Autoentrevista de Gustavo Gómez: soy un daltónico existencial

Rinítico, pasado de peso, con pie plano entre otros defectos, Gustavo Gómez aceptó enfrentarse a otro Gustavo Gómez, el entrevistador implacable. Este es el resultado de tan intrincado duelo.

El año pasado Gustavo Gómez recibió el premio Simón Bolívar a periodista del año. En su más reciente edición, el jurado enmendó semejante despropósito, dándole el premio al subdirector de El País de Cali, Diego Martínez Lloreda. Rinítico, pasado de peso, con pie plano e interminables problemas con sus tobillos, Gómez es un hombre repleto de defectos. También físicos. Lo suelen clasificar como “mamador de gallo”, que es como llamaban antes a las personas dotadas de cierto sentido del humor (pero que no cobraban por compartirlo). Se levanta a las 4:00 a.m. para cumplir con su trabajo en Caracol Radio y, diez minutos después, está en la ducha preguntándose qué delito pudo haber cometido en otra vida para tener que pagarlo ahora con esas madrugadas inhumanas. Lo hace por amor al periodismo pero, sobre todo, para pagar el colegio de sus hijos Gus y Pacho. También para mantener tranquila a La Fiera, dócil mujer con la que comparte su vida y una vieja casa en Pasadena, barrio que antes era de familias y hoy es de consultorios. Tiene un vecino que lava carros a toda hora, un lunar en un sitio impúdico, una colección de aviones Supermarine Spitfire, una jefe bastante sexy, un pasado como boy scout del cual se siente orgulloso y una caricatura de Matador en el comedor.

Aunque todo quedó dicho en este primer párrafo, decidí, de todas maneras, entrevistarlo.
¿Por qué aceptó una entrevista conmigo, que soy usted, y con usted, que soy yo?
No podría negarle nada al hijo de María Victoria Córdoba. Tengo la mejor impresión de esa señora.

¿Siempre quiso ser periodista? 
Nunca quise ser periodista, pero supongo que, sin saberlo, siempre lo fui. Le voy a confesar algo que jamás he comentado públicamente: lo que yo quería ser en la vida era caricaturista. En mis años de estudiante de Derecho hacía las caricaturas políticas y de actualidad de las publicaciones de la facultad. Soñaba con ser Osuna, pero no pasé de una incipiente obra; más que Osuna, “osuda”.

¿Qué es ser periodista?
Bien dijo Ramón Gómez López que el periodista es el menos poderoso de los poderosos, el más tonto de los astutos, el menos petulante de los soberbios, el más débil de los robustos, el menos obvio de los juiciosos; el más de los menos y, de los más, el de menos.

¿Quién carajos es Ramón Gómez López?
Lo veo mal dateado: soy yo. Es uno de los muchos seudónimos que he usado. El primero fue Ben Nevis, para escribir de música. A un gentil prosemita como yo le encajaba aquello de llamarse Ben, y Ben Nevis es la montaña más alta de la Gran Bretaña, lo cual le venía bien a mi ego de novato.

Supongo que con el paso del tiempo descubrió su verdadera estatura en el periodismo…
Sí, y hoy creo que me habría hecho justicia un seudónimo tipo Juan Monserrate. Creo que nunca seré un periodista de gran estatura, digamos un Ernesto McCausland o un Diego Senior (que, entre otras, es el Junior de los Senior).

¿Cuáles son los grandes periodistas de este país?
Le recuerdo que esta entrevista gira alrededor de mi ego, no del de mis colegas. A los periodistas nos sentaría comportarnos menos como divas y más como hijos de vecino; hacerles caso a los consejos que, sobre el oficio, siempre nos dio Alberto Aguirre. Va uno: “El periodista, lo mismo que el intelectual, se define por su oposición al poder”.

¿Por qué en sus programas radiales hay siempre espacio para los toros si usted no soporta la tortura y muerte del animal?
Porque creo que no puedo hacer periodismo solo con los temas que a mí me gustan y excluir los que me mortifican… pero debo reconocer que de mi paso por SoHo me quedó una sana obsesión por los “pitones”.

¿Es cierto que por ese asunto de la sensibilidad animal se distanció de Fernando Vallejo?
No. Vallejo dejó de hablarme porque me pidió que leyera al aire un documento donde explicaba su molestia con la nacionalidad colombiana. Le dije que no me quedaba bien, que con gusto le abría micrófonos. Insistió. Comenté el documento en sus principales apartes, pero no lo leí como él determinó. Se puso furioso. No volvió a hablarme. Lo he lamentado siempre, aunque el maestro Vallejo está grandecito como para saber que los periodistas obedientes son jartísimos.

Usa palabras como “jartísimo” y su acento es cachaco. ¿Acaso no es usted paisa?
Soy paisa. Pero llegué a Bogotá muy niño y pasé una época dura en la que mis compañeros de colegio no me trataron de la mejor manera. Supongo que, como en Zelig, de Woody Allen, terminé convirtiéndome en un camaleón y, en la lucha por las supervivencia, perdí el acento. Pero conozco muchos mudos paisas, privados de todo acento, y siguen siendo tan paisas como yo.

¿Le puedo hacer una pregunta “cula”?
¿Otra? Adelante.

¿De qué color ve la vida?
Tiene razón, es una pregunta “cula”. Soy un daltónico existencial. Y, además de los colores, confundo la mayonesa, que detesto, con la mostaza, que adoro, así que termino pidiendo que le echen a los sándwiches una salsa que me sabe mal pensando que pedí la buena.

Más allá de los lugares comunes, ¿realmente qué lo saca de quicio?
Vea usted, otro “daltonismo” pero de ciencia ficción: que confundan Star Trek con Star Wars. Respeto mucho a George Lucas, pero a Gene Roddenberry jamás se le hubiera ocurrido montar en la Enterprise a una cosa peluda e ininteligible llamada Chewbacca.

¿Alguna otra debilidad televisiva?
Sí, Dimensión desconocida. Tengo todos los episodios y siempre estoy en la tarea de verlos. Mi favorito podría traducirse como “Hacer bien al prójimo” y, curiosamente, es el único de los 156 existentes en el que se menciona directamente a Colombia.

¿Le han hecho alguna vez una entrevista en la que no le toquen el tema de su pasión por los Beatles?
La verdad es que es a mí al que le resulta difícil no hablar de los Beatles. Tan difícil como a los Beatles hablar de mí.

¿Lennon o McCartney?
Lennon, pero sin estimulantes en la cabeza y sin Yoko orbitándolo. McCartney ha sido más estable, excepto en su segundo matrimonio, que “cojeó” un poco, pero prefiero a Lennon con todos sus defectos.

Usted es muy activo en Twitter. ¿Quién es el mejor tuitero de este país?
Camilo Durán Casas. Le regalo uno de sus mejores trinos, que me reconforta en lo del problema de mi acento embolatado: “Todo paisa, tarde o temprano, acaba hablando como Belisario”.

La última. ¿Dónde se siente más cómodo: radio, televisión o medios escritos?
La televisión no acaba de seducirme. Los medios escritos son el paraíso. La radio me alegra la vida; pueda que termine mis días frente a los micrófonos. Aunque, con el perdón de Durán, dudo mucho que hablando como Belisario.

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