Global Game Jam: así se vivió la experiencia en Medellín

Durante un fin de semana entero, 'gamers' de todo Colombia se reunieron para crear y compartir experiencias alrededor de los videojuegos en Medellín.

El doctor Erwin es un astrofísico amante del universo y de las leyes que lo rigen, a quien de forma inesperada un descubrimiento lo llevara a recorrer un sinfín de universos en búsqueda de la verdad absoluta.

Erwin es el protagonista del videojuego Truth Seeker, uno de los 26 títulos que fueron creados en 48 horas (del viernes 26 al domingo 28 de enero) por cada uno de los equipos participantes en el Global Game Jam edición Medellín (cerca de 200 gamers), una de las 552 ciudades que fueron sede de este evento organizado por una corporación que lleva el mismo nombre.

Joseph Olin, docente del área de entretenimiento digital de la Universidad Pontificia Bolivariana – UPB-, sede del encuentro en Medellín, estaba excitado el viernes cuando el Global Game Jam, desde sus oficinas en California, dio la largada a la maratón de desarrollo con el anuncio de la palabra clave que se usa cada año: esta vez fue “transmisión”.

Olin contaba, mientras los equipos se reunían para comenzar con la planeación de su desarrollo, que la mayoría de los participantes eran estudiantes, en especial de la UPB pero también de la U. de Medellín, Eafit, entre otras instituciones, más algunos profesionales de estudios locales.

El docente, nativo de Los Ángeles, California, es una eminencia en los videojuegos. Fue uno de los creadores de Tomb Raider, la serie que luego se transformó en una franquicia de medios, cuya protagonista es la arqueóloga Lara Croft.

Hace tres años llegó a la UPB, aunque al país vino primero hace cinco a dar unas conferencias con la corporación RutaN en Medellín. Él fue el encargado de anunciar el comienzo de la cuenta regresiva para entregar, el domingo, un videojuego que, valga la redundancia, se pudiese jugar al terminar el tiempo límite.

En el interior de la experiencia “gamer”

En ese instante, Truth Seeker y Erwin aún no existían fuera de las mentes de los integrantes del equipo liderado por Mauricio Betancourt, ingeniero electrónico, magíster en desarrollo de videojuegos y propietario de la firma Indie Level Studio. En el punto de partida eran tres integrantes, pero luego requirieron de la presencia de un ilustrador, ya que ninguno de ellos lo era.

Al Global Game Jam asisten equipos ya conformados, de grupos de amigos, colegas o de estudios profesionales, o participantes que arriban de forma individual y se ofrecen para ser incluidos en otros conjuntos. Son programadores, ilustradores y músicos, en su mayoría. También van diseñadores e incluso gomosos, sin estar encasillados en esas especialidades.

Carpas, colchones inflables, sleepings fueron llegando junto con computadores, monitores, teclados, equipos de producción musical, gafas de realidad virtual. Las mesas, despobladas al principio, ya se veían copadas con estos elementos y comida, mucha comida. Mecato, más que nada, para pasar la trasnochada.

La primera de las dos noches programadas en los Global Game Jam (desde hace ocho años que este evento se organiza de forma paralela en todo el mundo), los equipos se organizaban para turnarse las dormidas. Mauricio Betancourt y sus compañeros (Luis Pineda, Andrés Gómez, Juan Sebastián Botero y Andrés Rodríguez) describieron funciones y responsables y comenzaron con el proceso de creación de su videojuego, inspirado en el concepto de los multiversos, la teoría que se refiere a la posibilidad de que existan otros universos distintos al que nos han contado por siempre.

Al día siguiente la imagen en las distintas mesas era la misma: cientos de gamers concentrados en sus labores, desayunando frente al computador, uno que otro pasaba toalla en mano rumbo a las duchas, y mientras el tiempo avanzaba llegaba una de las horas críticas en el evento: la tarde del sábado, de acuerdo con el venezolano Saúl González, exparticipante, diseñador de videojuegos, profesor y fundador del estudio Ludopia, invitado como mentor por la organización del Global Game Jam en Medellín.

Crítica porque, según Saúl, el equipo que en ese instante no tuviera al menos un prototipo de videojuego que se pudiese jugar, aun cuando le faltaran detalles por pulir en cuestiones de programación y graficación, podría darse por descalificado.

El equipo de Mauricio iba bien en ese punto. Ya tenían algunas mecánicas funcionando más los personajes construidos, y aunque les faltaban detalles, la definición del juego ya estaba finalizada.

La tensión aumentaba al llegar la segunda noche. Al restar menos de doce horas para la entrega del producto, muchos equipos tenían tareas sin iniciar, lo cual les jugaba en contra.

Un espacio de reclutamiento

Iván Álvarez, propietario del estudio Timba Games, fungió como organizador del Global Game Jam Medellín en los dos años anteriores, e hizo como mentor en esta ocasión, además de aprovechar para observar algunas posibilidades reclutamiento. A cuatro de sus actuales colaboradores los descubrió en eventos similares.

Saúl González estaba haciendo la misma tarea. Los Global Game Jam, coinciden Iván y Saúl, aparte de ser un certamen para pasarla bien, aprender, competir, sirven para medir capacidades; los estudiantes, para ver si tienen madera y futuro en este campo (para ellos la participación era obligatoria, en el caso de la UPB, que aportó casi el 70 por ciento de los inscritos como universitarios), y los profesionales para evaluar cómo están frente a la competencia.

El tiempo se acababa y Truth Seeker ya tenía cara de videojuego, pero el domingo corría muy rápido y Mauricio Betancourt, junto a sus compañeros, realizaban arreglos de todo tipo. A las cinco de la tarde todos los equipos debían tener sus productos listos. Josep Olin sugería culminar tareas una hora antes, pues debían subir sus creaciones al sitio web oficial del evento. El que no, quedaba por fuera.

Del silencio con el que planeaban 48 horas antes, el coliseo de la UPB alojaba tensión, nervios, apuros, desespero. Incluso pasado el tiempo límite, algunos equipos seguían subiendo sus juegos.

Al terminar, el balance de Josep Olin fue satisfactorio. Los 26 videojuegos creados estaban publicados y disponibles para el público, incluyendo el del doctor Erwin, al que al final, dijo Olin, le encontraron algunos detalles por afinar, para demostrar que aun para los experimentados, como Mauricio Betancourt, el Global Game Jam fue un desafío retador para todos los participantes.

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