Siete obsesiones que debe evitar en 2018

A propósito del Día Mundial de la Salud Mental, Diners le muestra cómo la tecnología, la belleza, el calentamiento global e incluso la fama, se están convirtiendo en nuevas ansiedades que lo pueden afectar mentalmente.

No son enfermedades aún. Ni son trastornos que ya aparezcan en un listado desglosado por los especialistas. Pero están empezando a crecer y su influencia en los siguientes años no pasará desapercibida.

Se trata de las nuevas ansiedades, las cuales comienzan a ser la respuesta que nosotros, los frágiles y acorralados seres humanos, experimentaremos ante la fuerte presión de un mundo que se modifica a cada instante.

Su crecimiento es tal que ya existe una serie de televisión en Estados Unidos (Intervención, ganadora del Emmy, a partir de septiembre por A&E) que explora el tema ante su fuerte arraigo, y presenta algunas de estas adicciones y la manera de combatirlas. Por ahora, acá están las del futuro cercano.

LA “CARBOREXIA”

The New York Times acuñó una nueva palabra. La puso a circular el doctor Jack Hirschowitz cuando se refirió a la carborexia para definir el comportamiento de las personas que se obsesionan por reducir sus emisiones de carbono.

La ansiedad nace ante la tremenda responsabilidad que asumirán las nuevas generaciones por los errores que han cometido gobiernos, industrias e individuos desde la revolución industrial, al punto de provocar el calentamiento global, la extinción de las especies y el desbarajuste climático.

Los individuos que la sufrirán tratarán de minimizar el impacto causado por las generaciones inconscientes anteriores, y buscarán dejar atrás aires acondicionados y calefacción, evitar los productos empaquetados para reducir al máximo la basura que se genera, rechazar las bolsas de plástico, comprar ropa de segunda mano, reciclar todo lo posible y minimizar sus desplazamientos en carro.

Su gran preocupación será no contaminar más el planeta. Esa ansiedad ya está evidenciándose. Un estudio revela que ya el cuatro por ciento de los estadounidenses tiene algún problema carboréxico.

LA “VIGOREXIA” O VIGOFOBIA

La presión social por la belleza, los estereotipos impuestos por la publicidad y los medios de comunicación y el manejo de las herramientas de retoque digital están llevando a que la gente crea que debe tener iguales rostros y cuerpos a los exhibidos por los medios.

Según el Instituto de Trastornos Alimenticios (ITA), entre el uno y el diez por ciento de las personas que van a los gimnasios terminan volviéndose adictos al ejercicio. El problema, más allá de esa devoción musculosa, es que eso implica una distorsión de la imagen que lleva a modificar la dieta, a consumir sustancias especiales y a pasar más horas ejercitándose ya no por placer ni bienestar, sino por cumplir con los requerimientos autoimpuestos para cumplir con un ideal de belleza.

Igualmente se prevé que se dé lo opuesto: el nacimiento de seres que despreciarán esa vida y una cultura que se opondrá a esa rutina opresiva. Paralela a esta obsesión está la “estetodependencia”, o adicción a las intervenciones quirúrgicas para mejorar el cuerpo.

“TRABAJAHOLISMO” Y “LABORROR”

Los “trabajahólicos” ya existen. Sobre todo en países con la cultura estadounidense como premisa –como Colombia– y en las naciones orientales. Pero el número de estos seres que viven clavados en los escritorios crecerá en la medida en que las personas sean más solas y se limiten sus posibilidades de socializar, porque olvidarán el entorno y consagrarán su tiempo de ocio al trabajo para llenar sus vidas. El problema que genera su ansia por trabajar es que conduce a sensaciones de vacío y de angustia.

Para las empresas, estas personas que parecen ideales terminan siendo problemáticas, porque más tiempo en el trabajo no significa calidad sino apego enfermizo y, según la Universidad de Lancaster, largas jornadas y pocas horas de sueño pueden producir demencia.

A la par, crece el boreout, o aburrimiento y desinterés, que podría titularse “laborror” en español, o desazón suprema ante el trabajo. Según Philippe Tothlin y Peter Werder, autores de un libro sobre el tema, las tareas monótonas y la falta de perspectivas o crecimiento laboral llevan a crear sujetos apagados que sobreviven en la oficina por necesidad y no son estimulados por nuevos retos que los lleven a superarse.

LA “ORTOREXIA”

Una cosa es comer bien y sano, y otra convertir ese deseo en una obsesión inquietante y permanente. Las mujeres jóvenes son las más afectadas por esta angustia que lleva a quienes la sufren a sentirse culpables cuando ingieren algo que está por fuera de sus rígidas reglas.

Es decir, quien prefiere por una ocasión una empanada a una manzana y luego se da golpes de pecho por no haber consumido lo más saludable. El problema está en que estos seres evitan las reuniones sociales para no salirse de sus parámetros y llegan a casos de anemia o desnutrición por su incapacidad de entender que alimentarse bien implica tomar algo de todos los grupos de alimentos.

LA VIRTUALIDAD

Quizás la ansiedad que más crecerá con el paso de los años. Ante un mundo que permite comunicaciones en tiempo real, conversaciones distantes en la palma de la mano a través de los aparatos tecnológicos, sensaciones físicas y pronto también olorosas a través de la tecnología digital e inmersión en una realidad virtual, muchos comenzarán a experimentar que ese mundo irreal es mejor que el externo.

Cintas como Identidad sustituta (Surrogates) se anticipan a esa posibilidad, que podría originar seres desadaptados al entorno cotidiano, y aferrados a la virtualidad incluso a la hora de entablar relaciones afectivas. Los adictos a los videojuegos entran en esta categoría. Pero además, el anonimato en este tipo de sensaciones y de interacción permite que las personas se expresen de una manera más abierta y establece una máscara que muchos buscarían no quitarse jamás.

LA “REDOFOBIA”

Similar a la anterior, pero no necesariamente para experimentar sensaciones, sino para apagar la sensación de soledad que aumenta en los tiempos presentes. Ya en la actualidad se dan casos de individuos que pasan hasta dieciséis horas al día frente al computador sin descanso en busca de compañía virtual, de una conversación espaciada por los silencios de las charlas virtuales o de la posibilidad de conquistar a alguien en el ciberespacio.

Ya hay clínicas de rehabilitación para ellos en China, Corea y Holanda. En Japón se les llama “hikikomori”, y el fenómeno seguirá creciendo.

LA ANGUSTIA DE LA FAMA

La aparente facilidad para alcanzar la fama a través de la red y la cada vez más difícil manera de entender cómo lograrlo llevará a que muchos quieran alcanzar ese estrellato, aunque debido a la vertiginosidad del mundo no dure más allá de unos pocos clics y de unos cuantos días.

Pero el deseo humano de sobresalir llevará a intentarlo a como dé lugar, afectando incluso su personalidad porque muchos tratarán de emular a los que lo consiguen. Habrá más dioses modernos por los que los fanáticos gritarán y que serán olvidados pronto.

También, quienes lo logren, ante lo efímero de esta popularidad, querrán mantenerla de cualquier manera. Otras adicciones que podrán generarse en un mundo de prisas y vértigo son a la limpieza, a la cólera y a las compras.

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