“Hay vida después del abuso”: la historia de Reprograma tu corazón

Hablamos con la actriz Sandra Ramón, directora de la Fundación Reprograma tu corazón y autora del libro ‘La heroína de mi vida soy yo: De la prisión al despertar’.
 
“Hay vida después del abuso”: la historia de Reprograma tu corazón
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POR: 
Maria Camila Botero

“Pensé tocar el cielo con las manos al elegir una ruta corta y ‘fácil’ que me llevaría al éxito y lo que terminé tocando fueron las rejas de una cárcel”, escribe Sandra Ramón Restrepo, directora de la Fundación Reprograma tu corazón, en su libro La heroína de mi vida soy yo: de la prisión al despertar.

Tal vez usted haya escuchado de Sandra por trabajar en novelas como Las cartas del gordo, El general Naranjo o Montecristo. O, quizá, porque desde hace ocho años es coach especializada en guiar a otras mujeres a través de su metodología ‘Reprograma tu corazón’. Lo cierto es que una decisión tomada cuando tenía 22 años le cambió la vida por completo.

Nació en Cúcuta. Es la única mujer entre sus tres hermanos. “Carlitos”, como lo llama en el libro, era su hermano mayor, su héroe y el amor de su vida. Sin embargo, falleció en un accidente aéreo cuando ella era una niña. Con él se fue su sueño de montar una empresa, aunque años después uno de sus hermanos siguió con el legado.

‘Carlitos’ y la empresa son un factor crucial para contar la historia de Sandra porque aunque ella no justifica sus acciones, tomó esa importante decisión movida por los sentimientos y dejando a un lado la razón. Esa empresa que para la familia significaba honrar el legado de quien había partido estaba en quiebra y ya habían agotado todos los recursos para salvarla.

Reprograma tu corazón Foto: Cortesía Sandra Ramón


El momento decisivo

Sandra sintió que debía hacer algo y entre su inexperiencia e inocencia accedió a algo que nunca pensó que haría: transportar droga a Estados Unidos. Tenía que llevar dos kilos de heroína hasta Nueva York, luego recibiría el dinero, salvaría la empresa y seguiría con su vida. Fácil.

“¡Welcome to the United States!” le dijo la oficial del aeropuerto John F. Kennedy en Nueva York. Sandra no podía creer que había coronado hasta que de repente una segunda frase destrozó su alegría: “Chequeen sus maletas”.

“Me quedé pasmada. Mi corazón no paraba de latir a millón y a los pocos segundos, como en las películas, llegó una manada de no sé cuántos policías, ¡eran muchos! Me esposaron y entré en un estado de shock total. No escuchaba nada, solo me repetía: esto es una pesadilla, esto no está pasando”, recuerda en su libro.

El hombre que le había planteado el negocio le había dicho que llevaba dos kilos de heroína en sus maletas. Uno en cada una. Pero no era cierto, allá descubrió que le había metido ocho kilos. Ocho kilos que la sentenciaron a 36 meses de prisión en Estados Unidos.

Quince de esos meses los pasó sin siquiera ver la luz del sol. Otros los cumplió en una cárcel más grande donde incluso pudo trabajar y socializar con las buenas amistades que forjó durante su encierro. Y otros tantos los pasó en ‘el hueco’, una celda que describe como pequeña, oscura y fría, donde no se podía ver hacia afuera y solo había un inodoro, un lavamanos y una cama muy angosta.

La sanación

La experiencia que vivió Sandra no fue fácil. Le tomó mucho tiempo poder hablar del tema hasta que escribió el libro, aunque antes pensaba que ya era tema superado. Pero no. De eso se dio cuenta en Montecristo, cuando Unai Amuchástegui, el director, le explicó que su papel era de una mujer que estaba presa en Estados Unidos por haber llevado droga en su maleta, y que tenía que enfrentarse al hombre que la involucró en ese delito.

Para Sandra eso fue catártico y terapéutico, pero también le destapó muchas heridas. Heridas que no se había preocupado por sanar hasta que pasó por una relación ‘tóxica’ con un hombre, ya que antes de eso nunca había pensado en buscar ayuda profesional.

Foto: Cortesía Sandra Ramón


“Sanar duele, porque duele ponerle cara a tus heridas. Aprendí a entender que el dolor no era mi enemigo sino mi mayor aliado para lo que sería mi gran transformación como hija, hermana, amiga y mujer. Aprendí que perdonar es el mayor regalo que nos podemos hacer, y cuando lo haces de corazón, se siente gratitud, amor infinito, una genuina liberación y la presencia absoluta de Dios en el alma”, asegura.

Prisiones mentales

La cárcel fue una escuela de vida para Sandra. En su libro cuenta que ese lugar le enseñó a ver que sin importar los errores cometidos, seguimos siendo seres humanos que necesitamos amor. Por eso es muy crítica con el modelo penitenciario, pues piensa que “se enfoca en las carencias, en tus fallas, en lo negativo y no en reconocerte. Siento que genera más resentimiento y un efecto contrario al que supuestamente quieren lograr en las personas que pasamos por estas experiencias”.

En resumidas cuentas, su experiencia le cambió la vida, pero no necesariamente para mal. Los abusos y discriminación en la cárcel la hicieron convencerse de que “desde el amor todo siempre va a ser mejor” y que no hay nada como las experiencias personales para ser más empático y humano.


“Muchas mujeres se encuentran encarceladas por la culpa, en la prisión del dolor. Están en una relación tóxica, atrapadas por la angustia, la mentira o la adicción. Esto es lo que debemos atender si queremos vivir la plenitud que tanto buscamos, porque la plenitud que deseamos está dentro de nosotros mismos”.

El nacimiento de la Fundación Reprograma tu corazón

Después de todo el proceso que vivió, de los más de ocho años acompañando a mujeres a través del coaching y de identificar que el 98 % de ellas ha sufrido de abuso y que el 90 % no lo había expresado, decidió crear en el 2020 la Fundación Reprograma tu corazón.

“Somos 17 personas entre coaches, psicólogas y psicólogos que hacemos un acompañamiento a través de unas líneas estratégicas. La primera es la guía y la sanación, la segunda es la asesoría jurídica y la tercera es la educación y la prevención”.

Justo esa última, la educación y la prevención, es de las más importantes para Sandra porque siente que aún hay mucho desconocimiento frente a lo que es abuso. “Siempre se lo relaciona con el sexual y el físico, aunque hay muchas cosas más que entran bajo el mismo nombre y que simplemente se han normalizado”.


Relacionado con esto, la periodista e investigadora española Ana Bernal-Triviño, quien ha escrito varios libros sobre el feminismo y la violencia machista, hace una importante reflexión acerca de ese desconocimiento que lleva a que muchas mujeres se hayan preguntado en algún momento de su vida: ¿he sido maltratada?

“Está clarísimo si te golpea porque tenemos una sociedad que contempla solo la violencia física como línea roja; pero es la misma sociedad que ha enseñado a las mujeres a normalizar las múltiples formas del maltrato psicológico. Y en esas, con la vergüenza social que genera, con el miedo a que te digan ‘exagerada’ y con la autoestima minada, convencida por tu agresor de que tú eres la responsable, lo dudarás. Necesitarás contar lo ocurrido a una persona experta para que no te sientas equivocada ni loca, como te hacen creer”, escribió en un artículo para elDiario.es.

¿Qué hay después de un abuso?

Según Sisma Mujer, durante los inicios del confinamiento en Colombia a causa del covid, cada 25 horas se reportó un feminicidio y cada 10 minutos se realizó una denuncia de violencia intrafamiliar. En el 2021 el panorama no es más alentador, pues en los dos primeros meses del año los feminicidios aumentaron un 8,8 % y según la Fiscalía se recibieron 14.711 denuncias. Por otra parte, la Procuraduría General señala que entre el 25 de marzo de 2020 y el 4 de febrero de 2021 entraron, en promedio, 104 llamadas de auxilio por día a la Línea 155 (orientación a mujeres víctimas de violencia).

Para Sandra el hecho de que las mujeres seamos vistas como “una presa fácil” se debe, en parte, a carencias emocionales ocasionadas por el abandono del padre, madre o de haber sido rechazadas y minimizadas desde niñas. “En la fundación trabajamos desde el amor propio, porque el tema no es cómo sigo aguantando al abusador en confinamiento sino cómo salir”.


Por eso, la Fundación Reprograma tu Corazón ofrece su atención gratuita a las mujeres que lo necesitan, brindando un acompañamiento “para que cada una se dé cuenta del poder y la fuerza que está en sus manos. Mi mayor objetivo es reprogramar el corazón desde el amor y no desde el resentimiento ni la resistencia contra el otro o contra el hombre. Es en el amor propio que encontramos las transformaciones más efectivas, poderosas y duraderas”, concluye.

Si usted necesita ayuda, no dude en contactar a la Fundación Reprograma tu corazón de forma gratuita a través de su Instagram, su página web o marcando al celular  (+57) 300 794 6909. Es una llamada que puede salvar vidas.

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junio
25 / 2021