170 años de Paul Gauguin

Diners celebra el aniversario del pintor que Francia no entendió en su momento y se fue a pintar nativas en Tahíti. Haga un repaso de la historia de Gauguin y su relación con Vicent Van Gogh.

El 7 de junio de 1848 nació Paul Gauguin en pintor francés que después de su muerte en 1903 se convirtió en un referente de la pintura mundial por el uso experimental del color y los fundamentos claves respecto al impresionismo. En Diners reivindicamos su legado con este artículo publicado originalmente en la Revista Diners #299 de febrero de 1995.

Paul Gauguin quiso encarnar con el pincel y la pluma el mito del “buen salvaje”. Además de sus pinturas primitivas, Gauguin intentó con sus propias palabras adentrarse en la verdad de la naturaleza y en la descripción de sí mismo y de su entorno con un patetismo capaz de devolverlo a la “pureza originaria”.

Escribió cartas, notas de viaje, digresiones autobiográficas y fragmentos de diario que son testimonios vívidos de su pesquisa sobre la inocencia. En ellos está el recuerdo de su infancia en Lima, de su temprana navegación en los mares del Sur, de su hastío prematuro de la civilización y su oficio como agente de bolsa, y su incursión en un nuevo mundo de aborígenes australianos en procura de una “vuelta a la salud”.

Esta presentación de sí mismo como exponente de lo primitivo y lo instintivo llegó a su explosión mayor en el efímero contacto con el otro genio de su época, Vincent van Gogh. Estos dos desesperados solitarios intentaron reunir sus destinos y pintar los mismos temas.

Tres meses de vida en común en Arles, un pueblito del mediodía francés, transcurrieron entre discusiones interminables e intentos fallidos por acercarse a unos mismos experimentos pictóricos. Dos personalidades con temperamentos tan diferentes no estaban hechas para entenderse. Todo los separaba: gustos, carácter, referencias personales. Gauguin, un lobo salvaje con la cadena suelta, era un misionero de la forma. Van Gogh un espíritu santo con arrebatos místicos, era un misionero del color. Terminaron por chocar violentamente.

Visión tras el sermón (La lucha de Jacob con el ángel), 1888. Gauguin empezaba aquí a alejarse del impresionismo.

Gauguin trabajaba con la imaginación; Van Gogh luchaba por encontrar con símbolos lo que veía ante sí. Finalmente pasó lo que tenía que pasar: “Entre los dos seres, entre él y yo, volcán el uno e hirviente el otro, estaba preparándose una lucha”, dice Gauguin. Desgarrados, volvieron hirviente también el otro, estaba cada uno a buscar el final de su trágico destino, Van Gogh sucumbió primero ante el “dios amarillo de su delirio”. Gauguin terminó su periplo en Oceanía, sumido en la pobreza y la ruina física, preso de su ideal libertario de ejercer el derecho de atreverse a todo.

Atreverse a todo significó romper con la fiel transcripción de la naturaleza, para traducirla en adelante por medio de equivalencias. Puesto que ya no era posible copiar formas fuera del alcance de la luz del día una vez pasada la revolución impresionista, se hacía necesario dotarlas de vida propia nacida de la mente del artista.

Esta es la principal contribución de Gauguin al desarrollo de la pintura moderna. Gauguin abrió el camino a la creación de la forma por el artista. Descontento de la vida y el arte, confió hallar el camino sencillo y directo de la forma en el “oro del cuerpo” de los primitivos de una isla de Tahití y alucinó en el fetichismo de telas y colores vivos y abigarrados con que aquellos se cubren el cuerpo a medias, para descifrar el misterio de sus almas.

Escritos de Gauguin
Cartas a Van Gogh

Pont- Aven, 24 de julio de 1888

Acabo de leer tu interesante carta y estoy completamente de acuerdo con lo que dices acerca de la poca importancia de la precisión en el arte…

El arte es una abstracción que desgraciadamente supone que uno se vuelve menos comprensible. Espero que pronto alcancemos nuestro objetivo, esto es, mi viaje a Provenza. Siempre he tenido la manía de interpretar las corridas de toros según mi propio estilo y tal como yo las entiendo. Estoy empezando a recuperar la libertad física. La enfermedad me ha debilitado, pero en mis estudios más recientes he superado lo hecho hasta ahora.

Naturalmente, la banda de patanes que hay aquí piensa que estoy completamente loco, cosa que encuentro de lo más gratificante, pues para mí es prueba de que no lo estoy. Estoy acabando un combate de lucha bretona y que estoy seguro de que te agradará* (…)

De no ser por el maldito asunto del dinero, ya tendría hecho el equipaje. No sé por qué, pero en los últimos diez días o así, se me ha pasado por la cabeza un montón de fantasías pintadas que quiero llevar a cabo en el Midi. Me parece que esto se debe a que mi estado de salud se ha vuelto de lo más lozano. Se diría que tengo necesidad de luchar, de tallar las cosas a golpes como un cantero. Tras todos los experimentos que he intentado aquí, me parece que dispongo de energía para progresar fácilmente en el futuro.

¿Por qué está enfadada?, 1896

Pont- Aven, 27 de septiembre de 1888

…Acabo de dar fin a un cuadro religioso muy mal realizado pero que me ha interesado en gran medida y que me gusta. Quería donarlo a la iglesia de Pont-Aven. Naturalmente no les ha interesado nada de nada. (…)

No hay ni que pensar en que me instale un estudio, aquí en el norte, pues cada día espero efectuar una venta que me permita escapar de Pont Aven. Las personas que me dan de comer aquí, el médico que cuida de mí, me fían y no aceptan como garantía un cuadro ni ninguna de mis ropas. Su comportamiento conmigo es perfecto. No puedo aprovecharme de ellos sin cometer un acto diabólico que me alteraría profundamente.

Si fueran ricos o ladrones, no tendría escrúpulos. Así pues, esperaré. Si por algún motivo llegara el día en que pensaras de distinto modo* y creyeras que deberías decirme: “Demasiado tarde…”, me gustaría que lo hicieras de inmediato.

¡Bien, ahí está! Quiero pensar lo menos posible en el fruto prometido… al menos mientras espero mejores días, pues así puedo huir de esta mísera existencia que, con excepción de mi trabajo, pesa terriblemente sobre mí.

*Referencia a la excursión propuesta por Gauguin para reunirse en Arles con Van Gogh.

Vincent Van Gogh pintando Los Girasoles, 1888. Cuadro realizado en la casa modelo, en Arles.

La vida con Van Gogh

Así pues, me quedé algunas semanas en Arles y sus alrededores para captar claramente su áspero sabor. Lo que no impidió que trabajáramos de firme, sobre todo Vincent. Entre los dos seres, entre él y yo, volcán el uno e hirviente también el otro aunque por dentro, en cierto modo estaba preparándose una lucha.

De entrada encontré por todas partes y en todos los aspectos un desorden sorprendente. La caja de las pinturas apenas bastaba para contener todos aquellos tubos apretados, siempre sin cerrar; a pesar de todo ese desorden, de todo ese batiburrillo, en el lienzo había algo brillante; y también en sus palabras. Daudet, Goncourt y la Biblia ardían en aquel cerebro de holandés. En Arles los muelles, los puentes y los barcos, todo el Midi, se convertían para él en Holanda. Incluso olvidaba escribir en holandés y, como ha podido verse por la publicación de sus cartas a su hermano, escribía más que en francés, y lo hacía admirablemente, utilizando incansablemente la expresión “tant que quant” (siempre y cuando).

A pesar de todos mis esfuerzos por descubrir aquel cerebro desordenado en sus opiniones crítcas una razón lógica, no pude explicarme todo lo que había de contradictorio entre su pintura y sus opiniones. Así por ejemplo, tenía una admiración ilimitada por Meissonier y un profundo odio por Ingres. Degas lo desesperaba y Cézanne no era más que un embaucador. Pensar en Monticelli lo hacía llorar.

¿De dónde venimos? ¿Qué somos? ¿A dónde vamos?, 1897. Una de sus últimas obras, testamentaria visión del mundo y de la pintura.

Una de las cosas que lo encolerizaba era verse obligado a reconocerme una gran inteligencia, siendo así que yo tenía la frente demasiado pequeña, signo de imbecilidad. Y en medio de todo eso había una gran ternura, o más bien un altruismo evangélico.

Desde el primer mes vi que nuestra economía común tomaba el mismo giro desastroso ¿Cómo actuar? La situación era delicada, pues la caja era alimentada modestamente por su hermano, empleado en la casa Goupil; mi contribución consistía en el intercambio de cuadros por dinero. Era preciso hablar con él, pero ello suponía enfrentarse a una enorme susceptibilidad.

De modo que abordé el tema con muchas precauciones y con modos zalameros poco compatibles con mi carácter. He de confesar que lo conseguí con mucha más facilidad de lo que suponía.

En una caja estaba el dinero tanto para las salidas nocturnas e higiénicas como para el tabaco y para los gastos imprevistos, además del alquiler. Había encima un trozo de papel y un lápiz para apuntar honradamente lo que cada uno sacaba de dicha caja.

En otra estaba la cantidad restante, dividida en cuatro partes para los gastos semanales de alimentación.

Prescindimos de nuestro pequeño restaurante y con ayuda de un hornillo de gas, yo me ocupé de la cocina, mientras que Vincent se encargaba de las compras, sin ir muy lejos de la casa. Con todo, una vez Vincent quiso hacer una sopa, pero no sé cómo hizo sus mezclas; indudablemente, como mezclaba la pintura en sus cuadros. El caso es que no pudimos comérnosla…

Alegría, 1892

¿Cuánto tiempo permanecimos juntos? Lo he olvidado por completo y no sabría decirlo. A pesar de la rapidez con que sobrevino la catástrofe*, a pesar de la fiebre laboral que se había apoderado de mi, aquel período me pareció un siglo…

Sin que el público lo sospechara, allí dos hombres hicieron un trabajo colosal útil para ambos. ¿Y quizá también para otros?

Ciertas cosas llevan en sí su fruto.

Texto autobiográfico Avant et apre 1903 (Ilustraciones tomadas del libro Gauguin, de Isabelle Cahn, editorial Anaya).

*El suicidio de Vincent en 1890.

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