Manolo Vellojín, el lado espiritual de la geometría

Un nuevo libro de arte rescata el legado de Manolo Vellojín, destacado pintor moderno que prefirió mantenerse alejado de la escena artística de la época.

Manolo Vellojín tenía una personalidad particular. Era introvertido, perfeccionista, extremadamente ordenado, a veces malhumorado, y siempre se mantuvo cerca de sus convicciones y lejos de los circuitos comerciales del arte. Nació un 30 de junio de 1942 en Barranquilla, y un hecho marcó tanto su vida como su carrera: estudiar en el colegio San José con sacerdotes jesuitas. La influencia de la religión católica, sus ritos, símbolos y colores estuvieron presentes a lo largo de su obra.

Vellojín fue un autodidacta. A los 18 años se vino a vivir a Bogotá y desde esa época tenía claro que quería dedicarse de lleno al arte. Le fascinaban el arte colonial y el precolombino y se apasionó por el tema. Trabajó sin tregua, con gran rigurosidad y disciplina, hasta dos meses antes de fallecer, en 2013, víctima de un cáncer que mantuvo oculto y no quiso tratar.

El reconocido curador de arte, Eduardo Serrano, fue el encargado de escribir el texto central del libro, publicado por Davivienda y editado por Ediciones Gamma, en el cual relata detalladamente su trayectoria, sus influencias y sus proyectos experimentales, poco conocidos por el público y el mundo artístico.


Doloroso, 1977. Madera, tela, papel y vidrio. Colección familia Vellojín.


Su elección como escritor no fue una simple coincidencia. Serrano lo conoció en Barranquilla cuando eran un par de adolescentes. Se hicieron amigos. Solían hablar de cine y pintura. Sin embargo, cada uno tomó su camino hasta que se reencontraron en los años sesenta, “cuando Vellojín ya estaba dispuesto a ser un artista y, desde entonces, no le perdí la pista”, cuenta el curador. A comienzos de los setenta, como director de la galería Belarca, en Bogotá, fue el encargado de montar sus primeras exposiciones.

Serrano explica que hasta el momento ha escrito 26 libros de arte colombiano y afirma que este ha sido el más difícil. “Su obra es rígida, severa, austera. Desde el punto de vista formal, no se sale de la abstracción geométrica, la simetría es la principal característica estilística de su pintura, y su temática siempre gira en torno a la religión y la espiritualidad”, explica.


Monumento a Rimbaud (De buenas en el juego, de malas en el amor) s.f. Polaroid. Colección Privada.


Los colores rojo, verde, blanco, negro, dorado y plateado, propios de la Iglesia católica; el símbolo de la cruz, y temas referentes al dolor, el duelo, la penitencia, la crucifixión –pegaba maderas en forma de cruz o clavos de plata– fueron una constante a partir de 1978. Sin embargo, Vellojín no era un católico practicante. Más bien tenía una fuerte espiritualidad, “basada en el convencimiento sobre la existencia de energías de otras dimensiones y en una búsqueda del sentido de la vida que trasciende lo mundano”, asegura Serrano.

TENDIENDO PUENTES

El libro explora también una faceta poco conocida del artista, que él mismo denominó Divertimentos. “Es una obra muy experimental, intimista y que poco mostró. Nunca lo consideró su arte, él exponía su obra mística. Tomaba fotos polaroid, hacía collages, ensamblajes, utilizaba recortes de revista, papel de colgadura, algo muy vanguardista para la época”, explica Serrano.

Las obras fueron realizadas entre 1970 y 1980. Buena parte de sus polaroids eran retratos de retratos y homenajes a escritores como Arthur Rimbaud, uno de sus grandes favoritos, artistas como Picasso y cantantes como Billie Holyday. También realizó una serie de collages a partir de recortes de revistas, que unían los rostros de modelos en una sola imagen.


Picasso, 1982. Polaroid. Proyecto Bachué.


Carolina Zuluaga, directora editorial de la colección de libros de arte de Davivienda, cuenta que este descubrimiento tan interesante se produjo gracias al coleccionista José Darío Gutiérrez, de Proyecto Bochica, quien tenía estas piezas que, sin duda, plantearon los cimientos del arte contemporáneo. “No hay una ruptura como muchas veces se ha querido plantear entre el arte moderno y el contemporáneo, hay un diálogo, un camino. Y mostrarles esto a las nuevas generaciones es invaluable”, asegura Zuluaga. Para Serrano, el legado de este artista está claro: “Su inclinación hacia el raciocinio, a la geometría, a mostrar que el arte también es inteligencia, es algo que el arte conceptual ha tomado y camina en esa dirección”.

UN GRAN REGALO PARA BARRANQUILLA

Zuluaga cuenta que en la búsqueda de grandes maestros colombianos, que no hayan sido tan reconocidos o no estén en el radar, se encontró con Vellojín. Explica que hace un par de años, cuando el arte abstracto latinoamericano se puso de moda a escala mundial, este artista comenzó a figurar y Zuluaga lo anotó en su lista. Sin embargo, en esa oportunidad no logró hacer contacto con su familia. “Fue tiempo después, en una conversación con Ana Mosseri, hija de Ana Mercedes Hoyos, gran amiga del artista, que volvió a surgir el tema y se ofreció a ayudarme a hacer el contacto con los sobrinos, que conservan su legado. A partir de ahí el proyecto fluyó y todo marchó muy bien. La elección de Serrano fue natural, porque muy pocas personas en el país podían escribir sobre su obra con tanta propiedad y conocimiento”.

Viacrucis V, 1980. Acrílico sobre lino crudo y madera. Colección Privada (Miami).


El día de la presentación oficial del libro, que se llevó a cabo en el antiguo edificio de la Aduana, en el centro histórico de Barranquilla, fue un momento muy emocionante, según narra Zuluaga, porque implicó darle un lugar y un reconocimiento a un artista de su talla. “Sin duda, es un motivo de orgullo y un regalo para esta ciudad”.

FRAGMENTOS DE VIDA


Roproducción retrato Manolo Vellojín. Archivo familiar.


Estos son algunos testimonios de amigos y colegas de Manolo Vellojín, recopilados a lo largo del libro, que evidencian cómo era en su cotidianeidad y su arte.

Homenaje a Mercedes Vellojín es una de las primeras cruces que él hace […] Mercedes fue la persona que lo crio […] Para él la muerte de su tía Mercedes fue la muerte de su padre y de su madre. Todos estaban reunidos en Mercedes Vellojín.

Juan Calzadilla

Manolo me decía: ¿realmente yo qué pinto? yo pinto cruces […] a pesar de que la simetría y la geometría eran fundamentales en el pensamiento visual de Manolo, él no se consideraba un geométrico, y no le gustaba que lo catalogaran como geométrico y, mucho menos, como abstracto, a pesar de que, en su obra, si la ve un crítico, obviamente ahí está. Pero eso no era realmente lo fundamental, ni la preocupación de lo que él quería expresar. ¿Qué quería expresar? La muerte y el dolor de lo que es la cultura cristiana.

Margarita Hasbún

Manolo era muy melómano […] oía mucho la música de Billie Holiday, pero también oía música clásica, especialmente música barroca, que era la música que coincidía con la pintura que él hacía […] pero también fue un desmesurado de los Beatles […]

Eduardo Serrano

Su estudio era una cosa alucinante. Se encontraba perfectamente ordenado todo, la pintura, el pincel; las reglas, de la más grande a la más pequeña; el compás, la cinta […] él terminaba y lavaba todos sus pinceles. Usted encontraba en ese lavaplatos los pinceles perfectamente ubicados, los que se estaban secando, ya lavados, de grande a pequeño, los de lengua de gato, los redondos […]

Margarita Hasbún

Si hubiera que clasificar el trabajo de Manolo Vellojín bajo algún término, no sería ‘Simbolismo’, sin embargo, el más apropiado, puesto que su obra ha sido siempre abstracta (no habiendo estado nunca interesada en la representación, ni siquiera como metáfora de la realidad física).

Algo así como ‘Geometría Espiritual’ sería un término más indicado. Por una parte es evidente que la búsqueda de síntesis y esencias espirituales llevó al artista a una simplificación geométrica en la que la línea, las formas y los colores son significantes por ellos mismos. Y por otra parte, su pintura está inequívocamente realizada para crear una experiencia, para transmitir una sensación. Son pinturas hechas para ser contempladas, para perdernos en ellas, para dejarnos ir, para orar.

Eduardo Serrano

Artículos Relacionados

  • Bob Marley y la fiebre del reggae viven para siempre
  • Galería: Cuando el cine se inspira en el arte
  • Galería: Arte para incomodar a su familiar conservador
  • Participe en el desafío fotográfico de iPhone 2019

Send this to a friend