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Iván Argote: el artista colombiano en el desierto de Coachella

El artista colombiano Iván Argote fue seleccionado para hacer una instalación in situ en Estados Unidos, con motivo de la segunda edición de la bienal Desert X. Diners conversó con él.

Foto: Cortesía del artista, Galería Perrotin, Galería Vermelho

El artista colombiano Iván Argote fue seleccionado para hacer una instalación in situ en Estados Unidos, con motivo de la segunda edición de la bienal Desert X. Diners conversó con él.

Una instalación interactiva en el valle de Coachella, al sur de California. “Escaleras de concreto ubicadas cerca de la costa norte del mar de Saltón proyectan al espectador en el paisaje. Mensajes grabados en cada escalón aparecen en español e inglés. Desde las plataformas, el público puede comunicarse entre sí o mirar el paisaje”, asegura el curador Matthew Schum en su texto curatorial.

Argote (1983) vive entre Bogotá y París y afirma que en sus trabajos artísticos “explora la relación entre historia, política y la construcción de nuestras propias subjetividades”. Fue uno de los 19 artistas seleccionados para participar en la segunda edición de Desert X, una bienal de arte contemporáneo que pretende llamar la atención sobre el cuidado del medioambiente del valle de Coachella mediante la exhibición de obras de gran tamaño de artistas emergentes.

En las escaleras de cada escultura están escritos poemas que hablan de la situación del lago de Coachella y las problemáticas locales.


¿Qué representa para usted haber sido convocado a esta muestra junto a otros 18 artistas?

Es un gran honor y también un reto, no solo por el gran nivel de los otros artistas, a quienes admiro, sino también un reto hacia el contexto, pues lo interesante es proponer algo que, a su vez, ponga en juego al paisaje, al contexto social, y en este caso, al tema ecológico, que es algo en lo cual queríamos poner acento, tanto curadores como artistas. Fue un año de preparación y dos de realización, lo que me permitió vivir en el desierto y compartir día a día con diversos grupos sociales y laborales. Esa experiencia de vida es linda y enriquecedora y nutrió el trabajo.

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¿Cómo fue el proceso de creación de su escultura interactiva A point of view?

Tuve que hacer varias visitas a lo largo de más de un año al valle de Coachella, explorar el desierto, alimentarme con lecturas, testimonios y análisis de distintas personas. Fueron muchas etapas de diseño arquitectónico, del que me encargo yo, vaivenes con financiamientos y detalles sobre las locaciones que elegíamos. A veces trabajábamos en cinco locaciones distintas al mismo tiempo; en unas reservas indígenas entrábamos en contacto con comunidades que querían albergar la instalación, pero no encontrábamos las escrituras de la tierra. En otros lugares, el suelo era muy suave, en otros no nos daban permiso. Esas condiciones nos enseñaron mucho, fue un esfuerzo colectivo enorme, y luchamos con alegría para mantener vivo el proyecto y llevarlo a cabo.

¿Qué retos afrontó en un ambiente desértico?

Condiciones climáticas, legales, seguros, financiación, ingeniería, propiedad, patrimonio, acceso, logística. El desierto es un lugar especial, absorbente, mágico, difícil, hostil. Cualquier idea o decisión implica un montón de procesos que hay que sobrepasar uno tras otro, se aprende y es lindo. El desierto te enseña mucho.ç

La instalación se compone de cinco escaleras/esculturas, y fueron necesarios un año de preparación y dos de realización para llevar a cabo la instalación, tiempo en el que Argote vivió en el desierto.

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En una entrevista afirmaba que esta escultura es una reflexión del paisaje y su relación con el espectador. Pero, al mismo tiempo, tiene que ver con el desastre ecológico que está ocurriendo en el lago más grande de California. Cuéntenos más al respecto.

Un gran propósito de la instalación es en sí su ubicación, queríamos atraer a la gente hacia el mar Saltón, este lago inmenso hecho por un error humano a principios del siglo veinte, que desde hace más de una década se está secando llevándose consigo la economía de la zona.

El lago está cargado de pesticidas de las plantaciones aledañas, que se llevan el 70 % del agua; el 30 % restante se lo llevan los innumerables campos de golf del valle. Esto tiene al lago asfixiado; millones de cadáveres de peces, que se mezclan en sus orillas con sal y algas, crean gases de fuerte olor que afectan la salud de los lugareños. Los poemas en las escaleras de la instalación hacen alusión a ello, pero también al contexto social y demográfico. La población está conformada por 60 a 70% de chicanos, mexicanos de primera, segunda y tercera generación, personas cuya familia estaba allí cuando California era aún México, indígenas cuyos antepasados estaban antes que nadie. La instalación propone cinco grandes esculturas/escaleras, con poemas escritos en los escalones que llevan a puntos elevados que proponen cinco puntos de vista distintos hacia el paisaje, su historia y sus actuales problemáticas.

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Abril
01 / 2019

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