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La insoportable levedad del ser, una lectura obligatoria para la vida

El escritor checo Milan Kundera publicó en 1984 su obra cumbre “La insoportable levedad del ser”, una narración magistral sobre la paradoja de la razón versus el sentir humano.

Foto: Sincerely Media on Unsplash

El escritor checo Milan Kundera publicó en 1984 su obra cumbre “La insoportable levedad del ser”, una narración magistral sobre la paradoja de la razón versus el sentir humano.

Recuerdo la tarde en que leí La insoportable levedad del ser por primera vez. El nombre estaba en la portada del libro puesto sobre una mesa, rodeado de lápices y tazas de café, listo para encontrar un próximo destino.

Su tono agridulce logró llamar mi atención, así se presentó. Todo libro suele tener la decencia de presentarse ante el lector. Tuve la fortuna de escuchar a Tomás, Teresa, Sabina y Franz en sus diálogos fortuitos sobre el amor, la razón, la sexualidad, el poder, la impotencia y la vida; una vida insoportablemente leve en toda su esencia.

El secreto de la insoportable levedad del ser

La trama comienza en una pequeña ciudad de la antigua Checoslovaquia a mediados de los años 60 con el encuentro de Tomás y Teresa, los dos personajes principales. Tomás es un médico exitoso que estuvo casado durante un tiempo.

Teresa, por su parte, es una mujer abnegada ante su vida y sus sentimientos, con el cuerpo fuerte y el corazón destruido. Está obsesionada con la música de Beethoven (siente que hace memorables las cosas más simples) y la lectura de Tolstoi, en especial de la obra Anna Karenina.

A Tomás únicamente le interesa el contacto físico con las mujeres y no le interesan las ataduras del amor. Además de no dormir nunca con sus amantes, su lema es el proverbio alemán: “«Einmal ist keinmal» […] Lo que solo ocurre una vez es como si no ocurriera nunca. Si el hombre sólo puede vivir una vida es como si no viviera en absoluto».

Una necesidad humana en todo su esplendor

Teresa trabaja como mesera en el restaurante de un hotel de la ciudad en el que Tomás se hospeda, y allí se conocen en el último día de su estadía. Tomás encuentra en ella una belleza distinta, una mujer especial.

Conversan durante una hora y ella lo acompaña a la estación del tren. Vuelven a verse diez días después cuando ella llega a visitarle a Praga, y duermen juntos por primera vez. ¿Qué habrían encontrado el uno del otro para haber sentido la necesidad de volverse a ver, luego de conversar durante un rato tan corto?

Las cosas se complican con la llegada de Sabina, la amante de Tomás previa a su relación con Teresa. Ella es una mujer hermosa, una artista con fuertes convicciones políticas, que no tenía problema en tener relaciones efímeras con hombres casados o solteros.

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Para Sabina sólo importa la pasión que, para ella, está por encima de todo. Sabina y Tomás compartieron un largo tiempo entre sábanas y largas charlas que nunca llegaron a compromisos. Y luego Tomás conoció a Teresa. Y fue ella quien convirtió a su amante en un hombre monógamo.

¿Un amor sin ataduras es el amor verdadero?

A pesar de sentir un profundo amor por Teresa, Tomás añora la sensualidad de Sabina y ambas mujeres se preguntan constantemente qué significa cada una para la vida de Tomás. Por un lado, Sabina se muestra libre y sin ataduras, pero con la curiosidad por conocer la única mujer que transformó tan radicalmente a Tomás. Por el otro, Teresa ve en Sabina la muestra del placer que ella es incapaz de darle al hombre que ama.

La curiosidad lleva a Teresa a buscar a Sabina en en su estudio de fotografía para entender por qué Tomás escapa de su casa para buscarla. Durante la visita ambas aceptan el papel que cada una tiene en la vida de Tomás, y terminan conversando como amigas. Tan cercanas, que terminan desnudándose frente a una cámara, observando los detalles de cada una y dando valor a los atributos de la otra, celosas y orgullosas.

Una mente frágil y desgraciada

Los celos de Teresa, sin embargo, van más allá de Sabina. Su salud mental es frágil y tiene pesadillas constantemente. Ante su desesperación, Tomás decide entregarse completamente y casarse con ella.

Es allí donde el significado de la palabra compasión toma un rumbo distinto ante los ojos del autor, que la define como “Saber vivir con otro su desgracia, pero también sentir con él cualquier otro sentimiento: alegría, angustia, felicidad, dolor. Esta significa también la máxima capacidad de imaginación sensible, el arte de la telepatía sensible; es en la jerarquía de los sentimientos el sentimiento más elevado.

Sabina se aleja de ambos al conocer la noticia de la boda y conoce a Franz, un profesor suyo que encuentra en su belleza, ganas y juventud, una forma de olvidar la cotidianidad de su vida: obligaciones, esposa e hija. Pero Sabina extraña a la amistad y camaradería de Tomás y no logra sentirse realizada.

La obligación marital

Pasan los años y Tomás deja su vida de médico en Praga para irse a vivir en un pueblo lejano junto a Teresa y trabajar arreglando tuberías. Y a pesar de su amor, persiste una incomodidad que no los deja ser completamente felices: están juntos porque creen que así debía suceder: Tomás dejó a un lado su esencia en función de una relación amorosa estable.

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“La insoportable levedad del ser” se trata, ante todo, de una serie de situaciones que llevan a efectos y causas sin premeditar. Kundera asegura que el ser humano suele vivir de impulsos, pocas veces es premeditado. Toda nuestra esencia vive en el alma y se manifiesta en el cuerpo.

Se basa en la idea de Nietzsche del eterno retorno: todos los instantes de nuestra vida se repetirán infinitas veces, universos eternos en los que llevar la misma vida en distintos tiempos es un verdadero peso.

¿Cuál es su carga sentimental y física?

Si pensáramos en cada suceso y lo que significa el peso de sus consecuencias, que dependen del acto, ¿ésas serían cargas que buscamos crear para nosotros mismos? O ¿sería más interesante verlo no como una carga, sino como un peso que llevamos encima traducido a un reto, una razón de ser?

Y vale la pena resaltar la misma pregunta que nos hace el autor: “Entonces, ¿qué hemos de elegir? ¿El peso o la levedad?”

Sería un sin sabor de la vida misma. Lo fácil. En mi caso, preferiría no ser insoportablemente leve.

*Imagen: Fotograma de la cinta «La insoportable levedad del ser» (1988) de Philip Kaufman, protagonizada por Daniel Day-Lewis, Lena Olin y Juliette Binoche. 

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Marzo
01 / 2021
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