Arrancó la fábula de Cartagena

La Orquesta de Cámara Orpheus abrió el Festival de Música de cartagena con la interpretación del Himno Nacional de Colombia, que el público entonó en un discreto pianísimo.
 
Arrancó la fábula de Cartagena
Foto: Wilfredo Amaya
POR: 
Carolina Conti

El sábado en la noche, el tráfico en Cartagena recordaba mucho al de Bogotá en sus horas pico, pero eso no impidió que la gente llegara, aunque fuera un poco tarde, al Teatro Adolfo Mejía, para presenciar el concierto de inauguración del Cartagena VIII Festival Internacional de Música.

La Orquesta de Cámara Orpheus abrió la noche con la interpretación del Himno Nacional de Colombia, que el público entonó en un discreto pianísimo.

Las hermanas Labèque salieron a escena y tomaron lugar en sus pianos enfrentados e iniciaron la interpretación de la ensoñadora y misteriosa Rapsodia española de Maurice Ravel. Luego se les unió la Orquesta de Cámara Orpheus para el emocionante Concierto para dos pianos de Poulenc, que inicia con una energía que atrapa los oídos del auditorio desde el primer momento. Katia de negro a la izquierda, entregaba toda su humanidad en los fortísimos y Marielle, de blanco a la derecha, hacía la contraparte en este diálogo de pianos que sorprende constantemente con cambios súbitos de humor y cuando menos uno se lo espera, con melodías de una ternura infinita. La orquesta, supo seguir a las pianistas que, evidentemente, dominan y disfrutan de esta partitura.

La segunda parte Orpheus interpretó la Suite del ballet Pulcinella de Stravinsky, con sus hermosas melodías inspiradas en el barroco italiano. Llama la atención la sincronía de la orquesta, la comunicación entre los integrantes y la concepción de la obra. Hermosos momentos en los que intervienen todos los integrantes, pero algo de nostalgia de la orquesta de gran formato en algunos pasajes.

Un magnífico concierto que dejó en claro solo un aspecto negativo: aún falta  educación en cuanto al comportamiento del público, pues en varias ocasiones los timbres de los celulares alcanzaron a distraer a los músicos. Y en la segunda parte del concierto, la orquesta, ya en escena, tuvo que esperar a que la gente regresara a sus puestos e hiciera algo de silencio, para empezar con la obra de Stravinski.

         

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enero
7 / 2014