¿Por qué los diseñadores de aplicaciones temen que sus hijos se conecten desde temprana edad?

Algunos de los mayores creadores de tecnología en Silicon Valley están limitando a sus hijos en el uso de dispositivos electrónicos por su bienestar sicológico y educativo. Vea aquí algunas razones.

La próxima vez que le pregunten “¿Qué hace con su vida?”, piénselo dos veces. Puede que responda con sinceridad, pero no esté diciendo la verdad. Flurry Analitycs, en una investigación seria y extensa, concluyó en 2017 que un estadounidense promedio pasa cinco horas al día pegado a su teléfono móvil, lo que supone que al menos 76 días al año una persona común se la pasa observando la pantalla de su celular.

Puede que le sorprenda recordar que hace quince años nadie lo hacía, pero lo realmente significativo es que esta cifra va en aumento, sobre todo en las nuevas generaciones, ya incapaces de concebir el mundo sin internet, teléfonos, dispositivos electrónicos, conexiones automáticas y una vida inmersa en las pantallas.

Toda novedad acarrea consecuencias inesperadas. Los padres que trabajan en Silicon Valley comienzan a entenderlo con respecto a sus hijos: las tecnologías generan adicción porque están diseñadas para que la gente las consuma. Los que menos están preparados para asumir esa droga fácil de consumir son sus propios hijos.

Govin Nagpal es un ejemplo de ello. Este joven de 16 años vive en el condado de San Carlos, en California, donde los salarios promedio superan los sesenta mil dólares. Rohit, su padre, nació en la India y emigró a Silicon Valley cuando comenzó el auge tecnológico. Su hijo, por supuesto, heredó la pasión por las herramientas tecnológicas que llegaban de la empresa Logitech y de otras similares donde ha trabajado su padre, entre esas la costumbre de adquirir los más recientes iPhone que salían cada año y desechar los anteriores.

Tres años atrás tuvo que entrar a un tratamiento para la adicción a los dispositivos móviles cuando tras varias jornadas de uso obsesivo nocturno sufrió fuertes convulsiones. Hoy utiliza el teléfono con frecuencia, pero debe tomar un medicamento para controlar la ansiedad. “No fue tan malo –dice su padre–. No supo manejarlo. Pero resulta imposible controlarlo. Así es el mundo hoy”.

Otra cosa creen cientos de padres de Silicon Valley que trabajan de lleno en el desarrollo de tecnología de punta y que siguen el ejemplo establecido por Steve Jobs, Bill Gates o Tim Cook. Gates implementó restricciones a su hija cuando la vio obsesionada con un videojuego e impuso la edad de 14 años para acceder a un teléfono (el promedio es de 10 años hoy). Jobs les prohibió a sus hijos usar el iPad. Cook, su sucesor en Apple, no les permite a sus sobrinos usar redes sociales. “No considero exitoso que lo usen siempre”, dice.

Un caso que generó relevancia fue el de Minni Shahi y Vijay Koduri, dos expertos que trabajaron en Apple y Google, cuyos dos hijos, de 10 y 12 años, solo pueden jugar diez minutos a la semana en el celular de sus padres y tienen vetado cualquier acceso a la tecnología de punta. Ni videojuegos ni celulares. Rebecca Padnos, fundadora de Tangelo, una empresa que diseña juegos adictivos de casino en aplicaciones virtuales, decidió erradicar de su casa todos los dispositivos electrónicos. Después de dos años siente que vale la pena apostar por la creatividad innata de los niños y prevé que el futuro será menos de celulares y más de inteligencia artificial integrada a la vida cotidiana.

Pero para llegar allá, estima, hay que superar este momento de adicción a las pantallas en el que el 65 % del tiempo de los jóvenes entre los 12 y los 18 años está dedicado a la tecnología, según el investigador Philip Yancey y, sumando la televisión, muchos jóvenes alcanzan promedios de ocho horas y cincuenta y seis minutos de consumo diario de medios electrónicos. El 38 % de ellos confiesa ser incapaz de resistir diez minutos sin revisar su celular, según una investigación del Pew Center.

La razón está en el desarrollo de los dispositivos y las aplicaciones que, según este centro, generan “impacto sicológico y social en el desarrollo de los niños”.

CÓMO SE GENERA LA ADICCIÓN

Antiguos empleados de Google revelaron las estrategias de esa empresa y de otras como Facebook o Snapchat para crear adicción en sus usuarios: mantener un flujo de sugerencias permanentes; impulsar a los usuarios a bajar por las páginas para ver qué más actualizaciones hay y qué otras se están perdiendo, en cambio de abrir múltiples páginas que generaban clics; incorporar la reproducción automática de videos para que los usuarios los reproduzcan y permanezcan conectados; presionarlos amablemente para comentar, opinar, decir su ubicación, votar y aportar; ofrecerles estímulos para que participen a diario en juegos, actualizaciones o foros…

Las notificaciones generan adicción, confirma una investigación de Urban Airship: la gente se ve obligada a responder y a chequear lo nuevo. Las historias de Instagram, por ejemplo, se proyectan en distintos puntos para forzar a la gente a verlas y no se detienen a menos que el usuario lo haga. El uso de filtros, máscaras u orejas de conejo, tan tonto como fácil, hace que el usuario gaste más tiempo probando opciones. El contenido de páginas como Twitter puede cargarse infinitamente y, sin fuerza de voluntad, el usuario puede pasar horas revisando información. La reciprocidad social, las metas y apelar al juego (como el de la seducción, con Tinder) se unen a las anteriores estrategias.

“Muy pocas personas tienen la fuerza de voluntad necesaria para escapar de ello. Mucho menos los niños, que no han aprendido aún las herramientas para defenderse. Las empresas de tecnología saben que mientras más pronto se fidelicen, más fácil adquirirán un hábito permanente”, asegura la escritora infantil colombiana Liliana Arias. Es el mismo principio de la cajita feliz de comida rápida que les ofrece las cadenas de comida rápida a los niños: cuanto más pronto aprendan a consumirla, más clientes ganarán.

La Silicon Valley Community Foundation les preguntó a 907 padres y 617 profesores del área qué opinión les generaba la tecnología en los niños y sus conclusiones fueron demoledoras: los menores, nativos digitales, descargan aplicaciones y les enseñan a usar los teléfonos a los adultos, que ahora se ven desarmados a la hora de controlarlos. Marnix van Gingsberg, catedrático de desarrollo digital en Holanda, no le ve problema a ese proceso: “Hay que abrazar los cambios.

El mundo se transformó y ellos lo están definiendo. Nada es ya como antes y en veinte años lo será aún menos: lo que venga es positivo porque estaremos más conectados y lo que vendrá es maravilloso”.

LÁPIZ Y TIZA DE NUEVO

Su optimismo no es el de todos. La preocupación real de los padres y maestros de Silicon Valley consiste en que sus hijos usan con fluidez una tableta, pero no entienden cómo emplear un lápiz. La presión está obligando a que escuelas como Waldorf, donde el 75 % de los padres trabaja en tecnología, usen de nuevo lápices y tizas, al menos hasta el grado octavo.

“No estamos generando atención a largo plazo al ponerlos a mirar de frente un dispositivo”, dice el ingeniero de inteligencia artificial Taewoo Kim, quien confesó que les enseña a armar rompecabezas reales a sus sobrinos para ahuyentarlos del mundo virtual. Rohit, padre de Govin en el área de San Francisco, tuvo que acudir a terapistas de familia para controlar los ataques de ansiedad de su hijo. “Esa es una consecuencia a corto plazo. A largo plazo se generan dificultades para tener atención de largo plazo y socializar”.

De ahí que el número de padres que trabajan en estas empresas eviten la interacción más básica de sus hijos con los dispositivos: desde televisores hasta celulares son ahora objetos prohibidos o al menos limitados.

La ventaja, asegura el profesor británico de innovación Oliver Davies, “es que sus efectos no son permanentes porque cuando uno vuelve a conectarse con la realidad olvida esa obsesión”. Sin embargo, advierte: “Se corre el riesgo de que toda nuestra vida esté expuesta ya en las redes. Todo es rastreable. Y eso no me parece deseable. Además, si no hay opciones para volver a la realidad, no hay cómo desconectarse”.

La noticia es que ya se toman medidas para salvaguardar a los jóvenes de la adicción a los celulares. Profesores de California le pidieron a Apple hacer productos más seguros para los jóvenes al hallar relación entre su uso y la depresión.

Igual le sucede a Facebook, que propuso cambios para priorizar los resultados de los amigos en sus algoritmos antes que los de las empresas, aunque eso pueda costarle una pérdida de 23.000 millones de dólares a la compañía en publicidad. Sean Parker, uno de los fundadores de Facebook, asegura que el mundo digital explota “la vulnerabilidad de la sicología humana”. Él lo sabe. En quince años la humanidad cambió sus hábitos. Y la generación actual lo hará aún más si nada la detiene.

10 CIFRAS DE LA ADICCIÓN

1) 56 % de los niños entre 8 y 12 años tiene celular.

2) 21 % de los niños menores de 8 años usa un teléfono inteligente.

3) 38 % de los niños menores de 2 años es distraído con un celular.

4) 53 % de los jóvenes ha estado con alguien que maneja y envía mensajes de texto al mismo tiempo.

5) 91 % usa los celulares para mirar internet.

6) 1 DE CADA 3 jóvenes confiesa sentirse más aceptado en línea que en la vida real.

7) 89 % usa redes sociales.

8) 87 % de ellos percibe matoneo contra alguien conocido en las redes.

9) 47 % mira contenido en línea no aprobado por sus padres.

10) 74 % considera indispensable internet para estudiar.

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