originales le hicieron caso a Nicolás Uribe, y decidieron reunir la banda por segunda vez desde su disolución. Puede empezar seis años antes cuando Adelaida Callejas, la esposa de Eduardo Arias, decidió hacer como Yoko Ono, pero al revés, y juntar la banda con la que su marido y su combo hicieron estragos en los ochentas. O, tal vez, en medio del mundial de fútbol del 86 cuando tres amigos utilizaron sus dones proféticos y escribieron, por primera vez, canciones que hoy describen nuestra realidad tan bien como hace 30 años.

Puede empezar en cualquiera de esos puntos porque Hora Local es una banda con muchos principios (o mejor, muchos inicios) y con casi la misma cantidad de finales. Una banda que, a pesar de haber tenido una pausa de más de 20 años, nunca ha dejado de existir.

En Laguna Records, a las 12:30 pm, están Gonzalo Sagarmínaga, baterista original de la banda, Eduardo Arias, el primer bajista que luego se autodenominó locutor sin licencia, Fernando Muñoz, el bajista que reemplazó a Eduardo, y Nicolás Uribe, que en los ochentas tocaba en una banda llamada «ADN», pero que siempre fue del mismo grupo de amigos, entró a Hora Local para reemplazar a Muñoz en el bajo, y ahora es uno de los guitarristas. Yo llego con Ricardo Jaramillo, el guitarrista original que con Pedro Roda y Luis Alberto Uriza fundaron la banda en 1986.

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Menciono todos estos nombres porque Hora Local es una reunión de personajes increíbles. Tal vez sea la edad, los años de rumba, o su particular generación, pero esta no es una banda en la que hay un cantante líder carismático y luego una serie de personajes grises que se desvanecen en el fondo. En Hora Local cada uno es el protagonista de una historia personal, la banda es un monstruo informe de 7 cabezas, cada una con una voluntad clara y definida moviéndose increíblemente en una sola dirección.

Desde que me enteré que la banda se había reunido hace nueve meses le he pedido a Ricardo que me deje acompañarlos en un día de concierto. Hora Local es una banda de culto; nunca fueron exitosos pero capturaron de una forma única la esencia del rock bogotano creando un legado bastante inesperado. Ricardo me ofreció acompañarlos en su presentación en Rock Al Parque. Esta es la historia de Hora Local tocando en “el festival de rock más grande de Latinoamérica”.

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Cuando llegamos al estudio solo falta “Piñas”, el nuevo cantante que reemplazó, en esta encarnación de la banda, a Uriza que vive en Londres. Faltan un poco menos de 5 horas para el concierto y hay tensión en el ambiente. Gonzalo, el baterista, que tiene la pinta y actitud más tradicional de un rockero trata de ahorrar energía, habla suavemente, sonríe con nervios. Nicolás revisa la página de facebook de la banda y les muestra a los otros integrantes las fotos que subió antes de este concierto. Fernando, tal vez el músico con la personalidad más explosiva de la banda, brinca de inmediato apenas ve su foto y exige bajarla porque no le gusta como se ve. Los otros se burlan de su vanidad, me hacen tomar nota de su actitud de diva. Fernando sigue exigiendo que bajen la foto. Nicolás no le para bolas, muestra otras fotos y habla de los comentarios que han recibido en la página. Eduardo Arias pregunta la dirección, pregunta si todo el mundo puede meterse y cuenta que le tocó cerrar su facebook porque un día la página solo salía blanca en su iPad. Todo esto sucede simultáneamente y todos parecen escuchar las conversaciones de los otros. Suena el timbre, llega “Piñas”.

UN ALMUERZO LIGERO

Juan Pablo García alias “Piñas” es el menor de la banda y el miembro más reciente. Nicolás Uribe lo trajo cuando hace nueve meses decidieron regresar con todas las ganas al mundo del rock y vieron la necesidad de tener un cantante oficial. Tiene 41 años, 7 años menos que el promedio de edad de la banda, y con su “juventud” ayuda a bajar ese promedio. En ese sentido es un outsider, pertenece a otra generación, creció oyendo otra música, pero en la banda es reconocido como igual. No hay distinciones, hoy Hora Local son siete.

Eso contando a Pedro Roda, el teclista original de la banda, que no va a llegar al almuerzo porque anda embolatado (problemas familiares me dirá más tarde) y llegará al estudio cuando estemos a punto de salir para el Parque Simón Bolívar. Sin él y con Adelaida, la anti-Yoko Ono, nos vamos a almorzar.

Todos quieren comer ligero para prevenir problemas en el concierto, pero tienen ideas bastante distintas acerca de la comida ligera. Ricardo y Nicolás, los guitarristas, piden salmón, Gonzalo coditos de cerdo, Fernando, a quien minutos antes han catalogado como la diva del grupo, pide un Petit Filet, Eduardo y Adelaida a la John y Yoko piden dos platos gemelos de hamburguesas mediterráneas. Piñas, riéndose, dice “Yo también quiero algo así ligerito, una hamburguesa con queso azul”.

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Mientras almorzamos la conversación regresa a las fiestas de los ochentas y noventas, algo que ocurrirá en repetidas ocasiones a lo largo del día. Todas las bandas tienden a recordar sus mejores conciertos y las más memorables fiestas, y para Hora Local, esos recuerdos son un salto de más de dos décadas hacia atrás. Por los detalles que escucho es un milagro que puedan recordar esas fiestas con tanta claridad.

Tras el almuerzo regresamos al estudio en donde Pedro Roda llega media hora antes de iniciar el viaje hacia Rock Al Parque. Mientras esperan, cada vez más nerviosos, hablan de fútbol que es uno de sus temas recurrentes. No el fútbol actual, de selecciones o ligas (que seguramente les interesa) sino el fútbol aficionado de finales de los ochentas: el equipo de los Andes que ganó una copa de la B y del que ellos hacían parte “El primer triunfo de Hora Local”, dice Ricardo Jaramillo “Fue en el fútbol”. Claro, jugar fútbol ahora, cuando los cincuenta están cerca no es fácil, pero más adelante demostrarán que se puede rockear mucho mejor que cuando se tenían 20.

HACIA EL FESTIVAL

A pocos minutos de la llegada de la van que los llevará al festival, la banda envía a su roadie por bebidas: agua, aguardiente y vodka. Se sienten nerviosos y varios de ellos lo dicen con claridad. Entonces le reclaman a Ricardo Jaramillo, que es de lejos el músico que más conciertos tiene en su haber, por sus nervios. Como director de orquesta ha tocado previamente en el homenaje sinfónico de Kraken en una edición anterior de Rock al Parque, y ha tocado también con Choc Quib Town, Cabas y otros artistas del pop nacional. Todos le recuerdan su experiencia, no entienden como puede estar nervioso y Ricardo medio en broma, medio en serio dice “¡bueno es que esas veces tocaba con unos músicos!” Algo de auto-desprecio irónico que más adelante reforzará al escuchar a “Met” la banda que los precede en el cartel de festival. “Ellos tocan muy bien pero su propuesta no es muy original, nosotros somos todo lo contrario”.

Llega la van, que es un bus escolar, y llega el roadie con las bebidas. Tras subir todos sus instrumentos al bus (todos llevan un instrumento de repuesto por si acaso), se acomodan cada uno en una silla doble, con distancia. “Piñas” va en la primera fila, el resto se reparten a lo largo del bus. Comentan sobre la baja asistencia del festival (que será el tema de conversación de todos los medios musicales) y se preguntan cuántas personas habrá en su presentación. Además, empieza a llover y todos miran con preocupación la llovizna que probablemente diezmará la audiencia todavía más. Gonzalo dice medio en broma “No importa porque cuando Hora Local empiece a tocar saldrá el arco iris” luego me mira con una sonrisa y me dice “Eso lo has tenido que anotar, ¿no?”

Tras un breve recorrido sin eventos llegamos a la entrada de artistas del festival. Un policía se monta al bus y educadamente pronuncia, probablemente por décima vez en el día, un discurso ensayado: “Buenas Tardes, por disposición de la administración distrital les pedimos el favor de bajarse para requisar a los integrantes y para revisar el bus”. Preocupados por las bolsas en las que está el vodka y el aguardiente todos se bajan del bus. Dentro del bus el policía pasa rápido como no queriendo incomodar y cuando ve las botellas de trago dice que eso no se puede pasar. Los de la banda se devuelven, le responden algo así como “es parte de los equipos de la banda” y el policía, que entiende claramente que una botella de vodka y una de aguardiente para una banda de siete integrantes es un ejemplo de mesura, los deja seguir sin problemas.

CAMERINO

La organización del festival los dirige rápidamente a su camerino. Es un espacio pequeño pero cómodo, con un rack para colgar ropa, un espejo de cuerpo completo rodeado de luces, unas cuantas sillas y un sofá. Sobre la mesa está la programación de los 3 días del festival y una revista con pequeñas biografías de todas las bandas. Los miembros de Hora Local miran la revisa y les alegra verse sonrientes en actitud de poca pose.

En el camerino hace frío. A medida que se acerca el concierto hay más tranquilidad. También hay ganas de empezar a tomarse unos tragos para calentar el ambiente, pero luciendo una templanza casi monástica deciden sólo empezar a tomar una hora antes del concierto. Las botellas permanecen cerradas, Gonzalo y “Piñas” salen a fumar un cigarrillo. Los que no vienen con el atuendo definitivo para cambiarse se empiezan a arreglar.

Es el momento ideal para hacer un inventario de apariencias, porque de nuevo, aquí cada uno tiene una idea diferente de cómo se debe ver un rockero de Hora Local. Fernando, el bajista, tiene un abrigo rojo y un sombrero de tres esquinas que podría servirle para tocar con la Lonely Hearts Club Band, Gonzalo una chaqueta militar verde y un par de Jeans, Nicolás una chaqueta del diseñador Carlos Valenzuela, “Piñas” unos pantalones oscuros y una especie de guantes largos que llegan hasta más arriba de sus codos, Pedro Roda, el teclista, utiliza un Jean, una camisa blanca que va dentro del pantalón y un par de tennis blancos (a los que según dice “les echó Griffin para lucir mejor en el concierto”). Los únicos que lucen parecidos son Eduardo Arias y Ricardo Jaramillo. Ambos con vestidos de paño negro, camisa blanca y corbata negra. Aunque probablemente sus atuendos responden a motivos diferentes: Ricardo lo usa para verse bien en el escenario. Para Eduardo es parte de un performance casi teatral y cuando se pone un sombrero negro cubriendo su cabeza parece más un patriarca menonita que un rockero.

Faltando una hora el vodka y el aguardiente se destapan y se reparten en botellas de agua vacías. Eduardo Arias toma tres aceitunas de la tabla de pasabocas del camerino y las añade dentro de su botella de agua, que ahora tiene vodka, para crear un extraño Martini rocanrolero. La banda brinda. Sacan sus instrumentos para afinarlos, y mientras tanto discuten con total profesionalidad detalles de las canciones. Lo hacen con calma, despacio: “hay que hacer más fuerte la entrada de… de… de Matanza… no, es que el Alzheimer es cosa HP”. Faltando media hora los llaman para el camerino de tránsito.

Un camerino que está ubicado justo detrás de la tarima en la que deben tocar. Cuando llegan allí, “Met”, la banda que los precede, está terminando su set. Entran al camerino pero a los pocos segundos salen y miran desde atrás el final del concierto. Algunos aprovechan para ir al baño. Gonzalo observa que el sol ha salido y la lluvia se fue. No hay arco iris, pero tenía razón, el clima le sonríe a Hora Local. Eso si, la asistencia no es muy grande, no debe haber más de doscientas o trescientas personas entre el público. Igual van a tocar con toda, han esperado más de 20 años para llegar a un festival de estos.

Los chicos de Met terminan su presentación y se bajan cargados de adrenalina. Saludan a Hora Local, los reconocen como ícono del rock nacional y se toman fotos con ellos. El contraste es notable, los de Met son una banda joven, con pelos de mil colores, un vestuario planeado estratégicamente e influenciado por las bandas de moda y las tendencias de las tribus urbanas, los de hora local en cambio están vestidos como les da, a cada uno, la real gana.

HORA LOCAL EN VIVO EN ROCK AL PARQUE

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Simona Sánchez anuncia a “Una banda que ha hecho historia en el rock nacional” y ellos saltan a sus lugares. En el centro están Eduardo Arias, con una silla y un pequeño escritorio sobre el que reposa un micrófono que parece de los años cuarenta, y “Piñas” que de inmediato asume la postura de un cantante líder. Están flanqueados por Ricardo y Nicolás, los dos guitarristas y tras ellos, en tres sobre-tarimas están Roda, en los teclados, Gonzalo en la batería y Fernando, que dejó su sombrero de Lonely Heart en el camerino, en el bajo. Al lado derecho del escenario se puede ver una pantalla de televisión con un conteo regresivo de 45 minutos que empieza a moverse cuando suenan las primeras notas de “La Chica de Chernobyl”.

Puede no haber mucho público pero la banda toca como si fuera el concierto de su vida, relajados, con actitud. Los riffs de guitarra que le dan un color punk a la banda se colorean con ambientes creados por los teclados. La música es precisa y única. La batería y el bajo hacen una unidad de groove que se mueve con la solidez de un camión. La voz de “Piñas” aunque ligeramente diferente a la de Uriza, armoniza perfectamente con la banda. Suena como si llevaran 20 años tocando, no como si hubieran dejado de tocar durante 20 años.

El público corea las canciones. Hay fanáticos de todas las edades, no sólo los amigos de la banda que llegan a los cincuentas, si no montones de jóvenes de 20 o 30 años que no pueden ocultar sus sonrisas cuando oyen clásicos como “El Rock No te Necesita”, “Matanza en el Bar” o “Paso de Todo”. Poco a poco la zona de prensa empieza a llenarse y cuando van por “Patio Bonito”, la quinta canción del concierto, allí no cabe nadie. Puede no haber mucho público pero la cantidad de periodistas musicales que cantan las canciones y esconden lágrimas ratifica que esta es una banda de culto, única, de esas que pasan una vez en cada generación.

Tocan con sobriedad, sin moverse demasiado, sin hacer un enorme espectáculo y dejando que la música hable por sí misma. Sólo los dos frontmen de la banda hacen un performance claro y además, contrastante. “Piñas” se mueve de lado a lado, intercambia miradas con los otros músicos, se acerca a los guitarristas, mira e interactúa con el público. Eduardo, en cambio, es una estatua.

Se para firme y sin moverse ni un milímetro con su mirada fija en los cerros. Su falta de movimiento es llamativa, exige concentrarse en sus palabras, en los mensajes de cada canción. El público presta atención y rompe en ovaciones cuando Eduardo hace una modificación a la letra de “Orden Público” e incluye una poco halagadora mención del ex-presidente Alvaro Uribe. “Yo ahí empecé a mirar a los policías a ver si nos iban a bajar” dirá Roda más tarde. Pero no, los policías, en su mayoría auxiliares bachilleres, también están felices descubriendo una banda que es uno de los secretos mejor guardados de la historia del rock en español.

Cuando quedan 10 minutos en el conteo regresivo, Hora Local empieza a tocar su última canción “Héroes”, al final de la canción “Piñas” sale del escenario. Por un par de minutos sólo los miembros originales de la banda tocan. “Piñas” los deja solos a manera de homenaje: ellos crearon esta banda hace más de 20 años, y ahora están aquí, en el festival más grande del país, pero los otros ni se dan por enterados. Ellos están tocando, como en los bares “Barbarie” o “Metro” o “La Casona” en los ochentas. Gozando, porque el gozo es la razón principal para que esta banda exista y eso se nota. Al final “Piñas” regresa y la canción termina. El público, que se duplicó durante la presentación, pide emocionado un Bis. La banda lo quiere tocar, pero en el conteo regresivo sólo quedan dos minutos y la organización les pide que se bajen. Se juntan en un abrazo al frente de la tarima y reciben las ovaciones de periodistas especializados de la música, fanáticos que vinieron a verlos y gente que los encontró por casualidad en el festival y ahora no podrá sacarlos de sus cabezas.

DE REGRESO

Tras una hora de entrevistas la banda está de nuevo en el bus escolar que los lleva de regreso al estudio. Van felices, dicen que nunca habían tocado con un sonido tan grande, que se siente algo especial. Fernando empieza a hablar de los errores que otros cometieron, no él. Eduardo Arias empieza a recordar los peores conciertos de la banda y, por supuesto, regresa a los ochentas. “No más con las historias antiguas por favor” dice Fernando, Y Eduardo, riéndose contesta “Los pueblos que no conocen su historia están condenados a repetirla”, “Claro están condenados a repetir y escuchar las misma historia mil veces” responde Fernando. La discusión de errores da paso a la discusión de qué tomar cuando lleguen al estudio. La mayoría quiere aguardiente pero Eduardo, con una sonrisa socarrona, dice que “el doctor no lo deja tomar aguardiente por el azúcar”. El ambiente es relajado y hay una cierta complicidad entre todos los miembros del grupo, están satisfechos, felices, sienten que lo hicieron bien.

En el estudio la fiesta empieza de inmediato, se prenden cigarrillos, puros y porros, según preferencias personales. Al cabo de un par de minutos llega una botella de vodka y dos de aguardiente y en seguida llegan los fans de la banda: familiares y amigos cercanos que vieron el concierto en vivo en el parque y están de acuerdo en que estuvo increíble. El licor se consume rápidamente y abundan los brindis por el éxito de la banda. Rápidamente también se regresa al mundo de la nostalgia, a los recuerdos, y el nombre de Luis Alberto Uriza empieza a ser mencionado recurrentemente. Él vive en Londres pero se mantiene en contacto con Hora Local y, de hecho, ha escrito nuevas canciones para el que sería, tras más de 25 años, el segundo disco de la banda.

Puede pensarse en Hora Local como dos bandas que están conectadas a través de un continuo de tiempo y espacio: La banda original en la que cantaba Uriza y de donde surgen todos esos recuerdos que alimentan a la banda en cada ensayo y en cada concierto, y luego, la banda actual, la que acaba de tocar en Rock Al Parque, en la que canta “Piñas” y la que se mantiene vigente y hace crecer su legado. Son dos bandas que coexisten y que se alimentan una a la otra. Por eso tras brindar por Uriza es inevitable que el siguiente brindis sea por Piñas. Y también por eso, tras un par de horas de beber y comentar el concierto, la banda se junta para tocarles a los amigos, en la intimidad del estudio, “Cuatro Tipos Tomando Ron”, la nueva canción de la banda. Una canción que Uriza escribió con Ricardo Jaramillo en su última visita a Colombia el año pasado, que le cantó en el celular a su amigo desde el corredor del hospital mientras su mamá estaba en una habitación gravemente enferma. Una canción que suena igual de sólida en la voz de Piñas y que para mí es el cierre perfecto a un día mágico:

Cuatro tipos tomando ron/ Vamos a hacer una canción mejor/ Una canción feliz/ No es canción de amor/ Es como un día de sol/ Como meter un gol/ Como nadar en río.

La fiesta durará hasta la madrugada y Hora Local para siempre.

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Julio
12 / 2013


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