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Boris Sávinkov: eternamente insatisfecho

El caballo negro “noveliza” las experiencias durante las guerras revolucionarias que el autor emprendió ontra el régimen comunista ruso en la primera mitad del siglo XX.

El caballo negro “noveliza” las experiencias durante las guerras revolucionarias que el autor emprendió ontra el régimen comunista ruso en la primera mitad del siglo XX.

Prefiero no leer prólogos antes de leer el texto prologado. Sobre todo si está bueno, lleno de brillantes interpretaciones y asombrosas ideas que podrían haber sido mías… si el mezquino prologista no me las hubiera quitado desde antes de tener mi oportunidad, pienso cada vez que lo hago. Leerlo después es otro cantar. No hay forma de molestarse por la inteligencia ajena si uno ya tuvo su chance y perdió.

De modo que cuando llegó a mis manos el libro El caballo negro, de Borís Sávinkov, me dispuse a saltarme las enojosas páginas introductorias. Hacía apenas unos días que había terminado el magistral libro de cuentos El temblar de una hoja, de W. Somerset Maugham, y, de tanta felicidad sentida, temía ya la depresión y no estaba de humor para reflexiones de los traductores. Suele pasar que después de un muy buen libro, la inapetencia es una consecuencia natural: ya nada sabe igual.
Pero estaba llegando al final de la introducción cuando de reojo me pareció reconocer el nombre de Maugham (!), mi escritor preferido de ese momento… y tuve que leerlo.

Todo el prólogo estaba construido sobre una maravillosa reflexión suya a propósito de Sávinkov, fruto de una de esas preguntas intrascendentes que suelen darse en situaciones vacacionales del tipo “¿Quién es la persona más extraordinaria que ha conocido?”. Y veo que la novela El caballo negro es una herramienta muy efectiva para justificar por qué Maugham, uno de los autores que mejor describe las pasiones humanas, contestó en esa ocasión “Sávinkov es el hombre más extraordinario que jamás he conocido”. Lo dijo pese a descubrir personificadas todas las posibilidades literarias humanas en una sola persona.

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Y es que Borís Sávinkov (1879-1925) fue poeta, novelista, espía, militar, amante. El caballo “noveliza” sus experiencias durante las guerras revolucionarias que emprendió en contra del régimen comunista ruso en la primera mitad del siglo XX. Además, el que iniciara su vida militar del lado de los bolcheviques no impidió que luego los combatiera; desilusionado, siempre desilusionado; primero del lado de los zaristas, los blancos, y luego desde los verdes (es decir, contra todos los demás).
Su constante desasosiego recuerda ciertos poemas de Fernando Pessoa con sus múltiples personalidades, tal como lo intuyó Maugham. La prosa de Borís Sávinkov es la mejor recomendación que se puede hacer de su obra: Rusia es Olga, Olga es Rusia. Sin Olga, mi enamoramiento de Rusia pierde toda su profundidad. Sin Rusia, mi enamoramiento por Olga pierde su sentido universal. Vivir en Rusia sin Olga es lo mismo que arrastrarse en el exilio con Olga, arrastrarse con “las alas rotas” temblando y “hundido en el polvo”.

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Marzo
25 / 2014


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