El suspenso del pasado en Santiago Posteguillo

Santiago Posteguillo es un autor de profunda dedicación a sus obras. Días por años enteros ocupan la investigación de sus novelas históricas. "Los asesinos del emperador" es su libro más reciente.

Santiago Posteguillo tenía apenas seis años cuando sus padres lo condujeron ante el Coliseo romano. Lo impresionó de tal manera el monumento en ruinas con veinte siglos encima, que a pesar de que intentó acercarse a otras formas de literatura, a los 32 años se dio cuenta de que él en realidad pensaba en un futuro literario basado en el pasado histórico. Con esa claridad de vivir en el presente y amar las lenguas y la historia pasada, arrancó a escribir su gran obra actual. Lo que le salió fue una trilogía monumental sobre Escipión (alias Africanus), el joven oficial que derrotó a las tropas de Aníbal y creó las bases para el nacimiento del Imperio. Con el mismo ímpetu acaba de arrancar otra trilogía de iguales proporciones, que inicia con su libro más reciente: Los asesinos del emperador, en el que narra la historia de Trajano, el primer emperador hispano de Roma, y quien llevó al Imperio romano a su máxima extensión.

“Tardé seis años y medio investigando y escribiendo la historia de Escipión. La de Trajano me llevó dos años y medio”, explica este profesor de la universidad española Jaume I, y además filólogo y lingüista, quien aprovechó su paso por Bogotá para encerrarse en su habitación 1109 del Hilton a adelantar la obra, y apenas salió a hablar un rato con Revista Diners. Y explica la importancia de tan profunda dedicación: “Hay un capítulo en el que el personaje llega a Singidunum, en el año 94, la ciudad que hoy es Belgrado. Tuve que detenerme para saber cómo era la ciudad en esa época, por qué lado se entraba, cómo eran los campamentos militares. Si fallo, alguien dirá que no soy certero. Solo si no existe el dato, apelo a la ficción. Yo reconstruyo el pasado para que sea creíble”.

Y en eso radica su gran éxito: en su capacidad para narrar de forma verosímil hechos históricos, de contar con la aprobación de los historiadores y de lograr al mismo tiempo que sus libros voluminosos sean leídos con agilidad incluso por los jóvenes. Porque luego de la investigación se dedica a armar el relato con complejos mapas que saltan en el tiempo y con la estructura de una novela de suspenso que arma luego como un rompecabezas. Un maestro del oficio, aunque él diga otra cosa: “Soy un artesano que necesitó maduración”.

Lo de Santiago Posteguillo es puro amor a la palabra. Una labor de artesano laborioso que no se rinde ante las dificultades. Y la terquedad de un literato al que quince editoriales rechazaron, que prefirió centrarse en su carrera, estudiar literatura creativa, dictar clases de literatura inglesa y ser profesor antes de acometer de nuevo el oficio literario. Pero que desde entonces no se detiene. Ni un solo día. Hasta que su amigo más cercano, un siquiatra, dejó de decirle lo que siempre afirmaba cuando leía sus textos: la fatídica palabra “aburres” y pasó a decirle que era “entretenido”. “Pienso en el cine y armo las historias tomando en cuenta la ambientación, los escenarios y el guión. En mi caso, el lector siempre está presente”. No hay duda de ello. Una vez uno arranca, es imposible detenerse.

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