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¿Por qué nos volvemos viejos?

Desde cuando nacemos, empezamos a envejecer. ¿De qué depende que este proceso, que dura toda la vida, sea más rápido o más lento? Radicales libres y antioxidantes. Desequilibrio.

Foto: Unsplash/ CC BY 0.0

Desde cuando nacemos, empezamos a envejecer. ¿De qué depende que este proceso, que dura toda la vida, sea más rápido o más lento? Radicales libres y antioxidantes. Desequilibrio.

Publicado originalmente en Revista Diners Ed. 433 de abril de 2006

Después de cierta edad, nuestro organismo comienza a debilitarse hasta que irremediablemente sobreviene la muerte. ¿Cuál es la causa?

A muchas personas nos ha sucedido que de pronto, en un día cualquiera, nos vemos en el espejo detenidamente y exclamamos: “¡Qué horror, estoy envejeciendo!”. Quizás porque nos vemos arrugas, o porque la piel se está marchitando, o porque estamos engordando, o porque nos cuesta más trabajo movernos… A veces a ciertas personas las encontramos más viejas que a nosotros mismos: “¡Uy, cómo se ve de vieja fulanita, sí que le han pasado los años!”. A todos nos preocupa el envejecimiento. ¿Pero por qué envejecemos?

Como consecuencia de la interacción de los genes y el medio ambiente, después del nacimiento se produce en el organismo una serie de cambios funcionales que lo va menguando y lleva a la muerte. Para que un ser humano dure más años, debe haber un medio adecuado en el cual se desarrolle.

Es difícil determinar el momento en que el envejecimiento se manifiesta. Algunos autores consideran que ocurre a partir del momento de la máxima vitalidad: alrededor de los treinta años en el hombre.

Los avances socio-sanitarios, en especial los de la medicina preventiva, y también la aparición de los antibióticos junto con los grandes progresos de nutrición, han logrado que la esperanza de vida al nacer, que era de cincuenta años a principios del siglo pasado, sea en los países desarrollados de 75 años en la actualidad. Nuestras células cambian y se renuevan permanentemente, y de no ser así, la duración cronológica de la vida humana se reduce proporcionalmente.

El envejecimiento externo es la manifestación del agotamiento, la lentitud y la falta de eficacia en la renovación celular, lo cual afecta a la persona en su apariencia física. O dicho de otro modo: el envejecimiento es la expresión externa de las deficiencias del funcionamiento interno del organismo. En general cualquier cuerpo complejo, sea una persona, un avión o un puente, tiende a envejecer y deteriorarse a medida que transcurre el tiempo.

Muchas investigaciones han concluido en que el envejecimiento y la muerte sólo se aplican a los seres llamados multicelulares, compuestos de billones o trillones de células. Entre estos seres, obviamente, estamos nosotros, los humanos.

Explicar las múltiples teorías sobre el envejecimiento se saldría del marco de este artículo. Lo que aquí interesa es entender que existen medios para prolongar dicho proceso y que podemos intervenir previniendo enfermedades que lo aceleran.

El oxígeno, que es necesario para vivir, no puede permanecer en estado puro en la naturaleza, y siempre tratará de adherirse químicamente a otros elementos alterándoles la composición básica. Con el hierro forma los óxidos, con el hidrógeno forma el agua, y así sucesivamente.

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En nuestro organismo se une a diferentes sustancias como el colesterol, y sobre todo el colesterol malo, conocido como el C-LDL (colesterol de baja densidad), y lo oxida y empieza a dañar las arterias, lo que conduce a la enfermedad coronaria (apenas una de las causas de esta terrible enfermedad).

Existen moléculas llamadas radicales libres que pueden alterar o destruir ciertas moléculas adyacentes. Reacciones destructivas en cadena iniciadas por radicales libres dentro de las membranas del cuerpo pueden causar cáncer y aterosclerosis.

Pueden afectar los alimentos y cambiar el sabor y causar olores y colores desagradables. Los antioxidantes pueden controlar la reactividad de estos radicales libres.

Nuestro organismo está luchando contra los radicales libres en cada momento del día. El problema para nuestra salud se genera cuando el organismo tiene que soportar un exceso de radicales libres durante años, producidos por contaminantes externos que penetran en nuestro organismo, como los elementos atmosféricos, el humo del cigarrillo que contiene hidrocarburos aromáticos polinucleares, y aldehídos que incuban distintos tipos de radicales libres en nuestro organismo.

El consumo de aceites vegetales hidrogenados tales como la margarina, y de ácidos grasos trans como los de las grasas de la carne y la leche, también contribuyen al aumento de los radicales libres.

La protección contra el aumento de los radicales libres que aceleran el envejecimiento y degeneran las células de nuestro cuerpo, es el consumo de antioxidantes naturales tales como el beta caroteno (pro-vitamina A) presentes en zanahoria, mango, tomate, melón, melocotón, espinaca…

El cigarrillo produce radicales libres, que deben ser atacados con antioxidantes. Aunque no estemos en alerta, cada segundo sostenemos una batalla interna en nuestros organismos. Es la batalla de los antioxidantes y los radicales libres.

Los radicales libres también pueden contribuir al crecimiento anormal de las células, al perder éstas la capacidad de “reconocer” las células vecinas. Esa proliferación sin control se produce en los tumores benignos o malignos (cáncer).

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Muchas enfermedades crónicas se han ligado directamente con los radicales libres, como la enfermedad cardiovascular, el Alzheimer, el accidente vascular cerebral, la hepatitis, la hipertensión, la artritis reumatoide, el lupus, la diabetes mellitus, la enfermedad periodontal, la colitis ulcerativa, la falla renal crónica y muchas otras.

¿Cuál es el papel de los antioxidantes? Los antioxidantes son sustancias que tienen la capacidad de inhibir la oxidación causada por los radicales libres (son el “batallón” que contrarresta los daños). Son clasificados según su trabajo y localización.

Pueden ser enzimas naturales, antioxidantes obtenidos en la dieta o antioxidantes farmacológicos. En el plasma sanguíneo encontramos antioxidantes naturales (proteínas) como la trasferrina, la lactoferrina, la ceruloplamina y la albúmina. Estos antioxidantes naturales están disminuidos en los pacientes con diabetes.

Otros antioxidantes encontrados en la sangre o suero son: bilirrubina, ácido úrico, vitamina C, vitamina E, beta caroteno, melatonina, flavonoides y estrógenos. Los minerales selenio y zinc también desempeñan un papel importante en el organismo como antioxidantes.

Los flavonoides son compuestos polifenólicos encontrados en frutas y vegetales, excelentes antioxidantes. Comúnmente se los encuentra también en el té (principalmente el té verde) y el vino.

¿Si tenemos antioxidantes naturales en el cuerpo, por qué envejecemos o tenemos enfermedades crónicas? La producción de antioxidantes naturales y los antioxidantes que se obtienen con la alimentación, no son suficientes para muchas personas.

En algunas condiciones como la polución ambiental, el cigarrillo, la comida rica en alimentos procesados y otras, habrá una producción mayor de radicales libres que los que el cuerpo normalmente puede combatir, y sobrevienen la enfermedad y el envejecimiento. La salud empieza en cada una de nuestras células, que están en un proceso constante de renovación, reparación, reproducción y autodestrucción.

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17 / 2018

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