¿Cuáles son los beneficios de comer en familia?

El placer de comer va mucho más allá del buen gusto. Es un ritual y una experiencia psicológica en la que se estrechan vínculos, se expresan sentimientos hasta se conoce quién es quién.

Publicado originalmente en Revista Diners Edición 349 de enero de 1999

Ruth Reichl, experta en temas de alimentos mas influyente en los Estados Unidos, nos explica la diferencia entre comer en casa y comer por fuera de ella, critica la costumbre de celebrar fiestas familiares en restaurantes, y nos da su opinión de por qué lo que está en el plato no es tan importante como que está en el corazón.

Reichl, quien escribe sobre restaurantes en The New York Times, no adopta posiciones ligeras acerca de la comida o de la vida. Para ella las dos están íntimamente entrelazadas. No juzga los alimentos pero critica los modales y las costumbres. ¿Entregan los meseros automáticamente la cuenta al caballero de la mesa? ¿Acomodan las damas en sitios que les corresponden? ¿Cómo atienden al cliente común y corriente?

“Decir que vale la pena lo que está en el plato es desconocer la importancia que tienen los restaurantes en nuestras vidas”, dice Reichl, quien cena fuera de casa de ocho a diez veces por semana, en forma anónima. “Gran parte de la vida social de nuestra cultura sucede en los restaurantes”

Según Reichl, comer es una experiencia tanto psicológica como física: así lo describe en sus memorias Tender at the bone: Gronins up at the Table (Huesos tiernos: creciendo en la mesa), publicadas en 1999. La comida es una forma de encontrarle sentido al mundo: “observando comer a la gente se sabe quién es”.

Usted dice que la comida nos define ¿Qué quiere decir?

Es la forma de decirle al mundo quiénes somos, y fijar así nuestras fronteras. Lo vemos en los niños cuando nos dicen “Yo no me como eso, no pueden obligarme”. Lo que nos están diciendo es: “Quiero que sepan quién soy”.

¿Esa actitud permanece a medida que nos vamos convirtiendo en adultos?

Sí, pero vamos tomando más conciencia de ello. Nosotros definimos a las personas de acuerdo con lo que comen. Decimos: “El es un tipo de cerveza y hamburguesa” o “El es un hombre de caviar y champaña”.

¿Nos hemos vuelto más refinados en cuanto a la comida?

Sí, pero la comida popular nos sigue gustando. Los políticos comen en sitios populares para transmitir el mensaje: “Yo soy como usted, como lo mismo que usted”.

Recuerdo a Nelson Rockefeller comiendo perros calientes en Coney Island durante su campaña para demostrar que es un hombre común y corriente.

Correcto. George Bush en su campaña afirmó no haber visitado en muchos años un supermercado, y eso lo hizo ver como fuera del alcance de la gente.

¿Los alimentos influyen en la manera de escoger a nuestros amigos?

Algunas veces. En el ejemplo más extremo alguien que sea Kosher, no entabla una relación social con quien no guarde dieta Kosher porque es difícil cenar en la casa de esa amistad. En forma semejante para quien le guste comer en restaurantes esto se con vierte en un impedimento para trabar amistad con quien no le gusta comer fuera.

¿Las diversas culturas tienen actitudes diferentes hacia la comida?

En China la gente se saluda “¿Ya comiste?”. Eso de muestra el gran respeto que tienen los chinos por la comida. En Estados Unidos no hay una actitud específica. Los antecedentes y la etnología tienden a moldear nuestro punto de vista hacia la comida. Existen enormes diferencias culturales en el tiempo.

Nosotros éramos una nación de agricultores, las mujeres pasaban casi todo el día cocinando. Eramos una nación de hamburguesas, ahora lo somos de taco-sushi-mooshu-steak. Esto demuestra que hemos aceptado otras razas junto con su comida. No puede odiarse a un grupo étnico si consumimos su comida.

Los inmigrantes venían y trataban de asimilar nuestra alimentación. Hoy en día quieren mantener su nacionalidad y la forma más poderosa de hacerlo es por medio de la comida.

¿La comida acerca a la gente pero también la separa?

Sí, es una forma de decir: “Estas son nuestras fronteras, esto es lo que trajimos de nuestro suelo patrio”.

¿Tiende usted a juzgar a la gente por sus preferencias gastronómicas?

Definitivamente no. No escojo a mis amigos por estos gustos; eso no significa que la comida no sea una parte central de mi vida

¿Qué criterio utiliza?

Deseo alrededor mío personas con los más exquisitos paladares. Sufro con personas que sólo comen unas pocas cosas y que no están dispuestas a experimentar, esas personas son muy cerradas.

¿Qué influyó para que usted se interesara en el tema de la comida?

A pesar de que mi madre era una pésima cocinera yo estuve rodeada de gente para quien cocinar era un gran placer, y me invitaban a la cocina. A todos los niños les gusta cocinar, si se les brinda la oportunidad.

Cocinar es una especie de magia. Se toma un poco de harina, agua y levadura, y eso empieza crecer. Y lo que sucede en un horno es bastante sorprendente. Cambia el color, la forma y de paso huele delicioso. Pocos niños rehusarían la oportunidad de estar en una cocina.

¿Le hemos quitado magia a la cocina?

No puede quitársele la magia, pero sí se ha vuelto más complicada de lo que es. Nos hemos dicho que necesitamos equipos costosos, clases y mucho tiempo.

Hoy en día cocinar se considera una recreación en vez de una parte integral de la vida diaria. Las personas dicen que son “buenas cocineras”. Pero lo que quieren decir es que pueden crear un espléndido plato.

Ser un buen cocinero significa realmente ser recursivo. Hemos perdido la habilidad de entrar en una cocina, revolver lo que este disponible y convertirlo en una comida aceptable.

¿Cómo come usted en su casa?

Muy simplemente. La mayor parte de mis comidas las hago en restaurantes, lo cual no es natural y cada vez más la comida en esos lugares es más complicada. Así, cuando estoy en casa quiero comida casera. Lo que deseo se resume en sabores elementales: frutas, ensalada, pan con mantequilla, etc.

¿Qué piensa sobre la manera como ha cambiado la cena en familia. Al sentarse a la mesa todos pueden estar comiendo algo distinto. Los niños, hamburguesas, la mamá, ensalada, y el papá lo que quedó de la comida china del día anterior?

Lo raro es que estén comiendo a la misma hora. Que se haya terminado la cena familiar es una tragedia. Lo importante de la cena no es la comida sino estar juntos, conversar y escucharse unos a otros.

¿Tomar leche y comer galletas con los niños, no es lo mismo?

No es suficiente; se necesita más tiempo, el tiempo que dura una cena. Por más que los niños deseen retirarse de la mesa el punto está en que deben esperar a que todos terminen.

¿Comer todos de lo mismo, es importante?

Sí, es muy importante compartir la misma comida, a la misma hora y en la misma mesa. Es una forma de construir los lazos y la unidad familiar. Los niños de esta generación que han crecido comiendo solos, van a ser diferentes. No van a adaptarse al medio social en la misma forma.

¿Tampoco tendrán sentido de las tradiciones familiares?

Correcto. Cuando una madre o un padre prepara una comida está dándole a la familia algo de sí mismo. Los que somos cocineros sabemos preparar un plato, lo hacemos como lo hacía alguien de la familia.

Los alimentos parecen volverse más importantes para nosotros durante las festividades. Desde el Día de Acción de Gracias hasta el año nuevo nuestras actividades parecen estar centradas en la familia y la comida. ¿Qué opina de la nueva tendencia a celebrar estas festividades en restaurantes y hasta en hoteles?

Lo odio, es un desastre. Dentro de una sociedad que no cocina tanto como antes, los días festivos nos brindan la oportunidad de estar en casa. Un restaurante nunca podrá ser un hogar. Detesto la tendencia celebrar los cumpleaños de los niños fuera de casa. ¿Qué les estamos diciendo a los niños? No le mostremos a nadie nuestro desorden.

“No dejemos entrar a nadie” es realmente ponerle barrera a la vida.

Exactamente. Constituye una especie de valentía invitar gente a nuestra casa, sabiendo que pueden criticar. “La casa es un desorden, la platería no ha sido brillada; ¿viste el mantel y la comida…?”. Aun así invitar es compartir lo que somos con los demás. La idea de no tener el valor de mostrar esa parte de nosotros mismos es una mala señal.

¿Qué opina de ofrecer comida en la casa pero preparada en otra parte?

¿Qué tan difícil es meter un pavo en el horno? Hay algunas cosas que no es indispensable que sean preparadas en la casa como un aderezo para la ensalada o un postre, pero uno debe preparar algo.

¿Qué distinción hace usted entre comer por fuera y comer en la casa?

Salir a comer por fuera en un restaurante da origen a nuevas experiencias que no se obtienen en la casa. Un restaurante lujoso puede hacernos creer que somos ricos, un restaurante chino puede enseñarnos algo sobre una cultura.

Para mí, ir a un restaurante es como representar una fantasía. Por otra parte, comer en casa debe ser, por encima de todo, ocasión de comodidad. Eso significa poder poner los codos sobre la mesa y hacer una sobremesa larga. Es no tener que preocuparse porque otros comensales están esperando a que usted se vaya.

Una de las gratas cosas de invitar a casa es tener el lujo de disponer del tiempo y del espacio, de no tener que limpiar la mesa y de poder decir “tal vez no comeremos ahora, sólo conversemos. Sacaré la comida del horno y comeremos más tarde”.

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