Art Thinking: ¿una nueva forma de cambiar la educación desde el arte?

María Acaso, la jefa del área de Educación del Museo Reina Sofía, de España, es una de las invitadas del V Encuentro Javeriano de Arte y Creatividad.
 
Art Thinking: ¿una nueva forma de cambiar la educación desde el arte?
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POR: Simón Granja Matías

“El otro día estaba viendo una peli, Todo en todas partes al mismo tiempo”, empieza a contar María Acaso, experta en art thinking. “Es la historia de una mujer que regenta una lavandería china, que está casada, tiene una hija y cuando se agota de cuidarlos a todos es cuando aparece en un multiverso donde ve otros yo, incluso uno donde es lesbiana y tiene una relación con una mujer que en otro universo es su enemiga”, resume.

Para la jefa del área de Educación del Museo Reina Sofía, esta película trata “muy bien el tema de la raza, el género y la clase. Habla de nuevas masculinidades, de cómo resolver los problemas de manera amable, hace ecos psicológicos intentando entender qué le pasa al personaje”, y remata diciendo que “es un gran ejercicio de art thinking”.

Para la también profesora de la Universidad Complutense de Madrid, el pensamiento artístico -o art thinking– es aquel que es divergente, que suele generarse de manera colaborativa a través de las artes y que activa modos de pensamiento alejados del modelo de conocimiento lógico, tradicional, “heterosexual, blanco y europeo”, explica mientras sonríe.

María Acaso, doctora en Educación Artística, fundadora del colectivo de arte Pedagogías Invisibles y autora de libros como Art Thinking. Transformar la educación a través de las artes, será una de las invitadas especiales del V Encuentro Javeriano de Arte y Creatividad que se realizará del 12 al 15 de septiembre en la Pontificia Universidad Javeriana. 

Maria Acaso es  jefa del Área de Educación del Museo Reina Sofía. Foto: Cortesía Maria Acaso.

Pesquisa Javeriana conversó con María Acaso sobre cómo el pensamiento artístico puede transformar la educación para lograr sistemas de aprendizaje divergentes, que confronten los modelos tradicionales, y sobre cómo su apuesta educativa contracorriente le ha traído resistencias en la comunidad académica. Una conversación a propósito de su conferencia del 15 de septiembre, abierta al público -con inscripción previa en este enlace– y que se titula El poder crítico del pensamiento artístico como herramienta para atravesar crisis del presente

María, ¿qué hace la jefa del área de Educación del Museo Reina Sofía?

María, ¿qué hace la jefa del área de Educación del Museo Reina Sofía?

Poner en funcionamiento el poder crítico del pensamiento artístico como herramienta para atravesar las crisis del presente (risas)… En la universidad, el pensamiento artístico ha estado en la teoría, y en el museo está en los objetos que me rodean, en mi geografía física. Pero el arte contemporáneo, finalmente, es una herramienta para activar el pensamiento artístico, y como el Reina Sofía es un museo de arte contemporáneo, esas obras que me rodean lo que hacen es atravesar las crisis del presente, de los problemas que tenemos e intentar, de alguna manera, complejizarlos, invitar a pensarlos y a reflexionarlos.

Para hacer eso nos dedicamos a trabajar con públicos muy diversos, entre ellos universidades, asociaciones, público general que viene al museo de manera autónoma y, especialmente, aquellos que no vienen de una manera natural. Me parece importante que vengan adolescentes, personas con diversidad funcional y adultos mayores.

¿Hay un tipo de pensamiento dominante en la educación?

Cuando tú le hablas a alguien del término “pensamiento” y empiezas a reflexionar sobre lo que es ser consciente de las cosas, inmediatamente nos vamos al pensamiento matemático, al científico, y a mí ese tipo de pensamiento me parece fantástico y lo respeto muchísimo, pero creo que hay demasiado entorno a él, sobre todo en la escuela, la universidad, el museo… Creo que los otros tipos de pensamiento, que no están dentro de esa categoría, son igual de importantes, por tanto, hay que tenerlos más presentes.

¿El pensamiento científico y el artístico son excluyentes o pueden trabajar juntos?

Pueden trabajar juntos. Absolutamente. Lo que pasa es que tenemos una tradición que nos dice que ese pensamiento lógico-matemático convergente es el que prima en la base de nuestra sociedad, que es la escuela, donde se privilegia la matemática, la física y la química, todo lo que tiene que ver con el pensamiento lógico. En cambio, el arte, la música, la danza y la filosofía están considerados pensamientos subalternos, de segundo nivel.

Una de las cosas que hago en mi trabajo es decir: no, este tipo de pensamiento es igual que el otro. Ni por encima ni por debajo. No hay una jerarquía.

¿Cómo le ha ido en ese diálogo con docentes, instituciones, colegios, universidades?, ¿ha habido resistencia, no ha sido suficiente?

Ha habido resistencia y no ha sido suficiente. (Risas). Ese es el resumen. 

En alguna charla dijo que no le gustaban las clases que daba cuando empezó a ser docente. Ahora su metodología ha cambiado, se pone máscaras para evaluar, habla de Los Simpson, es distinta… ¿Qué pasó en la mitad para que dijera: tengo que hacer algo diferente?

Lo que pasó fue que me volví consciente de mi forma de dar clase. Y esta es otra de las cosas con las que estoy trabajando: el nivel de volverte consciente, no solamente de las imágenes, sino de todo, de por qué das clases así, por qué te relacionas así, por qué comes así. En un momento entré en consciencia de que estaba dando clases de la misma manera en la que me las habían dado a mí, cuando yo estaba todo el día quejándome de cómo me las daban.

El día que hice ese clic me puse a investigar formas de dar clase que tuviesen que ver con cómo era yo y cómo eran mis estudiantes. Otro clic importante fue que decidí usar el arte contemporáneo, no solamente como el contenido de mis clases, sino como herramienta y metodología para darlas.

¿Ese cambio, ese clic, fue positivo en su entorno? 

Hubo resistencias entre mis colegas, sobre todo los varones, en la gente que ostentaba el poder en mi universidad. A pesar de ser una facultad de Bellas Artes, hay personas con un pensamiento muy conservador. También de alumnos, muy pocos, que están acostumbrados a brillar en el sistema y lo que yo proponía no los dejaba brillar. He tenido, debido a esto, dos denuncias, y me parece importante haberlas tenido. Eso significa que he contribuido a desestabilizar algo.

¿Las denuncias fueron por la metodología diferente?

Fueron por resultados de notas a partir de la metodología.

Su forma de evaluar no es a través de un examen tradicional… 

Exactamente. He cambiado el sistema de evaluación. El poder de cómo se tenía que evaluar se lo daba a los alumnos y ellos decidían. Hubo un año en el que decidieron una cosa y hubo una alumna que no estuvo de acuerdo, entonces me denunció.

Lo que siempre he tenido es que ha habido muchos estudiantes que se han sentido más cómodos y han aprendido más con esta forma de aprendizaje. En líneas generales este sistema está más anclado al presente.

Ha habido resistencias del entorno académico, de colegas, también de estudiantes, ¿por qué suceden? 

Por el pensamiento conservador, que viene del patriarcado, del capitalismo y de la Iglesia católica. El pensamiento conservador mueve al mundo y está basado en estructuras fuertes que están ahí. Parece muy loco que desarrollando una metodología que hace que los alumnos aprendan más, haya una resistencia. ¿Pero quién la pone? Esas estructuras que ahora mismo tienen unos privilegios que no los quieren soltar.

En mi facultad, aunque el 80 % de las alumnas éramos mujeres, el 80 % de los profesores eran varones. El patriarcado está muy arraigado y en esos momentos era una profesora muy joven, aproveché el poder mediático que tuve y se sintieron desplazados, y toda esa resistencia la pusieron en funcionamiento y consiguieron que me fuera de la universidad. Es decir, en esto de la resistencia hemos visto al alumno que no brilla, a mis compañeros varones y hemos visto la estructura, que siempre está ahí.

Me parece interesante, si la Universidad Javeriana, que es católica, pero crítica, que asuma ese papel (crítico). El catolicismo tiene un papel central en la resistencia porque la religión está en paralelo con temas educativos y ha tendido a que haya una educación muy conservadora. No conozco bien la metodología de la Javeriana y puede que esté subvirtiendo esto y si lo hace, lo celebraré, pero en líneas generales no ocurre.

Históricamente la tradición jesuita de la Javeriana ha propendido por la libertad del conocimiento…

Me parece interesante, porque si hablamos de las estructuras que mueven al mundo, pues son esas tres… No puedo decirte que sea solo el capitalismo y el patriarcado, y más cuando estamos hablando de universidades. La Complutense de Madrid es laica, pero sigue siendo una universidad, como todo lo que ocurre en España, muy fundada por la estructura del catolicismo. En la conferencia pienso hablar de todas estas cosas: feminismo, antirracismo, anticlasismo, porque son las cuestiones que mueven al mundo.

¿Cómo hablarles a los tomadores de decisión para fortalecer el interés sobre el art thinking, la cultura y la educación?

En Colombia tienen el ejemplo de Medellín. A través del art thinking se consiguió transformar una ciudad que estaba ligada al narcotráfico, hundida en unos problemas muy graves, cuando empezaron a construir bibliotecas, museos y dotar un montón de dinero a la educación y a generar una formación del profesorado de universidad súper fuerte. En poco tiempo le dieron la vuelta al sistema y de repente Medellín era una de las ciudades más importantes del mundo. Yo he ido mucho y es un ejemplo magnífico de eso.

Todas las ciudades del mundo deberían copiar el ejemplo de Medellín, ¿por qué no lo hacen? Porque no les interesa. En el fondo a las ciudades les interesan las desigualdades sociales. Yo creo que, Colombia, luego de atravesar el proceso de paz, hace un trabajo realmente increíble con el arte y la educación a la hora de transformar socialmente el país. 

Eso no significa que no se necesite más. Y cuando hablamos de los tomadores de decisión, creo que es fundamental la política, llegar a estos estamentos para que, con los ministerios, inviertan más dinero, recursos y tiempo en los ministerios de educación y cultura.

La pandemia fue un punto de inflexión para muchos sectores, ¿también lo fue para el art thinking?

Justamente, en pandemia, escribí un artículo para El País que tuvo mucha repercusión porque, de repente, estaba esta cuestión de la educación artística con los niños y todo el mundo en casa dijo: ah, la educación artística, vamos a ponernos a hacer figuras de papeles y a coger el cartón del papel higiénico y hagamos cosas. 

Yo fui muy crítica con eso y recibí muchos palos. Pero sigo manteniendo lo que dije: la pandemia posicionó mejor la educación artística en las casas, pero tiene que estar acompañada de pensamiento crítico. Me parece fantástico que hagamos pan, pero, ¿por qué lo hacemos? Vamos a hablar de la levadura, de la soberanía alimentaria, de lo que significa que tenga masa madre o no.

Otro ejemplo: el dibujo del día de la madre, un clásico de la educación artística. Puedes hacerlo sin ninguna relevancia crítica, en donde todos los niños dibujan la misma madre con flores y corazones o tú puedes usar el dibujo de la madre para pensar qué es la maternidad en el siglo XXI, para hablar de maternidad subrogada (alquiler de vientres), de la adopción, de la figura de la madre, de los cuidados, y de repente, el dibujo del Día de la Madre es un proyectazo flipante (maravilloso).

¿Qué más puede esperar la gente que irá a su charla en la Javeriana sobre el pensamiento artístico?

Van a encontrar una visión del arte y la creatividad atravesada por el pensamiento crítico y anclada en el presente. No vamos a ver el arte y la creatividad como etiquetas flotantes en el espacio que nos remiten a da Vinci, vamos a ver qué es el arte y la creatividad y qué nos puede dar ahora.

Creatividad es hacer un proyecto que tenga que ver con el feminismo en pueblo donde hay feminicidios, es cómo utilizar el arte en cuestiones de soberanía alimentaria, o porque hay un problema de bullying en la escuela y quiero trabajar la homofobia. 

Para mí es eso el arte y la creatividad, no algo ligado a Leonardo da Vinci, un señor blanco, europeo blanco, italiano, de hace un mogollón de años, sino a un adolescente trans en una escuela sufriendo. ¿Cómo utilizo el arte y la creatividad para que haya una consciencia de la transexualidad de los adolescentes? Eso es lo que me interesa.

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agosto
22 / 2022