SUSCRIBIRME

"La meditación Vipassana es una situación que no volvería a repetir"

La experiencia de los retiros de meditación Vipassana no siempre es positiva, como pudo verificar en carne propia el autor de esta crónica.

Foto: Unslash/ C.C. BY 0.0

La experiencia de los retiros de meditación Vipassana no siempre es positiva, como pudo verificar en carne propia el autor de esta crónica.

Estaba en la meditación Vipassana sentado en el piso de un pequeño cuarto mientras una mujer parada frente a mí me interrogaba intensamente.

Era el décimo día de un curso de meditación Vipassana y estaba a punto de confirmar que mi nombre y el de mi esposa entrarían en la lista “referee”, es decir, jamás podríamos volver a hacer un curso de meditación del movimiento Vipassana en ninguna parte del mundo.

¿Qué es Vipassana? primero, es una técnica de meditación de la tradición Budista Theravada y también es el nombre de una organización mundial fundada en India por el Birmano Satya Narayan Goenka que organiza cursos de diez días, en silencio, en los que se aprende la técnica de meditación mientras se observa un código de conducta estricto.

Vea también: Vipassana, un ejercicio de resistencia

Las reglas para entrar a Vipassana

Para participar en el curso hay que llenar una aplicación en línea con un par de meses de anticipación. Los cursos operan por donación e incluyen, aparte de la enseñanza de la técnica, el alojamiento en una casa de retiros espirituales en Zipaquirá y comida vegetariana dos veces al día.

Al llenar la aplicación uno lee por primera vez el código de conducta del curso: No matar a ningún ser vivo, no robar, no tener sexo, no decir mentiras, y no usar ninguna substancia que intoxique el cuerpo (aunque no consideran el café ni el té intoxicantes).

Abstenerse de comer tras el medio día, aunque a los estudiantes nuevos se les permite tomar té y dos galletas a las 5 de la tarde.

Abstenerse de cualquier entretenimiento sensual (o sea escribir, leer, oír música etc.), y abstenerse de dormir en una cama alta o cómoda.

Hay una estricta separación de sexos. Los hombres duermen en un lugar y las mujeres en otro. Los corredores tienen una sábana colgada a lo largo, por la mitad, que sólo permite ver los zapatos de los miembros del sexo opuesto. Inclusive el comedor es separado.

El único lugar en el que todos estamos juntos es en la sala de meditación en la que los hombres están a un lado y las mujeres al otro. Siempre con un corredor de separación de por lo menos un metro en medio.

La regla más importante es el “noble silencio”. No hablar, no hacer gestos, no comunicarse con nadie durante esos diez días. La idea es imitar la vida de un monje. En clausura, sin distracciones y dedicado únicamente a la meditación.

La llegada al lugar de meditación

La acomodación es en cuartos austeros con dos o tres personas por cuarto. Mi compañero de cuarto era un joven amable de veinte o veintidós años, empezando su segundo curso de meditación.

Por su experiencia me dijo que cada uno abriría o cerraría las ventanas del cuarto a su gusto y que el último en acostarse apagaría la luz. Me pareció una excelente idea y eso me dejó muy tranquilo.

Todos los días tienen la misma estructura. La primera meditación empieza a las 4 y media de la mañana y la última termina pasadas las 9 de la noche. Hay tres descansos durante el día, uno para desayunar, otro para almorzar y otro para la merienda de la tarde.

Además de dedicar diez horas diarias a meditar, a las siete de la noche hay una conferencia de más o menos una hora sobre la filosofía detrás de la práctica.

Todo el curso es dictado en grabaciones en inglés y español. La labor de la profesora que se repite a lo largo de los días es, aparte de contestar a las preguntas que el estudiante tenga, conectar un reproductor Mp3, prender el equipo de sonido y poner a andar una grabación con la voz de Goenka, el maestro legendario de Vipassana.

En la primera conferencia advierten que será difícil. También explican que Vipassana es un método de meditación racional, que no es una religión y que no se va a invocar la ayuda de ningún dios o espíritu. Esa base racional de la técnica fue para mí uno de los mayores atractivos del curso.

Los primeros 4 días se dedican a la meditación Apana en la que enfocando la atención en la respiración se busca afilar y entrenar el uso de la conciencia para observar las sensaciones del cuerpo.

Es una meditación cómoda, aunque los primeros días es difícil acostumbrarse a las largas horas de meditación.

En el curso hay dos espacios para meditar: uno es la sala de meditación en grupo y el otro es el cuarto de cada participante.

En ciertos horarios es permitido ir a meditar al cuarto, pero no a los corredores ni a los patios de descanso. Cuando se medita en el cuarto se debe permanecer sentado.

Vea también: Vipassana, un ejercicio de resistencia

Una fuerte meditación

Meditación Vipassana


El cuarto día del taller es, en mi opinión, el más duro. Se empieza a practicar la meditación Vipassana propiamente y en la tarde se explica que tres veces al día, se practicará Adhittana o “fuerte determinación” permaneciendo completamente quietos durante una hora sin mover ninguna parte del cuerpo.

Meditar completamente quieto es duro y no todo el mundo lo logra. Algunos lo pueden hacer recostándose contra las paredes o entrando sillas al salón de meditación.

En eso el retiro de Colombia parece ser menos extremo que el de otras partes del mundo en las que solo es aceptable sentarse en el piso sobre un cojín.

Los pies se pueden dormir y al cabo de varios días se empieza a sentir dolor en algunas partes de la espalda o de la cadera según los hábitos de cada quien.

Esa fuerte determinación se puso a prueba cuando una epidemia de gripa se empezó a expandir a toda velocidad. En el salón de meditación los puestos son fijos y numerados, así que uno podía ver la gripa acercarse y, si contaba con suerte, esquivarla.

Vea tambien: ¿Cómo ganar un millón y medio de pesos preparando un plato de fríjoles?

En general la gente mantiene con disciplina su voto de silencio, es fácil no hablar. Aunque permite aquietar la mente y crea atención y tranquilidad, también produce una sensación de pérdida e impotencia.

La voz es nuestra forma principal para manifestar nuestras opiniones y deseos. Cuando uno no habla pierde algo de su poder. El cuerpo extraña la voz.

Las noches crudas

En las noches no era fácil para mí dormir, así que me entretenía recordando el día mientras pasaba una o dos horas en vela.

Usualmente mi compañero de habitación se dormía rápidamente entre estornudos y gruñidos de gripa. En la noche del cuarto día yo contemplaba, mientras me dormía, una conversación que había tenido con mi esposa al ver los más de 100 participantes que hay en el taller (Son como ciento cincuenta participantes, le dije, y no hay que olvidar que una de cada cien personas es un psicópata).

De repente mi compañero de habitación empezó a hablar dormido. Pero no hablaba en español, hablaba en una lengua rara y para mí desconocida que no me hacía sentir muy cómodo.

No fui el único, mi esposa me contó que sus compañeras de habitación también hablaban en sueños. Quién sabe qué dije yo.

Acostumbrarse a las horas de meditación no es tan difícil. Al principio el tiempo pasa despacio pero pronto queda claro que solo hay dos opciones: mirar al techo o meditar. Es más divertido meditar, aunque debo reconocer que en más de una ocasión decidí mirar el techo.

Sin religión ni credo

Aunque al principio se presenta Vipassana como un sistema no religioso de meditación, a medida que pasan los días en las conferencias se explica que las enseñanzas del curso (que ellos denominan el Dhamma) es la enseñanza original e incorrupta del Buda histórico que vivió hace 25 Siglos.

El problema es que no existe registro escrito de los primeros siglos de la existencia del Buda histórico. Por eso cada rama del budismo enseña formas diferentes y todos aseguran que es la enseñanza pura y original del Buda.

Aceptar que la enseñanza de Vipassana es la única y verdadera me parece un acto de fe. Los actos de fe están bastante cerca de la religión.

Por otro lado el movimiento Vipassana tiene una Pagoda Dorada en Mumbai en la que guardan como reliquias fragmentos de hueso de Buda.

Eso también es ligeramente religioso en mi opinión. Por si acaso el fundador deja claro que Vipassana no es una religión sino la Verdad, y como es la verdad no es una religión. Esa forma de pensar me da algo de miedo.

Aunque no tanto miedo como la epidemia de gripa que seguía en aumento y que a mi pobre compañero de cuarto no parecía darle tregua.

En las horas de meditación en grupo se escuchaban constantes estornudos y narices congestionadas. Lo peor era en la conferencia de la tarde cuando, por el frío y por el cansancio, los enfermos hacían sentir su presencia.

Vea también: Vipassana, un ejercicio de resistencia

Otro de los elementos centrales de las charlas es la idea de que la vida es una constante pulsación entre deseo y aversión y eso conduce al sufrimiento.

El objetivo final del meditador es disolverse en el universo para nunca tener que estar de nuevo en esta realidad que ellos llaman ilusoria.

A mí me gusta vivir, me parece que la vida es maravillosa y que tanto el sufrimiento como el gozo son experiencias que valen la pena.

Pero en el curso experimenté sufrimiento: A pesar de tener una práctica de yoga de varios años, estar sentado en meditación por más de diez horas diarias empezó a provocarme un dolor en el hombro derecho.

Según el movimiento Vipassana, esos dolores o sensaciones brutas son samskaras, algo así como cicatrices kármicas que están saliendo y liberándose.

Yo creo que son causadas por poner un enorme estrés en los músculos de la espalda; la falta de costumbre.

La meditación también puede producir una sensación placentera. Algunos tienen la suerte de sentir un cosquilleo por la superficie de su piel en algunas partes del cuerpo.

A esto Vipassana lo llama flujo libre (free flow) y dice que, como con el dolor, solo se debe observar sin apegos.

Aparte del free flow había un placer extra. La casa de retiros católica que utilizan para el curso está al lado de la cancha de fútbol más importante de Zipaquirá.

Simultáneamente con el curso en el pueblo se jugaba probablemente (y digo probablemente porque sólo la escuché) la final del torneo de fútbol más importante del año.

El último partido, que se fue a penaltis, correspondió con una de las jornadas de “firme determinación” en las que se debe meditar sin hacer el menor movimiento.

Para mí escuchar ese partido de fútbol fue más emocionante que ver la final de un mundial y, en palabras de mi esposa, “escuchando ese partido desde la sala de meditación entendí que no hay nada más feliz que hacer un gol”.

Del sexto día en adelante el tiempo empieza a pasar mucho más rápido. El silencio, no leer, no escribir, y no tener ningún estimulo externo realmente crea un cambio en la mente.

Vea tambien: Me lo contó un viajero, el libro que le cuenta cómo es viajar por 65 países

Muy pronto uno se acostumbra a una rutina de instrucciones de meditación, cantos en Pali (un antiguo idioma de la época de Buda) y conferencias.

Ya casi se acababa la meditación cuando…

El día diez es muy especial. Luego de la primera hora de meditación en grupo se quitan las sábanas que separan hombres y mujeres y todo el mundo puede volver a hablar.

Yo me reencontré con mi esposa. La alegría de verla para mí fue enorme, aunque en Vipassana dirían que eso es un apego y que me faltarían varias horas de meditación para quitarme esa samskara de encima. Afortunadamente ella también estaba feliz de verme.

Luego nos reunimos con un par de amigos que también estaban haciendo el retiro. Los temas predominantes de nuestra conversación fueron: lo intenso de las sesiones de firme determinación, la epidemia de gripa, la comida y la gran final del fútbol de Zipaquirá.

Más tarde con mi esposa concluimos que no nos sentíamos identificados con la filosofía del movimiento, discutimos la experiencia y estuvimos de acuerdo con marcharnos.

Por otro lado mi papá llegaba a Colombia justo esa noche y yo quería ir a recogerlo al aeropuerto. El problema es que el curso no se termina en el día diez.

Se termina a las siete de la mañana del día once. Le informé al administrador del curso de nuestro deseo de marcharnos y me dijo que tendríamos que pedir un permiso especial a la profesora.

Al cabo de un rato el administrador con mucha gentileza nos aclaró que la profesora no iba a permitir a ningún estudiante nuevo abandonar el retiro antes del final. Esa respuesta me sorprendió, yo por supuesto podría irme si quería, ¿no? Respondí que lo sentía mucho pero mi esposa y yo partiríamos ese día.

Adiós para siempre

Meditación Vipassana


Tras la meditación Vipassana, el administrador nos reafirmó la negativa de la profesora para dejarnos partir. Yo le respondí que mi papá llegaba a Colombia ese día y por eso nos íbamos a ir.

Entonces me contó que si partíamos entraríamos en una “lista referee” de Vipassana y no podríamos volver a asistir ningún curso del movimiento en ninguna parte del mundo.

Me pidió que reevaluara mis prioridades. Yo le respondí que quería recoger a mi papá.

Preguntamos cuál sería la mejor forma de irnos para no causar incomodidad. Sugirió que tomáramos nuestras maletas y saliéramos por la cocina.

Cuando arrastrábamos nuestras maletas por la cocina el administrador se acercó corriendo a preguntarnos si podríamos quedarnos una hora más.

Cuatro alumnos antiguos que estaban repitiendo el curso por segunda o tercera vez, estaban a punto de marcharse (con permiso de la profesora) y por eso iban a escuchar la última conferencia de Goenka en un cuarto de la casa. El administrador nos invitó a escucharla.

Casualmente uno de los estudiantes antiguos que se iba era mi compañero de cuarto. Se veía mucho mejor de su gripa. Había una falla para reproducir la conferencia, así que llamaron a la profesora. Fue allí cuando nos invitó a sentarnos en el piso.

Puso la conferencia a sonar, de repente se volteo y nos miró. “Ustedes son estudiantes nuevos, ¿no?” Cuando asentimos ella apagó la grabación disgustada “Ningún estudiante nuevo puede irse antes de terminar el curso” dijo con firmeza.

Le respondimos que lo entendíamos pero que igual nos íbamos a ir, a la señora de la meditación Vipassana, que lo sentíamos porque sabíamos que habíamos hecho un compromiso pero igual nos íbamos. Entonces decidió interrogarnos.

¿Por qué se van a ir?, ¿El papá de quién?, ¿Y es que ustedes son hermanos o qué? Cuando terminamos de responder a sus preguntas y fue claro para ella que nada iba a detenernos nos miró enojada y salió del cuarto sin hablarnos. Esa fue mi última experiencia con una profesora Vipassana.

Podría haber partido en ese mismo instante pero decidimos, por respeto, quedarnos a escuchar la última conferencia.

En ella se insta a los estudiantes a practicar dos veces al día y a hacer un retiro de meditación de diez días por lo menos una vez al año. También lo estimulan a uno a expandir la enseñanza del Dhamma (para ellos la verdad).

Dicen que si uno es un músico hará canciones sobre Vipassana, que si uno es un negociante donará mucho dinero para que Vipassana pueda seguir enseñando, que si uno es un escritor uno escribirá sobre la técnica.

Hice caso. Para mi la experiencia de un curso de meditación Vipassana fue intensa y transformadora. Fue una excelente oportunidad de auto-observación y por eso valiosa.

Al mismo tiempo siento que me puse en una situación vulnerable, que cedí mi capacidad para hablar y cuestionar críticamente mientras se me enseñaba intensivamente una técnica que, en mi opinión, era religiosa. Al final de las meditaciones los alumnos antiguos repetían Sadhu tres veces, que quiere decir “bien dicho” y a mí me suena a amén.

La filosofía de la meditación Vipassana y la mía no son compatibles. Yo no creo que el mundo sea una ilusión, no desconfío del cuerpo ni del placer de los sentidos. Para mí el universo observable es el mayor milagro y experimentarlo es un enorme regalo. Más allá de la filosofía mi mayor sorpresa fue la existencia de una lista negra global. Eso es lo que me impide recomendar Vipassana. Las listas negras sí que me dan miedo.

¡Quiero recibir el newsletter!

TODA LA EXPERIENCIA DINERS EN SU EMAIL

Ver términos y condiciones.
Mayo
06 / 2020

Send this to a friend