Andrés Orozco Estrada, el director de orquesta que llegó al cielo

Retomamos este perfil del joven antioqueño, que dirigirá la prestigiosa Sinfónica de Viena desde 2021.

Publicado originalmente el 13 de junio de 2013 en Revista Diners.

Muchas veces escuché hablar de Andrés Orozco, entre sus amigos y colegas del medio musical en Bogotá. Pero solo en el año 2007 pude conocerlo personalmente, durante el montaje de laOrquesta Filarmónica de Bogotá, bajo su dirección, del oratorio La Creación de Franz Joseph Haydn. Yo hacía parte de la Sociedad Coral Santa Cecilia.

El primer encuentro del coro con la orquesta, los solistas y el director fue muy emocionante. Todas esas notas que habíamos aprendido meses atrás tomaron una nueva dimensión al unirnos, todos guiados por el joven maestro Orozco. Con una mirada y la batuta en alto, el director logró la concentración de todo el grupo. Un movimiento de sus manos inició la misteriosa música en que el coro canta cómo todo era oscuridad hasta que Dios ordenó que se hiciera la “luz”, palabra con la que estalló el sonido pleno de todo el ensamble.

De ahí en adelante hubo mucho trabajo, correcciones, explicaciones sobre el sentido de la música. Recuerdo cómo al final del último ensayo, antes del concierto, Orozco nos habló sobre la obra y nos invitó a conectarnos espiritualmente con ella. Y así nos fuimos con las enormes ganas de mostrarle al público el poder de la música de Haydn.

En ese momento, Andrés Orozco tenía 30 años y ya vivía en Viena, donde se formó, y un lugar muy distante, en la geografía y en el tiempo, del Colegio Musical Diego Echavarría en su natal Medellín, donde se inició en la música. Esos años los recuerda con mucho orgullo, pues allí, además de las bases del arte musical, de las clases de solfeo, de violín o el coro con la maestra Cecilia Espinosa, aprendió a disfrutar “con disciplina y al mismo tiempo con mucho amor, sacándole toda la alegría a hacer música”. Antes de saber si tenía el talento para ser director, sabía que quería serlo y por eso improvisaba sus batutas con las antenas del televisor.

Las ganas, unidas al trabajo arduo, constante y juicioso, han hecho de él hoy en día uno de los directores más destacados de su generación, invitado frecuente de las mejores orquestas del mundo, que aprecian su estilo y su manera de asumir la música sinfónica. Dos veces ha dirigido la prestigiosa Filarmónica de Viena.

Ha sido director titular de la Tonkünstler de Viena y de la Orquesta de Euskadi en España, y pronto estará al frente de dos grandes orquestas más. A estas alturas, la alegría que despertó la dirección en sus primeros años en Medellín sigue presente. “Lo vivo cada vez que compro una partitura, al empezar a estudiar una obra nueva, en el momento en que la abro… Ese olor, esa sensación de que abres una obra maestra por primera vez, es como si te metieras en ese universo y empezaras a descubrir todos los caminos y todos los instrumentos.”

Su carrera está marcada por momentos cruciales e inolvidables. Recuerda perfectamente ese 2004, cuando en Viena tuvo la oportunidad de reemplazar a un gran maestro con una de las grandes orquestas de Austria que es la Tonkünstler, ¡en el Musikverein! (uno de los más importantes escenarios de Europa).

La crítica lo recibió muy bien y salieron comentarios muy elocuentes que le dieron un gran impulso a su carrera profesional. Y claro, sus dos apariciones con la Filarmónica de Viena también han sido memorables para él. Cada concierto es fundamental en ese proceso porque siempre vas aprendiendo, vas mostrando y demostrando que lo que haces es valioso y que lo estás haciendo bien.

W. A. Mozart – Le nozze di Figaro, KV 492 – Ouverture, Andrés Orozco-Estrada /Tonkünstler-Orchester

La labor de un director de orquesta es muy compleja. Escoger el repertorio, que cambia cada semana, y dirigirlo ya es suficientemente difícil. Por eso, el proceso de preparación de cada partitura debe ser muy cuidadoso. “Tiene que ver con tratar de meter la obra en lo que llamamos el oído interno. Que puedas imaginar esos símbolos que están en el papel, ponerlos en tu mente y en el oído e imaginarte cómo suenan, cómo se combinan… tengo que crear las expectativas sonoras de lo que quiero escuchar y ver cómo tengo que trabajar para lograr ese sonido que quiero y reproducirlo a través del gesto, en los ensayos y que los músicos logren entender y descifrar esa partitura gracias a la guía del maestro.”

Pero el reto no se acaba allí. Una vez eso sucede, Orozco se empieza a llenar de información adicional. ¿Por qué se llama de determinada manera una obra? ¿Tiene texto en el caso de un oratorio, una ópera o un poema sinfónico? Para eso estudia sin descanso el contexto de la obra alrededor del compositor, cuándo fue escrita, incluso las reacciones que despertó en su momento. Y siempre escucha versiones de diferentes maestros, para aprender de ellos y descubrir nuevas ideas, así como reconocer sus propias intenciones.

Es, evidentemente, un oficio que requiere años de formación, y en el día a día, un intenso trabajo intelectual y emocional pues se trata de la música. Pero esto no es todo. La ocupación de un director va mucho más allá. Cada orquesta tiene su estilo y sus esquemas. Como director titular tiene que escoger el repertorio, pero no solo el que él va a interpretar, sino el de toda la temporada.

Así, debe fijar la línea de la orquesta en general. Saber lo que otros maestros invitados van a hacer y cuidar el progreso de la orquesta, los repertorios y que haya un buen balance. Son muchas actividades. “Por ejemplo, en Estados Unidos el trabajo de director titular está muy ligado, más allá del podio, a una tarea más social.

Es la figura más representativa de la institución, entonces participa en eventos sociales, comidas, reuniones y al lado de eso debe crear nuevos programas, nuevas formas de acercarse al público. Yo lo llamo trabajo de oficina porque es estar sentado al frente de tu computador o en el teléfono organizando planes de ensayo, nuevos proyectos, un montón de cosas al lado de la actividad netamente de director”.

Próximamente, Orozco asumirá la titularidad de la Orquesta Sinfónica de Houston y de laSinfónica de Radio Frankfurt. Mientras llega ese día, trabaja ya en las primeras temporadas, al tiempo que se llena de grandes anhelos. “Son dos orquestas muy diferentes, lo cual me parece maravilloso, con tareas y contextos históricos y sociales muy distintos, ambas de grandísimo nivel y gran renombre”. Por un lado, la de Houston es una orquesta típica americana, no es extremadamente grande, cuenta con unos ochenta músicos con los que se puede abordar todo el repertorio sinfónico.

Allí encuentras una orquestación muy americana, es decir, con un desarrollo técnico muy claro, muy brillante y además en un contexto social muy interesante. Lo dice porque esta ciudad tiene un desarrollo cultural enorme y una grandísima comunidad hispana, algo así como la mitad de su población. Eso genera para mí una gran ilusión. Ojalá logremos acercarnos a más oyentes hispanos, latinos. Eso me parece un reto desde el punto de vista casi que de “músico social”, más allá de la misma música”.

Y por el otro lado, la Orquesta de Frankfurt es de gran tradición, muy alemana y eso se nota en el sonido y en su manera de tocar. Es enorme, cuenta con más de cien músicos, una masa orquestal muy grande con la que se tienen todos los lujos y necesidades más que cubiertas. “Por ser de la radio trabaja mucho el tema de las grabaciones, no solo en disco, sino que cada concierto se graba, y la mayoría se pasan en vivo por streaming y por televisión, entonces son orquestas que están manteniendo un enorme nivel porque saben que todo lo que tocan queda registrado para toda la vida”. 

Allí el repertorio que más le interesa seguir trabajando es el alemán, Richard Strauss, todo Beethoven, por supuesto Mahler y el repertorio contemporáneo moderno que es muy importante para las orquestas de la radio. “Es una de sus tareas fundamentales, mantener la música viva y ahí encuentro también un gran reto”.

La música es la pasión, la vida de Andrés Orozco-Estrada, y poco tiempo libre le deja. Pero cuando lo tiene, disfruta de Viena, donde vive hace quince años, una ciudad históricamente musical pues allí desarrollaron su arte Haydn, Mozart, Beethoven, Schönberg y tantos otros. Camina por sus parques que le recuerdan a Medellín cuando sale el sol.

Disfruta de los dulces, especialmente de los chocolates, que le encantan, al igual que compartir con la gente. “Al fin y al cabo vengo de Colombia, soy de Medellín y nos fascina charlar, ya sea en mi casa con mi esposa, o con mi mamá en Medellín, con un par de amigos. En el tiempo libre me gusta mantener la mente activa en sueños, en ideas, en imágenes, en visiones.

Muchas veces me canso de tanto pensar, pero es involuntario, no lo puedo controlar, y eso me encanta.” Pero también asiste a los auditorios, porque, sí, el maestro va a conciertos. Me gusta ver otras orquestas, disfrutar de otros maestros. “Cuando tengo una semanita libre, voy a uno o dos conciertos que aquí en Viena es muy fácil, intento aprovechar para seguir llenándome de música”. Basta escucharlo para sentir, en su amabilidad y en la generosidad de sus respuestas, que respira música. Pero verlo dirigir y escuchar su trabajo es aún más emocionante.

El próximo 5 de julio el maestro Orozco estará en Colombia al frente de la Orquesta Sinfónica Nacional. Será la oportunidad de volver a vivir, por un par de horas, la emoción estética que solo la música puede producir, como nos sucedió aquella vez con Haydn, de la mano de un gran director que parece crear la música con la enorme pasión que revela en su gesto.

El proceso de preparación de cada partitura debe ser muy cuidadoso. Hay que tratar de meter la obra en el oído interno. Imaginar esos símbolos que están en el papel, ponerlos en la mente y en el oído e imaginarse cómo suenan, cómo se combinan.

Cada orquesta tiene su estilo y sus esquemas. Un director titular tiene que escoger el repertorio, no solo el que va a interpretar, sino el de toda la temporada y fijar la línea de la orquesta en general.

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