Dos invitados especiales en la Filarmónica de Bogotá

El director estadounidense Irwin Hoffman y el violinista ruso Misha Keylin tocarán este fin de semana en el auditorio León De Greiff junto a la Orquesta Sinfónica de Bogotá.

Asistir a un ensayo de la Orquesta Filarmónica de Bogotá es siempre una experiencia única. Ver a los músicos preparar los conciertos que cada sábado presentan ante un auditorio León de Greiff (el hogar de la Orquesta) lleno casi hasta reventar, es como correr la cortina que esconde al Mago de Oz.

En esta ocasión, la Filarmónica de Bogotá preparaba bajo la batuta del estadounidense Irwin Hoffman y con el violinista invitado Misha Keylin, la Sinfonía en si bemol mayor’, de Ernest Chausson; el ‘Concierto en sol mayor No. 3 para violín y orquesta’ de Wolfgang Amadeus Mozart, y ‘La Valse’ de Maurice Ravel.

Hoffman, de 88 años pero vestido de jeans y buzo (como un Steve Jobs de la tercera edad), durante el ensayo, habla con una pasión incansable sobre lo que significa para él compartir la experiencia de la música. Para Hoffman volver a la Orquesta que dirige como director invitado cada año y que dirigió como titular entre 2003 y 2006 es como volver a encontrarse con familia y amigos, y cuenta que así le sucede cada vez que visita una orquesta que ha dirigido en el pasado.

“Por ejemplo en Budapest, los músicos no hablan una sola palabra de inglés, o de español, o de francés. Y yo no hablo nada de húngaro, y ni una palabra del húngaro suena parecido al inglés, el español o el francés. Y sin embargo me siento muy cercano a estas personas. ¿Por qué? Primero, porque compartimos las emociones que la música nos da. No es únicamente la actividad física de tocar las notas, sino las emociones que están dentro de ella. Crea unos sentimientos que comparten las personas, que es una razón por la cual yo creo que la música puede enviar el tipo de mensaje que hará que haya más paz en el mundo y se detengan las guerras. Porque une a las personas. Y las guerras ocurren cuando las personas no se entienden ni quieren entenderse entre ellas. Pero si van a un concierto, estas personas no van a salir del concierto para salir a matarse entre ellos. No lo harían porque han compartido algo de humanidad. Y por eso es que si pudiera, llevaría una orquesta, un coro y cuatro solistas a la mayor cantidad de ciudades posibles, para tocar la novena sinfonía de Beethoven. El mensaje que ésta tiene, no solo de hermandad del hombre, sino las emociones que producen todos los movimientos son tan fuertes que hacen que la gente se salga de sí misma. Y eso es lo que produce la música. No diré que los hace mejores personas, pero sí los saca de sus problemas, pensamientos y rabias cotidianos”.

Quizá es por eso que a su edad, Hoffman no se detiene y sigue dirigiendo. Y este fin de semana, les dará a los bogotanos una experiencia para soñar.

Misha Keylin es un tipo afortunado

Para tocar el ‘Concierto en sol mayor No. 3 para violín y orquesta’ de Mozart la Filarmónica de Bogotá invitó al violinista ruso Misha Keylin. Junto a su familia, Keylin emigró hacia Estados Unidos junto a su familia a en 1979, días antes de la invasión soviética a Afganistán.

“Fuimos muy afortunados”, cuenta Keylin, “pues no tuvimos complicaciones para salir de la Unión Soviética. Luego a los pocos días comenzó la invasión a Afganistán y las puertas se cerraron hasta cuando llegó Gorbachov, en 1989”.

Aunque salir de Rusia no fue una experiencia difícil, sí lo fue llegar, con nueve años y hablando únicamente ruso, a un colegio donde la mayoría de los estudiantes eran inmigrantes latinos. “Mis compañeros hablaban español entre ellos. Por eso aprendí a hablar español antes que inglés”, cuenta.

Pero como era un niño afortunado, talentoso, y con una madre dedicada a cultivar su compromiso con la música, a los pocos días ingresó a Juilliard, la legendaria escuela de música en Nueva York. “Mi mamá también es violinista, y fue mi primera maestra. Luego cuando llegué a Nueva York me recibió Dorothy DeLay, la misma profesora que tuvo Itzak Perlman”. Bajo su tutela pudo tocar, a la edad de once años, en el Carnegie Hall. En Juilliard completó su educación, y DeLay fue su maestra principal hasta su muerte, en 2002. Y con la fortuna de la mano pero también una férrea disciplina y talento, Keylin ha recibido los premios de la crítica del New York Times, el premio de la revista británica Gramophone, y el premio de la crítica de la revista especializada The Strad, por sus grabaciones de los conciertos de violón de Henry Vieuxtemps.

Para tener la oportunidad de experimentar, como dice Hoffman, una serie de sentimientos compartidos y salir con una sensación de paz con la humanidad, vaya este viernes a las 7:30 de la noche o el sábado a las 4 de la tarde al Auditorio León de Greiff, en la Universidad Nacional (Carrera 30 # 45 – 03).

Valor de la boleta: $6000 – $20000

Hora: Viernes 2 de marzo, 7:30 p.m; sábado 3 de marzo, 4 p.m.

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