Janne Teller, la escritora del todo o “Nada”

Janne Teller es una de las grandes plumas contemporáneas y llegó al Hay Festival para hablar entre otras cosas de su novela "Nada" que pasó de censurarse a ser lectura en colegios de varios países.

A medio camino entre Internet y el teléfono completamos esta entrevista en la última semana de diciembre. Hay que decir que Teller es una mujer cálida que, a pesar de tener fama mundial y pasarse la vida en un avión, contesta directamente sus correos electrónicos y se muestra accesible. Quizá esto tenga que ver con su propia historia. Creció viajando de un país a otro. Estudió economía y se especializó en resolución de conflictos, función que ejerció en Mozambique, Tanzania y Bangladesh. En 1995 se retiró de las Naciones Unidas para dedicarse enteramente a la literatura. Ya en este sentido su trayectoria es distinta a la de buena parte de los escritores de ficción. Viene de otro campo y sus preocupaciones han estado alejadas de las revistas literarias o las aulas de clase. Una mujer con los pies sobre la tierra que ha visto la maldad, el conflicto y la violencia en distintos idiomas y culturas, una realidad que le ha permitido hacerse las preguntas esenciales que la han llevado a escribir con una claridad asombrosa sobre temas incómodos y a la vez fundamentales: ¿Cómo afrontan los jóvenes la existencia hoy en día? ¿Qué lugar ocupa la fama, el reconocimiento y el prestigio en sus ambiciones y deseos? ¿Qué pasa con la religión? ¿Cómo se entiende el amor? ¿Qué ocurre cuando perdemos todo lo que amamos? ¿Qué lugar ocupa el dinero en nuestra existencia? En fin, ¿qué es lo que verdaderamente le da sentido a la vida?

La autora nos instala frente a estos interrogantes de apariencia sencilla y sin embargo complejos, universales e inmensos. Difícil pensar en un proyecto más ambicioso y, sin embargo, Teller lo logra, con una obra que será todo menos fácil de olvidar.

¿Cuáles son los mayores retos que enfrentan los jóvenes hoy en día? 
Creo que es difícil encontrar significado en medio de la competencia sin sentido que la sociedad ha hecho de la vida moderna. De alguna manera estamos haciéndoles creer a los más jóvenes que la fama, el dinero, el glamur y el éxito les llevarán a tener una vida llena de sentido. Pero tarde o temprano, incluso aquellos que sobresalen en la competencia, encontrarán el vacío. Y esta competencia permanente para convertirse en una “estrella” define de manera inherente a la gran mayoría como “perdedores”. Para que existan unas pocas “estrellas” los demás debemos ocupar nuestro lugar como “perdedores”. El resultado es evidente: una extensa parte de la población sufre de desorden alimentario, depresión y otros etcéteras. No se trata de una peculiaridad psicológica si 40 o 50% de la población sufre estos trastornos; es un problema de nuestra sociedad. Resulta esencial empezar a discutir seriamente las preguntas más profundas con los más jóvenes. Así también se evita el riesgo de caer en fanatismos.

¿Qué hay en Nada para que tantos lectores la consideren nociva? 
Es cierto que al principio algunos libreros y profesores se negaron a distribuir o usar el libro en el aula por considerar que podía causar depresión o incluso intentos de suicidio entre los adolescentes y jóvenes lectores. Suerte que el tiempo ha demostrado que es todo lo contrario. Precisamente los jóvenes más deprimidos o desmoralizados encuentran aquí un espacio para sus inquietudes existenciales.

¿No se esperaba la censura a su obra? 
El hecho de que en la Europa actual un libro sea censurado, no por su lenguaje soez o su contenido sexual, sino por sus ideas, me tomó por sorpresa. Hoy en día prácticamente todo resulta admisible en un libro. Entonces para mí es un signo evidente de que algo anda mal, cuando en nuestras supuestas “sociedades librepensadoras modernas” lo más provocador que puede hacerse es cuestionar nuestras ideas convencionales sobre el sentido de la vida.

¿Por qué el protagonista del libro tiene 14 años? 
Las preguntas que nos hacemos sobre el bien y el mal, sobre el valor del dinero, la religión, la importancia de la fama o el reconocimiento, el poder, la familia, etcétera, son preguntas que para los adultos ya han dejado de tener sentido o han dejado de estar latentes en su día a día. En cambio, en los adolescentes están vivas. Meterme en la piel de uno de ellos (Pierre Anthon) me permitió hacerme las grandes preguntas existenciales que se hacen los jóvenes con la amplitud de pensamiento que ellos tienen para abordar la vida. Este libro me enseñó a mirar la realidad con la mente abierta, desde todos los ángulos posibles.

¿Cómo influyó su experiencia en resolución de conflictos sobre la trama de Nada? 
Algo que he aprendido luego de vivir en países tan distintos, es a separar el comportamiento exterior, propio de cada cultura, de la esencia humana. Al mismo tiempo, esto me ha hecho cuestionar las convenciones que usamos en cada cultura, su significado. En África, las relaciones humanas son una prioridad por encima de todo lo demás. Al contrario de como funciona en la mayor parte de los países ricos, donde parece como si creyéramos que los seres humanos somos máquinas cuya única función es ser más y más productivas en términos económicos. Vivir cerca de situaciones de vida o muerte y haber sido amenazada en varias oportunidades también me llevó a preguntarme por el sentido de la vida con mayor vehemencia.

¿Cree que los conflictos actuales son globales o difieren de una cultura a otra? 
En buena medida son globales, pero también existen asuntos de índole local, relacionados con el territorio, la disparidad o hechos históricos y culturales. En mi experiencia con resolución de conflictos he comprendido que uno debe atender las necesidades específicas de cada cultura a la hora de afrontar un conflicto. Cada pueblo tiene una tradición propia en la manera de resolverlos y si esto no se tiene en cuenta, nunca se lograrán resultados sostenibles. Por ejemplo, cuando teníamos dificultades al reintegrar muchachos soldados a sus pueblos de origen, pues habían sido forzados a actos horrendos como asesinar a sus propios padres o hermanas, los sometíamos a un ritual de purificación con el chamán local, tras el cual para ellos y su gente era posible encontrar la redención. En Sudáfrica, parte de la genialidad de Mandela consistió en ver que la verdad liberaría a su pueblo y una Comisión de la Verdad se convirtió en la base para construir una sociedad unificada después del apartheid.

¿Cree que hay una vigencia particular en Nada ahora que los “indignados” protestan por la crisis europea? 
Sí, es muy extraño, pero creo que Nada se trata justamente de las carencias específicas causadas por una “sociedad de la codicia” como es la occidental. Otras tendencias, como el “movimiento Ocupa”, también se basan en la inconformidad frente al sistema.
El activismo puede hacer mucho por conseguir cambios concretos que la literatura, por su naturaleza, no puede conseguir. Pero la literatura sí puede traer a la discusión los temas y las preguntas que luego los activistas podrán llevar a acciones. De alguna manera, todos los que queremos un mundo mejor tenemos un papel en una especie de sistema dinámico donde los asuntos y las acciones de cada uno se entrecruzan en busca de un objetivo común.

¿Luego de haber escrito una obra que es ya considerada un clásico, qué ha sucedido con su carrera profesional? 
Afortunadamente ese reconocimiento ha llegado casi diez años después de haber escrito la novela. Entonces cuando la presión se hace muy fuerte, recuerdo cómo al principio nadie quiso publicar Nada. También desde entonces, luego de haber escrito La isla de Odín, una saga nórdica sobre el fanatismo político y religioso, he escrito dos novelas más. Europa, sobre el significado de la historia en nuestra vida personal, y Ven, que habla de la ética en la vida moderna, novela que será presentada en Colombia en el mes de febrero. Ahora estoy en medio de una novela sobre la justicia.
Cada vez hay más preguntas sin respuesta, así que en la medida en que escribo sobre ellas, nunca me quedaré sin tema.

En Nada, el sentido de la vida se materializa de manera errónea en fama, reconocimiento, poder económico o fanatismo religioso. ¿Cómo interfieren estas tres deidades modernas en la búsqueda de sentido? 
Una mezcla entre la sociedad de consumo, los desarrollos tecnológicos y los medios masivos han generado lo que paradójicamente Carl Marx denominase “la dictadura de las masas”. Creemos estar vivos solamente si una cantidad significativa de personas nos están observando. Algo que para los más jóvenes se traduce en “es mejor tener 5.000 amigos en Facebook que 5 amigos en la vida real”. Erróneamente, estamos tomando la fama y el poder económico por la confirmación de la existencia. Y como la fama nos ofrece una relación vacía, tarde o temprano quienes la buscan –prácticamente todos hoy en día– acaban por perderse a sí mismos y perder también cualquier sentido de lo verdaderamente significativo. A mi modo de ver, la institucionalidad religiosa también es usada como cualquier otro poder: como un vehículo para controlar a las personas. La fe en cambio puede ser una fuerza benéfica, especialmente cuando se basa en valores y le da esperanzas y generosidad al corazón del creyente. Pero cuando interfiere con la tolerancia y las creencias ajenas para decirles cómo deben tomar sus decisiones y vivir sus vidas, no es más que otro bastión del poder incapaz de guiarnos en la búsqueda de significado.

En su epílogo usted menciona que los adultos tenemos un mecanismo para silenciar las preguntas existenciales más profundas. ¿Cómo mantenerlas vivas dentro de nosotros sin perder la cordura? 
Muy buena pregunta y un gran reto. Creo que todos tenemos un Pierre Anthon (protagonista de Nada) en la cabeza preguntando todas esas cosas para las que no tenemos una respuesta. Lo fundamental es hacernos amigos de nuestro propio Pierre Anthon interior. Entender que sí, bajo una perspectiva, la vida puede no tener ningún sentido. Quiero decir, él tiene razón, la Tierra cuenta con 4,8 billones de años y nosotros como máximo vivimos 100, algo que puede parecer insignificante. Pero al mismo tiempo, el sentido de la vida está en la perspectiva inmediata, donde todo posee un significado. Todo lo que podemos sentir, oler, tocar, pensar, contiene un significado en sí mismo. De hecho, precisamente porque esas grandes preguntas no tienen una respuesta, la vida resulta tan maravillosa. Si tuviésemos las respuestas, ¿cuál sería el punto de vivir la vida, aparte de hacer un ejercicio práctico? Escribir Nada me abrió los ojos al fascinante, incomprensible e ilimitado don que es la vida. Y creo que cuando comprendemos esto, podemos seguir viviendo y valorando la existencia, sin dejar de cuestionar cada aspecto de nuestro paso por la tierra.

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