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MINI-rally, Maxi aventura

La participación en la etapa 1 del Rally MINI – BMW Motorrad 2014 nos dejó la satisfacción del deber cumplido.

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La participación en la etapa 1 del Rally MINI – BMW Motorrad 2014 nos dejó la satisfacción del deber cumplido.

Como periodista del sector automotor he tenido la oportunidad de cubrir algunas válidas de rallies, esa disciplina deportiva en la que los participantes deben recorrer cientos de kilómetros entre un punto y otro, sin ningún tipo de demarcación y orientándose exclusivamente por una hoja de ruta, que es una guía con las instrucciones de navegación, en donde se incluyen distancias, direcciones y precauciones del trayecto a recorrer. Tal vez los referentes más famosos de este tipo de pruebas son el Campeonato Mundial de Rally (WRC) o el Dakar, que, por su grado de dureza y riesgo, se considera actualmente como el mayor desafío que pueda enfrentar un deportista de elite.

Por lo general, los periodistas tenemos la posibilidad de sentir la emoción del rally en los puntos de largada y la meta o en los puntos estratégicos que permiten ver el paso de los participantes, pero obviamente estamos lejos de vivir la experiencia que implica estar al volante de un auto o una moto de rally. Precisamente, eso fue lo que me motivó a participar en la etapa 1 del Rally MINI – BMW Motorrad 2014, organizado por Autogermana.

Mi aventura en este desafío empezó la noche previa del evento, en el concesionario MINI de la calle 122, en Bogotá, a donde fuimos convocados los participantes para realizar la ya mencionada reunión de pilotos, un momento de sana integración que me permitió corroborar la camaradería y el entusiasmo que se vive al interior de las comunidades MINI y BMW Motorrad (la división de motos del fabricante alemán) de Colombia.

Después de cumplir las verificaciones administrativas, que es el proceso donde se formaliza la inscripción y se verifica que la documentación de los participantes esté en regla, nos entregaron nuestro kit de rally, que incluía camisetas, varios adhesivos que debíamos pegar cuidadosamente en el vehículo y el road book, una libreta de instrucciones que contiene los detalles más relevantes de la ruta, así como también las principales indicaciones y puntos de referencia que sirven de guía a las tripulaciones. Destacamos lo precavidos que fueron los organizadores, pues el road book también incluía un glosario e información básica para entender la dinámica de este tipo de pruebas

Para fortuna mía y de mis recién designados acompañantes (Adriana Flórez, Daniel Rojas y Juan Pablo Botero, colegas del Canal Uno) eran varias las tripulaciones de “novatos” en materia de rallies que estábamos allí, así que resultó muy útil la charla de los organizadores, especialmente la de Sebastián Toro, un reconocido deportista que ha participado en varias rallies, incluido el peligroso Dakar. Nos explicaron que la competencia era de regularidad y no de velocidad; es decir, el ganador no es quien conduzca más rápido, sino el que cumpla el recorrido tratando de mantener una velocidad promedio. Un aspecto que nos llamó la atención fue el rígido reglamento de la prueba, pues muchos de sus apartados se refieren a penalizaciones que afectan de manera directa el resultado de los equipos; de hecho, la idea es terminar la competencia con el menor número de puntos. También nos explicaron que se establecieron dos rutas una on road, para autos y motos, y otra off road, exclusiva para las tripulaciones que competirían en motocicletas expresamente diseñadas para desafíos en destapado.

A la mañana siguiente, el día de la gran aventura, los periodistas invitados fuimos citados muy temprano para llegar a tiempo al Tambor, un restaurante vía la Calera, donde se instaló el parque cerrado (lugar donde los vehículos se estacionan y esperan su hora de salida). A diferencia del resto de competidores, los comunicadores éramos los únicos que no conocíamos el auto en el que viajaríamos; para fortuna nuestra nos asignaron dos unidades Mini Cooper S Countryman, modelo que tiene el mismo encanto del Mini original, solo que es de cuatro puertas y su habitáculo resulta ligeramente más cómodo para los ocupantes traseros.

Antes de partir y siguiendo el consejo que nos dieron la noche anterior, “estudiamos” la hoja de ruta y establecimos el ritmo de marcha promedio que deberíamos mantener en cada tramo del recorrido. Como ninguno de mis compañeros conduce fui designado “dedocráticamente” piloto del auto 33 y en el poco tiempo que nos quedó antes de la largada traté de explicarles cómo debían “leer” la simbología del rally, pues todos ellos harían las veces de copilotos.

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Luego que partieron las poderosas motos fue el turno para los autos, que congregados en el parque cerrado parecían más una parada de exhibición que competidores de un evento deportivo. Nuestra hora de largada fue a las 12:04 pm.

Como el primer tramo era de 54 kilómetros y debíamos cubrirlo en 1h:10 minutos, establecimos un promedio de velocidad de poco más de 46 km/h, el cual tratamos de mantener con éxito hasta casi la mitad del trayecto; sin embargo, el paso restringido en una zona de la carretera dañó nuestra estrategia, pues el tránsito por la vía fue cerrado por media hora… Allí quedamos atrapados con otros competidores y mientras unos sugerían tomar un camino alterno, nosotros acordamos esperar hasta que dieran paso. Obviamente, tan pronto nos dieron vía libre hice gala de mis dotes al volante y exigí al motor turbo cargado de 1,6 litros del Countryman, un vehículo que resulta más noble para conducir que su primo Mini, pues corrige mejor cualquier desmán del conductor al tomar las curvas y se afecta menos al cruzar sobre destapado. Precisamente, justo cuando transitábamos por una zona bastante irregular delante de Guatavita, por evitar un rizado, hice una maniobra brusca y al rebotar en su puesto, el más joven de mis pasajeros posteriores, Daniel, se golpeó el coxis con el anclaje del cinturón de seguridad. Hasta ahí nos llegó la carrera, pues el joven empezó a quejarse de un dolor muy fuerte.

Como ya estábamos muy cerca del primer check point, decidimos seguir la marcha en espera de que Daniel se recuperara; vale anotar que ese primer punto cronometrado lo pasamos con un retraso de 38 minutos. De ahí en adelante seguimos nuestra ruta con menos ímpetus del que hubiese querido, pues Daniel no daba muestra de mejorar y cualquier bache le recordaba que estaba adolorido; en realidad, solo rodamos unos cuatro kilómetros más y decidimos parar. La idea era que el joven tomara aire y se moviera para evaluar su estado. Aprovechamos la parada para darle un analgésico y esperamos un buen rato…

Aunque el virus competitivo ya nos había picado, proseguimos la ruta con cautela y traté de manejar lo más moderado posible para evitar los resaltos y baches; bueno, justo en ese tramo empezamos a encontrar mucho tráfico de camiones y tractomulas que nos obligaron a bajar el ritmo de marcha aún más, a veces por debajo de los 10 km/h.

Aunque sabíamos que no teníamos ningún chance de terminar la carrera con un buen tiempo, si estábamos empeñados en cumplir todo el recorrido y esa fue nuestra motivación el resto del camino. No habíamos recorrido ni la mitad de los 263,5 kilómetros de la ruta total y ya habían transcurrido más de cuatro horas desde que nos dieron la largada (se supone que toda la travesía debería demorar cerca de cinco horas y media). En ese momento, debimos hacer una nueva parada para almorzar, pues no habíamos comido nada desde un refrigerio que nos dieron muy temprano en el parque cerrado.

Con el estómago lleno y la idea de disfrutar el paisaje, más que competir, continuamos la ruta que nos condujo a poblaciones como Tausa, Sutatausa, Saboyá, Barbosa, Puente Nacional y Arcabuco, poblaciones que nos sorprendieron por sus vistosos paisajes y, de nuevo, muchos camiones y tractomulas en la vía. Nuestro segundo check point debía registrarse en el kilómetro 154,8 y fue algo fortuito que aún estuviesen los comisarios cuando cruzamos por allí, pues se suponen que dichos puntos de control se cerraban una hora después del tiempo teórico del último participante.

Justo al caer la tarde y mientras rodábamos para salir de territorio santandereano empezó a caer una lluvia torrencial que afectó considerablemente la visibilidad; por fortuna, el buen esquema mecánico y las asistencias a bordo del Mini Countryman hacen que rodar en esas condiciones sea muy seguro; en realidad, en ese momento agradecimos no hacer hecho la travesía en moto, porque las condiciones serían mucho más complicadas. Precisamente estábamos hablando de eso cuando en el camino encontramos a un par de competidores en motocicletas; teniendo en cuenta que su largada fue mínimo una hora antes de la nuestra, estimamos que debieron extraviarse en algún momento y habían retomado la ruta.

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La última etapa del rally, que empezaba luego de cruzar el tercer check point (obvio, cuando lo pasamos ya se habían ido los comisarios), fue la más dura. Luego de cruzar el peaje de Arcabuco y seguir rodando bajo la fuerte lluvia por una carretera muy sinuosa, la ruta nos llevó al tramo final: cerca de 20 kilómetros de destapado; los charcos nos impedían ver la profundidad de los huecos y por ello tuvimos que rodar muy despacio aguantando la presión del desespero que teníamos por llegar. Finalmente, luego de siete horas y cincuenta minutos de marcha arribamos a Villa de Leyva. Lo curioso es que solo unos kilómetros atrás la lluvia había desaparecido y cuando entramos al pueblo las calles estaban completamente secas.

Al final, una gran satisfacción que nos quedó como equipo fue que al cruzar la meta el dato del odómetro de nuestro auto solo estaba desfasado en 2,5 kilómetros, con respecto al dato de la hoja de ruta; es decir, no nos desorientamos durante toda la prueba, lo que sí les pasó a otros concursantes, que al desviarse de la ruta programada tuvieron que buscar una vía alterna para llegar al destino final.

Mientras en la ceremonia de premiación daban los nombres de los ganadores de esta competencia, se me ocurrió pensar que el rally que nos tocó es muy parecido a la vida misma, pues iniciamos la carrera sin conocer a nuestros compañeros; sin embargo, tras compartir con ellos una aventura en la que reímos, sufrimos y nos esforzamos, terminamos con la satisfacción del deber cumplido.

BMW Motorrad – Ganadores On Road
Puesto Nombre
1 Fabio Novoa
2 Carlos Zapata
3 Luis Alberto Bonilla

 

BMW Motorrad – Ganadores Off Road
Puesto Nombre
1  José Luis Ceballos
2  Carlos Tafour
3  Luis Alejandro Carrillo

 

Mini – Ganadores On Road
Puesto Nombre
1 Alberto Moya
2 Carlos Galeano
3 Fabio Valbuena

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Mayo
30 / 2014

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