El arte en miniatura de Mafe Mantilla que representa la estética popular colombiana

Con una escultura azul de apenas 30 centímetros de ancho por 20 de alto, María Fernanda Mantilla hizo que muchos colombianos se devolvieran a sus años de colegio. “Sonaba el timbre del recreo y corríamos para llegar de primeras en la fila”, comenta un usuario sobre la publicación en Instagram que tiene casi 100.000 ‘me gusta’ y más de 700 comentarios.

La responsable de estos recuerdos fue una réplica en miniatura de las tradicionales casetas o quioscos que se levantaban en colegios y universidades. Era en esas estructuras metálicas donde los estudiantes compraban sus onces, siendo la papa chorreada, la empanada, el barrilete y la Pony Malta los productos que más añoran quienes comentaron.

Pero lo más sorprendente es la minuciosidad de la bumanguesa, pues en la construcción de la caseta no pasó ni un detalle por alto: tiene el mismo desgaste, relieve y stickers que la original, que se encuentra a las afueras de la Universidad Industrial de Santander, donde estudió Artes Plásticas. Hizo la vitrina, la estufa, la olla, las empanadas, el termo del tinto y los frascos de salsas —que no superan un centímetro de altura—. Incluso replicó la bolsa llena de bolsas, los puntos de soldadura y las boronas sobre el piso.

“Estas estructuras hacían parte del paisaje urbano. Eran puntos de encuentro y referencia en la ciudad, sin embargo debido a desalojos y al paso del tiempo son muy pocas las que quedan. Ahora son ‘lugares‘ de la memoria”, explica la joven artista de 24 años.

Naturalmente talentosa

Aunque en un principio quería estudiar Arquitectura, su mamá siempre supo que se inclinaría hacia el arte. Recuerda que de niña la dibujó a ella, a su abuela y a su tía y para darle el efecto de antigüedad, le roció café por encima. “Siempre ha sido muy creativa. Jugaba con arcilla y plastilina y cuando se le acababa le dábamos harina de trigo”, comenta Julieta Silva Arciniegas.

Sin embargo, Mafe Mantilla cree que su ciudad natal tiene un pensamiento “mucho más cerrado” con respecto a las profesiones artísticas. “Mi mamá al principio tenía miedo de que mi carrera no tuviera mucha salida, pero creo que el éxito no depende de lo que estudies sino de las ganas de ser exitoso. Siento que he dado todo de mí para hacerlos sentir orgullosos que ahora son mis papás los que hablan sobre la importancia del arte”.

Puesto de tintos del tamaño de un fósforo. / Foto: Cortesía Mafe Mantilla


Su esposo David Antonio Barrios concuerda. “Es muy juiciosa, siempre que se pone metas trabaja muy duro todos los días para cumplirlas”, dice. Él es ingeniero informático, pero Mafe asegura que fue tanta su ayuda durante la carrera, que se puede decir que comparten el cartón de artistas.

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Observar la cotidianidad

Fue gracias a un trabajo de la universidad que Mafe Mantilla llegó a la técnica del arte en miniatura. Lo único que debía hacer era observar. En ese proceso se encontró con algunos detalles que “si no se hallaran en la ciudad, no se sentiría como si realmente estuvieras en Bucaramanga”, precisa.

Le llamó la atención el ingenio de los colombianos, los peluches que decoran los buses, la virgencita en los taxis, el carro de aguacates de la esquina, las canastas y costales llenos de plátano, yuca y papa que se encuentran en los mercados locales, las chazas de dulces y, por supuesto, las casetas.

Desde ese momento empezó a indagar sobre el contexto del vendedor ambulante, “que es una persona que se levanta muy temprano a trabajar de sol a sol”, afirma. Así salió su primera serie llamada Ambulantes, conformada por una carroza de aguacates del tamaño de medio aguacate; una chaza de cinco centímetros surtida de dulces, cigarrillos y celulares para vender minutos; y su famosa caseta de empanadas.

“Son objetos que vemos todos los días y que a veces pasamos desapercibidos, así que por medio de las miniaturas no solo quiero resaltar su estética —que es bellísima— sino la labor del vendedor ambulante, la cultura colombiana y nuestra identidad”.

De ahí en adelante supo que había encontrado su técnica. Ese estilo característico que muchos artistas deben buscar durante años, ella lo halló en el octavo semestre de su carrera. “Soy muy afortunada porque encontré en las miniaturas y en la cultura popular lo que me identifica y me hace sentir bien”.

Paciencia y dedicación

“A veces creemos que el formato pequeño no toma tanto tiempo como trabajar en un proyecto grande, pero requiere mucha paciencia. En ocasiones tengo que intentar varias veces hasta que siento que se ve lo más real posible”, explica la artista, quien asegura que hacer un puesto ambulante le toma de 15 a 20 días, “con calma”.

Su exploración apenas empieza, por lo que experimenta con diversos materiales. Pasó del porcelanicrón a la madera, luego usó láminas metálicas, plasticeras y resinas. Ahora lo combina todo y si ve algo en la casa que le funcione, lo acopla a sus miniaturas. “Las sombrillas que uso para los vendedores ambulantes las tomo de una grande. También las varillas, todo lo llevo al formato pequeño”.

Memoria colectiva

Mafe insiste en que con su trabajo quiere despertar buenos recuerdos, no en vano su proyecto de grado lo hizo sobre la fuente de soda Magará, un lugar que cerró después de medio siglo de tradición. “Mientras observaba mi entorno me di cuenta de que hay lugares que hicieron parte del desarrollo histórico de la ciudad que están desapareciendo”.

Lo mismo sucedió con las cabinas telefónicas amarillas que inundaban las calles de la “ciudad bonita” en los años 70. “Cuando salí a buscarlas no encontré ninguna, ni en el centro ni en ningún lado. Por eso hago esta serie de miniaturas, porque la memoria es identidad. Uno se siente colombiano cuando recuerda esas cosas”.

Aunque ha participado en numerosas exposiciones colectivas y ha obtenido algunos reconocimientos por ello, aspira a realizar su primera exposición individual muy pronto. Hasta entonces, seguirá reuniendo objetos de la memoria que narren la historia de su ciudad y de Colombia, dando clases de artes y aprendiendo inglés para hacer una maestría en Bellas Artes en el exterior.

“Me siento feliz de que mis miniaturas hayan suscitado tan buenos recuerdos en la gente, no me esperaba esa reacción tan bonita, pero me gusta poder transmitir amor por la cultura colombiana”, concluye.

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María Camila Botero. Soy periodista. Me gusta observar el mundo y luego escribir sobre la vida. Me apasionan los temas con enfoque social, el cine y los libros. Twitter: @CamiBotero8 Correo electrónico: camila.botero@revistadiners.com.co
Óscar Mena

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