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Orpheus: la increíble orquesta sin director

La octava versión del Festival Internacional de Música de Cartagena, invitó a una de las orquestas de cámara más interesantes del mundo a exponer cómo se puede hacer música sin conducción.

La octava versión del Festival Internacional de Música de Cartagena, invitó a una de las orquestas de cámara más interesantes del mundo a exponer cómo se puede hacer música sin conducción.

Pensar en una orquesta sin director es casi como pensar en un avión sin piloto. Y sin embargo es el exitoso caso de la Orpheus Chamber Orchestra, la orquesta residente del 8o Cartagena Festival Internacional de Música que tendrá lugar del 4 al 12 de enero. La agrupación es también asesora artística del evento que este año gira en torno a la Fábula, la narración fantástica en la música del siglo XX que abarca un período de una riqueza inmensa con compositores tan particulares como Stravinsky, Debussy, Prokofiev, Poulenc y Saint-Saëns entre otros. Hablamos con Jonathan Spitz, violonchelista de la orquesta.

La Orpheus Chamber Orchestra nació en 1972, como un ensamble único sin director, como habitualmente entendemos director. ¿Cómo fue esto, cuáles fueron las razones para crear esta orquesta?
Los músicos son intérpretes muy experimentados, profundamente relacionados con el espíritu de la música de cámara. En un momento pensaron que sería interesante acercarse a este repertorio en un ensamble más grande. Cuando se formó el primer grupo, se tocaban incluso obras como sinfonías de Beethoven o Divertimentos de Mozart, y empezaron a ver qué pasaba si en vez de un director, todos compartían la responsabilidad en las decisiones musicales. Como resultado de esos experimentos nació Orpheus.

Desde entonces han sido más de cuarenta años. ¿Cómo fueron los primeros años y la evolución del proyecto?
En esa época se ensayaba muchísimas horas. Los ensayos eran realmente caóticos. Todos tenían ideas muy concretas y casi peleaban por ellas. Eran muy ineficientes, pero al mismo tiempo extremadamente comprometedores para los músicos. Así fuimos diseñando un sistema muy coordinado de rotación de liderazgo que llamamos el core system, que significa que para cada pieza de un concierto hay un grupo de líderes que ensayan separadamente del resto del ensamble y toma muchas de las decisiones importantes. Luego en el ensayo toda la orquesta se involucra, pero es ese grupo el que toma la responsabilidad de la obra. Para la siguiente obra sucede lo mismo, pero con otro grupo de líderes. Así todos son líderes del grupo, y también se acaba con el caos [risas].

Además el resultado musical se enriquece…
Sí, recuerdo cuando escuché por primera vez a la orquesta desde la audiencia, estaba fascinado por el sentido de participación que venía de cada uno de los músicos en el escenario, y eso es lo que nos distingue. El sonido tiene tanta energía y poder como el de una gran orquesta. Pero también nos esforzamos por lograr cierta transparencia, para que cada una de las voces sea escuchada por el público. Creo que es el resultado de nuestro método, una energía y una claridad inusuales.

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¿Y cómo son los ensayos hoy en día, más largos de lo usual, más ruidosos?
Diría que ensayamos 50 % más que en una orquesta con director. Necesitamos tiempo para discutir nuestras ideas y resolver puntos en los que hay desacuerdo. Ya no peleamos [risas], pero sí necesitamos convencernos de la interpretación.

Ustedes trabajan en forma habitual con nuevos compositores que escriben específicamente para Orpheus. ¿Cómo ha sido esta experiencia?
Una parte muy importante de nuestra misión es expandir el repertorio para orquesta de cámara. Uno de nuestros proyectos más significativos se llamó Los nuevos brandenburgueses. Le pedimos a seis compositores reconocidos que escribieran una obra para nosotros inspirada en alguno de los Conciertos brandenburgueses de Bach. Estas piezas utilizan las mismas fuerzas orquestales de los conciertos de Bach, pero cada compositor asumió el reto de manera muy diferente. El resultado es emocionante y propone nuevos desafíos. Estamos muy orgullosos. Y cuando trabajamos en una obra que hemos comisionado, nos esforzamos en mantenerla viva, tocarla con frecuencia, y no interpretarla solo una vez y dejarla de lado.

El modelo Orpheus ha trascendido la experiencia artística y musical para convertirse en modelo de una nueva sociedad. ¿Cómo fue este paso?
El doctor Richard Hackman, investigador en psicología de la Universidad de Harvard, quien lamentablemente murió hace poco, encontró que habitualmente en otras orquestas el nivel de satisfacción y felicidad de sus miembros es muy bajo. Y en el caso de Orpheus es extraordinariamente más alto. Y estudiando lo que hacemos, llegamos a trabajar con muchas organizaciones distintas, entidades como hospitales, escuelas de negocios, para mostrar y describir nuestra forma de compartir el liderazgo.

¿Qué necesita un músico para pertenecer a Orpheus, además, por supuesto, de la excelencia musical?
Debe ser un instrumentista del más alto calibre, pero además alguien con fuertes opiniones sobre la música, alguien con habilidad para colaborar, que sepa trabajar en equipo y eso es raro. Alguien con determinación, pero que pueda trabajar con otros. Nosotros no hacemos audiciones. Tenemos una gran cantidad de supernumerarios a los que acudimos según las necesidades de cada proyecto. Se dice que entrar a Orpheus es extremadamente difícil, pero salir lo es aún más. Todos aman de verdad su trabajo.

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Lo que sí será fácil es disfrutar del repertorio, cuidadosamente escogido y pleno de historias, que Orpheus trae a Cartagena: Tchaikovsky, Debussy, Stravinsky, Ravel, Prokofiev, Saint-Saëns y Poulenc.

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Enero
02 / 2014


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