Cultura

Charles King, la rebelión del rey de la champeta

El artículo Charles King, la rebelión del rey de la champeta fue publicado originalmente en enero de 2013

Charles King aprendió a cantar en la oscuridad. En San Basilio de Palenque, un pueblo de noches sin luz, no tuvo más remedio que soltar la voz y cantar. Primero surgió El velorio de Ever, una especie de lumbalú del que no guarda recuerdos y, luego, cientos de historias improvisadas destinadas a existir una sola noche. “Hubiera querido escribirlas, pero no sabía cómo hacerlo”, expresa con un hilo de voz dulce y acompasado.

Charles nació en Concepción PalacioVenezuela, el 3 de diciembre de 1966 y arribó a San Basilio de Palenque el 21 de enero de 1967 cuando su madre lo entregó a Celestina Hernández, su abuela paterna, para que lo criara. “Mis padres me abandonaron, pero mi abuela me enseñó a no tener resentimientos. Ella fue maravillosa, lo único negativo es que no sabía que el estudio era gratis”.

Una infancia de antología

A los 14 años, cuando su abuela se trasladó a Chambacú –un asentamiento en los extramuros del centro histórico de Cartagena–, fue cuando pudo experimentar, por fin, la emoción de sentarse en un pupitre. Antes, solo había logrado aprender un poco de historia o matemáticas fisgoneando por las ventanas de las escuelas.

Esos días se resumieron en tres rutinas: acompañar a Celestina a vender fruta en el barrio de Manga por las mañanas, ser cotero del Mercado Mayorista de Cartagena en la tarde, y estudiar en el colegio Simón Bolívar por las noches. Luego llegó el boxeo.

Inspirado por la historia de Pambelé, su coterráneo, comenzó a entrenar en un gimnasio al pie del cerro de la Popa donde peleaba todos los viernes con muchachos que compartían su sueño de fama y fortuna. “En una Copa Navidad, que era el único torneo que había, me gané una medalla de oro. Pero a la hora de la premiación se acabaron las medallas y me tocó conformarme con una de bronce. Eso fue todo lo que me dio el boxeo”, dice con una carcajada sonora.

El baile en la vida de Charles King

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Sin embargo, a los 16 años encontró una nueva motivación: el baile. Fue una bailarina de Son Palenque la que lo metió en el cuento. Charles, que había crecido con la música de los picós –discotecas ambulantes con potentes parlantes–, descubrió la sabrosura y la potencia de los ritmos africanos.

“Nos dimos cuenta de que además de la salsa, el merengue y el vallenato se podían hacer otras cosas. Pero fue precisamente en los picós donde nació de manera despectiva el término ‘champeta’, que es un cuchillo que se usa para arreglar el pescado”. Y la champeta necesitó de un baile que entusiasmara al público. Así emergió la terapia criolla, un compendio de movimientos sensuales que para 1985 ya había pegado en toda la costa.

Ese año Charles King supo que lo suyo era el canto y se embarcó como corista en otro proyecto musical: Anne Swing. “Después pasé por otros grupos, pero fue allí donde comencé a componer, así que tenía un montón de canciones acumuladas cuando me lancé como solista en 1997. Los productores de los picós me pagaban $150.000 por canción grabada”.

Charles King, el cronista de la champeta

En una casa verde y amarilla de San José de los Campanos (mejor conocido como San José de los Pantanos por sus continuas inundaciones) vive Charles King con su esposa y sus cinco hijos. “Soy profeta en mi tierra. A veces me siento como una reina de belleza –confiesa con una risa fugaz–, la gente me cuenta sus historias para que se conviertan en temas, pero también reclaman que no se puede decir nada delante de mí porque todo lo vuelvo canción”.

Sin embargo, han sido las caminatas que realiza a diario hasta el barrio Nariño y de allí a El Líbano,La Candelaria y La Esperanza, las que lo han inspirado para componer más de 200 temas, 30 de los cuales se han convertido en grandes éxitos. “Voy con mi otro yo, hablo por el camino y me pregunto por qué aquí no hay paz. A veces salgo con cuaderno o grabadora para registrar las estrofas que me van saliendo. Mi fuerte es lo social, la crónica”.

La realidad de Cartagena

Su música no solo muestra una Cartagena pícara y sensual. También refleja una ciudad olvidada, repleta de artimañas políticas y desigualdades sociales. “Esta ciudad todavía vive bajo el estigma de la colonización, por eso no les gusta la champeta, porque dice la verdad”.

En efecto, «El palenquero fino», como lo conocen en su tierra, en el año 2000 se atrevió a narrar el detrás de cámaras de la visita de Bill Clinton a la ciudad: “Agobiados por la pena han maquillado a Cartagena.

Cerraron el mercado para que el mundo no viera la cara amarga de Cartagena”; también describió la pobreza de sus hermanos: “No tuvo más remedio que volverse limosnera, perdió su pierna y su brazo. Ay qué trágico fracaso”.

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Habló de cocaína: “Bicarbonato, bicarbonato y haciendo muecas. Con la boca doblada y haciendo muecas”. Y del racismo: “El mundo no fuera bello sin sus múltiples colores, qué tal que solo fuera blanco, sería un mundo sin sabor”.

La discriminación de siempre

«El Rey» también denuncia esa Cartagena invisible: “La policía es muy despectiva con los afrocolombianos, nos dicen ‘negritos’, nos piden papeles sin ninguna razón. Con esos gestos se ve la discriminación que todavía existe aquí.

El turista no la percibe porque se mantiene encerrado en las murallas y no se da el chance de conocer otra dimensión de esta ciudad, pero sueño con una Cartagena con más educación, una Cartagena equitativa”, afirma con cierta tristeza.

Por ahora, ha sido solo en sus letras en las que ha encontrado la libertad para expresar esa verdad que dice necesitar su pueblo. Con cientos de sencillos repartidos en numerosas compilaciones y con la convicción de que cada vez hay más gente interesada en sus canciones, el «Rey de la Champeta» está listo para lanzar su primer LP. Se trata de Champeta Fever, un álbum con trece temas producido por Richard Blair Alejandro Zuleta.

Para Charles King es un nuevo comienzo, otra manera de seguir narrando con su música y su sabrosura la vida de una Cartagena menos maquillada y más real. “Podría describir mi música como revolucionaria. Eso es hablar de amor”.

Un recuerdo de Charles King para Bill Clinton

“Agobiados por la pena han maquillado a Cartagena. Cerraron el mercado para que el mundo no viera la cara amarga de Cartagena”, escribió Charles King cuando Bill Clinton fue a Cartagena en el año 2000.

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Giovanny Gómez

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