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Una idea de reconciliación colombiana que viajó hasta Australia para representar al país

Un equipo de rafting integrado por excombatientes de las Farc participó en el mundial de la especialidad en Australia. ¿Cómo lograron estos deportistas empezar a remar por la paz a 16 mil kilómetros de Colombia?

Un equipo de rafting integrado por excombatientes de las Farc participó en el mundial de la especialidad en Australia. ¿Cómo lograron estos deportistas empezar a remar por la paz a 16 mil kilómetros de Colombia?

Los integrantes del equipo de rafting Remando por la Paz encontraron un pedazo de patria a 16 mil kilómetros de su hogar en el Caguán. Los exguerilleros jamás habían sido tan acogidos por otros colombianos como lo fueron durante el reciente mundial de rafting realizado en Australia.

Luego de atravesar el océano Pacífico vieron banderas de Colombia que se agitaban a su paso, comieron asados australianos preparados por sus compatriotas, durmieron en camas de extraños con los que solo tenían en común el cordón umbilical con Colombia. Y recibieron sorprendidos los chocoramos y las Pony Maltas que una señora les entregó para calmar la nostalgia.

“Fue muy emocionante ver la bandera de Colombia, la recepción de la gente que nos estimó mucho; nos ofrecieron asados, nos invitaron a sus casas… Es muy bonito ver que se valore lo que uno está haciendo”, dice Duverney Moreno, nacido en Florencia hace 36 años y quien estuvo en las FARC desde los 19.

Apenas un par de años atrás estas muestras de afecto habrían sido impensables para los cinco excombatientes que integran este equipo, junto a otros tres miembros de la comunidad en la región del Caguán.

Y tal vez uno de los gestos más significativos lo haya protagonizado José Brayan Nieves, un estudiante de inglés de 23 años de edad, oriundo de Cartagena del Chairá, desplazado por la violencia y residente desde hace cinco meses en Ingham, población a una hora de donde se realizó la competencia en el caudaloso río Tully.

Al ver que los integrantes del equipo pasaban la noche en las carpas del campamento sin posibilidades de lavar su ropa, Nieves la recogía, la lavaba, la secaba en su casa y se las entregaba al día siguiente.

Brayan vivió hasta los 10 años en Caquetá. Nunca convivió con su padre de quien siempre le dijeron que se había unido a las FARC y quien ya habría muerto, aunque él nunca vio su cuerpo ni supo nada de las circunstancias de su muerte.

Sus primeros sentimientos frente a los exguerrilleros fueron ambiguos. “Recuerdo que se me cruzó por la mente una idea: ¿cómo así, ellos fueron guerrilleros y los trajeron hasta aquí? ¡Y yo que tuve un club de deporte en Samaniego nunca recibí un peso de apoyo para nuestros desplazamientos de un municipio al otro!”.

Pero rápidamente esta reacción instintiva cedió el paso a una empatía poderosa al darse cuenta de lo que significaba para la paz que ellos estuvieran allí, representando a Colombia. “Empecé a sentir una admiración enorme al ver que estos muchachos que habían estado tanto tiempo en la guerra, metidos en una montaña, ahora estaban representándonos y aprendiendo tantas cosas increíbles de la vida en un país como este”, recuerda.

Pasó mucho tiempo conversando con ellos, imaginando cómo pudo haber sido la vida de su padre. “Pude encontrar un poco de alivio en el lugar menos esperado; esos poquitos días que estuve con ellos fueron como si hubiera estado en Colombia”, dice Brayan, quien el año próximo viajará al Caguán para aprender a navegar el río Pato con la ayuda de Remando por la Paz.

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Por la no polarización

El bogotano Santiago Vargas lidera desde hace cinco años una organización sin ánimo de lucro llamada Latin House Inc. en Brisbane. A través de ella se dedica a reunir a las comunidades latinoamericanas en torno a la cultura y la convivencia. “Trabajamos con los inmigrantes latinos para que no traigamos a Australia la polarización que hay en nuestros países”, dice.

Vargas organizó varios encuentros, algunos informales como asados muy a la australiana -con salchichas y carne de canguro- y otros más formales, como rondas de conversación para que la gente pudiera hablar con los exguerrilleros y para que estos también pudieran dar su versión de lo que habían vivido.

“En un principio no sabíamos cómo romper el hielo. Poco a poco la gente se fue animando a hacer preguntas y los mismos integrantes del equipo decían ‘tranquilos, pregunten lo que quieran’. Había gente que había sufrido la guerra directamente, o que se opuso al proceso de paz. Sin embargo, se mantuvo un ambiente respetuoso y creo que nosotros pudimos conocer más de las circunstancias que llevaron a tantas personas a unirse a la guerrilla”, expresa.

El ángel guardián

¿Pero cómo fue posible que estos hombres que hasta hace tan poco tiempo estaban caminando por una selva con el fusil hombro, estuvieran ahora desafiando las corrientes de un gran río australiano al lado de deportistas consagrados? ¿Cómo podían ellos estar protagonizando escenas de reconciliación a 16 mil kilómetros de distancia y que tan pocas veces hemos visto en territorio nacional?

La idea de los integrantes del Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación ETCR (Miravalle, Caquetá), de conformar una agencia de turismo ecológico para la práctica del rafting, el senderismo y el avistamiento de aves, fue acogida por la Misión de Verificación de la Oficina de las Naciones Unidas. Así nació Caguán Expeditions, un operador turístico liderado por estos excombatientes que conocen toda la región.

Cuando la iniciativa llegó a oídos de un soñador, amante de los ríos y comprometido con la paz, la balsa de este grupo de deportistas empezó su recorrido por un río que desde entonces no ha parado, aunque haya tenido que superar diversos obstáculos. Ese soñador es Rafael Gallo, presidente honorario de la Federación Internacional de Rafting y dueño de la empresa Ríos Tropicales, que realiza turismo ecológico en Costa Rica.

Cuando la Misión de la ONU lo contactó, a Rafael le vinieron a la mente su bisabuelo antioqueño, las guerras en su país natal -El Salvador-, las buenas experiencias de interacción entre el rafting y el trabajo comunitario en Costa Rica y su amor por los ríos del mundo. De inmediato se subió a un avión con su hijo de 21 años y se fue para el Caguán.

“El primer encuentro con los muchachos fue muy natural. Uno viene con las ideas de lo que ha leído sobre el conflicto en Colombia, sobre la guerra. Pero con solo saludar nos damos cuenta de que son seres humanos igualitos, igualitos a uno. En ese momento desaparece todo rótulo de lo que hubiera sido su pasado. Ellos estaban en una apertura increíble hacia mí, agradecidos, honrados de que viniera alguien de afuera para enseñarles algo”, recuerda emocionado Rafael, quien a partir de ese momento se convirtió en su promotor más entusiasta.

Tras un recorrido por el río Pato y al ver que tenían todas las ganas del mundo pero que les faltaban conocimientos y técnica, Rafael gestionó con apoyo de empresarios costarricenses el entrenamiento del grupo con dos de los más experimentados guías de Ríos Tropicales, para que los excombatientes se pudieran certificar internacionalmente como guías de rafting. Después les consiguió una invitación para asistir al mundial de Australia en calidad de invitados especiales y estando allá, al ver que no tenían un entrenador, agarró los remos y se puso a trabajar como entrenador del equipo Remando por la Paz.

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Lo más importante era su seguridad física, pues eran los únicos que no tenían experiencia en estas aguas, y tampoco llevaban tanto tiempo remando juntos como los integrantes de los otros equipos.

“Ellos llegaron con una gran confianza y unión. Al mismo tiempo, no dejaba de ser un desafío enorme entrar al Río Tully. Pero yo les decía que las condiciones eran parecidas a las del río Pato, que ellos eran capaces y que nuestra prioridad era hacer un buen trabajo en equipo para no volcarnos y la verdad es que lo hicieron muy bien. Con su valentía y su mensaje se ganaron al público porque era obvio que ellos no iban para ganar el campeonato, pero también era evidente que eran personas valientes, que sabían de ríos y que querían remar juntos”, dice Rafael.

Además de guiarlos en la competencia, Rafael pudo conocerlos mejor y a través de él los exguerrilleros pudieron vislumbrar realidades diferentes. “Conversamos sobre muchos temas y recuerdo una cosa que los dejó perplejos: cuando les conté que en Costa Rica no hay ejército; es algo que no podían creer”.

Una opción diferente

Hermides Linares ingresó a las FARC siendo apenas un niño, a los 13 años. Después de haber dejado las armas, y tras la experiencia del campeonato, hoy se ve a sí mismo como un deportista, en esta nueva vida que comenzó para él a sus 43 años de edad.

“Quiero seguir en este deporte, llevar a los jóvenes a que integren este tipo de equipos, traerle triunfos al país. Nuestros próximos objetivos son sacar adelante Caguán Expeditions con el turismo ecológico por el río Pato y realizar el Campeonato Nacional de Rafting en este mismo río el año que viene. Esperamos contar con el apoyo que necesitamos. Queremos seguir trabajando por todo esto y competir para ganarnos un cupo al próximo mundial de rafting en China”, explica entusiasmado.

Ya han empezado a recibir turistas. Ahora viene ese segundo sueño de realizar el Campeonato Nacional, y en este también los acompaña Rafael, quien dice que los integrantes de Remando por la Paz tienen una verdadera pasión por la navegación en los ríos y una gran esperanza en la paz.

“Cuando vi en Australia cómo se reencontraban colombianos que habían padecido la violencia, que salieron desplazados y que ahora iban a saludar al equipo sentí una gran emoción. Ratifiqué, como siempre lo he pensado, que siempre hay que dar una oportunidad. Yo como salvadoreño siempre he lamentado mucho que los procesos allá no hayan funcionado; que después de los desarmes mucha gente se haya ido a las maras. Para poder realizar este tipo de sueños, hay que dejar de lado los prejuicios”, concluye este Rafael.

Para conocer más sobre Caguán Expeditions consulte su página web.

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Junio
20 / 2019

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