El boom espiritual para 2018

Al acercarnos al fin de año se aprecia un regreso a la espiritualidad, pero no necesariamente a las religiones tradicionales, sino de prácticas que van desde la literatura hasta métodos orientales.

El tema de la espiritualidad ha ocupado el primer lugar en crecimiento del sector editorial en los últimos años. En la actualidad millones de personas compran libros relacionados con el tema, y revistas como Newsweek, Time, y el periódico The New York Times le dedican portada.

Al acercarnos al fin de año apreciamos un regreso a la espiritualidad, pero no necesariamente a las reli­­giones tradicionales, sino que cada día más personas la buscan en alternativas como las prácticas orientales, la filosofía de la nueva era, la mitología griega, la psicología de Jung, las prácticas chamánicas, los masajes y el yoga. Otros satisfacen su necesidad de espiritualidad con la música, la poesía, la literatura o el arte.

La palabra espiritualidad proviene de la raíz latina spiritus, que significa aliento, refiriéndose al aliento de la vida. Implica abrir nuestros corazones y cultivar nuestra capacidad de experimentar temor, reverencia y gratitud. Consiste en la habilidad de ver lo sagrado en lo corriente, de sentir la intensidad de la vida, de conocer la pasión de la existencia y de entregarnos a algo más grande que nosotros mismos. Su meta es provocar compasión. Su efecto, conseguir la buena salud mental y física.

Ante la propagación de la espiritualidad, la psicología moderna no ha podido decidir si integrarla a sus terapias o pasarla por alto. Cuando la psicología era una ciencia nueva trató de distanciarse de las explicaciones teológicas del comportamiento y de descubrir sus propias verdades por medio de la investigación científica. Freud, el creador del psicoanálisis, declaró que la religión representaba una forma de patología, una neurosis obsesiva que nacía de sentimientos de desamparo infantil.

Pero algunos muy respetados personajes en la historia de la psicología como William James, Gordon Allport, Erich Fromm, Viktor Frankl, han convertido la espiritualidad en el punto principal de su trabajo. Carl Jung llegó a decir que la espiritualidad era un ingrediente esencial en la salud psicológica y que sólo podía sanar a quien tenía una percepción espiritual o religiosa hacia la vida.

Los beneficios de la es­pi­ritualidad en la salud constituyen un tema de estudio en las facultades de medicina y cada día hay más médicos que le dan crédito al poder de la oración, la meditación y otras prácticas religiosas. Pero la idea de que la espiritualidad sana no resulta nueva. Mucho antes del advenimiento de la medicina, durante miles de años la gente buscó curaciones a través de la espiritualidad. Las primeras culturas animistas creían que los espíritus controlaban todo, incluso la sa­lud. El chamán —una persona en armonía con el mundo espiritual— era en ese entonces el sanador por excelencia.

Cuando un miembro de la tribu se enfermaba, el chamán se valía de la intervención espiritual para regresar al paciente a una armonía con el mundo sagrado y de esta forma sanarlo. Hoy en día varias culturas alrededor del mundo aún dependen del chamán para el cuidado de su salud.

Los médicos modernos no les dan mucho crédito a los chamanes, porque no hay forma de verificar científicamente los procedimientos de sanación. Sin embargo, el solo hecho de que los chamanes hayan sobrevivido un milenio sugiere que están haciendo algo útil.

Los chamanes no sólo utilizan preparaciones a base de hierbas parecidas a las que muchos usamos hoy en día, sino rituales y procedimientos similares a los de la psicoterapia contemporánea. Establecen una relación de mutua confianza, diagnostican el problema e inician el proceso de curación empleando muchas veces sofisticados sistemas de interpretación de sueños, autorregulación y soporte de grupo.

Pero ¿cómo explican el éxito de los chamanes quienes son escépticos sobre el tema? La explicación más aceptable es el efecto placebo: si un paciente realmente cree que va a mejorar al someterse a un ritual, las probabilidades de lograrlo son al­tas. Sin embargo, pue­de haber razones superiores a nuestro entendi­mien­to actual que se­gui­rán siendo un enig­­ma, ya que no hay forma de investigarlas científicamente.

La mejor explicación para la efectividad de las intervenciones espirituales, sean ejecutadas por un chamán o por un terapista moderno, la constituye el poder curativo que tiene nuestra inclinación natural a sobrevivir. Investigaciones médicas demuestran que podemos apoyar u obstruir la fuerza de la vida con nuestras emociones, creencias o comportamientos.

La espiritualidad no se refiere sólo a las sanaciones. Tiene que ver con la mirada de asombro en la cara de un niño, con el amor que sentimos por nuestra familia, con los bosques y el campo, con la alegría de la música. Es ver lo sagrado que hay en nuestras existencias y abrir la puerta a una vida de pasión y profundidad. Estos son los momentos que alimentan nuestra alma y le dan valor a la vida.

*Traducido por Clara Inés Gómez de Rueda para Revista Diners Edición 356 de noviembre de 1999

Sobre el Autor

David N. Elkins, Ph. D., psicólogo y profesor universitario. Presidente de la división de psicología humanística de la Asociación Americana de Psicología y autor de varios libros.

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